Evolución del número de matrimonios
3. LA EVOLUCIÓN DEL CAPITAL HUMANO (NIVELES EDUCATIVOS)
La educación es, sin duda alguna, en tanto que determinante del capital humano de una sociedad, motor del desarrollo, pero también es al par su consecuencia, esto es desencadenante y fin de un círculo vicioso.
En este sentido el cambio operado en Extremadura, siendo importante por la mejora en la cualificación de su población, obviamente ha sido insuficiente para una plena convergencia con el conjunto del país. Hay que tener en cuenta de dónde se partía. En 1979, un reportaje del diario El País llevaba por título “Extremadura: del analfabetismo crónico a la miseria de las escuelas
rurales”. El subtítulo no era más esperanzador: “Muchos niños extremeños alternan la escuela con las labores campesinas”54
. El Censo de Población de 1981 presentaba una tasa de analfabetismo
en la región que casi doblaba la nacional: el 11,72% de la población extremeña declaraba serlo, frente al 6,34 de media nacional. En Cataluña, la tasa se reducía a un 4,98%, en Madrid a un 3,4%, y en el País Vasco al 1,92.
Si tenemos en cuenta que, al contrario de lo que suele pensarse, la situación a en el siglo XIX y todavía principios del siglo XX era radicalmente distinta55
, debemos plantearnos qué pudo ocurrir para que en 1979 se pintase un cuadro tan dramático de la educación extremeña. Por su- puesto que las tasas de analfabetismo vinieron cayendo abruptamente, a lo largo del siglo XX, en Extremadura como en el conjunto nacional. Sin embargo, en 1887 la tasa de analfabetismo en Extremadura era apenas un 9% superior a la media nacional; en 2008, aunque nos movemos ya en tasas muy bajas, la diferencia sin embargo era nada menos que de un 118% superior.
¿Qué ha ocurrido? Que durante buena parte del siglo XX la región fue descapitalizada. La focalización de los planes de desarrollo hacia las zonas de costa (muy especialmente hacia Cataluña y País Vasco) y Madrid supuso una ruptura con las tendencias de modernización de la región. Una de sus consecuencias más directas fue la diáspora a la que hemos hecho referencia: cientos de miles de extremeños, precisamente buena parte de aquellos que estaban en edad de trabajar, por tanto las generaciones más jóvenes y escolarizadas, marcharon a otras regiones y países, a engrosar su fuerza de trabajo. El siguiente gráfico, que recoge un indicador básico del capital humano, como es la media de años de escolarización, expresado en porcentaje respecto de la media nacional (100) expresa muy bien la situación, y nos introduce en los cambios operados en los últimos treinta años.
54 Diario EL PAIS, 1 de abril de 1979 (versión on line)
55 En 1855 el número de escuelas y alumnos por cada 1000 habitantes era en Extremadura superior al de Cataluña o Madrid, y estaba plenamente promediado con la media nacional; y en 1910 la tasa de escolarización de la población de entre 6 y 12 años era superior a la media nacional.
Podemos ver cómo entre 1960 y 1970 hay una leve convergencia con la media nacional, si bien Extremadura está ya en la última posición, con apenas un 85% de la media nacional. Sin
región del ranking (Castilla la Mancha), si bien en los últimos años ha vuelto a situarse en último lugar. No en vano, la comunidad inauguraba su participación en la prueba de evaluación de niveles académicos conocida como PISA (Program for International Student Assessment), apadrinada por la OCDE, ocupando la última posición entre las CCAA españolas56. Una evaluación muy criticada
por los expertos (Martinez, 2009), en tanto en utiliza como indicador de la calidad de un sistema, cuando lo que refleja en España casi con exactitud es el nivel socioeconómico de los alumnos, algo que, al analizar los resultados escolares, se puso ya de manifiesto para el caso extremeño en el marco del debate educativo sobre la Educación Infantil y Primaria (Baigorri, 2006: 121)
Pero si buena parte del siglo XX ha sido terrible para Extremadura en lo que a su capital humano se refiere (sobre todo si tenemos en cuenta que el informe PISA sitúa a la región en el úl- timo lugar entre las autonomías españolas, pero en 1860 las tasas de analfabetismo de Extremadura eran inferiores a las Andalucía, Aragón, Baleares, Galicia y Murcia, estando sólo ligeramente por debajo de la media nacional), es evidente que el Estado de las Autonomías, y el consiguiente régi- men de autogobierno de Extremadura, ha permitido paliar siquiera en parte este enorme hándicap construido desde el centro político, administrativo y económico de la nación.
56 Los resultados, en base a las pruebas realizadas a los estudiantes de 15 años, sitúan a Extremadura en el último lugar de un país que a su vez está por debajo de la media de los 65 países que participan. Extremadura no se había incorporado hasta el año 2013 a la evaluación, obteniendo los alumnos extremeños la peor nota del país en matemáticas (461 puntos frente a los 517 de Navarra) y Lectura (457 puntos frente a los 511 de Madrid). Tan sólo en ciencias hay otra región con peores resultados, Murcia (con 479, mientras que Extremaduras comparte con Baleares el penúltimo lugar con 483 puntos). Todas las puntuaciones están por debajo de la media nacional, y lógicamente aún más lejos de la media de la OCDE (494 en matemáticas, 496 en comprensión lectora, y 501 en ciencias).
Así, el gráfico siguiente nos ilustra sobre algunos de los cambios que se han producido en los últimos treinta años en el ámbito educativo. Cambios que son muy notables en lo cuantitativo, desde el momento en que se ha pasado de menos de 40.000 estudiantes de secundaria en 1982, a casi 79.000 en 201157
; y de 8900 estudiantes universitarios a 24.000.
Pero son más importantes en términos cualitativos. Basta observar cómo en 1982, salvo en lo que se refiere a los estudiantes de diplomaturas (el nivel más bajo en la Universidad en aquellas época), el peso de los estudiantes extremeños sobre el total nacional estaba muy por debajo del peso de la población de la región. Es especialmente significativo que mientras la población extre- meña era un 2,82% de la de España, el número de estudiantes extremeños en facultades suponía el 0.90%; sin embargo en la actualidad, con un 2.36% de la población, los estudiantes de los ni- veles universitarios más elevados son un 1,37%58
. Bajos todavía, por supuesto (los estudiantes de doctorado apenas suponen un 0,68% del conjunto del país), pero sin duda mucho mejores que los 30 años atrás. Siendo aún más significativo que, pese a las carencias que indicadores como PISA pon en aún de manifiesto en el diferencial de desarrollo de la región, sin embargo el porcentaje de extremeños del conjunto de quienes terminan el bachillerato en España es (2,66%) ligeramente superior al porcentaje que supone la población extremeña de jóvenes (2,53%).
Ese cambio, de hecho, así es percibido por los principales actores del sistema educativo, las familias. Ya en 1995, una encuesta del CIS sobre la situación social de la región ponía de mani- fiesto que un 70,9% de la población consideraba que la Educación había mejorado en los cuatro años previos (CIS, 1995). Una década más tarde, según las encuestas realizadas en 2006 en el marco del Debate Educativo, un 56,7% consideraba que la enseñanza en los colegios extremeños, en conjunto, era buena o muy buena, frente a sólo un 4,3% que la consideraba mala o muy mala, y siendo regular para un 37,4% de los encuestados (Baigorri, 2006:130). En 2011, cinco años más tarde, y según la Encuesta Postelectoral de las Elecciones Autonómicas del CIS, aún después de haberse producido una serie derrota electoral el conjunto de la población extremeña consideraba que la política educativa del gobierno saliente había sido buena o muy buena en un 44,3%, regular en un 34% y mala o muy mala sólo en un 12,7% (CIS, 2011). En suma, se han producido grandes cambios estructurales que han mejorado la situación del capital humano de la región. Pero esos cambios no han sido suficientes para hacerlo converger al 100% con la media nacional. De hecho, el grado de valoración positiva en la evolución del sistema educativo, siendo mayoritario, viene reduciéndose sistemáticamente.