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2. De los azares del conflicto a las transformaciones territoriales

2.3 Transformaciones sociales y territoriales según la violencia

2.3.1 La cotidianidad según el conflicto armado

carboneras, que estaba la guerrilla de las FARC-EP, y fue el primer encuentro de los paramilitares con ellos, fue en ese momento donde comenzó la mayor confrontación armada en la región. Por eso conocemos el 29 de mayo como la primera masacre de la arremetida paramilitar. (Téllez, 2017)

Fotografía 24. Filas guerrilleras de las FARC-EP. Autor: Jorge Pérez, (2017)

Por tanto, quiero comenzar este acápite con uno de los primeros relatos que recogí sobre la arremetida paramilitar, esta conversación se dio en el marco de una asamblea de ASCAMCAT, para la socialización de los acuerdos de paz que se estaban pactando en La Habana, Cuba, aquel entonces, era el año 2016, en pleno paro armado decretado por el ELN, encabeza de alias ‘Pablito’42; durante el receso de una jornada extenuante por la humedad y el calor tibuyano, se dio un receso a medio día para ir almorzar. Me senté con varios campesinos (de la vereda caño indio)

42 Comandante del frente Domingo Laín, igualmente hacer parte del comando central del Eln. El paro armado fue decretado en conmemoración por los 36 años de este frente.

mientras comíamos, comenzamos a dialogar sobre el tema del abandono estatal y luego lo que ha significado vivir en medio del conflicto armado, uno de los campesinos en la mesa, comienza hablar sobre la arremetida paramilitar, a lo que le pregunto, ¿lo puedo grabar? Él me dice “sí”.

Comienza el relato con un “yo cuento mi historia y lo que paso en 1999, con la arremetida paramilitar a la zona del Catatumbo; pues cuando ellos entraron fue un impacto en todo sentido muy grande, ellos durante su entrada venían agarrando gente y matándolos a todos.

En el 2001 llegaron los paramilitares a mi casa, yo me encontraba laborando en la finca mía, hacía abajo, como a 100 metros, con un obrero que tenía, como eso de las 8 am, vi que llegaron los paramilitares a mi casa y la rodearon por completo, le dije yo al obrero, llego gente armada, él dijo eso es guerrilla, yo le dije no eso no es guerrilla, porque ellos no llegan a rodear la vivienda, yo soy nacido del Catatumbo y criado acá y nunca ellos han llegado a esa posición a rodear una casa, entonces le dije yo, esos son los paramilitares, cuando al momento me di cuenta que uno de ellos empezó apuntarme con el arma, y yo le dije no se ponga a pelear con ellos, porque si nos agarra nos mata; acá todos sabíamos que si nos agarraban nos llevaban del bulto, sabíamos que estábamos muerto ya” (Conversación a campesino Tibuyano, Tibú, 2016).

Fotografía 25. Captura de pantalla de vídeo. Conversaciones, almuerzo y paramilitarismo. Autor: Jorge Pérez, (2017)

Lo dicho anteriormente da cuenta del gran impacto y el terror que infundió este grupo paramilitar en los pobladores del Catatumbo en general. Sin embargo, y antes de volver a los relatos recogidos en campo, es preciso tener en cuenta que las masacres hechas por las AUC no se dieron de un día para otro, ni tampoco fue un hecho el cual cogió por sorpresa a sus habitantes, por el contrario, Carlos Castaño (ex comandante paramilitar) había anunciado su intención de tomarse el control territorial del Catatumbo.

“La masacre había sido anunciada. Desde finales del mes de mayo, durante la visita que le hicieron al señor Castaño Gil […] Dijo que enviaría un grupo numeroso para acorralar a los guerrilleros del Eln, y empujarlos hacia Venezuela con el propósito de estimular incidentes binacionales” (Loingsigh en El Espectador, 2007, p.37)

En esa lógica, lo que distingue el año 1999 de los otros años de la década del 90, es la fuerza de ocupación que tuvieron los paramilitares; ya no estaban como un grupo el cual venía realizando muertes selectivas a líderes sociales y huían tras cometer dicha atrocidad. El claro mensaje de las primeras masacres orquestadas en el 99, fue de quedarse en el territorio catatumbero y tomar control de este. Según la defensoría del pueblo se produjo 14 masacres entre el 23 de mayo y el 21 de agosto de 1999.

Este hito de violencia marcaría una nueva página en la historia y configuración reciente de la región, asimismo modificaría las dinámicas socioculturales y económicas de sus habitantes, rompiendo toda colectividad en la zona, el miedo se apodero la mayoría, en especial de los campesinos, emprendiendo una diáspora por la región, el departamento y el país.

Fotografía 26. Niños indígenas Motilones-Barí de la comunidad de Shubacbarina, observan el aterrizaje de un helicóptero del ejército perteneciente a la fuerza de tarea vulcano de Norte de Santander. Autor: Jorge Pérez, (2016)

La vida en la selva transcurre a ritmos desacelerados, el tiempo parece detenerse, no tengo la necesidad de estar viendo la hora, en la mañana un leve frío me indica que es de madrugada, la intensidad del calor y la humedad me dice que es medio día y las leves brisas que la tarde se aproxima, así como Jeison, Osvaldo y Yanclot junto a su hermano, tres jóvenes líderes en sus respectivas comunidades. Ellos me invitan a nadar (sin yo saberlo hacer) al río de Oro para refrescarnos después del almuerzo y antes de comenzar las largas reuniones de la asamblea extraordinaria en Caxbarycaira (Bajo Catatumbo).

Al poco tiempo de estar en el río veo bajar nadando a un Barí como si fuese un anfibio más del río, Jeison me dice, eso es normal, seguro viene de Iquiacarora (Jurisdicción del Carmen), a lo que Yanclot menciona, antes por acá solo bajaban nadando muertos, en la época donde los paramilitares controlaban esto en un día se alcanzaban a ver hasta 3 o 4 muertos flotando.

Comenzamos a conversar sobre ese hecho, en mi afán de entender más la naturalidad de esa frase con la que lo expreso, ya que no era la primera vez que alguien en el Catatumbo, hablaba o se refería sobre el conflicto en la zona con tanta calma, incluso había quienes bromeaban, como Jeison al referirse al lugar llamado “puerto paraco”, un sitio que se encontraba cerca de La Gabarrra, menciona que aquel lugar había tanto paramilitar, que para acordarse cuando pasaban por ahí, le colocaron así.

Así mismo Jeison recuerda que “cuando tenía nueve años, los paramilitares nos dispararon desde la montaña mientras estábamos en la pista (jurisdicción de Tibú) comercializando con los campesinos. En esa época casi se llevan a mi hermano Yanclot, el mayor de todos, durante un retén en puerto paraco, mi padre enfrento al comandante diciéndole nosotros somos Barís, y ustedes nos tienen que respetar, porque somos una comunidad ancestral, mi papá siempre ha sido muy parado, todos los barís de hecho, y nosotros rogábamos a Sabaseba, y finalmente el comandante nos dejó pasar, y no se llevaron a mi hermano, pero esa fue una época muy jodida para todo el mundo acá en el Catatumbo” (Pérez, 2016).

En palabras de Juan Titira, menciona al respecto que “la presencia de los grupos armados al margen de la ley, que están y estuvieron en el Catatumbo, siempre hemos aprendido a convivir con ellos, con el conflicto, resistiendo a los grupos armados, nosotros los barís no nos metemos en políticas diferentes a las nuestras o no nos mezclamos con gobiernos que no nos corresponde, eso es como una forma de resistir a la violencia” (Aserndora, 2016)

Al respecto Juan Titira menciona también:

“Nuestros ancestros y las autoridades Barí, nos han dicho siempre que debemos mantener una relación con los demás un pueblo con pensamiento propio, con ideas claras y de identidad, por eso los grupos al margen de la ley nos respeta. El indígena Barí se ha caracterizado es por eso”. (Titira Aserndora, 2016).

Fotografía 28. Caciques del pueblo Barí desayunando, antes de comenzar la ‘junta de caciques’. Autor: Jorge Pérez, (2017)

Lo expresado anteriormente deja entre ver nuevas expresiones lingüísticas y prácticas sociales, generadas por la violencia en torno a la arremetida paramilitar, inscribiéndose nuevos códigos del ser/estar catatumbero. Es decir, se da una transformación sociocultural del Medio y Bajo Catatumbo, desde una apropiación simbólica como lo es bautizar un lugar como “puerto paraco”. Está es una de las transformaciones que se han dado en la región recientemente, el romper con la cotidianidad de los habitantes reconfiguro la zona para el campesino e indígena. Para el primero, se vieron en la necesidad de huir de lo que para ellos era “su casa”; en esa medida durante mi instancia en El Tarra y su zona rural, conversé con uno de los campesinos acerca de si había permanecido o no durante la hegemonía paramilitar, en aras de comprender la descomposición del tejido social, que se profundizará en el siguiente acápite.

Para finalizar, la guerra en la región y solventarse en ella por parte de los pobladores trajo también la construcción de fuertes imaginarios por parte de las urbes hacía los pobladores del Catatumbo, ya que como menciona Kalivas, las personas en zonas de conflicto se ven obligados a elegir bando, producto de la ausencia estatal y el control armado territorial de la región, tal y como sucede en el Medio y bajo Catatumbo. Un ejemplo de ello es una de las conversaciones que tuve con uno de los campesinos durante mi instancia en el municipio del Tarra.

Comencé la conversación acerca de ¿Qué opinaba sobre el secuestro o la retención de Salud Hernández?43, (ya que este suceso aún era resiente y alrededor de él se crearon estereotipos hacia las personas que viven en la región) Él me responde con un “Vea le digo una cosa, yo no había visto una mujer más obstinada, preguntona y sin miedo que esa señora, acá llego y nos hizo unas entrevistas algunos de nosotros, pero siempre ella nos decía, ustedes son guerrilleros, porque no

43 Es una periodista y escritora española; en el año 2016 estuvo retenida por el frente de guerra Nororiental del ELN, en inmediaciones del corregimiento de FiloGringo, esta retención paralizo los medios durante una semana, así mismo, se dio un gran despliegue militar en el Tarra. Para profundizar en aquella coyuntura.

se entregan, para ella casi todo el pueblo era guerrillero, y se lo sostenía en la cara a uno, que vieja pa’ jodida, pero eso sí verraca, nadie viene desde afuera y se pone a gritarle a todo el mundo usted es guerrillero y viaja sola por esta zona con tanta presencia de todo tipo, uno ya está acostumbrado porque es de acá”. (Campesino del Tarra, 2017).

Lo dicho anteriormente por el campesino tarrense, evidencia que no sólo se vive con los azares del conflicto y se crean mecanismos de resistencia alrededor de este, sino que también se debe deconstruir los señalamientos como los mencionados por la periodista Salud Hernández. Estos imaginarios son producto de las disputas territoriales que se presenta en el Medio y Bajo Catatumbo, donde la población queda en medio de la confrontación armada y territorial y para sobrevivir en medio de estas circunstancias se ven obligados a elegir bandos o colaborar con ellos. Ello es el resultado de la ausencia estatal y la descomposición sociocultural que ha dejado décadas de conflicto armado en la región.