ANÁLISIS CONCEPTUAL DE LA CONDUCTA ANTISOCIAL
1.2. La conducta antisocial: Clasificaciones y tipologías.
Como ya se ha señalado, la conducta antisocial es un constructo que engloba diversas conductas de índole muy diversa, por lo que establecer una clasificación de las
mismas puede servir de ayuda para la comprensión del fenómeno. Dicha clasificación podría hacerse en función de diferentes criterios, tales como el nivel de severidad, la naturaleza de la conducta, la funcionalidad de la misma o la manera de iniciarse y desarrollarse en el sujeto, entre otros (Murteira y da Luz, 2013).
Así, una clasificación básica de las conductas antisociales se podría realizar en función de si implican o no un daño directo a otras personas o propiedades, hallando de esta manera tres categorías:
- Conductas antisociales que no conllevan un daño directo a los demás (el daño en todo caso es indirecto) pero infringen la normas sociales (ej., mentiras, absentismo escolar, consumir drogas, fugas del domicilio en adolescentes). - Conductas que implican un daño contra la propiedad (robos, hurtos, provocar
incendios, destrucción de la propiedad, pintadas sin permiso en sitios públicos). - Conductas que sí implican un daño directo contra las personas (peleas,
amenazas, homicidio, agresión sexual).
Otra clasificación bien aceptada en los estudios sobre conducta antisocial en la adolescencia es la que distingue entre conducta antisocial abierta y encubierta. La conducta antisocial abierta es la que implica una confrontación directa con la víctima (agresión, oposición, desafío), mientras que la conducta antisocial encubierta es la que no implica una confrontación directa y el daño se hace a través de otras conductas como mentiras, robos y engaños (Barriga et al., 2001a; Loeber y Stouthamer-Loeber, 1998). En un meta-análisis realizado por Loeber y Schmaling (1985) encontraron cómo las conductas antisociales abiertas tendían a asociarse entre sí, al igual que las conductas antisociales encubiertas, hallando evidencias para defender la existencia de estas dos categorías. Anteriormente, Patterson (1982) había distinguido ya dos tipos de niños antisociales con patrones de comportamiento diferenciados, distinguiendo entre aquellos cuyo síntoma primario era la agresión (conducta abierta) de aquellos cuyo síntoma primario era el hurto (conducta encubierta).
Una tercera clasificación de la conducta antisocial puede hacerse en función de su gravedad social. De esta manera podríamos obtener dos categorías. La primera categoría estaría compuesta por comportamientos menos graves, desviados de las normas y usos sociales considerados deseables; la segunda categoría estaría compuesta por conductas infractoras de mayor gravedad social, conductas de apropiación y actos
transgresores que suelen estar fuera de la ley (Bringas, Herrero, Cuesta y Rodríguez, 2006). Así, Loeber (1990) reserva el término de conducta antisocial para los actos más graves, tales como robos deliberados, vandalismo y agresiones físicas, prefiriendo emplear el término de conducta disruptiva o problemática para definir patrones persistentes de comportamiento negativo de menor gravedad, como la conducta oposicionista o las rabietas.
En esta misma línea, Nicolás Seisdedos desarrolla el Cuestionario A-D de Conductas Antisociales y Delictivas. Este autor halla dos componentes claramente diferenciados dentro del fenómeno de la conducta antisocial, a los que otorga el nombre de "conducta antisocial" y "conducta delictiva" (Seisdedos, 1988). En este caso, el autor denomina "conducta delictiva" a aquellos comportamientos antisociales más graves que, por tal gravedad, fácilmente pueden caer fuera de la ley, tales como forzar la entrada a una propiedad privada o conseguir dinero amenazando a otros. La "conducta antisocial", sin embargo, aquí es considerada como el conjunto de actos más leves de vandalismo o desafío a la autoridad.
Hay que señalar que, aunque la denominación de estas escalas es distinta a la denominación de Loeber (1990), lo reseñable es que ambos factores están diferenciados, siendo los comportamientos más leves incluidos en la escala de "conducta antisocial" mucho más frecuentes en la muestra de adolescentes sobre la que se hizo la baremación, en relación a los comportamientos incluidos en la escala de "conducta delictiva". De esta manera pueden considerarse los primeros como más propios del desarrollo adolescente, mientras que los segundos aparecen como claramente desviados.
Kazdin también es partidario de establecer una diferenciación entre las conductas antisociales que, en distinta medida, pueden estar presentes en la mayoría de los niños en el curso del desarrollo normal (tales como peleas o mentiras) y la conducta antisocial grave y clínicamente significativa que sobrepasa el ámbito normal de funcionamiento y provoca un deterioro significativo en algún área de adaptación, a la que denomina "trastorno de conducta" (Kazdin y Buela-Casal, 2001).
Para el propósito de la presente tesis doctoral, esta clasificación de las conductas antisociales en función de su gravedad social resulta especialmente interesante, ya que el objetivo principal de este trabajo es esclarecer los procesos cognitivos que subyacen a las conductas antisociales más graves en las personas que presentan patrones
persistentes de comportamiento antisocial en su funcionamiento cotidiano, pues son estos patrones de comportamiento los que constituyen un problema social de mayor relevancia.
Una clasificación de los problemas de conducta que combina las anteriormente expuestas es la que proponen Frick y su grupo, la cual ha recibido un amplio consenso por parte de los expertos. Frick et al. (1993) realizaron un meta-análisis con 44 estudios, encontrando que los problemas de conducta en los niños y adolescentes podían ser conceptualizados en términos de dos dimensiones bipolares que interaccionaban entre sí, la dimensión abierta - encubierta y la dimensión destructiva - no destructiva (ver figura 1).
Figura 1. Clasificación de las conductas antisociales en niños y adolescentes (tomado
Estas dos dimensiones, al combinarse, dan lugar a cuatro sectores:
- Sector A: conductas de violación de la propiedad (cuadrante destructivo - encubierto) Compuesto por conductas que pueden ser consideradas delitos, como vandalismo, robos, mentiras y provocación de incendios.
- Sector B: conductas agresivas (destructivo - abierto). Compuesto fundamentalmente por conductas de agresión a otras personas. En este cuadrante se incluyen conductas como asalto, crueldad, peleas, o abusos.
- Sector C: Violación de normas (no destructivo - encubierto). Compuesto por conductas que violan las normas propias de la edad de los niños y adolescentes, tales como huidas, absentismo escolar o consumo de drogas.
- Sector D: Conducta oposicionista (no destructivo - abierto). Compuesto típicamente por los síntomas del Trastorno Negativista Desafiante. Incluye conductas como terquedad, ira, rabietas, discusiones o desafiar la autoridad. Cada una de estas conductas ocupa una posición distinta en cada sector en función del grado en que se ajustan a ambas dimensiones ortogonales.
No obstante, a pesar del indudable valor para la categorización de la conducta antisocial, hay que tener en cuenta que la pretensión de Frick y su grupo era la de clasificar los problemas de conducta entendiéndolos como síntomas del Trastorno Disocial y del Trastorno Negativista Desafiante, en un esfuerzo de ajuste a los criterios DSM.