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LA GUERRA CIVIL Y LA PRIMERA COMISIÓN GESTORA

In document Franquismo en Alava (página 91-94)

Como explica Javier Ugarte, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, así como los acon- tecimientos que le sucedieron, fueron percibidos en la capital alavesa con verdadera “frialdad”24.

En este sentido, la actitud vitoriana puede ser comparada con la que tuvo lugar al conocerse el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Igualmente podemos afirmar que las nuevas autoridades municipales compartían un mismo origen sociológico, e incluso político, que los concejales que rigieron el Ayuntamiento durante la Dictadura primorriverista. Tal y como señalan Rivera y Ugarte, a partir de julio de 1936 estuvieron al frente del Consistorio vitoriano “dirigentes del carlismo (de Hermandad Alavesa, para ser exactos) y un buen número de anti- guos miembros de Unión Patriótica y de elementos indefinidos dentro de su conocido y probado derechismo”25.

Vitoria formó, de esta manera, la primera Comisión Gestora de la España franquista. El día 19 de julio el gobernador militar destituyó al alcalde accidental, Tomás Alfaro26, quien fue

sustituido por Rafael Santaolalla27. La rapidez con que se llevó a cabo este cambio en las insti-

tuciones (fundamentalmente en el Ayuntamiento) fue debida a varios factores: la clara victoria del golpe militar desde sus momentos iniciales, la inmediata toma del poder por parte de los militares, el rápido sometimiento de la limitada oposición a dicho golpe, así como la necesidad por parte de los sublevados de recuperar la normalidad institucional28.

Vitoria, que era una ciudad tradicionalmente conservadora, contaba con una derecha localis- ta, en la que los nuevos grupos políticos de extrema derecha no tenían cabida, puesto que la fuer- za del tradicionalismo en la provincia (que ya cubría todo el espacio de la derecha más radical) impedía su implantación. En el caso de Falange29, que había empezado a organizarse en Vitoria

tras las elecciones legislativas de 1933, no tuvo prácticamente actividad alguna hasta 1936.

24J. Ugarte, La nueva Covadonga insurgente. Orígenes sociales y culturales de la sublevación de 1936 en Navarra y el País Vasco, Madrid, 1998, p. 188.

25 A. Rivera y J. Ugarte, “La Guerra Civil en el País Vasco: la sublevación en Álava”, Historia Contemporánea, nº 1, 1988, pp. 182- 201.

26 El alcalde era Teodoro González de Zárate, pero Alfaro (primer teniente de alcalde) ocupó su puesto ante la vacante que se generaba como consecuencia de las abundantes licencias solicitadas por aquél.

27 Pensamiento Alavés, 24 de julio de 1936: “La característica principal de nuestro alcalde es su vitorianismo. Dignísimo caballero, inteligencia privilegiada, su talento y su corazón están siempre al servicio de Vitoria y de España. Estos son sus dos grandes amores.

La política, en su aspecto partidista, no le ha agradado jamás”. El subrayado es mío.

28 A. Rivera, “La recomposición del poder local franquista en una ciudad de provincias: Vitoria”, en O. Ruiz-Manjón y M. Gómez (eds.),

Los nuevos historiadores ante la Guerra Civil española (I), Granada, 1990, pp. 389-404.

29 Falange Española (FE) fue fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera y se fusionó en 1934 con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) de Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo, dando lugar a FE de las JONS.

Desde febrero de ese año fue algo mayor su presencia en la capital alavesa, “aunque circunscrita a la edición de panfletos y carteles, a detenciones por reuniones ilegales y a algunas pintadas”. Así puede decirse que Falange fue en Vitoria, antes de la guerra, “un grupo político absoluta- mente minoritario”, cuya organización era “mínima”30, e integrado por gente muy joven31.

Así, la primera Comisión Gestora, constituida el 4 de agosto32, estaba conformada por diver-

sos personajes de la mencionada derecha local33 y por otros procedentes del tradicionalismo.

Buena parte de ellos eran comerciantes (José Goya, Federico Ruiz de Uralde, Jenaro Aldama o José Luis Moreno), farmacéuticos (Lorenzo de Cura y Tomás Bulnes), abogados (Ramón Gortázar, Fernando Verástegui y Vidal Sanz) e incluso había algún importante empresario (Manuel Aranegui), entre otros. La mayor parte de ellos procedían de la CT, de la UMN o, inclu- so, de la CEDA, siendo casi todos claramente partidarios de José Luis Oriol en estos primeros momentos, cacique local que consiguió la unidad de buena parte de los grupos de derechas en torno a la Hermandad Alavesa durante la Segunda República34. El farmacéutico Bulnes es el

claro ejemplo de hombre de la derecha local, que había formado parte del Ayuntamiento durante la Dictadura de Primo de Rivera y, ahora, con el advenimiento de un nuevo régimen dictato- rial, volvía a ser nombrado para integrar la Comisión Gestora. Manuel Aranegui procedía de una familia de industriales (llegada desde Maestu a mediados del siglo XIX) que fundó en el año 1907 una famosa fábrica de purpurinas. Un miembro de dicha familia, Sebastián Ricardo Aranegui, ya había sido concejal en la etapa restauracionista, por el partido conservador. Incluso se dio el caso de un antiguo concejal tradicionalista, Germán Martínez de Ezquerecocha, elegido en las primeras elecciones municipales de la Segunda República35.

Sin embargo, ninguno de los ediles de esta primera Comisión franquista vitoriana procedía de Falange. Ello es debido, fundamentalmente, a la carencia por parte de este grupo de una estructura local previa a la sublevación militar, así como a la ausencia de influencia (bien por su juventud, bien por la falta de organización) de dicho grupo no sólo en Vitoria, sino en toda Álava. Pero pronto los falangistas fueron incrementando sus fuerzas, nutriendo sus filas gracias a la integración de antiguos izquierdistas, apolíticos u oportunistas y arribistas de última hora36.

30 S. de Pablo, La Segunda República en Álava…, p. 70

31 El papel de Falange en Álava contrasta con el de otra provincia cercana, como es Cantabria: J. Sanz Hoya, “FET-JONS en Cantabria y el papel del partido único en la dictadura franquista”, Ayer, nº 54, 2004, pp. 281-303.

32 Archivo Municipal de Vitoria (en adelante, AMV): “Constitución del Ayuntamiento”, 34/040/097. En octubre de ese mismo año la Comisión Gestora incrementó hasta diecinueve el número de sus concejales. AMV, 35/023/052.

33 Ramón Rabanera indica que esta primera Comisión Gestora estuvo conformada por la “parte moderada” de la derecha local (Entrevista el 15 de enero de 2008). Andoni Pérez Cuadrado confirma esta opinión (Entrevista el 31 de julio de 2007).

34 Sobre las artimañas de Oriol para hacerse con el poder de la derecha vitoriana y la prensa alavesa, S. de Pablo, “Las empresas perio- dísticas de José Luis Oriol: Heraldo Alavés y Pensamiento Alavés”, en M. Tuñón De Lara (dir.), La prensa de los siglos XIX y XX.

Historiografía, ideología e información. Aspectos económicos y tecnológicos, Leioa, 1986, pp. 571-586.

35 S. de Pablo, “El control político del Ayuntamiento de Vitoria durante la Segunda República”.

36 S. de Pablo, “Falange y Requeté en Álava. Divergencias en la retaguardia franquista durante la Guerra Civil”, Kultura, nº 3 (2ª época), pp. 93-103; también, más reciente, I. Cantabrana, “Lo viejo y lo nuevo: Diputación-FET de las JONS. La convulsa dinámica política de la ‘leal’ Álava. (Primera parte: 1936-1938)”, Sancho el Sabio, nº 21, 2004, pp. 149-180: “La parte sustancial de su afiliación perte- necía a la pequeña burguesía y a trabajadores de cuello blanco” (p. 157).

La unificación de FE de las JONS con la CT, para la conformación del llamado Movimiento

Nacional o partido único37 (a partir del Decreto de Unificación de 1937), no fue cuestión baladí

en Álava. En un primer momento la relación entre los dos grupos fue buena, puesto que ambos se centraron en el objetivo de ganar la guerra, mucho más que en el de controlar las institucio- nes. El oriolismo concentró en esta etapa una gran cota de poder, controlando la Diputación (en manos de Eustaquio Echave-Sustaeta) y el Ayuntamiento. Oriol apoyó en este momento la unificación, siguiendo la estrategia posibilista del Conde de Rodezno, lo que posibilitó el nombramiento de Echave-Sustaeta como delegado provincial de FET y de las JONS, aglutinan- do así buena parte del poder político en Álava. Iker Cantabrana indica que los tradicionalistas sintieron entonces una gran preocupación ante la posibilidad de perder parte de su preeminencia política en las instituciones alavesas, lo que les llevó a asumir los nuevos cargos y a adherirse al Movimiento. Sin embargo, los carlistas vieron pronto frustrados sus propósitos, pues el régimen no aceptó sus principios como corriente ideológica preferente. Este mismo autor señala que esta tensión entre ambas corrientes de FET y de las JONS fue mayor en Álava, lo que produjo la paralización temporal de las instituciones alavesas38. Un informe de Falange manifestaba este

malestar:

“El Jefe Provincial político de marcadísima tendencia carlista tiene muy mal ambiente, pues hombre ambicioso y muy político, no tiene preparación, ni título profesional, aunque dice es abogado, lo que no le impide haber absorbido también el cargo de Presidente de la Diputación. Su política, así como la del Gobernador civil [Cándido Fernández Ichaso, N. de la A.], es de grupo inspirando serios recelos en la opinión sensata de Álava”39.

Enseguida se produjo un distanciamiento dentro de la propia CT. Debido a motivos per- sonales y, en buena parte políticos40, todo se truncó por una disputa entre Oriol y su hasta

entonces aliado, el también tradicionalista José María Elizagárate. Aunque en un principio el grupo de Oriol consiguió imponerse al de Elizagárate en esta lucha interna al frente de FET y de las JONS, el nombramiento de Eladio Esparza (partidario de Elizagárate) como gobernador civil de Álava, en septiembre de 1937, supuso el desplazamiento de los afines a Oriol en la Jefatura Provincial del Movimiento, así como en la presidencia de la Diputación. Ambos cargos serían controlados a partir de ese momento por Elizagárate. Este sustituyó en octubre de 1937 a Echave-Sustaeta (opuesto a la Unificación) al frente de la Jefatura Provincial del Movimiento. 37 Decreto de 19 de abril de 1937: “Artículo 1º: Falange Española y Requetés con sus actuales servicios y elementos, se integran, bajo Mi Jefatura, en una sola entidad política de carácter nacional que de momento, se denominará Falange Española Tradicionalista y

de las JONS. Esta organización, intermedia entre la Sociedad y el Estado, tiene la misión principal de comunicar al Estado el aliento

del pueblo y de llevar a éste el pensamiento de aquél a través de las virtudes políticomorales, de servicio, jerarquía y hermandad. Son originariamente, y por propio derecho, afiliados de la nueva organización, todos los que en el día de la publicación de este Decreto posean el carnet de Falange Española o de la Comunión Tradicionalista, y podrán serlo, previa admisión, los españoles que lo soliciten. Quedan disueltas las demás organizaciones y partidos políticos”. El subrayado es del original.

38 I. Cantabrana, “Lo viejo y lo nuevo”.

39 Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), doc. 7532.

40 El grupo de Elizagárate aprovechó la situación de enfrentamiento entre oriolistas y falangistas, lo que le permitió beneficiarse de la coyuntura, sustituyendo a los partidarios de Oriol en las instituciones (I. Cantabrana, “Lo viejo y lo nuevo”).

Hasta entonces, las luchas entre ambas tendencias carlistas habían suplido a los habituales enfrentamientos entre tradicionalistas y falangistas que habían tenido lugar en otras provincias. Pero fue a partir del momento en que el grupo partidario de Elizagárate accedió al poder cuando empezó a observarse la discrepancia entre Falange y CT. Esta rivalidad se percibió con claridad cuando el Secretario General de FET y de las JONS -el falangista Ramón Castaño, un aliado circunstancial de Elizagárate41- fue depuesto de su cargo en mayo de 1938. La destitución de

Castaño hizo que éste se opusiera desde ese momento al grupo de Elizagárate. Tan grande fue la disputa, que desde ciertos sectores se pedía la renovación de todos los cargos de la Diputación, el Gobierno Civil, la Jefatura Provincial y el Ayuntamiento:

“De conversaciones mantenidas con elementos representativos de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, procedentes de la antigua Falange y de la Comunión Tradicionalista se desprende, como yo suponía, que no hay dificultad ninguna en llegar a una coincidencia plena en la solución del problema planteado aquí. Es más, puede afirmarse que esa coincidencia ha existido desde el actual primer momento. Pero de pronto hay absoluta iden- tificación en el examen objetivo de la actuación. Es unánime el criterio de que a las presentes circunstancias se ha llegado en virtud de hechos que no hay para qué enjuiciar pero han sido causa de unánime descontento, por sí mismos y por las personas que trajeron a altos cargos del Movimiento. En los dos sectores integrados en Falange Española Tradicionalista y de las JONS se estima que es de todo punto indispensable la renovación completa de los cargos del Movimiento en Álava, así como del Gobierno Civil y Corporaciones municipal y Provincial, especialmente esta última, constituida a capricho, a tono con la actual situación y que, aparte otros motivos más fundamentales, tiene ya el defecto de que a partir del incidente de Castaño con Elizagárate habría de ser necesariamente motivo de discordia”42.

Estas declaraciones aún iban más allá y, en este mismo documento, se llegaba a acusar a las autoridades de todas las instituciones de caciquismo, de seguir desarrollando viejas políticas, por lo que se pedía una urgente depuración de cargos públicos:

“Desde luego que por lo que respecta a los elementos procedentes de la Comunión Tradicionalista con lo que necesariamente habrá de contarse para realizar en Álava una sólida labor patriótica –y cabe suponer a juzgar por las conversaciones ya aludidas que lo mismo ocurrirá con respecto a los que proceden de Falange-; por lo que respecta a dichos elementos, repito, condición elemental para una fórmula de concordia –condición impuesta no por nadie, sino por sí misma-, es la de llegar a esa depuración y renovación de cargos, pues una sustitu- ción en la Jefatura Provincial no sería por sí sola suficiente, ni mucho menos, para resolver la cuestión, tanto menos cuando el tinglado caciquil cuya aparición denunciamos nosotros a su

41 S. de Pablo, “Falange y Requeté…”, pp. 94 y 95. Tal y como señala Iker Cantabrana, Ramón Castaño, que residía en Amurrio, fue secretario del Centro Tradicionalista. Este autor afirma que Castaño fue considerado como un “ultraderechista simpatizante de los partidos tradicionalistas” hasta 1932, pero en 1933 ingresó en Falange Española, siendo nombrado jefe provincial un año más tarde. Cantabrana apunta, asimismo, que “Ramón Castaño y Alonso marcó los que iban a ser los primeros años de Falange en Álava” (I. Cantabrana, “Lo viejo y lo nuevo (I)”, p. 157).

42 Archivo General Universidad de Navarra, Fondo Manuel Fal Conde (en adelante, AGUN/MFC), caja 188 (7).

debido tiempo y cuya existencia no es ya ahora secreto para nadie, seguiría siendo causa de constante perturbación”43.

Ramón Castaño, por su parte, llegó a presionar de tal manera sobre las máximas autorida- des del Nuevo Estado franquista que Esparza fue destituido de su cargo de gobernador civil, en agosto de 1938, y, seguidamente, Elizagárate dimitió voluntariamente como Jefe Provincial de FET y de las JONS.

Otro informe de la Jefatura Provincial del Movimiento, ya de 1940, enviado al Ministerio de la Gobernación, advertía de esta misma situación. Además, señalaba directamente a otro perso- naje de la política vitoriana como jefe de la conspiración caciquil: Guillermo Elío Molinuevo. Elío había formado parte de la primera Comisión Gestora de la Diputación alavesa tras el golpe de Estado del 18 de julio, presidida por el coronel Cándido Fernández Ichaso, quien “mantuvo a raya al Sr. Elío desde el comienzo del Movimiento”. En cambio, señala este informe que “durante el funesto período del Gobernador Sr. Esparza, fue éste un instrumento de Elío”. De esta manera, continúa el documento, éste “consiguió montar su actual tinglado caciquil logrando para sí, o para elementos que él maneja, los puestos necesarios en las Juntas de los organismos más influyentes de Álava. Para ello consiguió que Esparza destituyera fulminantemente, con asombro de todos, a muchos Vocales de las más prestigiosas entidades vitorianas, y luego llevó a cabo la sustitución a gusto del Sr. Elío”44. Y la situación no había cambiado a mediados de

1940, según este informe de Falange, porque el gobernador civil, Javier Ramírez, “cayó fácil- mente bajo la influencia de Elío a través del Alcalde Sr. Santaolalla, íntimo amigo y excelente

instrumento de Elío”45.

Esta última afirmación es reveladora. Efectivamente, frente a la inestabilidad que caracterizó al resto de las instituciones (Gobierno Civil, Diputación y Jefatura Provincial del Movimiento), el Ayuntamiento de Vitoria mantuvo sus cargos durante todo el período bélico, hasta que se produjo el cambio en enero de 1941, y a pesar de las incesantes críticas procedentes, sobre todo, desde el partido único46. Por otra parte, la constancia que caracterizó a esta primera Comisión

Gestora destaca, asimismo, en comparación con la etapa de la Dictadura de Primo de Rivera, en la que el Ayuntamiento de Vitoria fue testigo de una gran inestabilidad. La continuidad ahora del Consistorio de Vitoria se debió a varios factores:

A pesar de las duras luchas que tuvieron lugar entre las diversas sensibilidades políticas, en estos primeros años el principal objetivo de quienes apoyaron la sublevación militar fue ganar la guerra. Posteriormente, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el tradicionalismo en 43 Ibídem. El subrayado es mío.

44 Archivo General de la Administración (AGA), Presidencia, 51/20506. 45 Ibídem. El subrayado es mío.

46 AGA, Presidencia, Parte mensual de agosto de 1940, caja 20545: “Relaciones con el Ayuntamiento de la capital. No existen. No obs- tante, aunque ya indicado en partes anteriores, las relaciones de la Organización con el Ayuntamiento no sólo no existen, sino que la continuación del actual en contra de la opinión del pueblo por la labor tan arbitraria que realiza es también un perjuicio evidente para el prestigio de la Falange a quien creen con las necesarias atribuciones para sustituirlo. El Ayuntamiento no ha realizado ninguna obra de verdadera utilidad. Se ignora si el Alcalde pertenece a FET y de las JONS, desde luego no en esta provincia”.

el País Vasco se mostró claramente opuesto al “totalitarismo falangista” y “a ese ideario huero e incomprensible del llamado Movimiento”47.

Hasta ese momento, Vitoria carecía de una clase política verdaderamente afecta al nuevo régimen. Como se ha visto, a la altura de 1940, sectores falangistas aún denunciaban la exis- tencia de viejas elites que ejercían su influencia sobre buena parte de las instituciones y de sus representantes. Fue a partir del fin de la Guerra Civil cuando el Movimiento comenzó a nutrirse de nuevos personajes que proporcionaron una nueva clase política a la Dictadura.

Las luchas se habían centrado hasta entonces en el control de las dos instituciones más codiciadas en Álava: el Gobierno Civil y la Diputación, además de la Jefatura Provincial del Movimiento (a partir de la Unificación de 1937). En este sentido, puede afirmarse que el Ayuntamiento había sido considerado una institución menor. Ahora bien, una vez estableci- dos todos los poderes, en el Consistorio (al igual que en el resto de las instituciones) debían verse reflejados los diferentes sectores políticos que habían apoyado la sublevación militar de 193648.

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