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En cada momento histórico se elaboran conceptos que recogen y simbolizan nuevos aspectos de la realidad y los procesos de cambio. La globalización es uno de estos conceptos y con él pretendemos describir la realidad actual, compleja, mundial, donde las diferencias no se hallan integradas en un conjunto homogéneo, sino plural. No es ni un punto de llegada ni una meta, sino más bien un conjunto de procesos. La globalización la identificamos con la mundialización de la economía de mercado, con la extensión planetaria y la interdependencia de las relaciones estructurales básicas como el:

“proceso de interconexión financiera, económica, política y cultural que empieza a raíz de la incorporación en diversas organizaciones (principalmente empresas) de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), en un contexto de crisis económica (1.973), de victoria política del capitalismo (1.989) y de cuestionamiento cultural de los grandes relatos”. Serrano (1999:51).

La sociedad solamente necesitaba un soporte técnico que le permitiese la vivencia del tiempo real en todas partes del mundo y a ello ha contribuido la revolución de las comunicaciones y de la informática, que ha conectado el tiempo real con el espacio permitiendo la toma de decisiones y las respuestas a las mismas al instante.

Beck (1998b) considera que con la sociedad globalizada se ha venido abajo una premisa esencial de la primera modernidad, a saber, la idea de vivir y actuar en los espacios cerrados y recíprocamente delimitados de los estados nacionales y de sus respectivas sociedades nacionales. La globalización se caracteriza por la perceptible pérdida de fronteras del quehacer cotidiano en las distintas dimensiones de la economía, la información, la ecología, la técnica, los conflictos transculturales y la sociedad civil: el dinero, las tecnologías, las mercancías, las informaciones y las intoxicaciones “traspasan” las fronteras, como si éstas no existieran. Sin embargo, Wallerstein sitúa su origen en el siglo XVI con los imperios europeos en el mundo. En una posición intermedia se sitúa Bonino52, quien considera que la globalización es un estado más universal y atemporal mientras que toman, cada día más importancia quienes consideran que la globalización se corresponde con el actual grado de desarrollo del sistema capitalista (Martínez, 2000)

A la mundialización la definen la aparición de las empresas multinacionales y tuvo un gran impulso a partir de la generalización de las nuevas tecnologías aplicadas a la producción y a la comunicación y el colapso del bloque oriental en 1989. Compartimos la opinión de Estefanía (2001), Sampedro (2002), quienes consideran que la caída del Muro de Berlín53 en 1989 y la intensificación de las nuevas tecnologías de la comunicación y la informática aplicadas a los mercados mundiales fueron determinantes para impulsar el desarrollo de la sociedad globalizada. Con la caída del muro de Berlín y el derrumbamiento soviético desapareció el único gran rival opuesto a la

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Para la excomisaria europea Enma Bonino (2001) la globalización no resulta nada novedosa. Lo realmente novedoso de ella es el nivel tecnológico en el que se basa. “Cada época ha tenido una globalización adecuada a su nivel tecnológico. Lo que pasa es que en las últimas décadas el progreso tecnológico ha sido tan extraordinario que la globalización es un fenómeno más espectacular, todo pasa más deprisa”, “el malestar de la globalización se puede curar, y no es una paradoja, con más globalización”.

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Para Ignacio Ramonet (2.000) la globalización no es más que una etapa histórica del capitalismo basada en la revolución científico-técnica, que ha producido modificaciones muy importantes en la sociedad. Estas modificaciones se han visto favorecidas por una coyuntura especial, como ha sido la caída del muro de Berlín y el hundimiento de las sociedades comunistas a partir de 1989: “conmociones científicas y tecnológicas de las dos últimas décadas han incentivado, en varios ámbitos, las tesis ultraliberales del laissez faire, laissez passer. Y la caída del muro de Berlín, la desaparición de la Unión Soviética y el derrumbamiento de los regímenes comunistas, por añadidura, las han alentado”.

expansión del capitalismo que, desde entonces, ha intensificado su dominio sobre los mercados mundiales, organizando una red especulativa y financiera no controlada por los gobiernos, en virtud de medidas liberalizadoras.

El punto de partida de la globalización fue, sin duda, la crisis de 1973. Las empresas incorporaron rápidamente las tecnologías de la informática y de la comunicación. Esto produjo una nueva forma de organización laboral y de reestructuración de los mercados. El aumento de la producción y de los beneficios, el incremento del número de parados a escala planetaria y la integración a escala mundial de los mercados financieros son fenómenos no aparecidos hasta ahora de forma interrelacionada. Los estados nacionales se quedan pequeños e impotentes ante las grandes empresas que deciden la movilidad de sus capitales sin considerar otros factores que sean ajenos a sus propios intereses; se produce así una dualización del mercado de trabajo entre ocupados y parados, trabajadores temporales y permanentes, contratos a tiempo parcial o completo...

Por ello no podemos aceptar más allá de un acontecimiento coyuntural la influencia que ha tenido el hundimiento de las sociedades pertenecientes a la órbita de la URSS en la venida y expansión de la globalización.

Concederle más importancia que la indicada abriría una “vía de achique”, una fuga negativa a la interpretación basada en que la globalización constituye una fase específica de la evolución del capitalismo. No podemos pensar que la transmisión de datos, textos, imágenes, sonidos, la generalización de la informática en la mayoría de los sectores de producción y servicios, la miniaturización de los ordenadores y su conexión en redes a escala planetaria responda a la caída del Muro de Berlín, sino más bien al contrario: que estos factores han contribuido a la caída del mismo.

Los ideólogos y beneficiarios del sistema globalizado afirman que la red conduce a “la riqueza para todos”; al mismo tiempo consideran que su implantación y desarrollo a escala planetaria resulta inevitable como si de una dinámica de la naturaleza se tratase.

La globalización tiene su base ideológica en el pensamiento único que hunde sus raíces en el liberalismo clásico y que Ramonet54 (2000) identifica como la traducción a términos ideológicos de pretensión universal de los intereses del capital internacional.

También Susan George55, estudiosa de los núcleos del pensamiento neoliberal contemporáneo, sitúa el nacimiento del pensamiento único a lo largo de mucho tiempo y encontró su filón justificativo más importante en la década de los 80 y, sobre todo, a partir de 1989 con la caída del socialismo real.

Esta justistificación fue recogida

"oportunistamente" por Francis Fukuyama (1990), cuando en El fin de la historia decía que después de la

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La discusión actual que se ha generado en torno al Pensamiento Único tiene su origen en el artículo que Ignacio Ramonet publica en Le monde Diplomatique en el 95, que aparece en la edición española de dicho periódico en el 96 . En síntesis se podría decir que, a juicio de Ramonet, el Pensamiento único viene a ser una visión social, una ideología, que se pretende exclusiva, natural, incuestionable, que sostiene y apuesta -entre otras- por estas tesis: 1.La hegemonía absoluta de la economía sobre el resto de los dominios sociales. 2.El mercado como mano invisible capaz de corregir cualquier tipo de disfunción social. 3.La importancia de la competitividad. 4.El librecambio sin límites. 5.La mundialización, pero en su acepción económico-financiera. 6.La división mundial del trabajo. 7.La desregulación sistemática de cualquier actividad de carácter social. 8.La privatización. ..Y la conocida fórmula: "Menos Estado, más Mercado". Esta ideología cuenta con apoyos financieros, mediáticos y políticos suficientes para gozar de una situación de privilegio respecto de otros modos de entender la sociedad.

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Susan George dice que empezó a construirse a partir de la nada después de la Segunda Guerra Mundial, ante una indiferencia generalizada. Pero algunas décadas después, gracias a la inteligencia estratégica de sus promotores y a los cientos de millones de dólares de financiación - y a pesar de los resultados desastrosos de las medidas que ha inspirado- se ha convertido en el pedestal del pensamiento único...los neoliberales siempre supieron que había que empezar por transformar el panorama intelectual. Y es que, antes de que tengan consecuencias sobre la vida de los ciudadanos y de la ciudad, las ideas tienen que ser propagadas. Hay que permitir que los que las producen, las publican, las enseñan y las difunden lo hagan en buenas condiciones. Por eso desde 1945, el movimiento neoliberal no ha dejado de reclutar a pensadores y proveedores de fondos y dotarse de medios financieros e institucionales importantes. Su arsenal está compuesto en parte en think-tanks, o grupos de estudios, de los que los más influyentes se encuentran en Estados Unidos.

caída del Muro de Berlín “Ya está todo dicho, todo acabado. La única alternativa posible ha fracasado estrepitosamente".

Los principios constitutivos del pensamiento único, siguiendo a autores como Guiddens (2000), Ramonet (2000), Estefania (2001) o Vidal Beneyto (2002) se encuentran en la afirmación de: el predominio de lo económico sobre los aspectos políticos, la defensa del realismo y el pragmatismo como única verdad, el mercado como corrector de las disfunciones sociales, el predominio de los mercados financieros que orientan y determinan el movimiento general de la economía en función de sus intereses a nivel mundial, la creencia de que la competencia y la competitividad llevan a las empresas a una permanente modernización, la defensa del libre intercambio sin límites, la división internacional del trabajo que modera las reivindicaciones sindicales y abarata los costes salariales con un incremento de la desregulación del mercado de trabajo con la consiguiente pérdida de los derechos laborales, la disminución de la influencia de los estados que actúan prioritariamente a favor de los ingresos del capital y en detrimento de los del trabajo, la indiferencia creciente con respecto a los costes ecológicos, la creencia y afirmación de que no existe alternativa posible y viable al capitalismo, la identificación entre liberalismo y democracia, la afirmación de que las diferencias sociales no se pueden superar por encontrarse en la misma naturaleza humana, la convicción de que las privatizaciones son la panacea, por lo que hay que desregular todo el sistema financiero y laboral, la modernización y la flexibilización como valor, la disminución de lo público y el predominio de lo privado, la pérdida del estado del bienestar, el desarrollo tecnológico como fe y verdad.

Todos estos valores son presentados en términos políticos como la defensa del individuo sobre la sociedad, de la equidad sobre la injusticia, de la gobernabilidad frente a los totalitarismos, y sobre todo, de la eficacia y la inevitabilidad de la globalización a nivel universal. La aparente necesidad de descargar responsabilidades en algún tipo de "poder incontrolable" , continuador de la “mano invisible” se traduce en la explicación de la

naturaleza (Sandín, 2004, Alvarez de Sotomayor, 2004) mediante la omnipotencia, igualmente aleatoria e incontrolable, de la selección natural.