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6. OBJETOS BIOGRÁFICOS: EN BUSCA DE LA SINGULARIDAD Y LA

6.1 CARACTERÍSTICAS DE LOS OBJETOS BIOGRÁFICOS

6.1.1 Singularidad

Referirnos a la singularidad de los objetos biográficos, es decir, al hecho de ser únicos, irrepetibles, podría remitirse a su producción, oponiendo aquellos objetos producidos de manera única y aquellos producidos en serie. En los estudios sobre cultura material se ha trabajado sobre esta diferenciación. La importancia otorgada a las formas de producción la hemos señalado, por ejemplo, en la distinción de Morin entre aquellos objetos protocolarios y biográficos. Carreras y Nadal (2002-03) también refieren a la misma distinción en los

trabajos arqueológicos, señalando las diferencias entre las denominadas sociedades “simples” y “complejas”, donde la singularidad aparece más claramente identificada con las primeras en tanto las segundas suponen un cambio en el tipo de relaciones establecidas con los objetos. Los autores refieren a esto como “unicidad”:

“Lógicamente, esto nos remite a otro aspecto importante en la génesis del objeto: su unicidad. En los casos en que el objeto es creado por quien ha de ser su primer propietario y usuario, el objeto es claramente único, a pesar de que no presente ninguna firma. En el caso que mencionábamos antes de las armas de caza entre ciertas poblaciones cazadoras- recolectoras, un objeto determinado es creado con los trazos que lo identificarán con su propietario, de tal manera que se establece un vínculo que difícilmente se puede romper. El periplo posterior del objeto y los posibles usos futuros son, potencialmente, inexistentes. A menudo, estos elementos tan personales mueren con el propietario, formando parte de su ajuar funerario como es el caso de los objetos de los esquimales o los Bana del Camerún. En el caso de la multiproducción, los objetos se convierten en anónimos (muchos individuos disfrutan de unos objetos que son los mismos) como consecuencia de las características de su propia génesis. Curiosamente, las sociedades que producen sus objetos de forma industrializada, con un alto porcentaje de obra anónima, son, al mismo tiempo, las que más se preocupan por la existencia de productos con firma, hecho necesario si se los quiere diferenciar de otros de similares características” (Carreras y Nadal, 2002-03: 72).

Kopytoff se refería a esta característica al analizar las biografías culturales de los objetos, como la salida de un tipo de objetos del dominio de las mercancías. En su ensayo, el autor señala las múltiples posibilidades biográficas de los objetos, que implica que aquellos que pertenecían al dominio de las mercancías podrían “salir” del circuito esperado para las mismas a partir del paso hacia otros regimenes de valor que los singulariza (Kopytokk, 2009).

Ya referimos cómo en los estudios de consumo, varios autores pusieron el acento en el tipo de relación establecida con los objetos donde la apropiación hace que el mismo pueda volverse singular para la persona con quien se relaciona. La apropiación de los objetos y la vinculación de esto con cuestiones identitarias es uno de los puntos esenciales de los estudios de Miller sobre el consumo (Miller, 1991; ver también Carrier, 1990; Belk, 1988, Hoskins, 1998). Estamos de acuerdo con Dant (2001) cuando propone explorar el tipo de relación establecida con los objetos para poder dar cuenta si los mismos son considerados biográficos o no, lo cual requiere una singularización que puede realizarse sobre cualquier objeto, inclusive el más cotidiano; por lo cual debemos atender a la relación que las personas establecen con los mismos. Esto implica, a mi manera de entender, centrarnos en la relación establecida por lo sujetos con su entorno material para descubrir relaciones biográficas, y no

atender solamente a aquellos objetos que tienen un “propósito” biográfico ya desde su producción (pensemos en diarios íntimos, fotografías) o por el hecho de permanecer en el tiempo (como señala Morin).

La singularización del objeto biográfico es la singularización de la propia vida, en tanto un relato biográfico construye dicha singularidad. El objeto biográfico también es considerado único e irrepetible; aunque no lo sea en su producción, el tipo de relación establecida con el mismo y la trayectoria del objeto nos permite comprender dicha singularización.

En este proceso es relevante abordar la intersección entre la biografía del objeto y del sujeto. Svasek (2012) señala, como vimos, las fases de tránsito, transición y transformación como partes del proceso que hace que un objeto se vuelva singular, es decir, único. Es un proceso que implica tanto a sujeto como a objeto para que puedan ser únicos. No es una propiedad intrínseca del objeto, en tanto no implica que sea un objeto único por contrapartida a una producción en serie, sino que implica que este objeto se singulariza a partir del contacto con la biografía de la persona, produciendo cambios para ambos.

Podemos ejemplificar esta situación tomando un objeto que tenía el valor de mercancía y pasó a ser biográfico para Florencia. En el caso de Florencia, este objeto no fue transportado con ella desde Venezuela sino que encargó a su hija que se lo guardara trasportándolo previamente a Ecuador, desde donde esta última viajaría a Barcelona una vez que pudiera reunirse con su madre. Florencia no lo transportó consigo ya que realizó su migración con una maleta pequeña “como para un par de semanas”, en un viaje migratorio que fue narrado como un viaje “para probar”, similar a los tantos viajes anteriores que había realizado:

Entonces estando aquí le dijiste a tu hija…

Le dije ‘mi peluche, mi peluche, acuérdate el blanquito es, guárdalo, guárdalo y me lo tienes que traer. Yo no sé cómo’. ‘Pero mamá si nos vamos para Ecuador’. ‘Bueno, llévatelo para Ecuador y en Ecuador lo mantienes en una maleta y cuando te vengas para acá me lo traes’. Y así pasaron como ocho meses desde que yo me la pude traer a ella. Y me traje a ella, con su esposo y su hijo. Luego me traje al hijo varón, luego me traje a la más pequeña y a la más chiquita y a todos.

¿Y ese peluche por qué era importante para ti?

El peluche era importante porque yo me desprendí de los lados de mi madre cuando tenía cinco años. Y yo tenía un perrito que era muy parecido al peluche. Entonces a mi perrito me lo mataron. Entonces yo le agarré amor a los peluches, y no digo que no quiero a los perritos de verdad, pero no me quise encariñar más nunca

Sí, porque yo lloré mucho, lloraba por mi peluche, mi perrito que me la mataron y eso para mí fue algo que me ocasionó dolor, dolor. Entonces cuando yo vi el peluche, que era parecido al perrito, le pedí a mi tía que me lo compre, pero mi tía no me lo quería comprar, y siempre que pasaba por la tiendita lo veía. Total que al final fui reuniendo, reuniendo y me compré mi peluchito que me recordaba a mi perro, con la diferencia que yo con la poca edad que tenía yo razonaba que ese perrito nadie me lo iba a quitar, nadie me lo iba a matar, porque al otro ya me lo habían matado, y yo quería un perrito que nadie me lo quiten. Entonces me aferré al peluchito. (Florencia, Ecuador/Venezuela)

Esta cita nos plantea ante la singularización de un peluche que posaba en una vidriera, que fue identificado por Florencia como similar a aquel perro que tenía y que había perdido. Además, como se puede leer en la entrevista, la asociación de la muerte aparece vinculada no solamente con su perro, sino con la narración de la pérdida de su madre, que provocó que posteriormente fuera a vivir a Venezuela desde Ecuador. Es la narración de un desarraigo, de pérdidas afectivas en diversos niveles. La historia del peluche también nos remite a la historia de la pérdida de su madre, la pérdida de seres queridos, y la construcción de ella misma como una persona que ha luchado por “salir adelante”, que es el tono de su narración biográfica en todo momento. Esta historia del peluche sirve para contar cómo, a pesar de su corta edad, pudo sustituir y superar una pérdida dolorosa. El peluche de la vidriera no es ya el mismo a partir de esta historia: es el haber perdido a su madre, haberse trasladado a otro país y ser criada por otra parte de la familia, haber ahorrado dinero para ser ella misma quien pudiera comprar ese peluche del cual se aferraría. Va en coherencia además con el tono de la presentación que de ella misma realizó al narrar su historia migratoria, aseverando que “un buen gallo pelea en cualquier gallinero”:

Yo siempre he dicho, hay un dicho que dice “un buen gallo pelea en cualquier gallinero” y el objetivo cuando salí de Venezuela he tenido un propósito, no digo meta porque la meta es algo que se cumple y se deja, el propósito llega con uno hasta el último día de vida de uno. Siempre he tenido como propósito tener un club de la familia. O sea he soñado y yo creo que si Dios permite lo haré realidad un día, lucho por tener un terreno gigante donde allí poder hacer una cancha deportiva, piscina, que mis cuatro hijos vivan con su pareja pero no en la misma casa, que cada uno tenga su propia casa pero en los veranos o fines de semana reunirnos y que sea en común la piscina, como estas casas residenciales, eso yo sueño con eso, el club de los [apellidos familiares]. Y yo creo que algún día lo haré, dice la gente soñar no cuesta nada, hacerlo realidad si tú tienes una mente útil para utilizar yo creo que no hay sueño que no puedas realizar, que siempre lo que uno se propone lo logra (…) Yo te digo una cosa, yo en la vida he aprendido a seguir adelante, a veces es duro, a veces lloro porque soy un ser humano y si me cortas aquí me va a salir sangre. O sea, no soy de hierro. Yo soy una persona de carne y hueso, a veces lloro pero ahí mismo me digo, bueno, ya lloraste, ya te desahogaste, ahora a bañarse y a seguir luchando. Porque tú siempre demuestras que no eres cobarde, que eres valiente, y los valientes tienen que salir a la calle. De los cobardes no se dice nada, de los valientes sí. Y me doy ánimos a mi misma.

En esta presentación de sí misma desta sus cualidades como una persona emprendedora, capaz de superar adversidades, relacionada con diversas situaciones en su vida y con sus motivaciones migratorias, que la llevaron a decidir dejar Venezuela y elegir aquel país que se ajustara a sus deseos y que le posibilitara algún día concretar su sueño. Es una presentación que además enumera dificultades que posteriormente aparecen recuperadas al hablar de su peluche: especialmente pérdidas afectivas y maneras de sobreponerse a las mismas, haciendo hincapié en su capacidad de sobreponerse a las adversidades. No sorprende que luego de dicha presentación el relato sobre su peluche recuperara estos elementos, mediante los cuales Florencia destaca aquellos componentes biográficos y aquellos sentidos que quiere destacar sobre sí misma.

La singularización de ese objeto también posibilita que Florencia se “apropie” de ciertas características disponibles culturalmente asociadas con el objeto: refiere a la niñez y diríamos también que al género, en tanto asociado con elementos feminizados, especialmente por el tipo de juguete y por su asociación con elementos como la suavidad, ternura, dulzura. Son elementos a los que dicho objeto puede referir pero que Florencia hace propios e incorpora a su relato en sus propias palabras. Notemos la manera de referirse al mismo en diminutivo (“peluchito”), al amor (“yo le agarré amor a los peluches”) y a un elemento hilvanador de las biografías y de estas biografías “migratorias” como el elemento de continuidad, de permanencia “nadie me lo iba a quitar”. La referencia es a la perdurabilidad del objeto, una característica importante de los mismos que además aquí es expuesto en contraposición a la finitud de los seres vivos. Los objetos perduran, nos

sobreviven, y esta es una de las características importantes para ser elegidos a la hora de

hilvanar el relato biográfico: aportan la persistencia, la coherencia, la prueba, de que aquello efectivamente sucedió (pero debemos tener en cuenta que objetos biográficos no son solamente los perdurables, como ya se expuso anteriormente y se verá en otros casos)

El relato de Florencia también pone de relevancia el sentido procesual de esta singularización: el peluche no es de una vez y para siempre importante y singular en la vida de Florencia, ya que es nuevamente seleccionado para viajar con ella hacia Barcelona (transportado por su hija) donde aún lo conserva en su dormitorio. Su singularidad deriva de la historia de su adquisición del mismo pero también de la reiteración de dicha historia desde el presente narrativo, que incorpora la trayectoria desde entonces hasta ahora e incluye el viaje migratorio gracias a su hija, y su nueva localización en destino. Es decir que para

comprender el relato de la relación de Florencia con su objeto no debemos únicamente remontarnos al momento en que lo compró y la relación de esto con determinadas variables (como dijimos, de edad, género, y también podríamos incluir la clase) sino que dichas variables adquieren sentido a partir de la reiteración de la relación entre objeto y sujeto. Siguiendo el concepto de Miller de objetificación, no tenemos objetos ni sujetos previos sino lo que les precede es la propia relación entre ambos que los constituye mutuamente. Y siguiendo las teorizaciones de Keane acerca de la construcción de significados, no debemos entenderlos a partir de lo que refieren en el pasado sino lo que posibilitan hacer en el futuro: transportar el peluche permite a Florencia seguir narrando esta historia de su infancia, la pérdida de su madre, su capacidad de superación y su ternura como maneras que también la singularizan, a ella y a su peluche.

Los cajoncitos de Coca-Cola

En los años 80 la marca de bebidas Coca-Cola lanzó una promoción en Uruguay mediante la que se podían conseguir casilleros miniatura con botellas pequeñas del refresco a cambio de tapas; una colección que tenía impreso el nombre Coca-cola en diversos alfabetos e idiomas. Graciela, como tantas otras personas en el país (y en otros países de Latinoamérica, según he podido constatar) participó en la colección, y entre las pocas cosas que transportó consigo en el momento de migrar, incluyó el “cajoncito de Coca-Cola”. No necesitó explicarme mucho al respecto cuando lo mencionó, dando por descontado que conocería de qué hablaba. Y sin dudas que lo conocía, ya que me recordó la misma colección en la casa de mis abuelos en Montevideo, donde aún debe estar en este momento, y además mi propia pareja trajo uno en el momento en que vinimos a residir a Cataluña.

La promoción marca una época y un lugar: no la conocen quienes tienen 20 años o menos actualmente, o no hayan residido en los países donde fue lanzada. Como hemos ido viendo a lo largo de estas páginas, la preferencia por aquellas cosas que “han estado” en un lugar y que pueden ser referenciadas a una época pretérita son aquellas que abandonan su “humildad” para pasar a un primer plano y acompañar a quien migra, y contribuyen también a la construcción de la idea de singularidad y autenticidad. Las botellitas de Coca-Cola pertenecen a generaciones uruguayas (y de otros países, como se ha dicho), pero importan también los procesos de apropiación que establecen determinada relaciones entre las cosas y las personas. La selección de Graciela de dicho casillero a la hora de migrar también debe

considerar el tamaño y las condiciones de su viaje migratorio: es un objeto miniatura12, que además tuvo que ser modificado para ser transportado, ya que Graciela vació las botellitas de su contenido para transportarlas por temor a que se volcaran en el viaje.

En su relato Graciela hizo hincapié en el profundo miedo que tenía de ser deportada en el aeropuerto. “Veníamos con miedo” fue la frase que repitió en diversas ocasiones al narrar porqué había podido traer solamente “cuatro fotos”, “la matera” que le regalaron, y “el cajoncito de Coca Cola”. Hay un motivo importante por el cual el cajoncito ha adquirido un protagonismo. Si bien en el momento de su selección refería a dicha colección, actualmente el cajoncito forma parte de la construcción de una memoria familiar que ha formado con su actual pareja. Nacido en Uruguay aunque rápidamente se trasladó a vivir a un país europeo, su actual pareja guardaba el mismo cajón de colección que Graciela, lo cual también habla del alcance en la popularidad de dicha colección13.

Ah bueno y lo más gracioso de todo, me traje el cajoncito de [Coca Cola] ¿ta? Pero uno, ¿eh? Da la casualidad que el otro es de José y cuando nos vinimos a vivir juntos empezamos a sacarla cosas y sacó los otros dos y claro, tenemos la misma edad, hicimos la misma colección y entonces ahí están los tres.

La pareja decidió colocar los dos cajoncitos en el mueble principal del salón de la casa. Es fácilmente reconocible cuál es el que transportó Graciela, ya que el suyo tiene las botellas vacías, mientras que los dos de su pareja no. Esta “unión decorativa” sirve para enlazar una memoria de la pareja.

12 Aquí no se aborda en la temática de las miniaturas, pero refiero al estudio de Susan Stewart (1984).

13 Actualmente este tipo de objetos se puede adquirir por Internet en portales de segunda mano y coleccionistas, y su precio ronda los 16 euros por pieza, según datos de 2016.

http://rocha.nexolocal.com.uy/p12038039-antiguos-casilleros-de-cocacola-con-las-botellas-de-cristal http://articulo.mercadolibre.com.uy/MLU-435460937-casillerito-de-coca-cola-con-8-botellitas-_JM http://articulo.mercadolibre.com.uy/MLU-435327819-casilleros-de-coca-_JM

Los cajoncitos de Coca-Cola en el mueble principal de la sala de Graciela. A la izquierda, el que fue transportado por ella misma, cuyas botellas fueron vaciadas del líquido. A la derecha, las transportadas por su pareja. Nótese también la configuración de conjunto con referencias al Uruguay: el mate con forma de pezuña de vaca, y una taza con motivos de Candombe (música afrouruguaya) que contiene el documento nacional de identidad uruguaya de Graciela.

Así, un objeto que habría servido para narrar la propia historia, las relaciones con el lugar y con una generación, puede incorporar la posibilidad de un nuevo relato, que es el de la historia familiar, pero también la historia migratoria: el hecho de haber vaciado las botellitas por temor a su derrame, la necesidad de esconderlo y de elegir una miniatura debido al miedo experimentado durante el viaje migratorio, es parte de la historia del objeto actual de la cual Graciela es su máxima conocedora, y que inevitablemente cambiará en el momento en que pasen a nuevas manos. Quizá atesorados por sus descendientes, quizá ocupando un lugar en los portales de coleccionistas, en un contenedor, en un museo, y en otras nuevas páginas de estudios académicos al respecto. Recorrer la trayectoria, la biografía de los objetos (como proclamaban Appadurai y también Kopytoff) permite reconocer estas modificaciones a lo largo de sus recorridos, vinculadas con las diversas relaciones que conectan los objetos con diversos elementos. Al visitar la casa de Graciela su cajón de botellitas de Coca-Cola era uno entre dos, pretéritamente fue uno con sus botellas al completo, luego estuvo solitario en otros pisos de Barcelona...De la misma manera que