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La autenticidad de los objetos biográficos

6. OBJETOS BIOGRÁFICOS: EN BUSCA DE LA SINGULARIDAD Y LA

6.1 CARACTERÍSTICAS DE LOS OBJETOS BIOGRÁFICOS

6.1.2 La autenticidad de los objetos biográficos

Otra de las características destacadas por los y las interlocutores en este trabajo con respecto a sus objetos biográficos se engloba dentro del concepto de “autenticidad”, la cual no solamente otorga valor a los mismos sino que en su análisis podemos ver cómo enlaza elementos materiales e inmateriales.

Para comprender dicho concepto, retomamos el estudio de Walter Benjamin sobre las obras de arte y la reproductibilidad técnica14, donde analiza los cambios producidos a partir de la introducción de mecanismos de reproducción que cambian la configuración tanto de obras de arte como de la relación con el público (dado que, como señala el propio autor, la reproducción ha existido siempre y es la introducción de determinadas técnicas mecánicas las que cambian este proceso). La reproductibilidad produce cambios en la autenticidad de la obra, y en lo que Benjamin denomina “aura” del objeto de arte. Esta “aura” deriva de la relación con el “aquí y el ahora” de la obra de arte, su relación con un origen y su trayectoria, de la cual carecen aquellas piezas que son reproducidas:

Las circunstancias en que se ponga al producto de la reproducción de una obra de arte, quizás dejen intacta la consistencia de ésta, pero en cualquier caso deprecian su aquí y ahora. Aunque en modo alguno valga esto sólo para una obra artística, sino que parejamente vale también, por ejemplo, para un paisaje que en el cine transcurre ante el espectador. Sin embargo, el proceso aqueja en el objeto de arte una médula sensibilísima que ningún objeto natural posee en grado tan vulnerable. Se trata de su autenticidad. La autenticidad de una cosa es la cifra de todo lo que desde el origen puede transmitirse en ella desde su duración material hasta su testificación histórica. Como esta última se funda en la primera, que a su vez se le escapa al hombre en la reproducción, por eso se tambalea en ésta la testificación histórica de la cosa. Claro que sólo ella; pero lo que se tambalea de tal suerte es su propia autoridad.

Resumiendo todas estas deficiencias en el concepto de aura, podremos decir: en la época de la reproducción técnica de la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta. (Benjamin, 1989:3).

14 Podría parecer poco oportuno recuperar las reflexiones de Benjamin sobre objetos de arte que se distanciarían del tipo de objetos que estamos tratando aquí. Pero además de servirnos para pensar en lo que sucede con estos objetos biográficos, nos servimos de las reflexiones de Alfred Gell acerca de lo que constituye una teoría antropológica del arte (que también mencionaremos más adelante) y que nos permitirían acercarnos a dicho tratamiento.

La autenticidad en los objetos biográficos expresa de manera interesante la vinculación de lo material y lo inmaterial, y al menos personalmente encuentro que el concepto de “aura” nos sitúa también en este contínuo.

Recordemos aquí la importancia de materializar el terreno de los significados, que señalábamos cuando mencionamos la crítica especialmente a la semiología saussuriana que dejaba bastante de lado la parte del significante, la parte material de los mismos. Si realizáramos un análisis similar en torno a los objetos biográficos (y es en parte lo que proponen Otto y Pedersen [1998] al hablar de sus objetos de memoria), ubicaríamos el relato biográfico, es decir, el significado inmaterial, como aquel determinante para “marcar” a los objetos en su valor de singularidad, y también de autenticidad. No se trata más que una convención establecida a partir del relato del mismo.

La consideración de la parte material del objeto nos permite ver cómo la autenticidad está construida no solamente con ese relato, sino también sirviéndose de características físicas relacionadas con los efectos que los objetos producen en tanto objetos materiales. La autenticidad, según Jones (2010) deriva de las conexiones entre personas, lugares y cosas. Si Benjamin problematizaba la autenticidad en relación a la reproductibilidad técnica, Jones considera el desplazamiento y dislocación como elementos que también la colocan en primer plano. La autenticidad sería una manera de “renegociar” relaciones en dichos contextos:

If authenticity is bound up with the networks of relationships between people, places and things, then a concern with it will probably be exaggerated in cultural contexts where people have experienced forms of dislocation and displacement. Such experiences have been commonplace in the modern era and, as discussed earlier, some authors have made historical connections between such processes and an increased concern with authenticity. However, whilst these authors have stressed that the characteristic modern concern with authenticity is one that focuses on entities and their essences, I suggest that it is also equally about recognizing and negotiating networks of relationships. Thus, one of the reasons why authenticity is such a powerful concept is that it provides a means for people to negotiate their own place in a world characterized by population displacement and fragmentation of communities; it is, in this sense, about reconnecting objects, people and places (Jones, 2010:197).

Este concepto de Jones nos sirve para argumentar también en contra de la distinción de objetos biográficos y protocolarios de Morin, y aún del concepto de aura de Benjamin en contraposición con la reproductibilidad técnica, ya que ambos autores establecen una

relación entre la autenticidad y una esencia perdurable, trazada de manera genealógica hacia un origen. Por contrapartida, el concepto de Jones introduce una concepción de negociación relacional, que si bien se sirve de las conexiones entre lugares, personas y cosas, no refiere a una esencia entre las mismas sino a esfuerzos por realizar esas conexiones, sirviéndose de los elementos conectados. Esta manera de concebir la autenticidad nos permite abordarla desmarcándonos de las certificaciones técnicas de piezas originarias, así como de ideas esencialistas y genealógicas sobre las identidades, donde el origen a buscar es uno que puede ser certificado: si bien en la autenticidad hay una preocupación con el “origen”, con esa relación con un “aquí y ahora” como dice Benjamin, alrededor de la cual se construye el valor de lo auténtico, eso no significa que el aquí y ahora sea “uno y para siempre”, sino que el aquí y ahora actúa como un anclaje, como una forma, que puede ser llenada o desplazada para construir nuevos relatos, nuevas conexiones, y por ende renegociar la autenticidad. En el momento de preparación del viaje migratorio se recuperan estos valores de autenticidad en tanto una vuelta a los orígenes, a aquello verdadero y esencial (siempre entendiéndolas como formas, y no como contenidos). El elemento introducido por Jones acerca de la relación con las esencias y las reconexiones adquiere particular relevancia en nuestro trabajo, como veremos a partir de las situaciones encontradas en el trabajo de campo. La mirada hacia los orígenes, la alusión a las esencias, a aquello que hunde raíces en un pasado y en momentos y lugares determinados, pertenecen a un trabajo de “reconexión” como argumenta también Jones. Es decir, este movimiento se vuelca hacia momentos pretéritos y hacia elementos metaforizados como interiores y esenciales para poder trabajar en la negociación y la reconfiguración de relaciones a futuro. El trabajo realizado con los objetos ayuda a reconfigurar estas relaciones, y se realiza a través de diversas formas metafóricas y sensoriales que expresan la asociación de los objetos biográficos con esencias verdaderas, orígenes, y el interior de la persona a la misma vez que hacen fuerte referencia al presente y al futuro, a aquellas relaciones que se recuperan, conservan, reconfiguran, en el momento presente y con vistas al futuro.

Retomando el concepto de “aura” de Benjamin y la relación con el “aquí y ahora” de los objetos, las personas migrantes con las que trabajé pusieron de relieve que son los objetos seleccionados y no otros los que participaron en determinados momentos y lugares. Los “propietarios” de los objetos biográficos recuperan la historia biográfica del objeto en relación a la suya propia. Esto se construye como un valor que los singulariza, como vimos

anteriormente, pero también que los hace auténticos, en el sentido de que remiten a un pasado, un origen, una identificación y una verdad15.

La recuperación – o reconstrucción – de la historia biográfica propia y del objeto en paralelo a la relación con lugares y momentos, en donde se ponen de relieve intensidades afectivas y sensoriales, adquieren gran relevancia en los relatos. Para analizarlo, tomaré tres objetos donde se explorará la relación sensorial con los mismos y el relato biográfico. A partir de estos, exploraremos cómo la autenticidad se va construyendo como un valor para objetos y sujetos en momentos de movilidad.

Las fotografías de Viviana

Y esta tía para mí es muy especial porque nos hemos criado, date cuenta, era la hija de mi abuela y mirá lo que son. Con ella y con ella es como que somos más hermanas que de mi madre porque son como las hijas de la vejez de mi abuela y nada, nos hacíamos trastadas. Esta tía yo la tuve mucho tiempo en silla de ruedas, porque tuvo un problema cerebral, por un resfrío mal curado, una sinusitis, de una sinusitis un absceso y quedó muy mal. Y hoy no es la misma (…). Estas tías para mí son muy especiales, son de las personas más especiales. Y bueno, este es él (…), por eso está ahí. Si tuviera que sacar te sacaría esta foto. Esta foto porque son ellas. Bueno (…), que era la pareja de mi madre, que es una persona muy especial, pero bueno ahora están en pleno...proceso...pero bueno, ha sido una persona a la que he querido mucho. Fotos. Esto ya creo que son de la...estas son...estas las he traído para que vieran la playa. Estas son fotos de chiquitita, sí eso es Punta del Este. Es que son momentos súper especiales, porque es en Atlántida, en unas vacaciones que tuvimos con mi madre y con (…) que… y en familia súper guay. Y las otras fotos es que mi madre no sé dónde las… ¿Sabes? Cuando yo me fui había un montón de fotos que automáticamente desaparecieron. ¡O sea que se las guardó! ¡Se las encanutó! Para que yo no me las lleve. Y cuando le pedí que me mandara más fotos, hay muchas aquí que me las mandó. Me mandó fotos mías pero yo le decía ¡yo no quiero fotos mías! Hay unas ahí que están mezcladas. ¡Pero yo quiero que mandes las fotos las nuestras! Y no...Las tendré que traer. Mi ahijado y mi tía. La mayor. Aquí yo estoy mirando el enano que estaba rompiendo la piñata. Estas me las mandó mi madre. Bueno, mi abuela, mi amiga, más importante. (…) estábamos en el baño y nos sacaron la foto, estas son mías y ta. Pero hay otras que son de mi madre que no sé donde las tengo con la mudanza. Que son las de mi graduación y las de mi billetera, que ahora te las...por personas sería así, sería así [acomoda las fotos] bueno, mi tía, por ponerla con (…) ahí. A este individuo por el momento no vamos a ...estas son las ...(…)...esto es....y luego tendría que buscarte a mi abuela que es una persona muy importante en mi vida, lo que pasa es que me faltan fotos que están en un sobre. Pero bueno, ahí tienes gran parte. (…)

15Es interesante que estas palabras aparecen en la definición del vocablo auténtico del diccionario de la Rae: 1. adj. Acreditado como cierto y verdadero por los caracteres o requisitos que en ello concurren. Es un goya auténtico.

2. adj. coloq. Consecuente consigo mismo, que se muestra tal y como es. Es una persona muy auténtica. 4. f. Certificación con que se testifica la identidad y verdad de algo.

Pero ves si me hubiese traído algo más hubiese sido fotos, eso sí que me dio mucha pena. Ves. Es que...es (…) ¡¡AH!! Ésta es la foto, esta se la robé a mi madre, ¿ves que tiene el marco ahí? [La foto tiene marcada donde estaba el anterior marco] Ésta foto mi madre...son fotos que mi madre ha tenido en la mesa de noche desde que tengo esta edad porque nos encanta.

Esta cita extensa pertenece al momento de mi encuentro con Viviana en el cual le pedí que tomara un registro fotográfico de aquellos objetos que quisiera fotografiar. En dicho momento iba removiendo las fotos, poniéndolas en orden, y reactualizando historias, donde se conjugaban memorias con situaciones actuales, relaciones familiares, nuevas anécdotas, y promesas futuras. Las fotografías son importantes para Viviana, las seleccionó, las transportó, fue incrementando su colección, y lamenta no poder haber traído todas las que quisiera, aunque anticipó que traería aún más en futuros viajes.

Las fotografías le ayudan a recomponer sus relaciones de parentesco y familiares (ver al respecto Rose, 2010; Sontag, 2010; Bourdieu, 2003; Fedruk, 2012; Ortiz, 2005; Sánchez Carretero, 2005; Drazin y Frohlich, 2007). Junto a ellas, seleccionó personas e instantes que quería mantener en un momento de cambios, ante una nueva vida que se abría paso en España, donde se trasladaba a vivir con quien sería su marido. Un viaje que tenía cierto riesgo ya que viajaba como de turista para luego contraer matrimonio, por lo cual el transporte de objetos biográficos podía ser un elemento que “delatara” las intenciones

migratorias. Con las fotografías, este “despojo” que producía el cruce de fronteras en tanto le impedía transportar objetos biográficos, era discutido: transportar fotografías como manera de transportar aquello que no cabe en una maleta, pero además como una manera de burlar el control y la despersonalización de los controles fronterizos.

Transportar dichas fotos también implicaba disputas sobre la memoria: la titularidad sobre la posibilidad de conservar fotografías se pugnaba claramente con su madre, quien, como Viviana señala, escondió ciertas fotos para que no pudiese llevárselas. Quién y dónde están las fotografías familiares adquiere relevancia en un momento en que la familia se reconfigura ante el desplazamiento de sus miembros (Sontag, 2010; Bourdieu 2003, Ortiz, 2005), una disputa que también está generizada, ya que son generalmente las mujeres las principales partícipes de dichas pujas.

Las fotografías familiares adquieren valor, nos señala Ortiz (2005), con el paso del tiempo. Evidentemente, necesitan de la capacidad de ser “leídas”: como podemos comprobar en las tiendas de anticuario o en mercadillos de pulgas, las fotografías que acaban allí son aquellas que retratan personas y momentos con los cuales nadie es capaz de construir un relato biográfico y/o de parentesco, aquellas donde no se es capaz de “identificar” en ese registro a quienes aparecen. Pero no solamente es el tiempo las que las hace importantes, sino su relación con el espacio. Viviana señala específicamente una fotografía, “la especial”, que aún mantiene impresa en ellas las huellas del marco que tenía cuando estaba exhibida en una mesa de luz en su casa familiar en Montevideo. Lo que aparece en la fotografía es importante, pero también son dichas marcas, que es lo que señala Viviana inmediatamente al verla. Estas marcas hacen referencia a las huellas materiales que aparecen en ella, y que son claves para entender su significado. Y no son las marcas tanto del tiempo como del lugar las que dejaron su impronta en la fotografía; y debemos aún ampliar la mirada y referir que no es solamente el marco, sino la mesa de noche al lado del dormitorio, lo que constituye un lugar doméstico privado, incrementando el valor de esa fotografía para construir una memoria familiar.

Como señala Edwards (2012, también Rose, 2010), lo que se hace con las fotos es clave para entender su importancia. Mucho se ha teorizado sobre la “veracidad” visual de las fotografías en torno al valor de las mismas, como para reproducir dicha argumentación aquí. Pero la autenticidad que aquí nos ocupa no se vincula únicamente con una fidelidad con la

realidad del contenido visual de las fotos, sino con lo que la fotografía en tanto objeto ha permitido hacer. En la cita de Viviana se hace patente que además de las personas que aparecen retratadas y las historias asociadas, ella pone de relieve elementos que señalan qué se ha hecho y qué se hace con las fotografías: dónde estaban, cómo estaban exhibidas, quién las tenía, cómo fueron tratadas…Aún el movimiento realizado mientras armaba la composición de fotos para retratar era parte de sus significados, y dicha composición jerarquizada era posible gracias a que podía manipular unas, y otras, y otras, hasta alcanzar el cuadro que quería.

La manipulación de las fotografías además producía intensidades sensibles: en lo referente a los sentidos y en lo referente a los afectos. La visualidad de las fotografías era claramente resaltada por Viviana, pero una visualidad que, como Barthes (1990) señala, no solamente hacía referencia a aquello retratado sino al “punctum”, a aquél contenido punzante que hacía que cada una actuara sobre ella, produjera una respuesta, que se construía con las pausas, titubeos, tonos, palabras y con la disposición en su cuadro de fotografías. Este “punctum” al que refiere Barthes se encuentra en aquello que quien puede leer la fotografía puede encontrar, y que prácticamente sale como una espada que se clava en el interior de aquel que se conmueve al mirarla. Es una vez más, la metáfora de la interioridad por sobre la superficie: aquello oculto que es descubierto por quien puede leerlo, interpretarlo.

Pero el movimiento de Viviana puede también ser visto como un movimiento de superficies: lo importante era la forma, que posibilitaba nuevas conexiones, relaciones y narraciones, y no solamente ante sus ojos sino también ante los míos y ante los de su marido que fue también testigo de ese momento. Es injusto pensar que aquel “punctum” punzaba solamente a Viviana. Injusto para las fotografías, porque si bien yo no sabía quiénes eran esas personas, eran fácilmente legibles más allá de aquello que estaba retratado: al fin y al cabo como Bourdieu señala, las fotografías familiares son muy similares, y si bien yo no conocía personalmente a quienes aparecían en ellas, conozco el tipo de fotografía que me era presentada, y ante mis ojos aparecía su familia, sus amistades, de la misma manera que he sido testigo con otros/as interlocutores y con mis propias fotografías. Y su historia de “disputa” con su madre en torno a ciertas fotografías, me sorprendió al recordarme mi propia disputa con mi madre la tarde en que fui a su casa a “asaltar” los álbumes familiares antes de migrar yo misma hacia Cataluña, que por cierto también contenían “aquellas” fotografías que eran LAS que necesitaba tener. Los criterios de mi selección y los de Viviana eran

similares: contar una historia, personal, familiar (incluyendo parientes y amigos), mostrar aquellos momentos…Pero fundamentalmente no perder la posibilidad de seguir teniendo estas fotografías, de seguir siendo una persona con una historia. Qué historia resulta un tanto difícil de especificar, en cuanto como vemos en su propia cita, estaba siendo re-contada y remodificada en el mismo momento de hablar. Pero con el juego de imágenes y de pequeños rectángulos coloreados que pueden ser guardados, besados, colgados como nos recuerda Edwards (2012), la posibilidad de contar dicha historia familiar se mantenía intacta. Y esto