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Signos de esperanza hoy

In document Jesucristo Salvador Absoluto (página 69-72)

II. CAPÍTULO

2.3 Esperanza de nuestra salvación

2.3.3 Signos de esperanza hoy

Los signos salvíficos no se cierran en un acontecimiento pasado, sino que por la eficacia de la muerte redentora de Cristo se prolonga a lo largo de toda la historia humana, mostrando así que la salvación iniciada por Cristo sigue operando y ya no podrá ser detenida hasta que todos sus enemigos incluida la muerte sean sometidos bajo sus pies (cfr. 1Cor 15,25-26). Es por ello que el cristiano por medio de la fe está llamado a descubrir en el aquí y ahora de su historia concreta, signos auténticos que den fe de su salvación.

La fe cristiana afirma que la eternidad, la vida nueva, verdadera y definitiva ha entrado ya con la Pascua de Cristo en mi experiencia, siendo vivida por mí aquí y ahora en la indestructibilidad de los gestos que hago: de fidelidad, paz, amor, perdón, amistad, honestidad, libertad responsable. Son gestos en los que, en el tiempo, el hombre supera el tiempo alcanzando la eternidad del Crucificado resucitado que ha vencido la muerte.174

Es decir, que no solo los milagros deben de ser vistos como signos que verifican nuestra salvación, sino que también hay que saber descubrir el amor y la cercanía de Dios en todos aquellos sucesos ordinarios que revelan el amor divino la creación, de forma que todo lo que sucede en favor nuestro manifiesta de alguna forma su cercanía paterna.

Cuando tratamos de encontrar la presencia salvadora de Dios, parece que es más fácil encontrarlo en los milagros, en lo sorprendente, en los acontecimientos sobrenaturales, etc. Si bien Dios se revela por medio de estos hechos, no hay que olvidar que también lo hace por medio de lo ordinario, en lo sencillo, en lo que ocurre cada día, y es importante encontrarlo ahí: en las horas tranquilas, en los gestos simples, en un amanecer, en un gesto de perdón, en la vida familiar, en las pequeñas alegrías, en las

173 Martini, Carlo María, op. cit., p. 101. 174 Martini, Carlo María, op. cit., p. 117-118.

relaciones cotidianas, en nuestra propia vida y la de los demás. “Justo porque no hay milagros aislados e intervencionistas, todo puede ser percibido como “milagro” por la mirada iluminada por la fe”.175

Muchos de los santos hacen eso, encuentran a Dios en su vida cotidiana, decididos a vivir el evangelio en serio y movidos por el amor, empiezan por hacer bien aquello que tienen que hacer; descubren la providencia y el amor de Dios en las maravillas de la Creación (San Francisco); en las cosas ordinarias que son hechas con amor extraordinario (Beata Teresa de Calcuta); en un gesto de perdón al agresor (San Juan Pablo II); en una entrega apasionada por el otro – jóvenes – (San Juan Bosco), y así muchos otros.

Cuando un mero gesto restablece una relación; cuando una simple palabra confiesa o perdona un error; cuando la bondad ilumina un rostro que más bien debería irradiar desprecio;

cuando se acepta hablar, en lugar de atrincherarse en el mutismo; cuando se ―re-comienza‖ a pesar

de los fracasos; cuando se lucha contra la injusticia; cuando se asumen, por desquiciante que resulte,

los propios errores…: todos éstos son momentos de reconciliación, de participación real en la

salvación otorgada por Dios. Son un modo de dar cabida en nuestra humanidad a la reconciliación fundamental, de ajustarnos a la verdad de Dios.176

“La salvación es humilde y realista: no niega la libertad ni suprime voluntaristicamente el sufrimiento de la historia”177, es una realidad de la cual ya somos partícipes, a pesar de los avatares de la vida que tratan de confundirnos constantemente, por eso no nos podemos mostrar indiferentes frente a los diversos signos que dan fe de ello y que en definitiva nos revelan el amor de Dios hacia su creación.

Donde se restaura la comunión con Dios, donde se implanta el Reino de Dios, ―las cosas vuelven a enderezarse‖, el mundo vuelve a estar salvado. La creación vuelve a recuperar su imagen original.178 Si lo pensamos bien, todas las vivencias cotidianas son en realidad algo grande, son signos visibles de una salvación de la cual ya somos partícipes; porque “podríamos decir “en germen”… ya están presentes en nosotros las realidades

que se esperan: el todo, la vida verdadera”179

175 Torres Queiruga, Andrés, Repensar el mal, Madrid, Trotta, 2011, p. 285.

176 Du Charlat, Régine, La Reconciliación, piedra de toque del Cristianismo, Santander, Sal Terrae, 1997, p. 70-71.

177 Torres Queiruga, Andrés, Recuperar la salvación, Santander, Sal Terrae, 1995, p. 208. 178 Cfr. Kasper, Walter, Jesús, El Cristo, Salamanca, Ed. Sígueme, 2002, p. 160.

CAPÍTULO III

IGLESIA, MUNDO Y SALVACIÓN

El Papa Francisco en su exhortación apostólica ―Evangelii Gaudium‖– La alegría del Evangelio – muestra con toda claridad el papel de la Iglesia frente a los nuevos retos pastorales que se presentan en medio de la sociedad contemporánea, en la que factores culturales como el secularismo y la indiferencia religiosa, pretenden reemplazar el anuncio gozoso de la salvación cristiana traída por Jesucristo y el de una vida bienaventurada por un bienestar simplemente terreno que encierra al hombre dentro de un individualismo que le impide ir en búsqueda del ―otro‖; el consumismo ha esclavizado al hombre, induciéndole a comprar, no aquello que necesita, sino aquello que el mercado o la moda le proponen. La autenticidad del hombre ya no se realiza ―siendo plenamente hombre‖, sino en la medida de los bienes materiales que posee.

Este materialismo que busca expulsar a Dios-trascendencia y su anuncio gozoso del escenario de salvación, sin darse cuenta termina por reducir al hombre a la materia. Negando la ley trascedente, se niega al hombre abierto al Absoluto, al hombre particular, concreto, a la persona humana, que lleva inscrita en su naturaleza esa misma ley.

“Humillado, generalizado, reducido a pura materia o expresión lingüística, el hombre ha llegado a ser de este modo más manipulable, más expuesto a ser víctima de ideologías totalizantes.”180La ―muerte de Dios‖ que aparecía como condición necesaria para la gloria del hombre, lo único que ha conseguido es asesinar al propio hombre.

Las dificultades aumentan cuando nos preguntamos por el sentido del culto cristiano. ¿Por qué he de ir a la iglesia para encontrar a Dios? ¿Está él ligado a un rito y a un espacio? ¿Puede comunicarse lo espiritual a través de lo material y ritual? Si le indicamos al hombre de hoy que muchos están de acuerdo con esta tradición y se adaptan a ella, nos responderá que, si les resulta necesario, puede concedérseles; pero que él se sabe en la cumbre de la conciencia actual y que, además, está convencido de que en nuestros días existen hombres con grados de conciencia medieval, antiguo e incluso primitivo. Pero él no se deja prender de estos estadios de conciencia que considera reliquias del pasado, con las que acabará el futuro, aunque nunca consigue eliminar por completo las contracorrientes de lo primitivo, de forma que en la humanidad se dará siempre, en la práctica, la coexistencia de diversos grados de conciencia.181

180 Lucas, Ramón, El Hombre, Espíritu Encarnado, Compendio de Antropología Filosófica, Salamanca, Ed. Sígueme, 2013, p. 12.

Finalmente, el hombre creado por y para amar tiene sed del ―agua viva‖, pero al momento de buscar saciar esta sed se encuentra con tantas ofertas de salvación que son ofrecidas por religiones, por ejemplo el budismo con su idea de reencarnación; ideologías, por ejemplo el marxismo que busca alcanzar una salvación terrena; o filosofías de vida, por ejemplo el dualismo platónico contemporáneo que conduce al hombre a una división, así por ejemplo es común observar personas que siguen rutinas alimentarias, de belleza y de ejercicio con la única finalidad de buscar un bienestar corporal; o ya sea por medio de la administración de sustancias que son perjudiciales para la salud – alcohol, tabaco, drogas, productos para adelgazar –. “Lo que hace tan atrayentes estos cultos a la gente hoy, especialmente a los jóvenes, es sustancialmente la misma cosa que el cristianismo ofrece desde hace veinte siglos, es decir la salvación y la autorrealización.”182

Es por ello que frente a esta situación actual de la sociedad, que piensa que, lo cristiano no es otra cosa que una avalancha de palabras piadosas que únicamente creen los ingenuos, tomándolas como un sustituto de la realidad.”183 Es necesario presentar con

mayor razón una doctrina y enseñanza pastoral de una manera clara, articulada, llena de testimonio de vida y hecha con caridad pastoral. San Pedro lo recomendaba al decir: ―estad dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra

esperanza, pero con delicadeza y respeto‖ (1P 3,15-16).

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