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La construcción de la identidad «on-line»

El conocimiento de la identidad de aquellos con quienes nos comunica- mos es esencial para entender y evaluar la interacción. En el mundo incorpó- reo de la comunicación mediada por ordenador, la identidad se torna ambigua. Muchos de los rasgos básicos sobre la personalidad y el papel social que tienen

en el mundo físico están ausentes. En éste existe una unidad inherente del yo, debido al hecho de que el cuerpo proporciona una definición necesaria y con- veniente de nuestra identidad. La norma es que a cada cuerpo le corresponde una identidad. Aunque el yo pueda ser complejo y mutable con el tiempo y las circunstancias, el cuerpo proporciona un ancla estabilizadora. Ese punto de referencia desaparece claramente en los entornos virtuales.

Para algunos autores (Turkle, 1995) no cabe la menor duda de que la in- teracción en los entornos virtuales permite un juego sobre la identidad que no es posible en la interacción cara a cara. Se han realizado observaciones en interacciones a través de texto que muestran que las personas tienden a explo- tar el potencial que ofrece representar una personalidad diferente a la de su vida off-line. Esta tendencia parece particularmente evidente en entornos vir- tuales de juegos de rol en los que los participantes seleccionan activamente algún género para su carácter y producen una descripción generalmente bene- ficiosa en términos físicos, sin que haya forma de verificar si el género y la des- cripción corresponden a la persona off-line. Al exaltar la fantasía, los dominios

multiusuario ofrecen la oportunidad de experimentar interacciones sociales de

formas enteramente innovadoras y diferentes. También se han analizado los modos de representación que se despliegan en los IRC (International Relay

Chat) con el uso creativo de alias y se han obtenido resultados parecidos.

No obstante, hay también numerosos trabajos que muestran que los en- tornos virtuales no son exactamente el enorme campo de experimentación para la identidad que a veces se sugiere. En esa línea, hay evidencias de que las categorías convencionales que definen la identidad, como el género, la raza, la sexualidad, etc., no se borran y tienden a organizar el sentido de muchos usuarios y usuarias de Internet (Savicki y otros, 1996). Tales investigaciones cuestionan que las identidades sean intrínsecamente fluidas y cambiantes en estos nuevos entornos. Se arguye que lo que ocurre en tales entornos es, sim- plemente, que emergen nuevos mecanismos de fijación y estabilización de las viejas categorías de identidad.

En cualquier caso, los internautas cuentan con una lista de recursos para incorporar información sobre uno mismo, se trata de recursos que los indivi- duos han creado a partir de su adaptación a este medio como resultado de las apropiaciones de diferentes tecnologías (chat, correo electrónico). Tomemos el ejemplo de un e-mail para identificar el tipo de recursos al que nos esta- mos refiriendo. Cuando leemos [email protected] sabemos desde qué domi- nio se participa. Y cada nombre de dominio tiene su propia reputación: los internautas experimentados, por ejemplo, reconocen las diferentes implica- ciones de las cuentas comerciales frente a las institucionales. Esta información, generada automáticamente por el software, proporciona algunas pistas con- textuales sobre el autor (barrio virtual), y sobre el grado de fiabilidad de otras informaciones que el autor pueda introducir en su mensaje.

La firma del mensaje, por otra parte, actúa como una tarjeta de presen- tación, pudiendo ser más o menos formal y contener más o menos informa- ción explícita. En todo caso, supone siempre una selección de la información

que se quiere desvelar. En este sentido, es siempre informativa, por omisión incluso, y puede darnos a conocer intereses, motivaciones, aficiones, etc., así como aspectos sobre la identidad como la profesión, lugar donde se vive, ac- cesibilidad, etc. Por lo que respecta al contenido del mensaje, éste se encuen- tra lleno de signos sobre la identidad de su autor o autora en relación con sus competencias intelectuales, pero también sociales, lingüísticas y culturales. Lo mismo ocurre con la creación de un particular estilo a la hora de componer los mensajes y el uso correcto de las abreviaturas y otros recursos propios de la escritura electrónica que nos informa entre otras cosas, de su competencia y veteranía con el medio.

El dominio y competencia en el manejo de la jerga propia del grupo de discusión también puede informarnos de aspectos relacionados con su inte- gración en el grupo on-line, así como de su veteranía en él. El tipo de acto(s) comunicativo(s) (o pragmática de la CMO) realizados por un participante en el interior de un grupo de discusión, o foro electrónico, nos informa también de su posición en el grupo: felicitar implica colocarse en una posición jerár- quica hacia la persona felicitada; preguntar, al contrario, coloca a su autor en una posición de dependencia en relación con quien tenga la capacidad de responder, etc. La manera de presentarse o de despedirse, junto con todos los aspectos que acabamos de mencionar, nos informa igualmente del estatus de un individuo en el grupo.

Finalmente, el historial del autor en las comunicaciones anteriores deja una huella imborrable de su interacción. Esto es relativamente obvio para las interacciones asincrónicas, en las que el sistema guarda automáticamente en memoria los mensajes (durabilidad variable). Para la comunicación sincrónica (chats), la memoria depende de una participación continuada con los mismos individuos. En todo caso, siempre se puede recurrir a los motores de búsque- da para rastrear anteriores publicaciones.

La construcción de una identidad on-line estable y persistente juega un papel muy importante a la hora de generar confianza en el otro, respecto de sus opiniones y de las informaciones que éste puede proporcionar al resto del grupo. No se conseguirá, pues, generar confianza sobre uno mismo si no se consigue producir, antes o al mismo tiempo, conocimiento sobre uno mismo. Sin embargo, lo que se considera «conocimiento deseable sobre uno mismo» es algo dependiente del contexto on-line, es decir, sujeto al sentido que cada es- pacio público virtual tiene como espacio de participación público y a las re- glas de comportamiento que de éste se derivan. Así, por ejemplo, mientras que en un foro electrónico o lista de distribución académica la reputación de un autor se construye por medio del envío de comentarios serios y argumen- tados, en otros, la reputación y la confianza que éste pueda generar en el resto del grupo se consigue, por ejemplo, mediante la publicación de obser- vaciones sarcásticas y vulgares.

Sin embargo, en el contexto on-line, es relativamente fácil engañar emi- tiendo señales que no se corresponden con la realidad. Así, los recursos antes mencionados no son siempre fiables. El nombre de la cuenta puede haber sido

falsificado, y las características que se afirma tener, ser inventadas. Descubrir estos engaños puede ser una tarea a veces imposible. Sin embargo, engañar deliberadamente en cuanto a las motivaciones para participar en un deter- minado espacio de discusión on-line (ser un sincero seguidor de un equipo de fútbol; ser una madre preocupada por la alimentación de su hijo, etc.) o sobre las supuestas competencias (presentarse como especialista en determinado ámbito de conocimiento), o mentir sobre el sexo, requiere de mucho más es- fuerzo, porque supone llevar a cabo una actuación (performance) creíble que se ajuste a las expectativas asociadas a estas categorías socialmente sancio- nadas. Se pueden distinguir, pues, dos tipos de señales que se usan en el es- pacio virtual para construir una identidad on-line: las que no necesitan ser actuadas o representadas y las que comportan un arduo trabajo de construc- ción y de representación (competencias, intereses y motivaciones, sexo, profesión, etc.).

En cualquier caso, es evidente que una de las dificultades de la partici- pación en la vida pública en Internet es que la visión que tiene uno del resto de los participantes sólo es parcial y restringida. No debemos olvidar que todos los participantes comparten, además, el esfuerzo que supone construir una identidad on-line coherente con sus propias motivaciones que también sea persistente y creíble ante los demás.

Orientaciones para el profesorado

¿Qué es participar? Ésta es la primera pregunta que debe responderse el educador que quiera fomentar la participación, ya sea a través de Internet o de cualquier otro medio. En un sentido amplio, participar es desarrollar una acción colectiva, y por tanto organizada, en busca de la satisfacción de inte- reses comunes. La necesidad de coordinar voluntades e intereses individuales en una misma acción conjunta hace que la participación, a menudo, se cana- lice a través de organizaciones, como las asociaciones, los movimientos so- ciales o los partidos políticos y sindicatos, pero ello no obsta para que un determinado número de personas se encuentre y organice para llevar a cabo un proyecto común en el marco de la escuela o el barrio.

Por otra parte, ciertas formas de participación están institucionalizadas y reguladas por disposiciones legales. Votar, por ejemplo, puede considerarse una forma de participar en la gestión de lo público que se pone en funcionamien- to cada cierto tiempo y en según qué temas. Otras formas de participación pue- den ser puntuales, como ir a una manifestación o adherirse a una campaña.

En lo que respecta a Internet, nos aproximaremos al fenómeno de la par- ticipación a partir de cuatro niveles de análisis:

1. El procesamiento de la información. 2. La expresión de opiniones.

3. La toma de decisiones. 4. La movilización.

1. El procesamiento de la información

Internet ofrece un entorno especial para la participación en el que el procesamiento de información constituye uno de sus elementos definitorios básicos. Por ello, un primer nivel de análisis de la participación en Internet tiene que ver con la información. En este sentido, se puede hablar de tres mo- dalidades de participación:

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Recibir información. En un primer momento, podemos pensar que

«recibir información» no es propiamente un acto participativo. Pero lo hemos considerado así en tanto que «querer recibir información» es la antesala de toda participación, pues supone interés por alguna temática u objeto. En el caso de Internet, la suscripción a listas de dis- tribución es, pues, un primer paso hacia la participación. Y aunque sólo sea en un primer momento, requiere de un acto voluntario: el darse de alta.

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Pedir información. Hay diferentes entornos que posibilitan la petición

de información. Pueden ser unidireccionales o bidireccionales. Un ejemplo del primero serían los entornos que permiten preguntar a los usuarios y sólo hay una fuente informativa que responde. A menudo, dan lugar a FAQs. Los bidireccionales en realidad conforman entor- nos de intercambio de información. Las listas de discusión son un ejemplo de este tipo de funcionamiento.

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Dar información. También admite la unidireccionalidad y la bidirec-

cionalidad. La bidireccionalidad implica, como hemos dicho antes, entornos que facilitan el intercambio de información. Ahora bien, dar información unidireccionalmente es relativamente sencillo en Inter- net. Simplemente basta con diseñar una página web donde se pro- porcione la información que se quiera.

2. Expresión de opiniones

Otra de las características de Internet es que facilita enormemente la circulación de opiniones, que se pueden intercambiar a tiempo real o de ma- nera diferida, sin que importen las barreras temporales o geográficas. En este sentido, participar en Internet tiene también que ver con la posibilidad de vehicular opiniones. La expresión de las opiniones puede venir motivada por las preguntas que uno se encuentra en la red y desea contestar o bien por un deseo intrínseco de manifestar un punto de vista propio. En el primer caso, se suele tratar de encuestas o sondeos de opinión que, a menudo, se plantean desde medios de comunicación. Así, uno puede encontrarse con infinidad de preguntas acerca de la intención de voto, sobre si se considera que existe una burbuja inmobiliaria, si es ético clonar seres humanos, etc. En este caso, se trata de entornos unidireccionales donde las opiniones no se suelen argu- mentar, sino que se contabilizan. Uno da su opinión y sólo sabe cuántos pa- recen estar de acuerdo con él. En el segundo caso, lo más habitual para expresar una opinión y contrastarla con la de otras personas, existe la posibi- lidad de suscribirse a un foro de discusión.

Al margen de estas dos formas de participación que parecen estar intrín- secamente ligadas a la concepción habitual de Internet, son posibles otras for- mas de participación que, de alguna manera, suponen el desarrollo de las posibilidades de la red. Nos referimos, concretamente, a la posibilidad de utili- zar Internet para tomar decisiones y para llevar a cabo determinadas acciones.

3. Toma de decisiones

Por lo que respecta a la toma de decisiones a través de Internet, supone un grado superior de dificultad al que ya habitualmente presenta en los pro- cesos grupales presenciales. No obstante, esa dificultad varía en función del tipo de foro virtual en el que se participa. Aquellos que recogen las siguien- tes consideraciones:

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Un moderador.

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Un código explícito y conocido por todos de interacción (neteti-

queta).

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Temas de discusión muy definidos.

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Procedimiento muy claro de explicitación de voluntades (votación, consenso, mayoría, mayoría simple, cualificada, etc.).

En cualquier caso, resulta evidente que para avanzar hacia modelos ci- berdemocráticos es necesario alcanzar los niveles de discusión y análisis que existen sobre la democracia presencial.

4. Movilización

Finalmente, Internet constituye también, en determinados casos, una plataforma de acción. El ejemplo más claro lo forman, como hemos visto an- teriormente, los movimientos sociales, que utilizan la red como espacio para su propia acción. Por ejemplo, cuando se solicitan firmas o el envío de men- sajes a determinadas instituciones gubernamentales pidiendo condonar una pena de muerte, no olvidar un encarcelamiento, detener unas obras que aten- tan contra el medio ambiente, o incluso cuando se visita una página como sis- tema de recaudación para una causa, se están realizando acciones que tienen una entidad propia en la red.

Obviamente, Internet es también un instrumento para movilizar personas más allá de la propia red. En ese sentido, se pueden recordar las convocatorias de manifestaciones, concentraciones, paros, peticiones de consumo ecológi- co, consumo dirigido en función de la sensibilidad social de las entidades productoras.