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RETROCESO Y QUIEBRA DEL CRECIMIENTO NATURAL

Treinta años de estancamiento poblacional y debilitamiento demográfico

3. RETROCESO Y QUIEBRA DEL CRECIMIENTO NATURAL

En la primera mitad de los años ochenta, la Natalidad extremeña presentaba una tasa del 13,6‰, que resultaba ser ligeramente superior a la media nacional (13‰), algo inferior a la al- canzada en el quinquenio final de los setenta (14,8‰) y muy alejada de las cotas del 23‰ que se habían llegado a superar veinte años atrás. Desde 1981, el volumen anual de nacimientos no ha dejado de reducirse de forma sustantiva desde los 15.501 de aquel año y los 9.938 de 2011. Fue en 1997 cuando la cifra total de nacidos acabó situándose por debajo del total de defunciones, provocando con ello un balance natural de signo negativo cuyas nefastas consecuencias sobre la

tasas anuales, la natalidad extremeña ha seguido despeñándose hasta niveles del 9,2‰ en 2011 y del 8,6‰ en 2012, en tanto que los valores medios nacionales, también muy bajos, han logrado mantenerse en un 10‰.

Esta caída continuada de la natalidad no sólo debe relacionarse con la escasez de mujeres en edad fértil, un mal endémico que arrastra la demografía regional desde la intensa emigración de los años sesenta y setenta, sino también con las nuevas pautas de fecundidad que comenzaron a caracterizar a este colectivo justamente desde la primeramitad de los años ochenta. Según datos de 1981, Extremadura presentaba una Tasa de Fecundidad del 65,4‰ y se situaba discretamente por encima de una media nacional del 59,7‰. Como es lógico, esta circunstancia se reflejaba en la existencia de un Índice Sintético de Fecundidad de 2,37 hijos por mujer para el caso de Extremadura y de 2,04 hijos por mujer para la media nacional.

Figura 2. Evolución de los nacimientos y las defunciones en Extremadura

FUENTE: INE (Elaboración propia)

Según estos índices, en la región aún se superaba el valor de 2,1 hijos necesarios para garantizar el relevo generacional, cosa que no ocurría en el conjunto español donde justamente a partir de este año de referencia, dejó de quedar garantizado dicho relevo. Pese al negativo im- pacto que había tenido la emigración de los años sesenta y setenta sobre la natalidad regional, la fecundidad parecía mantenerse al margen de las nuevas tendencias que ya se afianzaban en el conjunto del país. El comportamiento de los extremeños ante la procreación parecía seguir con- servando rasgos propios de etapas anteriores, aunque en realidad se estaban produciendo cambios de innegable significado sociodemográfico: en sólo 10 años, desde 1975 a 1984, la proporción de nacidos de madres con edades comprendidas entre 15 y 19 años paso de un 3,2% a un 10,7%, y los de madres de entre 20 y 24 años pasaron de un 22,9% a un 33,2%. Por el contrario, se redujo de manera sensible el contingente de nacidos de madres mayores de 25 años. En definitiva, pues, el retraso en la caída de la fecundidad extremeña en relación con el conjunto de España se debía a un rejuvenecimiento de la maternidad que indudablemente hay que relacionar con el

nuevo ambiente de libertad que se respiraba tras la caída de la Dictadura y con la escasa educación sexual de jóvenes y adolescentes.

Figura 3. Evolución de la natalidad en España y Extremadura

FUENTE: INE (Elaboración propia)

Es probable que muchos de los niños nacidos de madres adolescentes fueran el fruto de em- barazos no deseados, tal como lo indica la corrección de este rejuvenecimiento de la maternidad tras la legalización del aborto. Sea como fuere, a principios de los ochenta, la fecundidad y la natalidad regionales aún se mantenían en niveles superiores a las medias nacionales.

Algunos años después, el panorama habría de cambiar significativamente. En las postri- merías del siglo XX, tanto la fecundidad como la natalidad extremeñas cayeron hasta situarse por debajo de las medias nacionales y así se mantienen casi quince años después.

En 2010 la Tasa de Fecundidad extremeña se situaba en un 37,3‰, muy lejos de la media nacional del 42,4‰ y a enorme distancia de aquellos valores que otrora confirieran a Extremadura y a otras regiones rurales de España, la condición de reservorio de la fecundidad nacional. Sin duda, eran otros tiempos; en la actualidad, y como en el resto del país, la mujer extremeña es me- nos proclive a contraer matrimonio y, cuando se casa, lo hace a mayor edad; como consecuencia, en parte, de este retraso, también accede más tarde a la maternidad y, en parte también por esto, tiene cada vez menos hijos.

Efectivamente, según datos de 1981, la Tasa de Nupcialidad regional fue de un 5,9‰ con lo que se situaba ligeramente por encima de la media española (5,3‰). En 2010, por el contrario, la Nupcialidad extremeña se situó en un 4,1‰, habiendo caído por debajo de media española del 4,4‰, circunstancia ésta que unida a la menor representatividad de la fecundidad extramatrimonial en nuestra región (31,1 %, frente al 35,5 % nacional) explica en parte la caída de la natalidad que se viene comentando.

se situaba en los 25,4 años (26,5 años en el caso de los hombres y 24,2 años en el de las mujeres. En 1990 la edad media de acceso al matrimonio se retrasó hasta los 26,5 años (27,7 años para los hombres y 25,2 para las mujeres). Dos décadas después, la edad de los contrayentes ha ascen- dido hasta los 32,6 años, siendo de 34 para los hombres y de 31,2 para las mujeres. No son pocas las razones que podrían esgrimirse para justificar este comportamiento, desde el precio de la vivienda a la precariedad laboral o el desempleo, hasta la creciente incorporación de la mujer al mundo laboral, sin olvidar la ampliación del período de formación tanto para los hombres como, especialmente, para las mujeres. Lo cierto es, en todo caso, que esta circunstancia repercute di- rectamente en un retroceso de la fecundidad por cuanto que conduce a un retraso subsiguiente de la edad de acceso a la maternidad.

Siguiendo con datos de 2010, la edad media de acceso a la primera maternidad se localizó en los 29,65 años, muy cerca de los 29,83 años de la media nacional, con la que se equipara si se toma como referencia la edad media a la maternidad, en cuyo caso ambas se sitúan en 31,2 años.

No es de extrañar, en consecuencia, el retroceso ya comentado de la fecundidad y, por tan- to, que el número medio de hijos por mujer haya descendido hasta 1,31, por debajo incluso de la media nacional de 1,38, y después de haber remontado desde niveles próximos a los 1,2 hijos por mujer registrados a comienzos del presente siglo. La menor incidencia de la inmigración extranjera en nuestra región, explica también esta menor recuperación experimentada por el Índice Especí- fico de Fecundidad, de la misma manera que justifica que la Tasa de Maternidad, con 184,9 niños menores de cinco años por cada 1.000 mujeres en edad fértil, se sitúe a considerable distancia de los 199,9 que arroja la media nacional.

Tabla 2. Indicadores Demográficos Extremadura y España (2010)

Indicadores Extremadura España

Tasa de Natalidad 9,1 10,8

Tasa de Fecundidad 37,3 42,4

Nº medio de hijos por mujer 1,31 1,38

Tasa de Maternidad 184,9 199,9

Edad acceso 1ª maternidad 29,7 29,8

Edad media maternidad 31,2 31,2

Tasa de Nupcialidad 4,1 4,4

Edad acceso al matrimonio 32,6 34,1

Tasa de Mortalidad 9,8 8,4

Crecimiento Natural -0,7 2,4

Tasa de Mortalidad Infantil 3,7 3,2

Esperanza de vida al nacer 81,0 82

INE: Indicadores Demográficos Básicos

Este diferencial con respecto a los valores medios nacionales se ve agudizado por la exis- tencia de una mortalidad que, tras descender considerablemente en la primera mitad del siglo XX,

modificó su tendencia hasta desembocar en una tasa del 9,8 por 1.000 en 2010, alejándose, si bien discretamente, del 8,4 por 1.000 de la tasa nacional.

El impacto provocado por la sangría emigratoria de los años sesenta sobre la estructura demográfica, determinó el surgimiento de un proceso de envejecimiento demográfico que no ha dejado de escalar posiciones hasta situarse en 2011 en una cota del 133,2 %, frente a una media nacional del 115,4 %. Este es el principal motivo de la superior mortalidad regional y ello, a pesar de que la esperanza de vida al nacimiento no ha dejado de incrementarse año tras año siguiendo la estela de los valores medios nacionales.

En 1990, la esperanza media de vida al nacer se situaba en 76,8 años (73,5 para los hombres y 80,3 para las mujeres). Veinte años después, la esperanza de vida se prolonga hasta los 81 años de media, situándose en 78 años para los hombres y 84,1 para las mujeres, lo que indica una ligera atenuación del diferencial por sexos que debe relacionarse con la creciente similitud de los hábitos de vida de hombres y mujeres.

Poco han cambiado, en las últimas décadas, las principales causas de mortalidad. Pese a todo, el aumento de la esperanza de vida se inscribe en un contexto general de mejora de las condiciones de vida, del desempeño de trabajos que requieren cada vez menor esfuerzo físico, de progreso en la alimentación, la higiene y la sanidad y, cómo no, de la asunción de hábitos de vida más saludables por parte de sectores cada vez más amplios de la sociedad. Así lo demuestra la caída de la Tasa de Mortalidad Infantil, que ha experimentado una acusada reducción desde el 6,1 por 1.000 del quinquenio 1991-95 hasta el 3,7 por 1.000 de 2006-10.

En cualquier caso, estos signos positivos de la demografía regional se ven empañados por el comportamiento de la mortalidad ordinaria y, de manera muy especial, por el retroceso de la natalidad, principal responsable de la quiebra de un crecimiento natural que viene arrojando valo- res negativos desde comienzos de la presente centuria. Lejos han quedado los tiempos en que el crecimiento natural extremeño, con valores superiores al nacional, animaba un ritmo de aumento poblacional sin precedentes en la historia demográfica extremeña. Eran los años cincuenta y, en realidad, aquella situación sólo sirvió para abonar un terreno cuajado de condiciones propicias para alimentar la corriente emigratoria que habría de desencadenarse poco tiempo después. Y fue este éxodo masivo de los extremeños el que marcó el inicio de un declive vegetativo al que, desde entonces, han contribuido otras circunstancia que, de manera conjunta, han conducido inexorable- mente hacia unos valores negativos y, en consecuencia, muy inferiores a la media nacional. Co- rren malos tiempos para la demografía extremeña. Y no sólo por la realidad que reflejan los datos medios regionales que han venido comentándose hasta el momento, sino porque tras ello queda enmascarada una realidad territorial aún menos favorable.

Efectivamente, aunque el esquema descrito se repite sin variación alguna en las dos provin- cias extremeñas, el resultado final es bien distinto en una y otra. En el contexto regional, Badajoz manifiesta un dinamismo demográfico que contrasta con los niveles de debilidad que caracterizan a la provincia cacereña. Y no sólo por la diferente representatividad poblacional de una y otra (en la provincia pacense reside el 62,6 % de la población regional), sino también y sobre todo por el mayor deterioro que sufren las variables vegetativas.

Continuando con el hilo argumental que se ha utilizado para el conjunto regional, se partirá del análisis de la natalidad, pudiéndose comprobar que la provincia de Cáceres presentó en 2010

mayores de 65 años por cada cien niños menores de 15, y evidencia la existencia de un mal de fondo que, a su vez, genera una escasez de población femenina en edad fértil (24 % de la población total) y, por ende, menores posibilidades de lograr siquiera un mantenimiento del volumen de naci- mientos. Pero es que, además, la provincia de Cáceres muestra unos indicadores demográficos que también juegan en contra de dichas posibilidades, ya que denotan la existencia de un contexto más debilitado que el existente a escala regional. Es cierto que, como en aquel caso, se ha producido una disminución de la nupcialidad, un retraso en la edad de acceso al matrimonio, una maternidad más tardía y, en consecuencia, un descenso de la fecundidad general y una disminución del Índice Específico de Fecundidad. También es cierto, no obstante, que en esta provincia tales circunstan- cias revisten mayor gravedad. De este modo, la Tasa de Nupcialidad es la más baja de la región, con tan sólo un valor del 2,8 por 1.000, de igual modo que la edad de acceso al matrimonio es la más elevada, al producirse a una edad media de 33,2 años. Como es lógico, ambas circunstancias determinan un acceso a la maternidad ligeramente más tardío que a nivel regional, tanto en el caso de la edad media a la maternidad como en el correspondiente a la primera maternidad. No es de extrañar, en consecuencia, que la Tasa de Fecundidad se localice en niveles inferiores a la media nacional y regional, y que el número medio de hijos por mujer sea igualmente inferior a los de dichas escalas.

Tabla 3. Indicadores Demográficos Badajoz, Cáceres y Extremadura

(2010)

Indicadores Badajoz Cáceres Extremadura

Tasa de Natalidad 9,8 8,0 9,1

Tasa de Fecundidad 39,8 34,8 37,3

Nº medio de hijos por mujer 1,38 1,19 1,31

Tasa de Maternidad 207,3 173,9 184,9

Edad acceso 1ª maternidad 29,6 29,8 29,7

Edad media maternidad 31,2 31,3 31,2

Tasa de Nupcialidad 3,9 2,8 4,1

Edad acceso al matrimonio 32,3 33,2 32,6

Tasa de Mortalidad 9,6 10,0 9,8

Crecimiento Natural 0,2 -2,0 -0,7

Tasa de Mortalidad Infantil 3,5 3,9 3,7

Esperanza de vida al nacer 80,6 81,6 81,0 INE: Indicadores Demográficos Básicos

La Tasa Bruta de Mortalidad, por su parte, ha escalado hasta valores del 10 por 1.000, y la de Mortalidad Infantil se ha situado en un 3,9 por 1.000, siendo en ambos casos más elevadas que las correspondientes al conjunto regional.

La confluencia de estos comportamientos contrarios de la natalidad y la mortalidad, han desembocado en la existencia de un Crecimiento Natural del -2,0 %, reflejando de manera indis- cutible ese superior deterioro demográfico al que se viene haciendo referencia.

Uno de los factores explicativos de esta situación se encuentra en el predominio de peque- ños municipios que caracteriza el poblamiento de la provincia cacereña. De los 221 municipios existentes en 2011, el 84,6 % (187 municipios) tienen menos de dos mil habitantes y sólo reúnen al 30,3 % de la población provincial. Por el contrario, sólo cinco municipios (2,3 %) cuentan con más de 10.000 habitantes, y en ellos residen 177.088 habitantes, es decir, el 42,6 % de la población de la provincia. Tales guarismos indican un nivel de ruralidad y dispersión poblacional proclive a la debilidad demográfica apuntada. Los pequeños municipios rurales han sufrido el embate de la emigración con mayor intensidad y contundencia que los de mayor tamaño y, por tal motivo, las secuelas revisten mayor gravedad y son más persistentes. La existencia de Índices de Enve- jecimiento que sobrepasan con creces valores del 250 %, es suficiente para entender las escasas posibilidades de recuperación poblacional en unos municipios donde un nacimiento se convierte en un acontecimiento social y la muerte en una tediosa rutina. Si a ello se añade la persistencia de un flujo emigratorio que sigue erosionando en diezmado contingente juvenil, es fácil comprender la situación demográfica de gran parte del territorio provincial y columbrar el futuro demográfico que aguarda a estos espacios rurales y, con ellos, a la mayor parte de la provincia de Cáceres.

La de Badajoz, por el contrario, responde a un esquema de poblamiento parcialmente distin- to, pues son más cuantiosos los municipios grandes y es mayor el nivel de concentración poblacio- nal en los núcleos con tamaño superior a los 10.000 habitantes. El tamaño medio de los municipios pacenses se sitúa en 4.130 habitantes, mientras que el de los cacereños lo hace en 1.880. Cabe añadir, a este respecto, que la provincia pacense sólo cuenta con 52 municipios con menos de mil habitantes, prácticamente la tercera parte de Cáceres, y que en ellos sólo se concentra el 4,3 % de la población provincial; por el contrario, dispone de nueve municipios que, con más de diez mil habitantes, consiguen aglutinar al 52,5 % de los residentes en la provincia. Indudablemente, este superior nivel de concentración poblacional en municipios grandes, conforma una base sobre la que se asienta una demografía más sólida que la descrita para el caso cacereño y con unos rasgos de debilidad menos acusados que en el conjunto regional. Cabe significar, en este sentido, la exis- tencia de una Tasa de Natalidad del 9,8 por 1.000, superior en casi dos puntos a la de la provincia de Cáceres y a sólo uno de la media española. Esta superior natalidad se corresponde con una Tasa de Fecundidad próxima al 40 por 1.000 que destaca tanto sobre la media regional como, especial- mente, sobre la de Cáceres, y que se concreta en un índice de 1,38 hijos por mujer, igualando el Índice Específico de Fecundidad correspondiente al conjunto del país.

No es significativa la diferencia existente entre las dos provincias extremeñas en lo concer- niente a la edad de acceso a la maternidad. Los valores son muy similares, denotando con ello la definitiva consolidación de unas pautas de comportamiento que, importadas desde los medios ur- banos, han conseguido propagarse y afianzarse en el conjunto de la región y, en realidad, en el con- junto del país, a pesar de los contrastes sociales, económicos y culturales que continúan existiendo. Y otro tanto cabe decir en relación con la nupcialidad, pues también en este caso se hace patente el descenso que se ha producido en el número de matrimonios y la mayor edad de los con- trayentes, como corresponde a un contexto social definido por unas condiciones y unos proyectos vitales diferentes a los de hace tan sólo unas pocas décadas.

No escapa la provincia de Badajoz a un proceso de envejecimiento demográfico que afecta, de modo general, al conjunto de la región. No obstante, el índice correspondiente se sitúa en un 117,7 %, por lo que refleja una incidencia menor del fenómeno que en el conjunto regional (133,2

un 0,2 por 1.000, logra escapar de los valores negativos. No es suficiente, sin embargo, para que la dinámica vegetativa de la provincia pacense pueda valorarse desde perspectivas excesivamente optimistas. Los rasgos estructurales que muestra la población de esta provincia, como la del con- junto de Extremadura, sólo permiten vislumbrar un futuro con más sombras que las luces.