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La valoración de contingencias

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Y DE BIENES AMBIENTALES INTERNALIZACIÓN DE EXTERNALIDADES

III. 3 ¿Impuestos o normas cuantitativas?

III.6. La valoración de contingencias

En algunas ocasiones puede ser interesante obtener el valor monetario que una población da a un bien ambiental o a una externalidad negativa, es decir, puede ser interesante averiguar su disposición a pagar (DAP) para obtener un bien ambiental o para evitar un perjuicio. Supongamos que una población arroja sus desechos y excrementos a un río, sin tratarlos previamente, y que la municipalidad propone construir un sistema de tratamiento de esos residuos que cuesta una cierta cantidad. Por ejemplo, la municipalidad plantea la construcción de un colector de aguas servidas para evitar que vayan directamente al río, y se pregunta a la población relevante (o a una muestra de ella) qué cantidad mensual estaría dispuesta a pagar por esa mejora ambiental.

Dejando de lado cuál sea la fuente concreta de financiación de ese sistema de saneamiento, puede resultar útil a la municipalidad contar con un estudio que indique cuánto estarían dispuestos a pa- gar los ciudadanos por él. Podemos interpretar que esta disposición a pagar (DAP) revela el costo social que los ciudadanos atribuyen al sistema actual de vertidos, es decir, la averiguación de la DAP es un método de valoración económica de una externalidad negativa. Podríamos usar tam- bién la DAAC (disposición a aceptar compensación), preguntando a quienes sufren un perjuicio en cuánto valoran la compensación necesaria para aceptarlo sin protestar. La DAP y la DAAC no suelen coincidir, siendo la DAP más baja.

Usar el método de la valoración de contingencias (o valoración contingente como a veces se le llama) no implica una adhesión incondicional al principio de la economía convencional, que el valor de las cosas (en mercados reales o ficticios) debe provenir exclusivamente de las preferencias individuales de la actual generación de humanos. Se trataría, simplemente, de dar argumentos de orden económico (o más exactamente crematístico) a la municipalidad, si los argumentos en otras escalas de valor (salud pública, estética) parecen insuficientes para justificar esa obra pública. Se procedería del modo siguiente. Se realizaría una encuesta a la población afectada, y como eso seguramente sería muy caro, se haría la encuesta solamente a una muestra de la población. Ahí intervienen las técnicas estadísticas habituales de selección de muestras. La situación física que se quiere corregir, o el bien ambiental que se quiere preservar, serían cuidadosamente descritos a los entrevistados y a continuación se les preguntaría, partiendo de unos valores mínimos (o de unos valores máximos, como en las subastas de pescado) cuál sería su DAP. Los encuestados expresarí- an su DAP a través de un vehículo concreto de pago (por ejemplo, un aumento de la tarifa del agua o un nuevo impuesto municipal). Naturalmente puede haber respuestas estratégicas -por ejemplo, si los entrevistados saben que realmente no pagarán pero que sus respuestas influirán en la deci- sión, pueden manifestar DAPs mayores que las reales. Además suele ocurrir que una buena parte de la muestra rehusa dar una respuesta. Es decir, no dan simplemente una respuesta cero sino que no contestan en absoluto. En nuestro ejemplo, quienes tienen una DAP cero piensan tan vez que ya pagan suficientes impuestos o que las ganancias de la compañía del agua son suficientes para fi- nanciar la obra, y quienes no quieren contestar nada, piensan quizá que las obras públicas deben decidirse a través de un debate público entre ciudadanos y no como consumidores en mercados ficticios.

Los resultados que se obtengan en la encuesta serán del tipo indicado en el Cuadro III.6.1, sacado de un caso práctico. En vez de la edad, como en el Cuadro III.6.1, podríamos cruzar los datos de DAP con otras variables: género, nivel de ingresos, nivel de educación formal, etc.

CUADRO III.6.1

Niveles de disposición a pagar según grupo de edad

($) TOTAL % 18-34 % 35-49 % 50 o+ % 0 114 30.9 14 17.9 28 24.3 72 40.9 1-100 19 5.1 5 6.4 5 4.3 9 5.1 101-200 38 10.3 6 7.7 12 10.4 20 11.4 201-300 20 5.4 4 5.1 9 7.8 7 4.0 301-400 9 2.4 1 1.3 4 3.5 4 2.3 401-500 82 22.2 19 24.4 29 25.2 34 19.3 501-1000 67 18.2 20 25.6 23 20.0 24 13.6 101-2000 16 4.3 7 9.0 3 2.6 6 3.4 más de 2000 4 1.1 2 2.6 2 1.7 0 0.0 DAP Med ($) 427 652 474 305 TOTALES 369 78 115 176

FUENTE: J. Fuentes, M. A. Quiroga, F. Sepúlveda, Estimación de la disposición a pagar por descontaminación del

río Bío-Bío. Seminario de Valoración y Contabilidad Nacional de Recursos Naturales y Ambientales,

CECOR, Univ. de Concepción, Chile, 25-26 agosto 1994.

Teniendo buena información sobre las diversas características de la población y eliminando, como suele hacerse, las respuestas de quienes no quieren contestar o dan respuestas aberrantes, podemos llegar a estimar un DAP promedio ($ 427 en el Cuadro III.6.1) con los niveles de confianza esta- dística habituales en tales casos, y además podemos ajustar una ecuación de regresión múltiple que explique cómo la variación de la DAP depende (o no depende) de la edad, género, nivel de ingre- sos, nivel de educación, etc.

Por ejemplo, la DAP de los más ricos será mayor que la de los más pobres, pero, ¿es la elasticidad- ingreso mayor que la unidad? Seguramente eso va a depender del tipo de bien ambiental o de ex- ternalidad negativa de que se trate. Para obtener agua potable (que los ricos ya se procuran de otras maneras) tal vez la DAP de los pobres sea sorprendentemente grande. En cambio, para seguir go- zando de un bello paisaje y evitar que sea destruido, tal vez la DAP de los ricos sea mayor no sólo en términos absolutos sino proporcionales. Las valoraciones de contingencias pueden pues propor- cionar interesantes datos para la sociología ambiental. Además, explicar econométricamente las relaciones entre las diversas variables (edad, nivel de ingresos,...) y la DAP no tiene solamente interés sociológico sino que puede ayudar a diseñar el sistema de financiación de una manera que minimice las protestas sociales, al apoyarse en las preferencias existentes.

En el ejemplo que usamos, puede suponerse que la población entrevistada conoce el problema y entiende la solución técnica. Pero eso no sucede en muchos casos. Por ejemplo, no tiene sentido y

es más bien un abuso de confianza preguntar a la población sobre su DAP respecto de los métodos seguros de tratamiento de residuos radioactivos o por su DAP para que se conserve el bosque ama- zónico. En esos casos se trata de contingencias futuras que no deben valorarse únicamente según las preferencias actuales. Y además estas preferencias actuales no están bien informadas.

Cuánto menor sea la incidencia futura y más circunscrita esté la elección entre alternativas, más plausible resulta confiar en la DAP como método de valoración de externalidades negativas o de bienes ambientales. Por ejemplo, pensemos en una municipalidad que se cree en la necesidad (co- mo Barcelona antes de los Juegos Olímpicos de 1992) de crear una red de autopistas urbanas para acomodar y facilitar el creciente tráfico de automóviles, y que se ve en la alternativa de hacer discu- rrir esas autopistas por la superficie en zonas urbanas muy pobladas (lo que es relativamente barato pero ruidoso y molesto) o por nuevos túneles en el subsuelo (lo que resulta más caro, en términos crematísticos). Frente a las propuestas populares y para justificar la decisión de enterrar algunos tramos de la autopista, el gobierno municipal quiso estimar los costos sociales y ambientales de las autopistas que discurren por la superficie. Podría haber recurrido a dos métodos de valoración:

Precios hedónicos, como se les llama, es decir, estimar la reducción en los precios de las viviendas en algunas zonas de la ciudad a causa del mayor ruido y molestias, extrapolar esos resultados, y contar ese descenso de valor como costos. Ese método no hubiera sido muy concluyente debido al alza general de precios de la vivienda en Barcelona en el boom de 1986 a 1992.

Valoración de contingencias, preguntando sobre la DAP de una muestra de población afectada. Así se hizo, obteniendo valores suficientes para justificar económicamente la decisión de enterrar esos tramos de autopista.

Empero, el propio modelo de transporte en Barcelona, es decir, el destinar mucha más inversión pública al transporte en automóvil privado que en transporte público, que es realmente el tema de fondo, no estuvo en discusión.

Con estos dos ejemplos de valoración de contingencias se ha querido mostrar los usos plausibles de ese método de valoración, que se ha empleado también en casos tan famosos como la determi- nación de daños por el derrame de petróleo de Exxon Valdez en Alaska en 1989. Una cuestión importante es cuál es la población que se considera afectada. ¿Son afectados únicamente los direc- tamente perjudicados (o beneficiados) en sus valores de uso inmediatos?

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