• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO II: EL NUEVO MUNDO EN LOS MAPAS

B. La Geographia de Ptolomeo y su influencia

Publicada por primera vez en 1524, la Cosmographia de Apiano es parte de un rico repertorio de publicaciones que, desde Alemania, daban cuenta de un encuentro entre el conocimiento tradicional heredado de la antigüedad y un nuevo saber que se ampliaba junto al horizonte geográfico gracias a la experiencia de los navegantes y la investigación. Las abundantes reediciones y la traducción a distintos idiomas de estos trabajos, reflejan cómo se propagó el conocimiento en la medida en que el siglo avanzaba y el interés o curiosidad por la nueva imagen del mundo crecía entre los habitantes del viejo continente.

Nos interesa saber cómo y de dónde llegó a Pedro Apiano el conocimiento antiguo que aflora en su la obra. En las primeras páginas del libro, al definir geographia y corographia el autor cita al geógrafo griego Claudio Ptolomeo y al alemán Ioannis Verneri, quien había sido profesor de Apiano y en el año 1514 había publicado en Nuremberg sus comentarios al primero de los ocho libros (capítulos) que integran la Geographia de Ptolomeo, en un trabajo titulado In eundem primum liberum geographiae Cl. Ptolomaei argumenta, paraphrase. quibus idem liber per sententias ac summatim explicatur, et annotationes.

Distintos autores coinciden en la importancia que tuvo la recuperación de las ideas cartográficas de Claudio Ptolomeo para la cosmografía renacentista; Antonio Sánchez Martínez cuenta que

su Geographia fue una de las muchas obras antiguas que viajaron por lugares y culturas

el texto manuscrito habría sido descubierto alrededor del año 1300 por un monje bizantino llamado Maximos Plenudes e introducido en Italia por Emmanuel Chrysoloras (c. 1350- 1415), quien en torno al año 1400 trabajaba como profesor de griego para un grupo reducido de clasicistas pertenecientes a la élite florentina y que junto a algunos alumnos aventajados tradujo al latín esta obra, la cual luego, con la llegada de la imprenta, sería reeditada una y otra vez a lo largo de los siglos XV y XVI. Según Antonio Sánchez:

Fue un texto conocido en el mundo árabe, aunque pasó casi desapercibido en la Edad Media cristiana. Con o sin mapas, décadas antes de su impresión, la Geographia

circuló por Europa en copias manuscritas llegando incluso a los monasterios del sur de Alemania alrededor de 1427, donde sus principios matemáticos adaptados a la representación en plano de la tierra fueron considerados apropiados para el trazado de extensas áreas de Europa central. (394)

La Geographia de Ptolomeo resurgió como un completo y útil manual de cartógrafo en el

que se especificaba la necesidad de obtener precisas medidas astronómicas y hacer ejercicios matemáticos correctos, también se describía el método para hacer globos terráqueos y para proyectar mapas sobre una superficie plana. Tal herencia alejandrina hubo de ser leída, aceptada y dominada en absoluto por los estudiosos antes de ser complementada y superada. Incorporar los nuevos descubrimientos geográficos, en una obra de tanto peso, implicó contradecir en parte las ideas que durante siglos habían sido defendidas como ciertas por las más altas autoridades académicas, y esta tarea solo pudo ser asumida por círculos de alto nivel científico de los cuales claramente tanto Apiano como Waldseemüller formaban parte. C. América en los mapas de Waldseemüller, Apiano y Frisius

Siguiendo los principios de Claudio Ptolomeo, Martin Waldseemüller elaboró su monumental mapa universal. Con una dimensión de 128 x 233 centímetros, se grabó en 12 planchas

de madera y se reprodujeron 1000 ejemplares, de los cuales solo uno se conserva hasta nuestros días en la biblioteca del Congreso de Washington. Este mapa, como hemos dicho, fue publicado junto a LaCosmographia e introductio, que estaba compuesta por una primera parte dedicada a la revisión de los planteamientos de Ptolomeo y un apéndice con el relato de los viajes de Américo Vespucio. Al interior de la obra, el autor da cuenta de los nuevos descubrimientos geográficos del siguiente modo:

Ahora estas partes [es decir, Europa, Asia y África] han sido más ampliamente exploradas y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo Vespucio (como se dirá adelante). Y no veo que haya alguien que razonablemente se oponga a que por ello la designe Amerige, tierra de Américo y América, derivando su nombre de Américo su descubridor, hombre de ingenio sagaz, ya que además Europa y Asia recibieron sus nombres de mujeres. […]

De este modo consta que la Tierra se divide en cuatro partes. Las tres primeras son continentes; la cuarta es una isla, ya que se sabe que está rodeada completamente por mar. (Kohut 41)

Para el observador del siglo XVI estar frente a la representación cartográfica de Waldseemüller debió ser un espectáculo sorprendente, al enfrentarse a la magnitud de aquella imagen, de pronto se era testigo del engrandecimiento de la superficie terrestre. La imagen ha sido descrita por Dietrich Briesemeister del siguiente modo:

El mapa universal de Waldseemüller se construye como una imagen dentro de una imagen (o mapa dentro del mapa). Una orla figurativa encabeza la parte superior. Retratos de medio cuerpo de Ptolomeo y de Vespucio representan las autoridades científicas antigua y moderna en materia cosmográfica. Colocados en la esfera celeste donde soplan los vientos ambos contemplan desde un excelso lugar y en sinopsis la “Imago mundi” terrestre: Ptolomeo está mirando hacia los tres viejos continentes, mientras que Vespucio dirige los ojos hacia la silueta del cuarto continente que figura unido a Asia. Es como si cada uno abarcase con la vista el prototipo ideado del orbe que por debajo de ellos se plasma en escala mayor con viñetas aclaratorias. Como proyectistas y delineantes admiran el gran teatro del mundo como espectáculo escénico mudo, como proyección o re-presentación de sus teorías (25).

Vale la pena resaltar que Waldseemüller eleva y potencia a la figura de Américo Vespucio tanto en la imagen del mapa como al interior del libro, al reunir sus novedosos relatos junto a los planteamientos de Ptolomeo. Carlos Sanz en El nombre de América señala que Vespucio y Waldseemüller no se conocieron personalmente, descartando cualquier confabulación entre ambos en desmedro de Colón, también indica que el pomposo nombre Mundus novus, que por sí solo debió impresionar a los lectores,habría sido invención de los editores de las cartas de Vespucio y no del propio autor, ya que no figuraba en las primeras ediciones.

Mientras el mapa de Waldseemüller constituye un hito en la historia de la cartografía, por la inclusión del nombre de “América” por primera vez en un mapa impreso, el de Apiano, publicado en 1520, y de 28,6 x 42,3 centímetros, destaca por ser el primero en hacerlo al

interior de un libro. No deja de llamar la atención el hecho de que Apiano no incluya este u otro mapa desplegable en la primera edición de su Cosmographia. Pareciese ser que al propio autor no le interesa que el lector abra esa ventana al interior de sus libros, en su edición de la

Geographia de Ptolomeo publicada en el año 1533, en Ingolstadt, tampoco agrega mapas, a

diferencia de otros editores, más bien re imprime la edición del Ptolomeo de Verneri, impresa originalmente en Nuremberg en 1514, pero con una nueva portada, una introducción bastante extensa, más un apéndice que describe algunos de los instrumentos inventados por Apiano.

Según Karl Kohut, la carrera de geógrafo y cartógrafo de Apiano se inicia con la publicación

del Tipus orbis universalis. El autor lo describe como una versión reducida del mapa de

Waldseemüller —a simple vista resulta evidente el parecido— y agrega antecedentes de su historia editorial. Señala que tras su publicación al interior de las Enarrationes de Solino en

1520, fue reproducido en el comentario de Vadiano a la obra de Pompolio Mela en 1522 y más tarde, en 1530 fue también fue impreso en Amberes por Peter de Wale.

Notemos que en la imagen, las figuras de Ptolomeo y Vespucio que en el mapa de Waldseemüller gozan de protagonismo fueron sustituidas. Aquí, encabezando la representación, debajo del título, vemos dos esferas: una terrestre situada a la izquierda y una celeste a la derecha. Quizás esto da luces de la importancia que tienen para el estudioso, autor de la imagen, aquellos instrumentos, que constituyen un prototipo a escala del mundo.

Si ponemos nuestra atención en cómo fueron grabados los nombres de los continentes al interior de cada masa de tierra representada, vemos que mientras las letras que forman las palabras Europa, Asia y África fluyen desordenadamente, ajustándose según el espacio disponible en la geografía representada, el nombre de América se lee claramente. Al interior del continente solo se ve escritura, como si el territorio fuese una página en blanco, que el europeo podía llenar según su imaginación. Además del nombre, se lee “Anno 1497 hec terra cum adiacetibo insulis inuenta est per Columbum Ianuensem ex mandato Regis Castello”, dando indicios del conocimiento del tercer viaje de Colón. Llama también la atención la presencia de una prominente embarcación en las costas del Pacífico, que representa la aspiración europea de navegar aquellas aguas.

En la primera edición de La cosmographia de Apiano, publicada cuatro años después del mapa que acabamos de revisar, también se atribuye a Vespucio el descubrimiento de América, las palabras del autor, traducidas en la edición de 1548, son las siguientes:

América, que agora se dize quarta parte del mundo tomo nombre de Americo Vespucio inventor della, y casi se podria llamar isla, por que la mar rodea casi por todas partes. Fue incognita a Ptolomeo y alos autores antiguos. Por estar muy apartada, hallose el

año 1497 por mandamiento del Rey de España, y por ser tan gran tierra la llaman el nuevo orbe o mundo. (f. 34r)

Señala además que “los moradores van desnudos y muchos de ellos comen hombres” (f. 34r). Gemma Frisius agregará al relato original de Apiano, en esta parte del libro, nuevas noticias: Escribe que en el año 1530, por mandato del Emperador Carlos V, se buscó la parte occidental de América y se descubrió “el PERV, tierra más rica en oro y especias que todas las otras” (f. 34v), señala, contribuyendo así a la construcción de la imagen de una América en la cual abundaban las riquezas, idea extremadamente tentadora desde el punto de vista comercial, lo que encontrará su ápice con la difusión de la leyenda de

El Dorado. Fueron relatos como estos los que alimentaron la codicia, estimularon la

exploración y las empresas de conquista.

Pero lo que más llama la atención de las añadiduras de Gemma Frisius es sin duda la inclusión de su “Carta cosmográfica”. Además de aparecer en la edición publicada en francés en 1544, la encontramos al interior de la edición de 1548. Casi al llegar a la mitad del siglo XVI, por primera vez se publicaba al interior de un libro en español, un mapa que incluía el nombre de América.

El título que figura en las ediciones castellanas: “Carta cosmographica, con los nombres, propiedad, y virtud de los vientos”, da pistas de por dónde empezar a leer esta imagen. Alrededor del orbe terrestre, soplan los vientos principales, cuyos nombres se leen fuera del rectángulo que encierra la imagen, caracterizados de acuerdo a las propiedades descritas al interior del libro. Once cabezas soplonas son acompañadas por las figuras de Júpiter representado a la izquierda con sus atributos: el águila y el rayo y un personaje a la derecha

que según Dietrich Briedsemeister, correspondería al emperador Carlos V17, éste porta una espada en su mano derecha y el águila bicéfala en el pecho. Ambos, gobiernan la imagen y parecen ser los directores de la escena que se despliega en las manos del lector.

La mitología grecorromana estaba omnipresente tanto en las artes, como en la literatura de la época y, tal como puede verse en este mapa, también figuraba ligada a la geografía. A sus dioses se les atribuyó el dominio de territorios existentes incluso donde sus habitantes desconocían la existencia de aquellos dioses, como lo hizo Alonso de Ercilla, en el siguiente pasaje de La araucana (1569):

17 Sonia V. Rose en “El mapa dibujado y el mapa escrito: América en la Miscelánea antártica de Miguel Cabello Balboa” también señala que el personaje representado junto a Júpiter en esta imagen es Carlos V. Fig. 1O. Charta Cosmographica, cum ventorum propria natura et operatione, Amberes, 1544.

Digo que norte sur corre la tierra Y báñala del oeste la marina a la banda de leste va una sierra

que el mismo rumbo a mil leguas camina; en medio es donde el punto de la guerra por uso y ejercicio más se afina.

Venus y Amón aquí no alcanzan parte, sólo domina el iracundo Marte. (4)

Distinguimos en el poema épico de Ercilla un cierto parentesco con nuestro mapa ya que fue publicado mientras en España gobernaba Felipe II, hijo de Carlos V, y en él se alude en reiteradas ocasiones a la figura de Marte, el hijo del Júpiter que vemos en la carta cosmográfica junto al emperador y su espada.

En el mapa, la presencia de Carlos V y su autoridad es consecuente con el lema “Plus ultra”, que figuraba escrito en su emblema imperial. Según Dietrich Briesemeister, con esas palabras: …proclama la voluntad de una transgresión audaz, continua y vigorosa de fronteras y espacios sin pensar en los deslindes de la progresión. Expediciones y conquistas no son otra cosa que irrupciones intencionadas de fronteras, invasiones o ‘entradas’. El imperativo ‘Plus ultra’ —más allá de los límites— configura un imperio en el que no se ponía el sol y que producía la energía nuclear de la globalización. (32)

En la imagen vemos que uno de los doce vientos representados, se sitúa a diferencia de los otros, al interior del orbe, centrado en la parte inferior, con forma de calavera, sopla apuntando al océano Atlántico. Simbólicamente, su presencia en esas aguas, advierte del peligro asociado a la navegación. En las costas del Pacífico, junto a un par de barcos se distinguen algunos seres fantásticos, que podemos leer como un eco de los relatos de Cristóbal Colón, quien en sus diarios escribió sobre el avistamiento de sirenas que emergieron del mar,

describiendo que no eran tan hermosas como las pintaban y que sus rostros tenían rasgos masculinos. Miguel Rojas Mix propone que lo que en realidad vio Colón fueron manatíes y “lo qué ocurría era que en la percepción de América, las lecturas modelaban la realidad. El mito y la ficción les revelaban lo que veían. La fantasía informaba lo real. Colón va mirando a través de Plinio y Marco Polo. Cree haber visto lo que leyó” (91).

Respecto a las representaciones geográficas, Harley señala que “los mapas como tipo impersonal de conocimiento tienden a ‘desocializar’ el territorio que representan. Fomentan el concepto de un espacio socialmente vacío” lo cual en el mapa de Apiano veíamos acentuado en el continente americano, con la ausencia de elementos de la geografía. Agrega también que “la cualidad abstracta del mapa, representada tanto en las líneas de una proyección tolomeica del siglo XV como en las imágenes contemporáneas de la cartografía por computadora, aligera el cargo de conciencia respecto de la gente del paisaje” (112). Sin embargo en este mapa veremos que sí aparecen personas, específicamente los llamados “salvajes”.

En América, además de este nombre, se leen las palabras Parias, Perv, “caníbales” junto a algunas figuras humanas. En la parte inferior del continente americano se ha instalado también mediante la escritura, la figura del gigante, se lee “Gigantum regio”. Según Rojas Mix, la idea de que en América habitaban gigantes es uno de los argumentos de mayor repercusión en el arte y literatura de la época, “estos seres representaban la barbarie, la desmesura y el primitivismo salvaje y destructor” (82). Es así como América empezaba a ser imaginada. En distintas biografías18 de Gemma Frisius se hace referencia a una Charta sive mappa mundi que habría publicado en el año 1540, dedicada a Carlos V, al igual que un globo del año

1537, luego de que el emperador advirtiera al estudioso de un error en una primera versión del mapa. Sin haber localizado hasta ahora aquella imagen, podríamos sospechar de que corresponde al mapa que encontramos al interior de La cosmographia de Apiano de 1544. Pero sin lograr la total certeza de aquello, al menos las noticias que nos llegan de aquella

Charta sive mappa mundi dan cuenta de las relaciones entre Frisius y el emperador que

antecedieron a la circulación de la imagen que hemos analizado y del control ejercido por la autoridad imperial.

Belén Rivera y Luisa Martín-Meras afirman que el único mapa de Gemma Frisius que ha sobrevivido es el añadido en la edición de La cosmografía de Apiano (110). Su conservación hasta nuestros días, en distintas bibliotecas del mundo, se debe en gran medida a que está encuadernado al interior de un libro. Esta convivencia entre mapas y tipografías resultó muy atractiva para los impresores de la época que en muchos casos no dudaron en re-imprimir imágenes cartográficas que garantizaran un éxito comercial, a sabiendas de que éstas ya se encontraban obsoletas o no respondían fielmente a la realidad. Margarita Gómez cuenta, por ejemplo, que ante una queja del humanista Willibald Pirkheimer, que deseaba incorporar en la edición de la Geografía de Tolomeo de 1525 mapas actualizados y modernos, el impresor Johannes Grüninger reconoció que no podría vender el libro si no incluía fantasías como monstruos, caníbales, serpientes y otros ornamentos fantásticos en las ilustraciones, pues el público las demandaba y resultaba indispensable contentarlo (11). Esa tensión entre el autor y el impresor de una publicación quizás sea la causa de que personajes como Apiano con el tiempo opten por dirigir sus propias prensas.

Documento similar