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IV. Los antecedentes

2. Las ONGDs en Chile

2.7. La crisis de las ONGDs chilenas

A fines de los años 90, las ONGDs chilenas se declaran en crisis. Se habla de los años 90 como “década perdida”. Se trata sin duda de una crisis de financiamiento debido al paulatino retiro de la cooperación internacional del país y la disminución de fondos disponibles para las ONGDs. Pero limitar la situación de las ONGDS solamente a la disponibilidad de recursos no basta para entender lo que está pasando con este actor de desarrollo en la década de los 90. La necesidad de conseguir nuevas fuentes de financiamiento y, en este sentido, adecuarse en un nuevo contexto, ha devenido en una crisis de legitimación e identidad de las ONGDs.

2.7.1. Crisis de financiamiento

Debido a los buenos resultados macro-económicos en el país y la recuperación de la democracia, las instituciones de la cooperación internacional se retiran o disminuyen sus fondos durante la década de los 90. Eso significaba menos fondos disponibles para las ONGDs chilenas y, dependiendo de su estructura de financiamiento, graves problemas de financiamiento con la consecuencia de bajar personal o jornadas de trabajo, limitar actividades, dejar de existir o recurrir a fondos estatales para poder seguir funcionando83. Los problemas de financiamiento que sufren las ONGDs suelen explicarse con las siguientes cuatro razones principales84:

- Chile ya no sería elegible para la cooperación internacional que era el principal sustento de las ONGDs.

- Chile tiene un problema de imagen que hace difícil obtener cooperación; en Chile hay menor pobreza relativa que en otros países y ha promovido hacia afuera la imagen de un país exitoso.

81 idem

82 idem

83 como explica también José Bengoa en el año 1996 en una carta al Gobierno: “En el último fin de año, han sido varias

las ONGs que han debido cerrar o han preferido cambiar de rubro ante las dificiltosas relaciones con el Estado y sus organismos“

84 De la Maza, Gonzalo, “Pespectivas de la cooperación internacional para el sector no gubernamental en Chile”, Santiago

- El tiempo de las ONGDs ha pasado; el Estado reemplaza a las ONGDs, se ha quedado atrás el tiempo del trabajo micro, de la pequeña experiencia cualitativa, ahora sería el tiempo de los grandes programas nacionales.

- En el fondo las ONGDs serían ineficientes, no capaces de dar cuenta de lo que se proponen en el actual contexto

Sin embargo, Gonzalo De la Maza revela lo anterior como argumentos débiles, ya que parte de la disminución de la cooperación internacional se ha recuperado a través de canales estatales y aportes de la Comunidad Europea. En general las ONGDs no se han mostrado menos eficientes que otros actores del desarrollo y el problema de la pobreza es un tema mundialmente reconocido y discutido. De la Maza insiste que la crisis de las ONGs tiene otra naturaleza y prefiere hablar de un “cambio global de sistema de cooperación en el país“85, en vez de crisis de financiamiento. El desafío de enfrentar esta crisis, por lo tanto, no comienza por el financiamiento, sino por la recreación de un nuevo sistema y la redefinición del papel de las ONG dentro de él.

“Mientras la cooperación internacional y el Estado desarrollaron estrategias de readecuación a las nuevas circunstancias, las ONGs chilenas no tuvieron la capacidad inicial de desplegar una estrategia concertada para el nuevo período. La opción dominante fue la colaboración con la nueva administración, en la expectativa de que se generarían mecanismos de apoyo desde el Estado. La negociación de financiamiento continuó siendo un asunto abordado individualmente por cada ONG y, salvo excepciones, se opero dentro de las reglas del juego que el gobierno determinó.86

Como se mencionaba anteriormente, las ONGDs empezaban paulatinamente a relacionarse con el sistema estatal social chileno, ejecutando programas estatales para recibir recursos que les permitían mantener la institución. Los organismos estatales, en este contexto, “contemplaron a las ONG casi exclusivamente como ejecutores privados de algunas de sus políticas, sin considerarlas ni como actores de cooperación, ni como participes de la decisión y diseño de las políticas públicas“87. Se podría decir que en este momento las ONGDs cambian el rol que jugaban en la sociedad chilena, renunciando a ser agente de acción y creación.

Algo similar ocurrió en relación a las agencias de cooperación, con las cuales no se intentó establecer plataformas globales de renegociación de los términos de cooperación, sino que se privilegió la estrategia de mantener, hasta donde fuera posible, los programas existentes con anterioridad o responder adaptativa e individualmente, a las nuevas tendencias.

Como observa de la Maza, cambia todo el contexto, cambia todo el sistema, sin embargo, las ONGDs no inician ningún proceso activo para cambiar ellos mismos también dentro de este sistema. Ellas dejan la iniciativa al Estado, con ello que sea éste – a su gusto e interés - quien establezca los nuevos mecanismos:

85 Idem,

86 Idem 87 Idem

“La iniciativa para reformular el sistema corrió de parte de los responsables estatales quienes estructuraron un sistema de cooperación, pero en función de las necesidades de la nueva administración.88

2.7.2. Crisis de legitimidad

Los cambios políticos que se llevan a cabo durante la transición obligan a las ONGDs a adecuarse a este nuevo contexto. Esto implica recuperar legitimación, determinar roles con otros integrantes de la esfera política-social como sindicatos, organizaciones de bases, juntas de vecinos, municipalidades, al igual que con el Estado. El principal referente para las ONGDs en la definición de identidad, aunque sea en términos negativos, había sido el Estado, frente al que se expresa como una identidad autónoma no gubernamental o anti gubernamental.

El hecho que la “ONG“ desaparece como institución específica dentro de la política social para el Tercer Sector es percibido por las ONGDs como un no-reconocimiento de su existencia y rol. El hecho que en su práctica social el Estado los ve y trata como ejecutores es visto por las ONGDs como una desconstitución de lo que sería su carácter y rol socio- institucional. Se ven negados como creadores y animadores de la sociedad civil y/o generador de conocimientos y propuestas, lo que cambia su identidad y legitimidad.89 Desde un enfoque más autocrítico hay ONGDs que señalan que la relación con el Estado habría sido afectada por una falta de rigor profesional y técnico de estas, lo que limita su imagen de instituciones con prestigio. Otros ven claramente una discriminación política como base de la desconsideración hacia las ONGDs, dado que estas expresarían experiencias y conocimientos que resultan difíciles de asumir e incorporar por parte de los gobiernos.

De todos modos, es el no-reconocimiento por parte del Estado democrático y de la sociedad post dictatorial lo que pone en cuestión la legitimidad de las ONGDs. Concluye Raúl González:

“El todavía bajo reconocimiento institucional, los modos de financiamiento que alteran sus principios y los hacen vulnerables, las relaciones extendidas y diversificadas pero no suficientemente cualificadas en los distintos temas, y la falta de espacios ideológicos para discutir la sociedad, son características de la relación con el Estado durante este decenio. Ello ha contribuido a una baja de rol que las ONGs esperaban cumplir durante los años 90 como instituciones de fomento de la sociedad civil, las organizaciones populares, los movimientos sociales y las nuevas modalidades para enfrentar los problemas y desafíos del desarrollo.“90

88 Idem

89 González, Raúl, „Relaciones ONGS-Estado en Chile: Aportes para un balance de la década del 90, Documentos del

Trabajo, Santiago de Chile