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La auténtica libertad como imagen de Dios

In document Jesucristo Salvador Absoluto (página 45-47)

II. CAPÍTULO

2.1 Fuimos Hechos a su Imagen y Semejanza

2.1.1 La auténtica libertad como imagen de Dios

Ordinariamente la libertad ha sido entendida como aquella capacidad que tiene el ser humano de elegir entre dos opciones, esta opción de elección principalmente se encuentra marcada por nuestro querer y gusto, es decir, que inclinamos la balanza por lo que más nos gusta, por lo que se nos presenta como más apetecible.

Esta idea de libertad aparece como bastante limitada, y por tanto se hace necesario acudir a un concepto mucho más amplio y preciso de libertad que sería entenderla como aquella “facultad entitativa consistente en la amplitud que posee la persona para disponer de sí en orden a su realización”99. La libertad no quiere decir que puedo hacer lo que quiera; en el sentido pleno de la palabra, significa más bien que debo llegar a ser lo que soy. Poder alcanzar mi autenticidad, es decir, llegar a mi verdadera identidad de hombre.100

Por lo tanto, se deja a su mano el realizar las diversas posibilidades históricas de sí mismo, para encontrar ahí la acuñación de su esencia. Renunciar a esta libertad seria renunciar a ese constitutivo esencial del hombre y, en último término, renunciar a sí mismo.101

La auténtica libertad, consiste en esa orientación fundamental del ser humano hacia el Bien Absoluto, el cual abarca dentro de sí todas las propiedades del ser – orden, unidad,

98 Cfr. Mariani Andrea, Agire morale e vissuto spirituale L´uomo: nuova creatura in Cristo, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2004, p. 178. (La traducción es mía).

99 Ruiz de la Peña, Juan Luis, Imagen de Dios, Santander, Sal Terrae, 4a edición, 1988, p. 187.

100 El Catecismo de la Iglesia Católica resume la esencia de la libertad diciendo: 'La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza' (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1731).

perfección, fin, y ser apetecible – solamente en la orientación hacia ese Bien podremos comprender que “la verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre” (G.S. 17). Esta imagen del hombre llegará a ser verdadera cuando finalmente libre de cualquier atadura pueda amar infinitamente, optando de entre todos los bienes existentes Aquel (Dios-Amor) que le permita plenificarse, en palabras de Santo Tomás: “la espiritualidad del hombre le abre hacia el horizonte de la posesión del bien total, del bien Sumo: Dios, por el conocimiento y el amor”.102

Una de las características de los seres vivos es la tendencia a crecer y desarrollarse hasta alcanzar su telos, que significa al mismo tiempo fin y perfección. Es por eso que el hombre podrá llegar a ser lo que es, cuando por medio de su libertad opte por aquel bien que lo complete, lo desarrolle y lo lleve a su plenitud. Por tanto, en la medida en que el hombre se acerque a su Bien final, más perfecto y más hombre será.

Es por ello que para alcanzar nuestra perfección es necesario que nuestra libertad tienda hacia aquello que nos humaniza. Es por esto que la salvación traída por Cristo no suprime nuestra condición humana, sino que busca devolver “una comunión intensa con

Dios, que nos sitúe en nuestra verdadera condición, condición que el pecado nos está invitando continuamente a dejar”103. El pecado de Adán revela con crudeza esta realidad, en donde el hombre trata de llegar a ser algo que no es, trata de llegar a ser Dios pero sin optar por su Bien final.

“No se llega a Dios desapareciendo como hombre para parecerse a lo que es Dios. Se acerca uno a Dios pareciéndose cada vez más a su propia humanidad, profundizando en ella”104. Jesucristo, el Verbo de Dios, al encarnarse muestra con exactitud esta idea. Es por eso que nuestra auténtica libertad no debe buscar eliminar aquello que nos hace hombres, ni mucho menos puede caer en una dicotomía del ser humano; una auténtica

102 La verdadera felicidad del hombre se encuentra en la contemplación de Dios por la inteligencia y el amor a El mismo, por la voluntad. Es por ello que en la vida mortal el hombre jamás alcanzará la felicidad completa – su fin último –. Sin embargo, el hombre ya en esta vida puede alcanzar a un anticipo de esa felicidad perdurable. Labake, Julio Cesar, El hombre, la libertad y los valores, Buenos Aires, Ed. Bonum, 1989, p. 81.

103 Le Du, Jean, Salvación y Lenguaje, Madrid, Ed. Marova, 1975, p. 47. 104 Ibíd., p. 56.

libertad debe de ser aquella que afirmando nuestros límites nos permita ser verdaderamente hombres.

La libertad es el poder de obrar bien, lo mismo que el entendimiento es la voluntad de conocer la verdad. La posibilidad de obrar mal no es de la esencia de la libertad, lo mismo que la posibilidad de engañarse no es de la esencia del entendimiento, lo mismo que la posibilidad de estar enfermo no es de la esencia de la salud.105

Finalmente habría que decir que la libertad es un don de la creación, y que pertenece a la existencia espiritual del hombre. Porque no hemos sido organizados y predeterminados según un modelo concreto. Sino que “la libertad existe para que cada uno pueda diseñar personalmente su vida y, con su propia afirmación interna, recorrer el camino que responda a su naturaleza.”106 La libertad auténtica del ser humano se

encuentra en la obediencia al Plan de Dios; no puede haber libertad fuera de esta, sino solo dentro.

Los 10 mandamientos nos orientan hacia el amor. Porque la verdadera libertad está en el amor, en el vivir amando. Esta es la suprema libertad. Quizás los mandamientos del Antiguo Testamento no son aun plenamente orientados hacia el amor – Jesús los resumirá con el

―mandamiento del amor‖ –pero ya están en la línea del amor, son orientados hacia el amor (…) El

mandamiento, que aparentemente parece delimitar, circunscribir, incluso en cualquier caso sofocar la libertad – en realidad se revela como amigo de la libertad.107

Y esto es así, al punto de poder afirmar que cada nueva ley que aprendemos no es que nos haga menos libres, sino todo lo contrario nos hace plenamente libres. Por ejemplo: Para conseguir volar, primero es necesario aprender las leyes de la gravedad, de las corrientes de aire y de los cuerpos. Es por ello que tanto leyes físicas como leyes morales están dirigidas a mantener una armonía dentro de la creación.

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