Y DE BIENES AMBIENTALES INTERNALIZACIÓN DE EXTERNALIDADES
III. 3 ¿Impuestos o normas cuantitativas?
III.7. La economía ambiental y la internalización de externalidades
Como hemos visto el análisis de la internalización monetaria de las externalidades toma habitualmente la forma siguiente en la teoría económica. Supongamos una empresa cualquiera, por ejemplo una empresa eléctrica que venda kilowatios-hora a un precio regulado. Esa empresa tiene unos costes marginales que suponemos crecientes, esto es, el incremento de los costes totales es cada vez mayor (ya que, por ejemplo, al incrementar la producción se debe pagar horas-extra de los trabajadores, a un salario mayor). Si representamos esta situación de la forma más simple (como en la Figura III.7.1), tenemos en el eje horizontal la producción de kilowatios-hora y en el eje verti- cal el precio y los costes marginales. Además, en el eje horizontal hemos dibujado también, en otra
escala distinta, la producción de dióxido de azufre (ya que podemos suponer que se trata de una central térmica que quema carbón); podríamos haber puesto producción de NOx y de CO2 también, o si fuera una central nuclear, producción de plutonio o de otros residuos radioactivos de larguísi- mas vidas. O podríamos haber puesto el ejemplo de una empresa forestal que produzca metros cúbicos de madera y simultáneamente destruya biodiversidad e influya negativamente sobre el ciclo del agua.
En la empresa en cuestión, la cantidad de producción que reporta la máxima ganancia empresarial privada (sin contar los costes ambientales o sociales), es aquella en la que se cruzan el coste mar- ginal y el ingreso marginal (es decir, el incremento de ingreso total al vender una unidad más de producción, esto es, en este ejemplo el precio del kilowatio-hora). Trasladando este resultado a la Figura III.7.2, dibujamos una línea de ganancias marginales que se hace igual a cero en el punto de máxima ganancia, OA. Ahora bien, como hemos indicado antes, esa empresa produce también SO2, es decir, produce externalidades que aparecen como perjuicios no medidos en el mercado. En la Figura III.7.2, temerariamente dibujamos (como en los textos de Economía Ambiental conven- cional) una línea que representa el coste externo marginal, traduciendo en unidades monetarias el perjuicio actual y futuro causado por el SO2 (y en su caso los NOx y el CO2, el plutonio u otras sustancias). Ese perjuicio es valorado en dinero, con valores actualizados en el caso que los daños (como realmente ocurre) se extiendan a varias generaciones.
Precio costo B O C o s t o s marginales Precio K w h K w h SO A 2
La economía ambiental discute dos temas, al llegar a este punto. El primero, cómo dar valores monetarios a esos costes externos, cómo se traduce el SO2 en dinero. Ahí intervienen técnicas co- mo son la valoración de contingencias (preguntando a los perjudicados sobre su disposición a pagar), u otras técnicas ingeniosas, ninguna de las cuales afronta satisfactoriamente la cuestión peliaguda de actualizar los daños futuros. El segundo tema es la política económica concreta, es decir, los instrumentos para llegar al óptimo social (Figura III.7.2), es decir, aquella producción donde se iguala la ganancia marginal privada y el coste externo marginal. Ahí, en el terreno de los instrumentos, cabe discutir sobre las respectivas virtudes de una negociación coasiana (una vez establecidos derechos de propiedad sobre el ambiente), o impuestos pigouvianos, o normas legales y multas. Pero naturalmente no hay que confundir la discusión sobre la efectividad comparada de esos instrumentos con la discusión de si es posible traducir a valores crematísticos actualizados los
impactos ambientales. Mi tesis es que, en general, la línea de coste externo marginal no puede ser dibujada, y sin embargo entiendo perfectamente que, una vez puesto un límite a las emisiones con- taminantes o a la producción desde fuera de la economía -límite determinado a partir de un debate científico-político-, la manera de hacer retroceder la contaminación a ese límite sea a través de instrumentos económicos como impuestos pigouvianos, transacciones coasianas, mercados de permisos de contaminación (que tal vez sean más eficaces, es decir consigan objetivos a menor coste, que el tratar de hacer cumplir esos límites mediante multas o cárcel).
Figura III.7.2. Precio c o s t o B O C o s t o s K w h S O A G a n a n c i a s m a r g i n a l e s O p t i m o social extern o s m a r g i n a l e s 2
Cuando se habla de ambientalismo de mercado (free market environmentalism) hay que distinguir entre dos cuestiones bien distintas: la de la valoración económico-crematística actualizada de las externalidades, y la de los instrumentos para lograr que la economía humana encaje dentro de los límites de los ecosistemas, teniendo bien presente además que el encaje de la economía humana dentro de los ecosistemas (o, si se quiere, la adaptación de la economía a los límites de unos eco- sistemas en constante evolución), no es una cuestión que pueda resolverse mediante una apelación al tribunal objetivo e imparcial de los científicos de la naturaleza o mediante la repetición ritual de la palabra sustentabilidad. Cómo se fijan tales límites, a los que se da nombres como capacidad de carga crítica (critical loads), qué indicadores físicos se seleccionan, qué cantidades de contaminan- tes se consideran tolerables, qué horizontes temporales y espaciales se tienen en cuenta, son pues cuestiones del más grande interés, sobre las que los economistas ambientales poco saben decir, no
sólo por incompetencia profesional en química ambiental u otros campos relevantes sino, sobre todo, porque intentan infructuosamente meterlas dentro del razonamiento económico convencional. Recapitulemos el argumento. La economía ambiental y de los recursos naturales parte del supuesto de que toda externalidad, toda aportación de un recurso o servicio ambiental no incluido en el mer- cado, puede sin embargo recibir una valoración monetaria convincente. Para alcanzar esa valora- ción, los economistas más neoliberales proponen, siguiendo a Coase, la atribución de derechos de
propiedad sobre recursos y servicios ambientales, confiando en que sus propietarios los intercam- bien a los precios idóneos; otros economistas, a veces más proclives a la intervención estatal, como David Pearce y Kerry Turner en su texto de economía ambiental, reconocen que el planteamiento coasiano es en muchas ocasiones inviable (como el propio Coase reconoció) y se limitan a propo- ner la evaluación monetaria de las externalidades, y en general de los recursos naturales y servicios ambientales, mediante diversas técnicas de simulación del mercado (valoración de contingencias, método del coste del viaje, etc.).
De esta forma, la lógica de la economía se extiende más allá del mercado, o mejor dicho, el merca- do queda ecológicamente ampliado. Una vez internalizadas las externalidades, es decir, una vez computados esos costos (o beneficios) ocultos e imputados a sus responsables económicos, triunfa otra vez la lógica del mercado. Ahora bien, los representantes de la Economía Ecológica (autores como Kapp, Georgescu-Roegen, Daly, Naredo) argumentamos contra la posibilidad de una inter-
nalización convincente de las externalidades, siendo uno de los argumentos principales el de la ausencia de las generaciones futuras en los mercados actuales, aún si esos mercados se amplían ecológicamente mediante simulaciones basadas en la disposición a pagar, y no en pagos realmente efectuados. Pensamos que, en el mejor de los casos, los agentes económicos actuales valoran de manera arbitraria los efectos irreversibles e inciertos de nuestras acciones de hoy sobre las genera- ciones futuras. Sin embargo, que dudemos de la posibilidad de internalización convincente de las externalidades, que defendamos la tesis de la inconmensurabilidad de los elementos de la econo- mía y por tanto que sostengamos que necesariamente la economía está imbricada en la sociedad y en la política, no significa que debamos estar en contra, en un plano práctico, de los impuestos sobre el uso de energías no renovables, o de los mercados de licencias de contaminación por SO2, como instrumentos que lleven a reducir los impactos negativos de la economía sobre la ecología. Pensamos que los límites o standards que se le pongan a la economía desde fuera del razonamiento económico, deber ser estudiados por los economistas ecológicos, según la epistemología política sugerida por Funtowicz y Ravetz.