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demanda por servicio doméstico

3.1. Características y evolución de la Región Metropolitana de Santiago: múltiples esferas, múltiples cambios

3.1.2. La base productiva de la RMS: el auge del sector de servicios

Un elemento clave para comprender la alta concentración poblacional de la RMS y su atractivo migratorio interno e internacional, es su importancia en la economía nacional. La tendencia a la mayor intensidad de sus actividades económicas la hace destacarse por sobre el resto del país. Prueba de esto es que desde el punto de vista del aporte regional al PIB nacional, Santiago históricamente se ha distinguido por ser la más significativa, aportando más de un 37% de éste desde 1985 en adelante, como se representa a continuación en el Gráfico 3.1:

Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008)

El Gráfico previo muestra que la participación de la RMS desde mediados de los ochentas ha superado un tercio del PIB total, acentuándose a inicios de los noventa, período en el que bordea el 39%, para luego empinarse por sobre el 40% en 1993 (Banco Central de Chile, 2008). Este aporte se tradujo en poco más de 1.206 millones de pesos en 1985, superando los 2.685 millones de pesos una década más tarde (expresados en millones de pesos de 1986); incremento sostenido que queda ilustrado en el Gráfico 3.2.

35,0 36,0 37,0 38,0 39,0 40,0 41,0 P o rc ent a je Gráfico 3.1 Porcentaje de participación de la RMS en PIB total 1985-1995

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Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008)

Entre 1985 y 1989, se destacaron por su participación en el PIB regional, en orden de importancia decreciente, las áreas de Servicios financieros6; Comercio, hoteles y restaurantes y la Industria manufacturera, con un promedio equivalente al 26%, 25% y 22% respectivamente. Sin embargo, entre 1990 y 1995, el sector de comercio, hoteles y restaurantes desplaza al de servicios financieros a un segundo lugar y el de manufactura se mantiene en tercer lugar, con un promedio de 27%, 26% y 21% del PIB regional entre estos años (Banco Central de Chile, 2008).

Un examen sectorial a nivel nacional realizado por Riffo & Calisto (1999) –a través del uso del método diferencial estructural– entre 1985-1990 y entre 1990-1995, señala que el mayor cambio ocurridos entre ambos períodos, fue la pérdida de dinamismo del rubro agropecuario y el aumento de dinamismo de la minería. Complementariamente, De Mattos (2004; 2005) explica que al analizar el contexto nacional desde mediados de ochenta hasta finales de los noventa, la tasa media de crecimiento PIB nacional alcanzó valores cercanos al 7% acumulativo anual, lo que estuvo acompañado por tasas de

6 Incluye servicios financieros, seguros, arriendo de inmuebles y servicios prestados a empresas. 0 1.000.000 2.000.000 3.000.000 4.000.000 5.000.000 6.000.000 7.000.000 8.000.000 M illo nes de pes o s de 1 9 8 6 Años Gráfico 3.2

Evolución del PIB de la RMS y del país entre 1985-1995, en millones de pesos de 1986

PIB RMS PIB TOTAL

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inversión significativas que superaron el 30% del PIB hacia mediados de los 90‟s; por un crecimiento equivalente al sector industrial; y por una caída de la tasa de inflación y de la tasa de desocupación. En el caso de la RMS este auspicioso contexto se asoció además a una tasa promedio de variación anual del empleo del 3,9 entre 1986-1996, valor por sobre el 3,3 de promedio del país (Riffo & Calisto, 1999).

Así, la situación macroeconómica alcanzada por Chile contribuyó a asentar una imagen internacional de prosperidad. Siguiendo los planteamientos de De Mattos:

Pese a la modesta dimensión de la economía chilena, la estabilidad y los niveles de crecimiento alcanzados en este periodo, permitieron que la relación entre IED y PIB para el periodo 1990-1996 terminase siendo la más elevada entre las economías emergentes latinoamericanas. (2004, p.21)

Por su parte, en el período 1996-2002 el porcentaje de participación de la RMS en el PIB total alcanza el 45% de éste en 1996 y baja a un 43% en el 2002 (Gráfico 3.3), lo que significó algo más de 13.945 millones de pesos y alrededor de 16.196 millones para cada año, respectivamente (Banco Central de Chile, 2008); ambos montos expresados en millones de pesos de 1996. No obstante esta disminución porcentual, sigue siendo la región de mayor participación en el PIB total, lo que se evidencia aún más, si se considera que la región que ocupaba el segundo lugar en aporte al PIB total era la del Biobío, con cerca de 9,5% para los mismos años, es decir, muy por debajo del porcentaje de la RMS.

Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008) 42,0 43,0 44,0 45,0 46,0 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Po rc en ta je Gráfico 3.3

Porcentaje de participación de la RMS en PIB total entre 1996-2002

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Durante este lapso, el sector que realizó el mayor aporte al PIB en la RMS fue el de servicios financieros y empresariales, que pasó de más de 2.900 millones en 1996 a 3.768 millones en el 2002 (millones de pesos de 1996) como se muestra en el Gráfico 3.4, lo que representó el 21% y 23% del PIB regional para esos años. El segundo lugar lo ocupó la industria manufacturera, cuya participación disminuyó significativamente del 21% del PIB regional en el 1996 al 18% en el 2002. Le seguían los sectores de comercio, restaurantes y hoteles junto al de transporte y comunicaciones, que en conjunto para todo el período contribuyeron con $34.447.474 (Banco Central de Chile, 2008), vale decir, un promedio de 32,5% del PIB regional durante el intervalo.

Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008)

Desde el punto de vista del país, durante 1996-2002 se destacaban en orden de importancia, según el monto y porcentaje de divisas generadas por áreas económicas (ver Gráfico 3.5), la industria manufacturera, servicios financieros y empresariales y en tercer lugar las áreas de servicios personales7 y la de comercio, restaurantes y hoteles (Banco Central de Chile, 2008), las que aportaron al PIB nacional un porcentaje promedio de 16%,

7 Incluye salud y educación, pública y privada. 0 500.000 1.000.000 1.500.000 2.000.000 2.500.000 3.000.000 3.500.000 4.000.000 Gráfico 3.4

PIB RMS por clase actividad económica 1996-2002, en millones de pesos de 1996 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002

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12% y 11%, respectivamente. Es decir, a nivel nacional, las actividades de servicios financieros aún no llegaban a constituirse en la principal área económica –a diferencia de lo ocurrido en la RMS–, aunque sí estaban entre las tres más importantes.

Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008).

De esta forma, la creciente presencia en la RMS del sector de servicios en general y de comercio, con una progresiva disminución del aporte de la industria al PIB (26,3% en 1960-62 y 20,8% en 1994-96), a la vez que ganaban presencia actividades como transporte y comunicaciones y servicios personales, según De Mattos (2004; 2005), contribuyó a modificar la base productiva de la región. En palabras de este autor, la tendencia a la concentración de estas actividades en la capital se debía, entre otros factores, a mejores y más expeditos sistemas de comunicaciones, cercanía física entre las empresas importantes, disponibilidad de servicios a la producción, acceso al mercado interno, presencia de recursos humanos amplios y capacitados y disponibilidad de un tejido industrial relativamente diversificado. 0 1.000.000 2.000.000 3.000.000 4.000.000 5.000.000 6.000.000 7.000.000 Gráfico 3.5

PIB Chile por clase de actividad económica 1996-2002, en milllones de pesos de 1996 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002

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A nivel internacional a fines de la década de los noventa, Chile exhibe como logro el situarse en el lugar 34 entre 174 países, según el Índice de Desarrollo Humano (PNUD, 1999), ubicándose como el país con mejor nivel en Sudamérica. En términos de reducción de pobreza, el país avanzó desde un 38,6% de pobres en 1990 a un 21,7% en 1998, según la encuesta Casen. Sin embargo, el mismo instrumento mostró un alto nivel de concentración del ingreso per cápita del hogar, en los diferentes índices de desigualdad: el índice 10/10 era igual a 38,1% en 1998, vale decir, los ingresos del 10% de la población con mayores ingresos eran 38 veces superiores a los del 10% de menores ingresos; mientras el índice 20/20 era de 18 veces más de ingresos para el quintil más alto en el mismo año. Estos indicadores fueron acompañados por altos niveles de concentración, explicados por los elevados porcentajes que recibía el decil más alto, equivalentes a un 45,4% del ingreso total en 1987 y 45,2% en 1998 (MIDEPLAN, 2001).

Por su parte, la RMS aparece al finalizar el milenio como la región con el IDH más alto del país, equivalente a 0,807 (PNUD, 1999) y, al igual que en el resto de Chile, entre 1990-1998 reduce el porcentaje de su población en situación de pobreza e indigencia; el porcentaje de pobres baja de 38,6% a 15,4% y el de indigentes descendió de 9,6 a 3,5 por ciento (De Mattos, 2005). No obstante, pese a lo dinámico de su base productiva, presentaba hacia 1996 una de las brechas más altas de ingresos por hogares entre el quintil más pobre y el más rico, los que representaban respectivamente el 4,3 y 57,3 por ciento del ingreso monetario regional (De Mattos, 2005).

Así, a fines de la década de los noventa, como explica De Mattos (2005), pese al elevado crecimiento económico registrado por Chile y la intensificación de las políticas sociales –que tuvieron como consecuencias un aumento del ingreso per cápita, que ascendió de 1.360 dólares en 1985 a 5.050 en 1996 (valores corrientes) y una disminución de los niveles de pobreza–, se aprecia una aguda polarización social, la que va acompañada de síntomas de mayor segmentación y precarización del mercado de trabajo. Esta polarización social se expresa en la RMS en el hecho que sólo seis comunas de un total de 52 concentran los hogares de mayores ingresos. Asimismo, desde la perspectiva del mercado laboral, Riffo (2005) plantea que en la región existen fuertes disparidades espaciales en las condiciones de funcionamiento del mercado de trabajo. Por una parte, el

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desempleo es mayor en las comunas periféricas del Gran Santiago8, caracterizadas por tener la mayor proporción de empleos de tipo secundario y, por otra parte, se configura un triángulo geográfico de la zona oriente, donde la estructura del empleo es la más estrechamente vinculada a los requerimientos de las actividades económicas que surgen con la globalización, concentrándose el grupo de profesionales y científicos.

Asimismo, el éxito parcial que Chile exhibió durante gran parte de la década de los noventas se trunca hacia mediados de 1998, en el contexto de la crisis internacional iniciada en el sudeste asiático, que trajo como consecuencias una fuerte declinación del ritmo de crecimiento, caída de la tasa de inversión y aumento de los niveles de desocupación (De Mattos, 2004; 2005).

De esta forma, a principios del nuevo siglo y para enfrentar esta baja en las inversiones y crecimiento, las autoridades de la época buscaron consolidar el país como destino de las inversiones extranjeras en América del Sur, lo que incluyó la firma de tratados de libre comercio, como por ejemplo con Centroamérica (2002), Unión Europea (2003), Estados Unidos (2003), Corea del Sur (2004) y la implementación de una estrategia por inversiones denominada Chile País Plataforma (De Mattos, Fuentes & Sierralta, 2004 citados en Fuentes & Sierralta, 2004). Esto, junto a los bajos costo de vida; alta competitividad y desarrollo de las empresas; bajo nivel de inseguridad y estabilidad política, facilitaron que Santiago mejorara su posición en el ranking de las mejores ciudades para realizar negocios según la Revista América Economía, pasando desde el tercer lugar en el 2001 al primer lugar en el 2004 (De Mattos, Fuentes & Sierralta, 2004 citados en Fuentes & Sierralta, 2004).

Así, durante 2003-2006 la RMS mantuvo su alta participación en el PIB nacional, con cerca del 42% de éste (Banco Central de Chile, 2008), manteniéndose como la región más importante, como se muestra en el Gráfico 3.6, conforme a su tendencia histórica. Tal participación se tradujo en más de 21.770 millones de pesos en el 2003 y más de 25.420

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El Gran Santiago forma parte de la Región Metropolitana e incluye 37 de las 52 comunas, de las cuales 26 se encuentran completamente dentro del radio urbano y 11 con alguna parte fuera de él.

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millones de pesos en 2006 (expresados en millones de pesos de 2003), según el Banco Central de Chile (2008).

Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008)

Al desglosar el PIB de la RMS por clase de actividad, se aprecia que entre el 2003 y 2006 el área de servicios financieros y empresariales se comporta de forma similar al período 1996-2002 ya analizado, aportando el porcentaje más relevante de éste, oscilando entre un 26,9% en el 2003 a un 28,4% en el 2006, lo que equivalió a 5.580 millones y 7.224 millones (en pesos de 2003), respectivamente. Como se demuestra en el Gráfico 3.7, le siguen el sector de la industria manufacturera, que se observa para cada año del intervalo con un porcentaje levemente superior o igual al 17%, y en tercer lugar el área de comercio, restaurantes y hoteles, cuya participación ha variado entre un 14,3% y un 15,7% para el 2003 y 2006, respectivamente (Banco Central de Chile, 2008). Estos datos confirman la tendencia ya observada entre 1996-2002, en cuanto a la creciente participación del sector de servicios financieros y empresariales.

- 10,0 20,0 30,0 40,0 50,0 I De Tarapacá II De Antofagasta III De Atacama IV De Coquimbo V De Valparaíso Reg. Metrop. Santiago VI Del Libertador Gral. B.O'Higgins VII Del Maule VIII Del Biobío IX De La Araucanía X De Los Lagos XI Aisén XII Magallanes y Antártica Chilena

Porcentaje del PIB total Gráfico 3.6

Participación regiones en PIB total 2003-2006, (porcentajes sobre PIB a precios constantes de 2003)

2006 2005 2004 2003

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Fuente: Elaboración propia con base a datos disponibles en Banco Central de Chile (2008)

Al observar el panorama del país durante 2003-2006 se aprecia que en Chile, al igual que el intervalo 1996-2002, se conversa el orden de importancia de las actividades de la industria manufacturera, que se ubica en primer lugar, seguido de servicios financieros y empresariales y de servicios personales, con una participación promedio respectiva de 16,5%; 15,4% y 11,2% del PIB del período. En términos de los montos de divisas involucrados, estos tres sectores sumaron más de 21.961 millones de pesos en el 2003 y más de 25.860 millones hacia el 2006 (expresados en millones de pesos de 2003), lo que representó de forma correspondiente el 42,9% y 43,3% del PIB nacional de esos años (Banco Central de Chile, 2008). Comparados el país y la RMS, ésta última muestra una más clara prevalencia de las actividades de servicios financieros; sin embargo, ésta no es la que absorbe la mayor parte del empleo, por lo que su impacto es más limitado de lo que parece a primera vista.

0 2.000.000 4.000.000 6.000.000 8.000.000 Agropecuario-silvícola

Pesca Minería Industria Manufacturera Electricidad, Gas y Agua Construcción Comercio, Restaurantes y Hoteles Transporte y Comunicaciones Serv. Financieros y Empresariales Propiedad de vivienda Servicios Personales Administración Pública

Gráfico 3.7

PIB RMS por clase económica entre 2003-2006, en millones de pesos de 2003

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Respecto del impacto de los sectores económicos en la población, es fundamental analizar lo que ha ocurrido en la dinámica del empleo. Un primer elemento a destacar a nivel nacional, se relaciona con la creciente tasa de participación femenina en el mercado laboral y la disminución de la masculina. Según la encuesta Casen en Chile, en 1996 las tasas respectivas llegaban al 36,5% y 74,4%; una década más tarde las mismas tasas alcanzaban al 43,7% y 72,6% para cada caso. La contracción en la participación laboral de los hombres desde 1994, se debió a la mayor cobertura que alcanza el sistema educativo y al mejoramiento en el poder adquisitivo de los jubilados, que estimularon la salida de jóvenes y adultos mayores del mercado laboral (Marfán, 2001 citado en Infante & Sunkel, 2004).

Según la misma encuesta, las tres principales ramas económicas en las que se aglutinó la PEA a nivel nacional, según sexo y para los años 1996 y 2006 fueron las siguientes, como se resume en el Cuadro 3.1:

Cuadro 3.1 Distribución de la PEA en Chile, según las tres principales ramas económicas para cada sexo, para los años 1996 y 2006 (en porcentajes)

Mujeres Hombres

1996 2006 1996 2006

Agricultura, caza, silvicultura y pesca -- -- 19,4 16,1 Servicios comunales, sociales y

personales9

44,9 43,7 16,6 16,3

Comercio, restaurantes y hoteles 24,6 25,9 -- 15,7

Industria manufacturera 12,1 10,6 16,2 --

% acumulado de la PEA total 81,6 80,2 52,2 48,1

Fuente: Elaboración propia con base a Encuesta Casen para cada año.

En el país, por tanto, a mediados del nuevo milenio se observa, por un lado, la consolidación de la inserción laboral segmentada de las mujeres y, por otro lado, que el sector de servicios comunales, sociales y personales, junto al de comercio, restaurantes y

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hoteles, ganan relevancia desde el punto de vista del empleo masculino, mientras pierde importancia el empleo industrial. Esto en contraste con el dinamismo y aporte al PIB nacional de la industria y sector de servicios financieros y empresariales, que se destacaron desde el 90 en adelante.

Paralelamente, el Informe de Desarrollo Humano en Chile de 1998, se refirió explícitamente a la inseguridad laboral en el país, indicando que “la seguridad en el empleo concierne ante todo a la cantidad de oportunidades” (PNUD, 1998, p.181). Sin embargo, una vez asegurada la oferta y la demanda, se señala en el mismo documento, es necesario preguntarse por la calidad del empleo, es decir, la duración del mismo y del eventual desempleo. En este sentido, si bien se expresa en esta fuente, la seguridad habría aumentado desde mediados de los ochenta en Chile, esto debe ser matizado, pues esto no es igual para todos los grupos.

Como se muestra en el Gráfico 3.8, en Chile desde fines de los ochenta hasta mediados de los noventa, según Mac-Clure (1997, citado en PNUD, 1998) los trabajadores no manuales tenían mejores oportunidades que el resto de los ocupados, pero sus empleos eran muy inestables. De igual forma las mujeres y trabajadores independientes tenían mayores oportunidades que los hombres y que los trabajadores dependientes en general, aunque sus trabajos eran menos estables; mientras los trabajadores manuales tenían menos oportunidades que los no manuales, pero sus puestos eran más estables. Los trabajadores rurales no sólo tenían menos oportunidades sino que además sus trabajos eran muy inestables, encontrándose entre las categorías ocupacionales más vulnerables en ese entonces. Igualmente, las mujeres y jóvenes tendían, en opinión de Mac-Clure a una tasa de desocupación mayor que el promedio del país.

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Gráfico 3.8 Oportunidades de empleo en Chile 1989-1995

Fuente: Mac-Clure, 1997 citado en PNUD, 1998, p.182

La RMS vista desde el punto de las oportunidades de empleo, se ubicaba hacia mediados de los noventa, en comparación con el resto de las regiones, en una situación de altas oportunidades, pero con trabajos inestables, como se aprecia en el Gráfico 3.8. Las mujeres, por su parte, se ubicaron en el mismo cuadrante que el área de servicios, es decir, con altas posibilidades y estabilidad, lo que favorece su inserción laboral, pero de forma segmentada. Esta coincidencia no resulta extraña dado el crecimiento que experimentó este sector en la RMS, como se analizó anteriormente.

A su vez, en la RMS hacia el 2002, según la Encuesta de Empleo del INE, el sector que concentró la mayor cantidad de personas ocupadas fue servicios comunales (30,1%), seguido de comercio, restaurantes y hoteles (21,5%) y en tercer lugar aparece la industria (17,6%) de los ocupados. En consecuencia, a pesar que el sector de servicios financieros y empresariales era el que mayor aporte realizaba al PIB regional hacia ese entonces, sólo se ubicaba en el cuarto lugar desde el punto de vista del empleo, con un 11% de los ocupados. Estos datos sobre ocupación fueron acompañados de una disminución de la pobreza, al igual que la década de los noventa. Esto implicó que a nivel nacional el 2000, conforme a los resultados de la encuesta Casen, la pobreza alcanzó al 20,2 de la población y la

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indigencia al 5,6; el 2006 estos indicadores llegaron al 13,7% y 3,2% respectivamente. No obstante estos positivos resultados, la pobreza e indigencia aumentó en los hogares con jefatura femenina: de los hogares pobres, en 1990 el 80,1% tenía jefatura masculina y el porcentaje restante, femenina; el 2006 la jefatura masculina en estos hogares disminuyó a 62,8% y la femenina subió a 37,2%. Lo mismo sucedió entre los hogares indigentes: las jefaturas femeninas incrementaron desde 18,8% de los hogares en 1990 a 34,7% el 2006. Esto indica que los hogares tienes capacidades distintas para hacer frente a la pobreza y que el factor de género es un elemento que juega un rol importante en esa desigualdad. Por su parte, el índice 10/10, sólo bajó 1 punto desde 1996, alcanzando 31 veces el 2006, es decir, el decil más alto tenía ingresos 31 veces superiores al decil más pobre. El índice 20/20 disminuyó de 14,7 en 1996 a 13,1 el 2006 y la participación del decil X en el ingreso total nacional disminuyó de 41,5% el 2003 a 38,6% el 2006; sin embargo el decil I se mantiene con un participación de sólo 1,2% hacia el mismo año.

Por su lado, la Región Metropolitana, según la encuesta Casen del 2006 tiene un 8,2