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La arquitectura moderna en el contexto peruano

2. ÁMBITO DE ESTUDIO

2.2. La arquitectura moderna en el contexto peruano

La posición de lo moderno estuvo representada por un grupo de arquitectos jóvenes, muy comprometidos, que, por lo general, eran peruanos y habían estudiado en la Escuela de Ingenieros. Su portavoz era Luis Miró Quesada, que se había titulado en 1937 y que, tras un viaje a Europa, desarrolló entusiasmo por lo moderno. A su lado había otros colegas y estudiantes peruanos jóvenes, pero también el arquitecto alemán Paul Linder, un ex alumno de la Bauhaus; y más tarde otros europeos como el italiano Mario Bianco y el suizo Teodoro Cron.

Muchos de ellos se congregaron en 1947 en la Agrupación Espacio con la finalidad de luchar juntos por una arquitectura “acorde con la época”. Fundamento de su actuar fue el manifiesto publicado en junio de 1947 en la revista El arquitecto peruano. En él se ajustaba cuentas con la arquitectura del estilo y se defendía con gran decisión los objetivos de la Agrupación (Cuadra 2010, 40).

En el caso peruano, la asimilación del movimiento moderno y su difusión estuvo ligada a varios de los arquitectos involucrados en PREVI. Quizá uno de los más destacados es

el de Belaúnde Terry que, desde su puesto de presidente de la república, impulsó la iniciativa. Este arquitecto ejerció también como profesor en la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima y a su labor profesional sumó la dirección de la revista El arquitecto

peruano. Esta publicación, editada por Belaúnde a partir de 1937, se convirtió en una de

las plataformas de difusión de la modernidad en Perú. La importancia de Belaúnde en el campo institucional es clara, pero en lo referente a la fundamentación teórica de la modernidad peruana el nombre clave es probablemente el de otro de los arquitectos locales que aparecen vinculados a PREVI. Se trata de Luis Miró-Quesada Garland y su obra Espacio en el tiempo.

En Perú, el trabajo de fundamentar una teoría de la arquitectura moderna, acorde con el contexto peruano, le correspondió a Luis Miró Quesada Garland (1914-1994), expresándolo en su libro Espacio en el tiempo (1945), una cuidada reflexión teórica en la que los conceptos internacionales de la arquitectura moderna sobre el espacio se fusionaban con la arquitectura histórica peruana y con las primeras obras modernas en Perú (Montaner 2011, 79).

Espacio en el tiempo es una reflexión casi filosófica en la que el arquitecto intenta

reflexionar sobre los cambios conceptuales producidos en torno a estos dos conceptos abstractos y a las posibles incidencias de estas concepciones en la práctica arquitectónica. Parte de las ideas de Immanuel Kant para llegar a las teorías modernas del arte y el espacio de Schmarsow y Riegl, en línea con lo que estaban publicando por aquellos años Giedion y Zevi (Montaner 2011, 79).

El libro, en su primera parte, defiende postulados higienistas y se muestra a favor de tomar como elementos fundamentales en el proyecto de vivienda las cuestiones referidas a la iluminación y ventilación, en línea con el pensamiento moderno. En la segunda parte, sin embargo, parece asomar en el libro una crítica a la uniformidad del urbanismo de la modernidad. Si bien se reniega del historicismo y el eclecticismo, también se critica en entendimiento de lo moderno como un nuevo estilo meramente formal y aboga por la necesidad de hacer entroncar las prácticas modernas con las tradiciones arquitectónicas locales. A pesar de ese carácter reflexivo y teórico, es posible encontrar en la obra referencias a prácticas arquitectónicas concretas, como la del proyecto de vivienda, en las que las ideas de Miró-Quesada entroncan con el interés por lo social propio de la modernidad «la vida de hoy es mucho más activa y dinámica que aquel vivir tranquilo y reposado de antaño y la influencia social de la vivienda es mucho más importante que nunca» (Miró-Quesada Garland 1945, 44).

Poco después de la publicación de Espacio en el tiempo, empezó a gestarse la formación del grupo que, encabezado por Miró-Quesada, iba a liderar la difusión y expansión de la modernidad arquitectónica en Perú, se trata de la Agrupación Espacio. En 1946, después de entrar en contacto con la cultura arquitectónica de la modernidad, un grupo de estudiantes, liderados por Adolfo Córdova, demandaron cambios en los métodos de enseñanza, particularmente después de aprender de los trabajos de los arquitectos modernos y de asimilar las enseñanzas de discursos como Vers une

Architecture o Espacio en el tiempo. El grupo pedía más clases de proyectos como

oposición a los estudio de dibujo y nuevos profesores interesados en la producción de arquitectura contemporánea. Como resultado de las peticiones de los estudiantes, un nuevo grupo de profesores entraron en la escuela para enseñar cursos con la metodología de la Bauhaus, incluyeron a Luis Miró-Quesada, Fernando Belaúnde, Enrique Seoane y Paul Linder, que había sido estudiante de Gropius. Poco después el núcleo de este grupo se organizó en la llamada Agrupación Espacio, bajo el liderazgo de Miró-Quesada. Desde 1947 el grupo trabajó por el establecimiento de la arquitectura moderna en Perú y por el reconocimiento de las expresiones culturales moderas. El 15 de mayo de 1947 publicaron en el diario El Comercio un manifiesto titulado Expresión de

principios de la agrupación Espacio, que posteriormente se publicó también en la revista El arquitecto peruano (S.Kahatt 2010, 103-110).

La Agrupación Espacio tuvo un carácter transversal y buscó trascender del estricto ámbito arquitectónico para ocupar un lugar más central dentro de la vida cultural. Junto a Miró-Quesada, arquitecto, encontramos también entre sus fundadores a nombres importes de la plástica moderna peruana, como el pintor Szyslo, unido en el intento de luchar contra la arquitectura colonial y las casas tipo hacienda predominantes en la época (Cateriano 2015, 267). El manifiesto publicado en 1947 muestra el descontento de estos intelectuales con el ambiente cultural peruano.

EXPRESIÓN DE LOS PRINCIPIOS DE LA AGRUPACIÓN ESPACIO

El arquitecto peruano, Lima, Junio 1947

El hombre es un ser de su tiempo. Los estilos de los siglos XVIII y XIX, no fueron sino combinaciones arbitrarias y alteraciones perfectamente irresponsables de las esencias arquitectónicas antiguas. Un anti-arte, en el que lo decorativo, lo accesorio, lo intrascendente y lo superficial, sirvieron de base a mistificaciones vagas, como concepto de un estatismo objetivado, vacío de interior y de resoluciones. [...]

El esfuerzo de creadores como Le Corbusier, Gropius, Van der Rohe, Niemeyer, Neutra, Lloyd Wright y otros arquitectos actuales, se realiza ya en un tiempo y en un espacio dados, como esencia fundamental y origen del ser contemporáneo.

Desgraciadamente el Perú -más que cualquier otro país del mundo o acaso al lado de los que forman la zaga universal-, permanece indiferente, sin mayor inquietud ni iniciativa, al margen de los trascendentales actos de la revolución contemporánea. […] En el Perú, debemos afirmarlo, la desorientación y la apatía toman contornos alarmantes. Los artistas que deben ser conductores y guías de generación, se pierden aún en una temática folklórica (narrativa y escuetamente objetivada) o evolucionan a destiempo siguiendo la huella de antiguos y ya superados revolucionarios […]

Lucharemos por eliminar todas las trabas en contra de esta exigencia básica del tiempo. Formaremos una conciencia arquitectónico-social, identificada a las necesidades del nuevo habitante de lo humano. Daremos al hombre nuevo su nueva residencia. La residencia funcional, auténtica, fórmula de los postulados esenciales de la época, libre de todo estilo y anécdota innecesaria (Cuadra 2010, 408-410).

La influencia de la Agrupación Espacio fue trascendental a la hora de orientar hacia la modernidad la práctica profesional y el urbanismo peruano (Ludeña Urquizu 2003, 155- 194). Su labor también fue crucial a la hora de implantar en la docencia de la arquitectura en Perú las metodologías y sistemas de la modernidad. Tanto Belaúnde como Miró- Quesada ejercieron como profesores en la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima, cuya facultad de arquitectura se convirtió en uno de los focos difusores de la nueva cultura arquitectónica. Varios de los nombres de estudios y arquitectos peruanos vinculados a PREVI aparecen también ligados a esta universidad como es el caso de Juan Gunther, Jose Bentin o Eduardo Orrego, que llegó a ser decano del Colegio de Arquitectos del Perú. Por su parte, Belaúnde, Miró-Quesada, Carlos Williams, Victor Smirnoff y José García Bryce, todos ellos vinculados a PREVI, llegaron también a ser decanos de la facultad de arquitectura de la UNI.

Los años cincuenta y sesenta fueron por tanto una época de expansión y consolidación de la modernidad arquitectónica en Perú. Existía una nueva generación de arquitectos peruanos que, en la mayor parte de los casos, habían completado sus estudios en el extranjero y habían asimilado los métodos y sistemas de la modernidad. Estos profesionales, de regreso a Perú, habían encontrado además la posibilidad de ejercer su influencia y magisterio desde las instituciones, tanto políticas como educativas, lo que sin duda abría un interesante panorama de oportunidades para la práctica de la arquitectura moderna en el país.

PREVI fue, en cierto modo, un hijo de este momento de optimismo y posibilidades. Era la oportunidad perfecta para llevar a la práctica los planteamientos arquitectónicos modernos sobre la vivienda social. El desarrollo del concurso en dos categorías, proyectos extranjeros y peruanos, serviría además para reforzar los vínculos entre la modernidad autóctona y los aportes más innovadores de la arquitectura internacional. El concurso se planteaba como una primera prueba que orientaría la forma de organizar el crecimiento de la ciudad. La enorme magnitud de la migración campo-ciudad que se estaba produciendo en aquellos años hacía pensar que las demandas de proyectos y planes urbanísticos iba a ser considerable. Sin embargo, las distintas crisis en las que se vio envuelto el país abortaron en gran medida esta posibilidad de desarrollo urbano planificado.

Finalmente, Lima creció fuera del control de los profesionales, fundamentalmente a través de la ocupación de terrenos, la autoconstrucción y toda una serie de procesos informales que dejaban de lado el trabajo de los técnicos. Resulta paradójico que en la época en la que se estaban produciendo las que quizá han sido las mayores transformaciones que se han dado en la ciudad de Lima, los arquitectos estuvieran sin trabajo. La falta de acuerdo entre lo formal y lo informal hizo que la ciudad creciera sin contar con sus profesionales. Los años sesenta, y sobre todo los setenta, fueron en Perú una época con altísimas tasas de paro, que también afectaron a los arquitectos.

LA CRISIS DE LA PROFESIÓN DEL ARQUITECTO

La gloria de la profesión del arquitecto tuvo una corta duración. Ya en los años 60, se desencadenó una crisis en todos los ámbitos de la vida profesional. […] cada vez menos se empleaba a los arquitectos por su talento creativo y artístico, como correspondía a su formación y a su ideal, sino por sus conocimientos técnicos, como burócratas. En Lima, esto se debió a las nuevas necesidades de una metrópoli y al detrimento de la importancia de la arquitectura en esta ciudad caótica. Con ello, los ingresos de los arquitectos empleados habían empeorado. Pero incluso las oficinas independientes tuvieron que padecer la crisis económica y la competencia en crecimiento. En estas circunstancias, las posibilidades de ascender socialmente a través del ejercicio de su profesión se redujeron en forma drástica para los arquitectos.

En tal escenario, el incremento del número de arquitectos en el lugar produjo efectos negativos. En las universidades, el número de estudiantes, específicamente el porcentaje de los provenientes de los estratos bajos, había crecido fuertemente. Pero, además, con el origen social de los estudiantes también decayó el nivel académico. A ello se sumó el hecho de que se fundaron muchas nuevas facultades de arquitectura. En Lima, se creó una en la estatal Universidad Nacional Federico Villareal y otra en la Universidad

Particular Ricardo Palma. Especialmente esta última, por razones comerciales, producía cifras de egresados muy elevadas cuya calificación técnica y posibilidades de empleo posterior eran inciertas.

Esta gran cantidad de egresados no solamente sobrecargó el mercado laboral, sino que el gran número de arquitectos desempleados generó una polarización, dentro del grupo profesional, entre las pocas oficinas exitosas y la masa de los subempleados. Esta polarización se transmitió a las universidades y aumentó su politización. […] Todo esto llevó a una crisis que a finales de los años 60 alcanzó su punto máximo. [...] Entre las contramedidas que el gobierno adoptó se contaron drásticos recortes presupuestales y la disolución de las facultades en unidades menores, los Programas académicos y Departamentos, que se dividieron el trabajo administrativo y la enseñanza respectivamente (Cuadra 2010, 40).

PREVI, el concurso que se había planteado como una primera prueba para pensar en el crecimiento planificado de la ciudad, y que iba a ser un germen de la modernidad en Perú, actuó casi como el cierre de una etapa. Fue uno de los últimos proyectos en los que se planteaba que la solución al problema de la vivienda popular en Lima pasaba por el desarrollo planificado y la construcción a gran escala. En la UNI, y en otras escuelas de arquitectura del país, se afianzaron los métodos y sistemas modernos, pero la incidencia de este conocimiento en el crecimiento no fue el esperado. La ciudad se expandió de manera improvisada, al margen de normas y planes.