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1. PROBLEMÁTICA DE LA INVESTIGACIÓN

2.2 L A L ITERATURA I NFANTIL PARA LOS N IÑOS DE P REESCOLAR

2.2.2 La conversación en los niños de preescolar

Un niño que ha construido su identidad y sentido de pertenencia es capaz de expresarse con seguridad ante un grupo, pues su voz ha sido orientada en el espacio escolar; su lenguaje y oralidad, poseen una dimensión política y social, lo cual le propicia y facilita unas condiciones específicas de participación dentro de un colectivo determinado. Hay una serie de reglas y pautas de interacción que el niño ejercita constantemente: pedir la palabra, respetar los turnos, escuchar, preguntar, responder, dar una opinión, expresar sus puntos de vista y demás, que se construye gradualmente en las aulas. Todo lo anterior conlleva a que la escuela debe facilitar espacios a sus educandos para la intervención discursiva y participativa; situaciones que impliquen formas diversas de lenguaje oral y diversos tipos de discurso: argumentativo, narrativo, expositivo, descriptivo, informativo; con recursos comunicativos específicos. Si la escuela cumple con este compromiso, propicia así el éxito en la participación social y académica de sus educandos.

La lectura y la escritura como prácticas socioculturales permiten que los estudiantes tengan un acercamiento a diversidad de textos, comprendidos desde distintos niveles de análisis textual. Eco (1987) habla de la lectura como una cooperación entre el texto y el lector. De ésta manera se puede aseverar que en ese proceso de comprender el texto y en el acto de producir sentido, entran en juego diversos saberes y competencias en el que reconocen el código comunicativo, identifican la temática global, delimitan las unidades de significado, la asignación de sentido a proposiciones, establecen relaciones entre proposiciones, identifican unidades mayores de significado, interpretan la información respecto al contexto de su producción, reconocen las diferentes voces que hablan en el texto, identifican la finalidad o

intencionalidad comunicativa del texto, identifican el emisor como el establecer relaciones con otros textos, entre otros aspectos.

Algunos autores como Colomer (2005) analiza el desarrollo del primer lenguaje como “la manera en que los niños y niñas establecen el esquema narrativo, perciben la relación entre realidad y fantasía o aprenden las connotaciones culturales de los personajes de los cuentos” en donde los niños adquieren estrategias y habilidades de lectura en la comprensión de lecturas literarias que posteriormente socializan en una narrativa conjunta con sus pares. El aprendizaje de los niños en la escuela es determinante en el sentido de las grandes expectativas con las cuales llegan, de todo aquello que anhelan y esperan, de igual forma, el docente posee una gran

responsabilidad para enamorar o desencantar a los niños especialmente en la etapa inicial en donde como lo da a conocer Colomer (2005) “En sus primeros años, todos responden afectiva y estéticamente a la palabra y a la narración de historias” (pág. 139).

Del mismo modo, la conversación que realiza el niño con sus pares o demás personas que le rodean posee un sello particular, ya que las temáticas que comparte con el niño en la gran mayoría de las ocasiones, son de su interés en cuanto a lo que le gusta, comparte, le inquieta, lo que le preocupa, lo que realiza; es decir, el niño participa uno a uno con el adulto conjuntamente con experiencias compartidas como facilitador no solamente en lo individual, sino, en lo

colectivo. Es por ello por lo que los niños generan continuamente espacios de conversación o diálogo, en donde esperan siempre ser escuchados con atención y si tienen alguna duda o inquietud, la expresan de tal forma que con su actitud inmediatamente dan a conocer si lo que desean saber es convincente o no, de lo contrario, insisten repetidamente hasta encontrar respuestas o complacencia en aquello que esperan obtener.

Aidan Chambers (2007) expresa:

Cada vez que hablamos, decimos algo que nosotros mismos escuchamos y esto lo llama un acto de habla privado. Pero normalmente, cuando hablamos involucramos a otro o a otros porque queremos comunicar algo. Considera a esto un acto de habla público, de modo que la conversación es tanto privada como pública” (pág. 30).

Para ampliar un tanto lo expuesto por el autor, se debe aclarar que en la vida práctica escolar de los educandos en primera infancia se evidencia lo planteado ya que en los juegos de lenguaje hablan para sí mismos porque vivencian su fantasía, su mundo y al interrelacionarse establecen dinámicas comunicativas con las cuales se socializan y con la intervención del docente, su gestión se centra en ayudar a los niños a hablar bien para así facilitarle los procesos de comunicación y socialización motivándolo y desarrollando en la cotidianidad, lazos afectivos que fortalezcan la escucha y correspondencia recíproca.

Hablar para sí mismo aplica muchas veces para los niños en edad preescolar, ya que por ejemplo cuando están leyendo o explorando un texto, se les escucha hablar, es decir, piensan en voz alta, por lo tanto, el habla entra a formar parte muy importante de nuestro proceso de

pensamiento, aunque se tenga como principio establecido que hablar en voz alta siempre implica que esté presente un oyente. Pero, cabe entonces preguntarse ¿el hablar con los otros a dónde queda? Efectivamente, cuando dos personas o más establecen una comunicación, se pone de manifiesto considerar que existe un emisor y un receptor, o de igual manera, un hablante y un oyente; el primero es quien dice lo que piensa y el segundo escucha y reflexiona sobre lo dicho

Colomer (2005) recuerda que “la experiencia humana se expresa a través de la participación en los sistemas simbólicos de la cultura, de tal modo que la vida sólo nos resulta comprensible en virtud de esos sistemas de interpretación”. Por consiguiente, el niño de preescolar

a través del lenguaje y de su discurso explicativo, narra su lógica en un lenguaje simbólico dando a conocer sus afectos, sus ideas y sus imaginarios inmerso en su cultura que vive y lo caracteriza. Sin duda alguna, la conversación en los niños es una forma de expresarse auténticamente y es en este sentido que ingresamos a su mundo en ese banquete de palabras que tanto les agrada y regocija como lo presenta Cordua (2003) “hagamos que nuestra conversación con ellos se transforme en una ‘tranquila aventura” (pág. 16). Entre los niños de preescolar, cotidianamente se generan conversaciones que permiten al adulto ingresar en su mundo, les agrada ser

escuchados en un clima de confianza donde se genera la posibilidad de expresarse desde la interioridad.

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