2. ÁMBITO DE ESTUDIO
2.3. El problema de la vivienda y la expansión urbana de Lima
El crecimiento demográfico empezó a hacerse evidente en Lima a partir de los años veinte, cuando los procesos migratorios del campo a la ciudad comienzan a crear una demanda de vivienda urbana que, hasta ese momento, era desconocida. A pesar de que las carencias habitacionales se concentraban en los grupos con menos recursos, en esa época el enfoque del problema no se centra en lo social, sino que se interpreta únicamente en términos de orden público y déficit cuantitativo de alojamientos. Ante la falta de alojamientos, los gobiernos dictan medidas que favorecen la promoción y construcción de nuevas viviendas lo que, sin embargo, no evita que empiecen a aparecer ya los primeros asentamientos informales, surgidos de la ocupación de terrenos y realizados a través de procesos autogestionados y autoconstruidos.
Las barriadas fueron nuevas en Lima en la medida en que representaron un crecimiento urbano no deseado por las autoridades, más o menos espontáneo, en todo caso forzado, el cual no se ajustaba a las formas acostumbradas, no había planos de por medio, no era
comercializable ni servía como representación, y dañaba la imagen oficial de la ciudad. Una primera reacción ante esto fue la criminalización de los invasores (Cuadra 2010, 34). Las primeras barriadas nacieron en el año 1928 en Armatambo, cerca de Chorrillos, un suburbio de Lima; y en Puerto Nuevo, Callao; asimismo, en 1929, en Matute. No obstante, la barriada más conocida fue la Barriada Leticia, fundada en 1933 (Cuadra 2010, 368).
El problema se intenta atajar desde lo policial, pues se entiende que más que una cuestión social, es un asunto de orden público. Sin embargo, estos intentos de contener el crecimiento por la vía de la fuerza se muestran pronto insuficientes. La ciudad continua creciendo de manera informal y cada vez un mayor número de habitantes va quedando excluido de los procesos del urbanismo planificado. El terremoto de 1940, que destruyó una buena parte del tejido urbano e hizo aumentar el número de los sin techo, contribuyó a agravar aún más esta situación y a hacer crecer los terrenos ocupados mediante invasiones. «La ciudad, que en 1920 tenía menos de 200.000 habitantes, registraba en 1940, solo 20 años más tarde, 600.000. Otros 20 años más tarde serían 1.800.000» El crecimiento «fue tan inmenso y súbito que en las oficinas de planeamiento ni siquiera estaban dadas las condiciones técnicas para el acopio de datos, y menos aún para su manejo. Pero, además, también faltaba la consciencia necesaria para ello» (Cuadra 2010, 34). Durante los años cuarenta se constata un progresivo aumento demográfico que, unido a los efectos del terremoto, contribuyó a aumentar el número de terrenos invadidos y de crecimientos informales.
La expansión de la ciudad se realiza de espaldas a la oficialidad y en su organización no participan los técnicos ni las instituciones, ya que son los propios usuarios los que, empujados por la necesidad, ocupan y gestionan el territorio. Esto no significa, sin embargo, que se trate de asentamientos desorganizados. Los pobladores se coordinan y eligen para realizar las invasiones terrenos baldíos, generalmente de titularidad pública, con vistas a una más fácil regularización posterior, debido al escaso valor comercial de muchos de estos solares. Esto no significa que las invasiones se realizaran sin conflictos, ya que las autoridades se reservaban el uso de la fuerza para evitar estas acciones cuando lo estimaban adecuado. Sin embargo, las dimensiones que ya en aquel momento estaba empezando a adquirir el fenómeno apuntaban a que el remedio a esta situación no iba a pasar por la vía policial.
Las invasiones y las nuevas capas de población llegadas a Lima cambiaron la estructura y el funcionamiento global de la ciudad. Los nuevos habitantes se asentaron en las periferias urbanas, pero también en los sectores más deteriorados del centro que,
por aquella época, entraron en una fase de decadencia y degradación. Los edificios más antiguos y deteriorados del casco antiguo se vieron afectados por un fenómeno de superpoblación, dando lugar a las llamadas quintas y tugurios, ocupaciones precarias que sobreexplotaban los espacios habitables. Las infraviviendas, que en los años cuarenta habían aparecido en zonas de poco valor o junto a instalaciones industriales, se extendieron durante los años sesenta por amplias zonas del centro urbano, así como por los nuevos tejidos urbanos periféricos surgidos en la zona norte de Lima. Empezaron a crecer los llamados conos, las extensiones urbanas generadas en torno a los grandes ejes viarios.
La llegada de estas nuevas capas de población a la ciudad y especialmente su ocupación de una buena parte del centro urbano llevó a la reubicación de algunos de los sectores que tradicionalmente habían ocupado ese espacio. La burguesía limeña se fue desplazando hacia zonas periféricas privilegiadas, situadas principalmente en la zona sur de la ciudad. Durante los años cincuenta y sesenta se desarrollan los centros comerciales del barrio de San Isidro, o el eje de la avenida Larco en el barrio de Miraflores6. La ciudad se va polarizando cada vez más y mientras las nuevas zonas y el centro deteriorado acogen a los nuevos limeños, los grupos sociales que tradicionalmente habían ocupado la capital empiezan a refugiarse en ámbitos urbanos cada vez más delimitados.
La configuración segmentada que va adquiriendo la ciudad a lo largo de esas décadas es una muestra de la fractura social y cultural que se está produciendo en el país. En Lima, una ciudad que tradicionalmente había sido criolla, empiezan a convivir los grupos dirigentes, generalmente de origen capitalino y formación universitaria, con una mayoría social de migrantes, con menos recursos, menor acceso a la formación académica y generalmente de origen provinciano. PREVI, una propuesta surgida desde la iniciativa estatal y bajo la dirección de profesionales con formación universitaria y experiencia internacional, se plantea globalmente como un proyecto a largo plazo y de gran escala para dar una solución viable al problema de la vivienda popular desde la planificación formal.
6 En la ciudad de Lima existe una clara estratificación social entre los diferentes barrios o distritos. En el caso de San Isidro o Miraflores, se trata de áreas tradicionalmente burguesas, de clase media o media alta que acogen a familias favorecidas y en general plenamente insertadas dentro de los sistemas de la formalidad. El carácter de los habitantes de estos barrios ha adquirido un carácter arquetípico dentro de la sociedad limeña que podemos ver reflejado, por ejemplo, en la utilización que se hace del adjetivo
miraflorino en la literatura peruana. En La tía Julia y el escribidor podemos leer: «nuestra familia era
bíblica, miraflorina, muy unida» (M. Vargas Llosa 2013, 2). 27
3. ¿QUÉ FUE EL PREVI? PROPUESTAS Y REALIZACIONES ORIGINALES
El PREVI comenzó a gestarse en 1967 y partió de una propuesta puesta en marcha por el gobierno peruano, presidido en ese momento por el arquitecto Belaúnde Terry, con el fin de trazar un plan de mejora de la situación de la vivienda en Lima. Se trató de una de las iniciativas más importantes a la hora de establecer métodos, modelos y sistemas arquitectónicos modernos que pudieran dar respuesta a las grandes demandas habitacionales que ya en ese momento se hacían patentes en la capital peruana. Se realizó un estudio previo para determinar si la problemática de la vivienda local era representativa de la situación de los países en vías de desarrollo, y ante la respuesta afirmativa, el programa contó con la participación y el apoyo económico de Naciones Unidas (ININVI 1988, 1). El PREVI en su versión inicial constaba de tres planes o programas de vivienda, denominados proyectos piloto en las bases del concurso, y cuyos objetivos eran los siguientes:
Proyecto piloto PP1: Se proponía la construcción de un barrio de nueva planta a partir de las propuestas surgidas de un concurso de ámbito nacional, al que se presentaron 28 propuestas peruanas; e internacional, en el que tomaron parte 13 equipos extranjeros. Ya desde las bases del concurso se previó que la mayoría de las viviendas de este barrio fueran capaces de crecer con el tiempo. Para participar en esta sección, Peter Land, arquitecto británico vinculado a la organización, eligió una serie de equipos entre los que se encontraban algunos de los arquitectos más relevantes de aquellos años. Fueron invitados a participar en la sección internacional de PREVI: Atelier 5 (Suiza), Aldo van Eyck (Holanda), Christopher Alexander (USA), Candilis, Josic and Woods (Francia), José Luis Íñiguez de Ozono y Vázquez de Castro (España), James Stirling (Reino Unido), Toivo Korhonen (Finlandia), Germán Samper (Colombia), Fumihiko Maki, Kionori Kikutake (Japón), Charles Correa (India), Herbert Ohl (Alemania), Knud Svenssons (Dinamarca), Oskar Hansen y Svein Hatløy (Polonia).
Junto a estos equipos, trece estudios peruanos fueron también seleccionados para construir sus propuestas en la llamada Unidad Vecinal Experimental, germen del futuro barrio PREVI. Los arquitectos seleccionados fueron: Miguel Alvariño; Ernesto Paredes; Williams, Núñez, Miró-Quesada; Gunther, Seminario; Morales, Montagne; Juan Reiser; Eduardo Orrego; Consuelo y Luis Vier; Takahashi, Vella / Bentin, Quiñones; Mazzarri, Llanos; Cooper, García / Bryce, Graña, Nicolini; Smirnoff, Ramírez / Wiskowsky, Chaparro y Crousse, Paez / Pérez León
Proyecto piloto PP2: El PREVI consideró también la posibilidad de intervenir en arquitecturas existentes, realizando mejoras en la construcción de las viviendas y adecuación de los barrios que en ese momento se encontraban en etapas intermedias de consolidación. Se proponía elaborar planes prácticos para la rehabilitación y renovación urbana de áreas degradadas de la ciudad de Lima. Se preseleccionaron cuatro zonas limeñas: Barranco, Magdalena, La Victoria y Callao. Después de realizar un estudio de las condiciones de habitabilidad en estos enclaves característicos, se seleccionó para el trabajo experimental el área de Barranco.
Proyecto piloto PP3: Planteaba la realización de un proyecto de viviendas de bajo coste mediante procesos de autoconstrucción y un programa de sitios y servicios7,
aportando la asistencia técnica que fuera necesaria.
El fuerte terremoto que asoló Lima el 30 de mayo de 1970 llevó finalmente al desdoblamiento del PP3 en dos programas, uno que continuaba con las ideas de autoconstrucción del PP3 y otro que trabajaba con propuestas sismorresistentes y que pasó a denominarse PP4. El PP4 surge como la búsqueda de soluciones al problema de los damnificados en los desastres naturales: sismos, incendios o aluviones. El PP4 se desarrolló dos enclaves del departamento peruano de Ancash. Se seleccionarón las ciudades de Casma, en la costa y Catac, en la sierra, por considerarlas representativas de los distintos enclaves que configuran la geografía peruana.
Vemos que, junto a la construcción de viviendas nuevas del PP1, en el PP3 se planteó también la opción de generar condiciones de habitabilidad básica a través de un programa de sitios y servicios, que proporcionara un primer acceso a las redes de infraestructura urbana: agua, saneamiento, pavimentaciones urbanas. Este planteamiento responde a una realidad que en aquel momento era acuciante. «A las invasiones de tierras en la sierra, acompañan grandes invasiones de predios urbanos en la capital y ciudades principales, dando lugar al crecimiento desmesurado de barriadas y asociaciones vecinales» (Matos Mar 2004, 36). Teniendo en cuenta la importancia de las
7 Se denominan programas de sitios y servicios a aquellos en los que no se ofrece al usuario una vivienda terminada, sino un emplazamiento con unas condiciones básicas de habitabilidad, es decir, un solar urbanizado con tomas a los suministros urbanos y en ocasiones un núcleo húmedo ya construido. Una vez sentadas estas bases mínimas para la generación de tejido urbano, el usuario va autoconstruyendo su vivienda. Este tipo de opciones se empezaron a barajar ante el auténtico desborde urbano que supuso la migración campo-ciudad en la segunda mitad del siglo XX en las grandes capitales latinoamericanas. Era una manera de repartir en mayor medida los escasos recursos destinados a los programas de vivienda.
tomas de tierra guiadas o espontáneas en el crecimiento de los llamados pueblos jóvenes8 de la ciudad de Lima, es evidente la vocación de proyecto global que tuvo PREVI. En el programa, se intentaron abordar los muy diferentes casos y situaciones de habitabilidad que en los años setenta presentaban las ciudades latinoamericanas.
Volviendo a la sección PP1 del concurso en la que se planteaba la construcción de viviendas de nueva planta, y que será el foco central de atención de este trabajo, vemos que si atendemos a la nómina de participantes de la sección internacional, nos encontramos con algunos de los nombres más destacados de lo que ha venido denominándose tercera generación del movimiento moderno. Se trata de un grupo de arquitectos que, aunque empiezan a cuestionar algunos de los postulados surgidos en las primeras décadas del siglo, mantienen buena parte de sus intenciones, como demuestra su preocupación sobre el tema de la vivienda social y suponen una muestra del «cambio de sensibilidad que se desarrolla durante los años cincuenta» (Montaner, Hereu, y Oliveras 1999, 289). A fecha de hoy, Charles Correa, uno de los arquitectos invitados a concursar en PREVI, reflexiona así sobre este hecho:
Por supuesto, ya desde los inicios del siglo XX los arquitectos se habían implicado en la vivienda social. Fue el motor que hizo funcionar al movimiento moderno, el que desencadenó las preocupaciones -y la imaginación- de Walter Gropius, Le Corbusier y otros. ¿Por qué? Porque entendieron la excepcional relación entre vivienda y arquitectura. […]
Hoy todo eso ha cambiado. Para la mayor parte de los arquitectos, los encargos más codiciados son los museos y los aeropuertos; ambos se ubican en solares verdes y normalmente libres de valores culturales (García-Huidobro, Torres Torriti, y Tugas 2008, 150).
Este interés por la vivienda, unido a un entorno como el peruano, favoreció la presentación de una serie de propuestas que pretendían ser innovadoras en cuanto a los procesos constructivos. En una ciudad como Lima, donde la autoconstrucción era ya en esos años un fenómeno importante, era previsible el crecimiento espontáneo de las viviendas y a la vez, la vocación social de la propuesta hacía necesario ajustar con precisión los costes y las tecnologías. De hecho, en el Plan de Operaciones del PREVI, se hacía referencia expresa a estos requerimientos al describir los propósitos del PP1.
8 Pueblos jóvenes es el nombre que recibieron en Perú los asentamientos informales de vivienda generados en las periferias urbanas a partir de las migraciones de la segunda mitad del siglo XX. Aunque con características propias, se trata de un fenómeno similar al del chabolismo español.
Diseño y construcción de un nuevo asentamiento urbano de viviendas de bajo costo, con sus correspondientes facilidades y servicios comunes, basadas en la investigación y desarrollo de soluciones de diseño y tecnología, nuevas o existentes, buscando aumentar la eficacia de los recursos utilizados en la construcción y reducir los costos directos de la misma (ININVI y Min. Vivienda 1971, v1-8).
Estas premisas incentivaron la presentación de proyectos de vivienda progresiva que planteaban opciones tecnológicas capaces de ser asumidas por la realidad técnica y empresarial del Perú de la época. Se trataba de sistemas constructivos que, lejos de una sofisticación puntera que hubiera resultado inabordable en ese entorno, sí eran capaces de proponer procesos de racionalización y de industrialización de los procesos de obra, así como una reducción de los costes. Se trataba de opciones que pretendían dar respuesta a un amplio sector intermedio afectado por problemas de vivienda en Latinoamérica. Sin embargo, no se dirigían directamente a paliar los casos de pobreza extrema, a aplicarse en situaciones de urgencia o a responder a desastres naturales, ámbitos que dentro del PREVI, encontraban una respuesta más ajustada en el PP3, en el que se instaba expresamente a trabajar en ese terreno y a proponer: «un sistema de “lotes y servicios” para el asentamiento de familias migrantes y de ocupantes sin títulos (de las tierras tomadas) con muy bajos ingresos» (ININVI y Min. Vivienda 1971, v1-8).
El PP1 de PREVI quiso ser una oportunidad para construir soluciones viables y económicas que pudieran dar respuesta al problema de la vivienda social latinoamericana. Se proyectaron y construyeron viviendas progresivas con sistemas industrializados, que pretendían economizar los costes y reducir los tiempos de obra, y se ensayaron buena parte de las propuestas de industrialización económica de la época. Actualmente, el paso del tiempo y los procesos de ampliación y construcción informal que se han producido sobre las viviendas PREVI, nos permiten considerar cuáles de ellos han resultado más flexibles y adaptables para los usuarios, o cuáles han convivido mejor con las transformaciones realizadas sobre las viviendas por sus habitantes.