4. La economía de trata, donde la exportación se realizaba desde centros comerciales que se aprovisionaban de productos provenientes de
2.3 Hechos políticos y económicos determinantes para el Desarrollo y la Cooperación, desde la Posguerra hasta la década de los noventa.
2.3.5 La deuda externa: desde los 80, hasta el nuevo siglo.
Los países del Tercer Mundo quedaron repentinamente endeudados y éstos mismos fueron quienes indirectamente pagaron la subida del precio del petróleo y el modelo de desarrollo occidental. La deuda que se fue acumulando en pocos años creció de forma tan descomunal, que algunos países y más tarde los mismos organismos rectores de la economía reconocieron que la deuda es impagable (BUSTELO, 1991; GEORGE, 1993). Así, el Banco Mundial, en su informe de la pobreza de 1990, coloca a la
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deuda externa como la cuestión más urgente del mundo en su momento (y sigue siendo un grave problema en la actualidad19).
Uno de los primeros países que se pronunciaron abiertamente al respecto fue México en 1982, al declarar la suspensión de pagos. Los grandes bancos del mundo, públicos y privados temían su propia caída y la del sistema monetario internacional, pues esperaban que después del crack de México viniera el de Brasil o el de otros en cadena.
Para evitarlo, encargaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) como único interlocutor, el cobro de la deuda o el establecimiento de las condiciones para que ésta fuera cobrable, impidiendo que cada país deudor hiciese negociaciones privadas con los bancos acreedores. La renegociación propuesta ya no sería para poder pagar la deuda (lo principal), sino sólo para cubrir los intereses acumulados.
Este método de financiación lograría «encadenar» definitivamente a los países deudores, que además se verían obligados a cumplir las drásticas condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional, y con ello, se eliminaría toda posibilidad de crecimiento económico, situación que persiste en la actualidad. Los países del Tercer Mundo se han convertido así en productores de materias primas a precio barato, en exportadores netos de capital hacia los países del Norte.
Según un informe de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE, 1992), en el periodo de 1982-1990 los países del Tercer
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Confróntese el debate entre ARCADI OLIVERES y XAVIER SALA I MARTÍN «Las dos orillas de la globalización». La Vanguardia, 1-07-2001. En su crítica al Banco Mundial, OLIVERES afirma que es necesaria "una democratización clara de la institución [porque …] tiene una especie de pecado original
al estar en manos de Estados Unidos. Se vota como en una sociedad anónima, según cuotas. Segundo, que la concesión de créditos no se vinculase a una especie de «bendición previa de buen comportamiento» por parte del FMI. Eso obliga a los países que pagan créditos a unas políticas de ajuste estructural que a menudo son perjudiciales y tienen un coste social elevado. Y en tercer lugar, que los proyectos financiados por el BM fuesen verdaderos proyectos de interés social y económico para el país en cuestión, no de interés para posibles inversores que quieren crear allí infraestructuras".
y recibieron 927.000 millones en concepto de financiamiento oficial, créditos para la exportación o movimientos privados. Para pagar a sus acreedores, estos países se vieron orillados a destruir su riqueza ecológica, talar bosques, contaminar sus aguas o permitir el cultivo y procesamiento de la coca para paliar de alguna manera la miseria de los campesinos o de los Estados. Como señala BOTEY (1995:5) “la deuda externa ha sido el instrumento
adecuado de cara y manos limpias para la nueva esclavitud, es el mecanismo de extracción de capitales que ha substituido las inversiones de la década de los setenta”20
El Fondo Monetario Internacional, al elaborar en este periodo las medidas de ajuste estructural, sólo consideró las causas internas del déficit de cada país (salarios, precios, política fiscal, gastos sociales, etc.) y no las condiciones externas (precios de las materias primas, dependencia tecnológica y financiera, etc.), ni los históricos (proceso de descolonización, propiedad de la tierra, analfabetismo, monocultivos impuestos, etc.) que han determinado la situación hasta nuestros días. El objetivo primordial era (y sigue siendo) pagar la deuda; pero para hacerlo se necesitan gobiernos fuertes y seguros al interior y dóciles respecto a las decisiones del FMI. La historia demuestra que estos requisitos no se han reunido.
A través de los años, y para aminorar las consecuencias de la deuda, se han elaborado diferentes proyectos que sólo han beneficiado a un pequeño grupo de países, en especial los considerados «amigos» de occidente, como México, Argentina o Brasil: el Plan Baker, el Plan Brady, etc. Sin embargo, en ellos se observa un escaso interés por atacar las raíces del problema. Hubo un tiempo en que los medios internacionales difundieron ideas triunfalistas pregonando sus supuestos resultados positivos en los países en que fueron aplicados, como el fin de la crisis o el paso al primer mundo, pero más tarde se hizo evidente su falsedad (BOTEY, 1999).
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La deuda del Tercer mundo y las alternativas para liberarle de este yugo en pos del desarrollo, continúan siendo tema de debate a nivel mundial en el nuevo siglo21. En mayo de 1999 se celebró en Madrid el Seminario “La Conversión de la Deuda: una inversión en Desarrollo Humano”, foro en el que se presentaron interesantes puntos de vista, como el de la ponencia de Jaime Atienza, en la que señala la paradoja de la deuda:
“Buena parte de las reducciones de la deuda se contabilizan como Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), pues así lo establece el organismo que compete – El Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE - y tras las decisiones de septiembre de 1999, dicha partida aumentará previsiblemente en muchos países donantes. Sin embargo, esto puede llevar a un aumento de la ayuda más aparente que real, pues buena parte de la reducción de la deuda es en realidad la puesta en valor deudas de dudoso cobro. Así, de estancarse –o reducirse- otras partidas de la AOD a costa de aumentar la correspondiente a condonación de la deuda, la situación de países fuertemente dependientes de la ayuda externa se deteriorará. Ello justifica la exigencia de adicionalidad en la condonación de la deuda respecto a la AOD. [...] En definitiva, es preciso incrementar el volumen de la ayuda, una reducción de magnitud mayor de la deuda, e introducir algunos cambios en las reglas del juego – en el campo comercial en particular -, así como al interior de algunos países" (ATIENZA, 1999: 2-3).