UNIDAD 2: EVOLUCION DE LAS TEORIAS ORGANIZACIONALES
3. Comprender los conceptos de información, cambio y complejidad y la forma como inciden en las organizaciones del presente.
2.3. LA COMPLEJIDAD DE LAS ORGANIZACIONES Antecedentes
Entender el paso de un paradigma de lo simple a un paradigma de lo complejo consiste esencialmente en un problema de orden epistemológico. El eterno problema planteado desde la clásica teoría del conocimiento que podría formularse en las Siguientes preguntas: ¿qué clase de cosas conocemos? ¿Qué tipos de certeza puede tener nuestro conocimiento? ¿Cómo adquirimos ese conocimiento? ¿En términos de qué conceptos se estructura? ¿Qué papel desempeñan en ese proceso los elementos de juicio de nuestros sentidos? Son todas preguntas directrices para ¡a correcta comprensión de esta problemática.
Pero el problema no es sólo de nuestro conocimiento; es también el problema de la realidad misma. En la medida en que las ciencias han ido despejando su propio terreno y se han ido acercando a unos niveles cada vez más profundos de la realidad, auxiliadas de los desarrollos cada vez más perfectos de la tecnología, nos han ido revelando unas dimensiones antes insospechadas de la realidad. Es a esto a lo que hoy se denomina sin más la complejidad.
Ambos terrenos, pues, el del conocimiento y el de la realidad, se han vuelto problemáticos. Una larga tradición de la filosofía, en tanto es ella fa encargada de la interpretación de los datos, tanto de un campo en el terreno de la realidad (ontología), como en el del conocimiento (teoría del conocimiento, filosofía de las ciencias y epistemología), ha puesto su acento en el conocimiento sensorial como el punto de partida de todo conocimiento. Esto ha conducido a una especie de axioma, formulado ya desde la época de la Escolástica, de que no existe nada en el entendimiento que no haya pasado primero por los sentidos. De aquí que nuestras 0sibilidades de conocimiento hayan quedado limitadas a aquello que es aprehensible por los sentidos y la realidad cognoscible haya queda reducida a lo aprehendido por ellos.
El desarrollo del conocimiento en el campo de las ciencias, especialmente físicas, ha ido más allá de los datos meramente sensoriales. Ha mostrado que el conocimiento no queda limitado a lo sensorial y que la realidad como tal no se agota en lo que pueden brindarnos dichos sentidos.
De aquí que surja en nuestro tiempo el cuestionamiento acerca de si todas nuestras pretensiones de conocimiento deben estar respaldadas por aquella experiencia sensorial. Este cuestionamiento ha conducido a revivir la concepción kantiana de centrar en el sujeto del conocimiento todo el peso a la hora de afirmar la validez y el alcance del conocer. Es, entonces, cuando vuelve a surgir el problema de si serán nuestros conceptos y categorías a-priori las que determinan nuestra capacidad de percibir y conocer la realidad.
Por otro lado, y a pesar de que la tradición anterior a la filosofía del siglo XX no fue lo suficientemente conciente de la importancia del lenguaje en el problema del
conocimiento, en nuestra época se acentuó dicha tendencia haciendo del lenguaje el sujeto por excelencia del conocimiento de la realidad. Diferentes corrientes lo han afirmado.
Por un lado, el desarrollo de la lingüística y de otros campos asociados a ésta como la semiótica, han puesto de relieve la importancia del lenguaje en el proceso del conocimiento. De allí ha surgido la pregunta de si dos personas con diferentes lenguas conciben y perciben el mundo de manera diferente, esto debido a que, como lo han mostrado lingüistas como Emile Benveniste, las categorías que clásicamente fueron enseñadas como propias del pensamiento occidental, son más categorías de la lengua griega que del pensamiento como tal. En apoyo de dicha tesis, el estudio comparado de las lenguas indo-europeas, de donde derivan la lengua griega y latina, y de éstas las llamadas neolatinas, incluidas las germánicas, con otras lenguas no pertenecientes a es familia, con las lenguas de otras familias, ponen de relieve las diferentes concepciones de la realidad que tienen sus hablantes.
Un hecho aceptado hoy es el de que nuestro conocimiento lo es en la medida y hasta los límites en que lo permite nuestro lenguaje. Nuestro conocimiento de la realidad es un conocimiento mediado por el lenguaje. Hasta el punto al cual ha llegado el estudio de la lingüística en su exploración acerca de la estructura y leyes que rigen el lenguaje, no sabemos aun a ciencia cierta su modo de determinar el conocimiento de la realidad. Esto hace que una teoría o concepción del conocimiento no tenga a ciencia cierta la respuesta sobre dichas cuestiones.
Desde otro ángulo, las ciencias, decíamos, han logrado avances en sus terrenos hacia espacios que se encuentran más allá de lo percibido directamente por el ámbito de lo sensorial. Esto ha llevado a desbordar toda una tradición filosófica de siglos y hoy nos encontramos al frente de situaciones que no tienen una solución aun clara sobre el asunto. Pero el hecho es que, no sólo han sido formuladas teorías o concepciones, tanto de la realidad, como de su conocimiento, sino que se han aplicado gracias al desarrollo de los instrumentos tecnológicos construidos para tales fines, pero no hay una concepción clara en el terreno epistemológico de cómo comprender dichas formas de conocimiento. Es la tarea en que se han empeñado la gran mayoría de nuestros filósofos a lo largo de esta última centuria.
El tema de la complejidad está hoy en la mira de los científicos de todas las especialidades desde la biología, pasando por los campos de la física, hasta las ciencias humanas Y sociales. El interés que ha venido cobrando el problema de la complejidad, se debe en gran parte al desconocimiento del mundo de las interrelaciones e interdependencias que existen en los todos complejos, objeto de estudio de las diferentes disciplinas. Así, por ejemplo, en los terrenos de la biología, hay un conocimiento amplio de las partes constituyentes de los seres vivos, pero un desconocimiento de aquellos fenómenos que hacen que el ser vivo se mantenga vivo y presente una conducta que es propia de su ser. En e! mundo de lo social, la aparición de las llamadas macro-sociedades, presentan problemas a sus investigadores que no son posibles de abordar con los esquemas analíticos con que habían sido creadas las ciencias de este campo.
En el terreno de las disciplinas administrativas, el estudio y la comprensión de los fenómenos organizacionales, así como su manejo, presentan un desafío en el orden del conocimiento, ya que se van revelando como entes cada vez más complejos que requieren una visión diferente a la hora de abordarse la gama de problemas que plantean y la búsqueda de las posibles soluciones que han de proponerse.
Componentes del paradigma de la complejidad
Este paradigma se caracteriza por .sostener que la realidad organizacional presenta procesos no ordenables o programables desde el exterior. Se supone la presencia de fuerzas que reconocen múltiples fuentes y que se ejercen en distintas direcciones. Por lo tanto, se admite la coexistencia en el mismo sistema, de relaciones complementarias, simultáneas y antagónicas. La organización existe en un medio interno de relativo desorden, diversidad e incertidumbre. En cuanto a los enunciados teóricos sobre el funcionamiento de las organizaciones sociales, el paradigma de la complejidad advierte sobre las vinculaciones que se establecen entre el observador (su aparato perceptual y conceptual), y la realidad que él estudia.
Cuando se piensa a partir de la complejidad, se rescata la proliferación de variedad como una característica del sistema, que surge como resultado de la interacción de las partes entre sí y con otros sistemas de su medio ambiente. Los conceptos de variedad e interacción se utilizan como criterios para definir la complejidad de la organización, desplazando otros criterios como el tamaño o cantidad de partes que la componen. La complejidad se refiere a la existencia de una variedad de conductas posibles, aun frente a la misma entrada o impacto externo (el sistema es no trivial). Se considera a la trama de las relaciones internas y con el medio como punto de partida para la comprensión de la dinámica de las transformaciones del sistema.
La complejidad se manifiesta por la coexistencia del orden y del desorden en el plano manifiesto y en el plano latente. En la vida organizacional son visibles las tensiones derivadas de los antagonismos internos.
Tanto para el análisis teórico de los comportamientos organizacionales, como para las aplicaciones en situaciones de crisis o conflictos, el paradigma de la complejidad plantea la necesidad de no quedarse en el aislamiento de los síntomas o causas locales. Debe también observarse la trama de relaciones y el funcionamiento interactivo de las partes en cada organización, para la explicación de las acciones locales. La relación que se observa no es una dependencia asimétrica, sino la interdependencia entre los componentes en las organizaciones complejas.
Bajo el paradigma de la complejidad la explicación del cambio organizacional debe buscarse en la trama interna del propio sistema, que no responde siempre de la misma manera. Así, pequeños desvíos iniciales respecto del estado de equilibrio pueden conducir, por amplificaciones sucesivas, a estados finales desproporcionalmente alejados de los estados originales. Dichos estados finales inicialmente parecen tener bajo grado de probabilidad de ocurrencia, pero el proceso de amplificación lleva la
organización hacia un orden diferente, no previsible. Este tipo de transformación es efecto de la complejidad en el sistema.
Entonces, es tan importante conocer el impulso inicial como la naturaleza de las realimentaciones que tienen un efecto amplificador sobre los estados posibles de la organización. Puede decirse que: debido a la influencia entre variables, un cambio en un elemento del sistema se di- funde (o se neutraliza) por su vinculación con otros elementos y a través de ellos. Esto implica reconocer que, a partir de condiciones iniciales o impulsos análogos, puede llegarse a estados finales diferentes. Es ésta una afirmación complementaria al principio de la equifinalidad en los sistemas. Este principio reconoce a las organizaciones la posibilidad de arribar a un resultado determinado a partir de distintas condiciones iniciales, a través de una variedad de caminos alternativos.
Poli-causalidad en los procesos organizacionales4
Como fenómeno complejo, la organización funciona en varias dimensiones, cada una con sus propias unidades de medida, y de ello se deriva la heterogeneidad del sistema. Estas dimensiones no son integrables y se condicionan mutuamente a través de ciclos causales. Estos ciclos de interacción generan en el tiempo una mayor heterogeneidad y nuevos patrones de relaciones. Los intentos de comprender cuál es la lógica presente en los modos de relación entre las partes de un problema organizacional requieren reconocer la naturaleza diversa de las fuerzas que actúan en el problema, porque no todas operan en el mismo plano.
Para el paradigma de la complejidad, los actos en la organización no son el simple resultado de ciertas variables de entrada o causales. Sobre dichos actos intervienen las condicionantes filogenéticas y ontogenéticas de la organización, como también las condiciones que en cada momento resultan de la interacción entre los distintos niveles de la organización.
La poli-causalidad implica entonces el reconocimiento de la eficacia causal de las múltiples dimensiones que configuran el espacio organizacional. Una determinada conducta (si tal cosa es aislable en un comportamiento social complejo) sólo podrá ser explicada en términos de la composición de estos múltiples niveles, con la dificultad adicional de que muchas de ellas operan de modos relativamente independientes entre sí. Por ejemplo, puede pensarse en el problema de relacionar la conducta de un jefe de sección de un banco que está preocupado por problemas familiares, preocupación que coexiste con la aparición de una norma del Banco Central que modifica pautas de funcionamiento de la organización. Se trata de eventos independientes entre sí, cuya simultaneidad puede determinar, sin embargo, una particular perturbación que la organización deberá metabolizar. Frente a las dificultades introducidas por la imposibilidad del operador de percibir toda la variedad que despliega una organización, cualquier explicación seguirá siendo limitada y parcial.
El equilibrio dinámico
Bajo el paradigma de la complejidad, la dinámica de la organización es el producto de sucesivos desequilibrios localizados y transitorios. De una manera esquemática puede afirmarse que dichos desequilibrios provienen de perturbaciones externas aleatorias y de las fluctuaciones propias del sistema. La amplificación de dichas variaciones, o bien su absorción, resulta del funcionamiento de los mecanismos de regulación y de las condiciones emergentes no previsibles.
El concepto de equilibrio se utiliza para hacer referencia al estado en el cual no se observen tendencias hacia el cambio de las variables. El equilibrio se refiere a múltiples estados que presenta la organización, de acuerdo con los procesos que se toman como objeto de estudio. A su vez, las situaciones de equilibrio se van desplazando de sus puntos de origen. La estabilidad del conjunto se constituye entonces sobre bases cambiantes, configurando una sucesión de estructuraciones y desestructuraciones permanentes.
Las acciones en la organización no se dirigen todas en igual sentido hacia un equilibrio en especial, sino hacia niveles en los cuales las variables se estabilicen, siendo esos niveles cambiantes. Las acciones que producen orden también provocan desorden sobre otros dominios de la organización. No es factible entonces un orden, sino varios puntos de estabilización que coexisten.
Concepto de recursividad
El paradigma de la complejidad explica el funcionamiento de las organizaciones sociales a través de procesos que cierran sobre sí mismos, es decir, que se regeneran. El cierre no necesariamente se produce por el control de salidas (por retroalimentación), sino por la conservación de la actividad grupal, por las actividades vinculadas a la supervivencia. Decimos que la organización es un fenómeno de clausura porque ella pro- cesa los impactos externos según sus propias coherencias internas, es decir, según el modo en que está intrínsecamente constituida.
Se admite que la organización construye sus propias constricciones y reglas, no las copia ni tampoco representa en su interior imágenes externas. Las organizaciones no se desarrollan a imagen de su medio externo porque se asienten sobre sus propios rasgos y en las propiedades que emergen de su funcionamiento. Esto no niega que además están sometidas a normas metasistémicas que operan como restricciones a su autonomía. En el marco de su funcionamiento interno se utiliza la idea de la recursividad para destacar que en los procesos organizacionales no existe un principio o un final que puedan distinguirse físicamente.
La recursividad como fenómeno funcional implica un recomienzo continuo, un ciclo no interrumpido. Es el recuerdo del futuro en el sentido de que el tiempo próximo se entiende a partir de las imágenes de procesos en el pasado. El observador selecciona niveles de recursividad y esos niveles son autónomos, con la condición de mantener el enlace entre la organización que se estudia y los meta sistemas que la rigen.
Orden a partir del ruido
El paradigma de la complejidad reconoce la posibilidad de una continuidad y estabilidad en el sistema como resultado de la acción de factores no encadenados, que tienen orígenes independientes entre sí.
Existen distintas posibilidades de orden, el cual no necesariamente está asociado con lo fijado en los planes y programas de la organización. Los factores que intervienen son los siguientes:
a) las restricciones, límites y determinaciones que son propias de los elementos materiales y los componentes culturales de la organización; para las partes componentes no todos los estados son igualmente posibles y tampoco lo son las asociaciones entre ellas;
b) ciertas interacciones posibles o selectivas o admisibles que, en ciertas condiciones, pueden servir de unión a los elementos constitutivos de la organización;
c) una fuente cambiante de energía no direccionada, que lleva a encuentros aleatorios o desordenados, algunos no provocados y otros buscados o programados;
d) la producción de numerosos contactos, de los cuales algunas interacciones resultan más estables, y se convierten y se fusionan en estructuras que resisten a otras fuerzas disruptivas. En este sentido, la organización es emergente.
La forma del tiempo
En el paradigma de la simplicidad el tiempo aparece como un proceso que es reversible, es decir, que es posible retroceder desde un estado actual a un estado inicial que se conoce como el origen. En el paradigma de la simplicidad, los procesos en la organización son deterministas, son a-históricos; la misma causa lleva a iguales consecuencias, que son previsibles y reversibles. Lo característico es asignar a las actividades organizacionales un antes y un después, por ejemplo, cuando se separa entre las causas y los efectos de una acción.
La simplicidad implica también que las acciones organizacionales se estudian reduciéndolas a sus partes elementales. Se explica que estas partes se repiten o reiteran en su funcionamiento siguiendo ciertas reglas individuales. Por ejemplo, en cada ciclo de ventas, financiación o producción, se encuentra la repetición de una misma secuencia de actividades. Hay en este esquema una flecha del tiempo unidireccional ya que todo se mueve en el mismo sentido (hacia adelante o en retroceso).
La idea de cronología y secuencia en las actividades es la que permite la explicación causal, tal como hemos visto al tratar la noción de causalidad lineal. Bajo el paradigma de la simplicidad, los procesos son repetibles con igual probabilidad en distintos momentos y también en lugares diferentes, si las condiciones de origen son semejantes.
En las organizaciones complejas estarnos en presencia de una causalidad circular; por ejemplo, en los procesos homeostáticos puede afirmarse que el tiempo no transcurre, no corre, porque estos procesos no tienen una dirección necesaria. La direccionalidad en las organizaciones complejas no está en el tiempo, sino en el dominio de los propósitos o las políticas de sus miembros.
Decimos que para el análisis de organizaciones complejas el tiempo es irreversible en el sentido que no puede aplicarse el conocimiento de un estado actual para explicar el pasado, para retrotraer el presente. Así, en los bucles de retroacción, la causa y el efecto aparecen confundidos. La génesis de nuevas formas proviene de esta interrelación y no de un impacto externo. En la evolución de los sistemas sociales complejos intervienen los procesos recursivos, según los cuales la organización dispone y pone en marcha, o bien genera, los recursos que permiten su evolución posterior.
Los tiempos en la organización
La noción del tiempo se utiliza en la descripción de las organizaciones, con diversos motivos:
a) para identificar el momento en que ocurrió o habrá de ocurrir algo, por ejemplo los datos sobre la fundación de la organización o el lanzamiento de un nuevo producto;
b) para dar una idea comparativa de la duración de un proceso desde su inicio hasta su finalización, como el ciclo lectivo en una escuela;
c) para definir una serie o cronología, un encadenamiento de eventos que muestra el orden temporal de los procesos y que permite “ubicar” el lugar de cada componente en un orden mayor; por ejemplo, para mostrar cómo la organización ha crecido a través del tiempo, o un cronograma de fabricación,
d) como función de distribución, es decir, la cantidad de sucesos u objetos que caen dentro de un plazo o lapso de tiempo; por ejemplo, los días de rotación de