Llegados los años sesenta, la ineficacia de los mecanismos disponibles por el Ayuntamiento para ordenar eficazmente el crecimiento urbano era obvia. Fue necesaria la revisión del Plan General de 1956 para adecuarlo a lo establecido en la Ley del Suelo, que era el marco jurídi- co vigente en materia de urbanismo. Con el total consenso entre las autoridades locales y los diferentes agentes implicados en la promoción inmobiliaria, rápidamente se elaboró y aprobó el Plan General de Ordenación Urbana de 1963, cuyas nuevas delimitaciones legalizaban las zonas industriales y residenciales surgidas en los años previos101. La ronda de circunvalación continua-
ba siendo el límite del área residencial, pero el nuevo plan dejó la confección del trazado urbano a los planes parciales, como mecanismo para una gestión rápida.
Por lo tanto, el Plan de 1963, que dio al Ayuntamiento un eficaz marco legal para ejecutar su creación de suelo industrial, le proporcionó también el mecanismo adecuado para ordenar bajo su dirección el crecimiento urbanístico de las nuevas zonas residenciales. Con anterioridad a su aprobación, tan sólo un barrio de reciente creación, el de Desamparadas –destinado a clases medias y trabajadores cualificados–, había alcanzado una calidad reseñable en la urbanización de la ciudad102.
Una vez superados los efectos del Plan de Estabilización, la promoción inmobiliaria expe- rimentó un fuerte impulso desde mediados de los años sesenta (13.992 nuevas viviendas entre 1966 y 1970)103. Una buena parte de la edificación se llevó a cabo en los nuevos ensanches o
en la extensión de los barrios obreros de primera generación. Pero la labor municipal se cen- tró, especialmente, en el crecimiento urbanístico a través de nuevos barrios exteriores, bien planificados. En definitiva, el Ayuntamiento fue el diseñador de la fisonomía de los barrios de segunda generación, donde se levantaron, principalmente, viviendas acogidas a las diferentes formas de protección oficial proporcionada por el Estado (de renta limitada, subvencionadas, etc.). A través de una efectiva planificación –gracias al diseño de planes parciales–, preparó el suelo necesario para que los constructores levantasen aquellos barrios. Así surgieron “Arana”, “El Pilar” o “Chagorrichu”.
El concejal y constructor Juan Cruz Arana, principal responsable del que había sido el barrio de perfil obrero con mayor nivel especulativo, Ariznavarra, volvió a apostar por las viviendas para trabajadores en el barrio de Arana, el primero que bajo iniciativa privada desarrolló un plan parcial del Ayuntamiento bajo las directrices del Plan de 1963. Junto con José Ruiz de Gauna Ochoa de Eguileor y el constructor Vicente Diéguez Izaguirre –además de los agentes de la propiedad inmobiliaria Rafael Arce González e Hipólito Lalastra Alcedo– constituyó en 1963 “Construcciones Vitoria, SA (COVISA)”, empresa a través de la cual se hicieron con la 100 Seguimos la definición y las indicaciones sobre estos barrios hechas por P. Arriola en su obra La producción…
101 AMV, Plan General de Ordenación Urbana y su Término Municipal. (Revisión del Plan General Vigente y su adaptación a lo pre-
ceptuado por la Ley del Suelo).
102 Hablamos de barrios concebidos como tal, excluyendo a determinadas calles y a edificaciones de los ensanches que sí lograron una calidad notable.
amplia extensión de terreno del campo de Arana, al este de la ciudad, que el Plan de Ordenación Urbana aprobado aquel año proponía como residencial. Así, tras la aprobación del plan parcial correspondiente, se edificaron casi 1.600 viviendas, la mayoría finalizadas antes de 1970. El aprovechamiento del suelo fue máximo, superando lo establecido en el plan. Incluso pudo haber sido mayor si hubiese prosperado la solicitud de la empresa para su modificación104. Surgieron
además serios roces con el Ayuntamiento, hasta el punto de obligar éste a la empresa construc- tora al derribo de algunos bloques por no atenerse a lo inicialmente previsto. El resultado fue un barrio de carácter obrero en el que se buscó el máximo beneficio para la iniciativa privada, continuando el modelo arquitectónico de experiencias anteriores105.
Igualmente, con un carácter marcadamente obrero, se fueron edificando dos nuevos sectores, con más de 2.600 viviendas, que completaban Zaramaga. No obstante, el 75,4% de las viviendas del barrio fueron levantadas entre 1966 y 1975. Por un lado, se construyó en la zona más cercana a la calle Reyes Católicos, acercando el núcleo originario a los ensanches este y oeste. Y por otro, se completó el polígono comprendido entre la calle Reyes de Navarra y el cementerio de Santa Isabel. La sociedad municipal VIMUVISA continuó ejecutando parte de las actuaciones en Zaramaga, pero la iniciativa privada levantó una gran cantidad de bloques, siendo siempre éstos de mayor aprovechamiento del suelo.
Inmediatamente al lado de Zaramaga se edificó el barrio de El Pilar, que vino a representar una especie de continuación por el norte del ensanche oeste. Aunque previamente a la aproba- ción del plan de 1963 se habían edificado algunas viviendas y la iniciativa privada quiso acelerar su puesta en marcha, el ritmo constructivo no aumentó hasta la aprobación de su plan parcial en 1966. A partir de entonces –especialmente desde 1971– y hasta 1975 se levantaron la casi totalidad de la viviendas existentes, que dieron lugar a un barrio de perfil obrero, pero con unas características constructivas algo superiores a los otros modelos.
Y muy cerca de allí, también en la zona norte, en el lado oeste de la avenida del Generalísimo, la Gerencia de Urbanismo del Instituto Nacional de Vivienda llevó a cabo su única actuación directa en la ciudad: Chagorrichu. A pesar de poder englobarse en lo que denominamos barrios obreros, aquella iniciativa se distanciaba notablemente del resto de acciones descritas. No sólo arquitectónicamente se optó por un modelo distinto –el ladrillo cara-vista no fue su principal rasgo físico y por primera vez el sistema de calefacción central se aplicó a viviendas sociales–, sino que su propia localización dentro de la ciudad implicaba un estatus diferenciador. Tras la pertinente expropiación de terrenos por parte de la Gerencia, fueron varias cooperativas y la constructora benéfica “Virgen Blanca” quienes se hicieron cargo de la promoción inmobilia- ria106. Además, fue creada la sociedad “Expropiados de Chagorrichu, SA”, formada por sesenta
y cinco socios del sector de la construcción que, apoyados en la “Cooperativa Vitoriana de la Construcción (COVICO)” y el Obispado de Vitoria, se hicieron con buena parte de las adjudi- caciones a través de la constructora benéfica “San Prudencio”107.
104 AMV, Libros de Actas. A pesar de que ocho de los quince concejales votaron a favor de las pretensiones de la empresa, la Ley del Suelo exigía un consenso mayor para modificar planes ya aprobados.
105 En la zona del barrio lindante con la avenida Santiago se levantaron algunos bloques de mayor calidad, con viviendas más grandes. 106 La vivienda. Número extraordinario de Vitoria, Año III, nº 21 (mayo 1969), p. 8.
La realización de barrios periféricos dio lugar a numerosos espacios vacíos dentro del entra- mado urbano, considerados edificables en el Plan General. La política de planes parciales per- mitió que muchos de ellos fuesen desarrollándose en los años setenta, cuando comenzó a darse luz verde desde el Ayuntamiento a nuevos proyectos urbanísticos que constituirían lo que Pedro Arriola denominó “barrios de tercera generación”. Las dos iniciativas más ambiciosas fueron los barrios de “Gazalbide” y “Arambizcarra”, para cuya realización se siguieron dos modelos diferentes.
En 1969 el Ayuntamiento puso en marcha la expropiación, a través del Patrimonio Municipal del Suelo, de los terrenos comprendidos entre el polígono de Chagorrichu y el barrio de El Pilar108. Tras la realización del plan parcial, en 1972 VIMUVISA levantó el nuevo barrio:
Gazalbide. Su calidad constructiva superó con creces a la del resto de los barrios, con amplias viviendas en bloques exentos –algunos eran torres altas–, rodeados de zonas ajardinadas, que marcaron un nuevo modelo dentro de la iniciativa municipal.
En el extremo norte de la zona este de la ciudad se preparó el otro gran barrio impulsado por el Ayuntamiento en los primeros setenta, Arambizcarra, cuyo plan fue aprobado a finales de 1972, aplicando un modelo diferente al utilizado en Gazalbide. También su calidad constructiva alcanzó unos niveles considerables –generalización de la calefacción central y de los garajes–, pero las características morfológicas entre ambos barrios fueron patentes. Además, en aquella ocasión, el Ayuntamiento se limitó a ejecutar las expropiaciones, dejando en manos de construc- tores privados la puesta en marcha del barrio. Iniciadas las obras en 1974, el proyecto contaba con unas dimensiones tan grandes –más de 3.300 viviendas– que no fue completado hasta seis años después.
Al margen de estos dos barrios de iniciativa municipal, a principios de los setenta se sentaron las bases para edificar en las parcelas que completaban el barrio de Adurza gracias, sobre todo, a la puesta en marcha del polígono de Iturritxu, que mejoró sobradamente el nivel constructivo del resto del barrio109.
Del mismo modo, numerosas actuaciones fueron completando los ensanches. En el este, la edificación se fue concretando según avanzaba el traslado de sus fábricas y talleres, primero en torno a las calles Arana y Benito Guinea y posteriormente sobre la zona ocupada por destaca- das empresas, como Hijos de Orbea, que desplazó sus instalaciones fuera de la ciudad en los primeros setenta. A su vez, en el ensanche oeste el crecimiento urbano se efectuó a base de la ordenación de pequeños polígonos con viviendas de notable calidad, en torno al eje que marcaba la avenida del Generalísimo. Y al igual que había sucedido en años anteriores con la apertura del segundo tramo de la calle General Álava o de las calles Landázuri y Samaniego, otras parcelas del centro de la ciudad fueron rediseñadas entonces, siempre con el fin de edificar viviendas de una calidad muy superior a lo conocido en los barrios. Así sucedió con la calle Olaguíbel y varias manzanas del ensanche decimonónico, donde los viejos edificios y chalés preexistentes 108 Boletín Municipal de Vitoria, nº 22, 1969.
109 También a finales de los sesenta, entre Adurza y la zona residencial y de servicios del sur, se puso en marcha la manzana de “Zumabi- de”, englobada por P. Arriola en los polígonos de “segunda generación”.
fueron sustituidos por nuevos bloques con amplias viviendas. Además, en el suroeste de la ciu- dad se inició la construcción de varias zonas residenciales de la más alta calidad, siguiendo el modelo de “viviendas jardín” destinadas a los grupos sociales más pudientes.
La expansión urbanística resultó tan rápida que surgieron las problemáticas inherentes a aquel crecimiento. Principalmente fue la dotación de servicios públicos en las nuevas áreas residencia- les lo que dio más quebraderos de cabeza a las autoridades municipales. Desde el Ayuntamiento se apostó por realizar un considerable esfuerzo en la urbanización de calles y en la elaboración de planes parciales, pero en lo relacionado a la creación de servicios sus políticas no fueron tan eficaces. Semejante asunto suscitó, incluso, ciertas divergencias entre los propios concejales. Así, en 1966, los concejales “sociales” Fernando Gonzalo Bilbao, Isaías Díaz Romero y Daniel Anacabe Laspiur presentaron una moción proponiendo la creación de un gabinete técnico a fin de desarrollar los servicios requeridos por la nueva ciudad. Su principal objetivo fue establecer una política municipal clara en dicha materia, que implicase a la iniciativa privada para evitar errores urbanísticos que hipotecasen la dotación de servicios. El resto del consistorio desestimó la iniciativa argumentando la sobrada validez del Plan de 1963.
Problemas surgidos en la década anterior continuaron en los años setenta, como el del abastecimiento de agua. No sólo escaseó su suministro para las necesidades industriales, sino que algunos barrios sufrieron continuas restricciones. Con la aprobación a finales de 1969 de la municipalización del servicio de aguas en régimen de monopolio, se quiso obtener una solución definitiva110. Tal y como aseguró el alcalde entrante, José Mª Mongelos Osarte, en su discurso
de posesión del cargo en 1972, poner fin a aquel problema se había convertido en una asunto prioritario en los objetivos municipales111. Pero, además, algunas de las nuevas zonas edifica-
das sufrieron deficiencias en temas tan básicos como la iluminación de algunas de sus calles. Además, la falta de equipamientos educativos resultó preocupante. A causa de la lentitud de las gestiones para proyectar nuevos centros escolares –siempre posteriores a la edificación de las viviendas– hubo que recurrir a soluciones de emergencia. Como resultado, parte de los alumnos vitorianos tuvieron que recibir clases en lonjas o pabellones prefabricados. Por su parte, el trans- porte interurbano también se presentó como un elemento a solucionar. En 1962 se decidió llevar a cabo la municipalización del servicio de autobuses, iniciativa que cuajó con la creación de “Transportes Urbanos de Vitoria (TUVISA)” –constituida oficialmente en 1967–, y que permitió regular la conexión del centro de la ciudad con los nuevos barrios112.
A pesar del constante incremento anual de los presupuestos municipales, ya a finales de los años sesenta resultó patente su insuficiencia para atender las necesidades de una ciudad en con- tinua expansión. El Ayuntamiento venía realizando fuertes apuestas en materia de urbanismo, pero se veía incapaz de elaborar unas cuentas que respondiesen a las necesidades reales de los
110 La sociedad “Aguas Municipales de Vitoria (AMVISA)” quedó constituida en 1972 con un capital social de 92.900.000 pesetas. Entonces, el Ayuntamiento era concesionario del aprovechamiento de aguas del Gorbea, de Elguea, de Albina y del Zadorra (50, 30, 200 y 300 litros por segundo, respectivamente).
111 Economía Vascongada, nº 325, 1972, p. 44.
112 La terminal de autobuses interurbanos fue ubicada en la céntrica plaza del General Loma en 1963, siendo trasladada a su aneja calle Becerro de Bengoa en 1971.
nuevos barrios. Además, a partir de 1971, las partidas especiales para urbanismo no pudieron seguir la misma progresión que el presupuesto ordinario, a causa de la excesiva acumulación de créditos, la falta de ingresos por un desfase entre las previsiones y las ejecuciones de los proyectos, así como las dificultades de los servicios municipales para gestionarlos.
Presupuesto municipal de urbanismo* y porcentaje sobre el total
Año Presupuesto % 1959 13.458.131,86 18,86 1960 13.458.131,94 18,10 1961 12.956.881,93 16,60 1962 23.767.571,50 24,78 1963 33.812.009,94 26,00 1964 49.760.162,07 32,07 1965 62.142.489,62 31,18 1966 54.884.071,11 25,79 1967 58.257.267,60 22,02 1968 116.866.981,00 32,69 1969 127.000.000,00 31,59 1970 128.700.000,00 28,91 1971 106.600.000,00 22,35 1972 115.555.000,00 19,91 1973 174.200.000,00 24,88 1974 165.850.000,00 19,90 1975 198.000.000,00 20,03
FUENTE: Boletín Municipal de Vitoria.
*Lo normal fue que los presupuestos municipales se viesen incrementados cuantiosamente debido a las numerosas obras extraordinarias surgidas por el crecimiento demográfico.
La importancia económica del sector de la construcción
El crecimiento urbanístico dio lugar a un gran desarrollo del sector de la construcción en Vitoria, beneficiando al empresariado local, que vio una nueva oportunidad de expansión de sus negocios: entre 1966 y 1975 se registraron en Vitoria 131 nuevas sociedades relacionadas con la construcción. De hecho, la mayor parte de la promoción de vivienda durante los años sesenta y setenta partió de empresas inmobiliarias y constructoras privadas locales113. En parte, aquello
fue posible gracias al apoyo recibido desde el Ayuntamiento. Ya en 1963, ante la necesidad plan- teada de realizar un plan para “la ejecución de un polígono urbano con carácter de urgencia”, el propio alcalde se erigió en defensor de los constructores vitorianos frente a las intenciones de la Obra Sindical del Hogar de hacerse con su concesión.
113 La sociedad constructora municipal VIMUVISA edificó, directamente, 2.940 viviendas desde su creación en 1959 hasta 1975. Por su parte, la Organización Sindical del Hogar tan sólo levantó 494, la mayoría anteriores a 1970.
Así pues, con la complicidad municipal, los industriales del sector activos desde décadas anteriores consolidaron sus negocios y crearon otros nuevos. “Construcciones Uriarte”, existen- te desde los años cuarenta, siguió activa en el ámbito de las obras públicas. Además, sus socios participaron en la creación de diferentes negocios, la mayoría relacionados con el sector de la construcción, pero no siempre dedicados a la edificación directamente (fabricación de conduc- tos de desagüe, sistemas de ventilación, vigas metálicas…). Por su parte, Juan Cruz Arana se consolidó como uno de los más potentes constructores de la ciudad. Su actividad no se limitó a la edificación de viviendas, con promociones tan importantes como la del barrio de Arana, sino que su empresa “Ugara” logró hacerse con concesiones de obras públicas, como la del colegio levantado en el barrio del Pilar a principios de los setenta. Al mismo tiempo, algunos de sus socios habituales, como Vicente Diéguez, también constituyeron sus propias empresas de construcción. Y es que a partir de los sesenta se produjo una notable proliferación de la figura del constructor-promotor, generalizándose la aparición de pequeñas constructoras impulsadas por personajes que, presentes en el negocio desde años antes, fueron estableciéndose por cuenta propia114. Otro empresario que ya había coincidido con Arana en la puesta en marcha de varios
negocios fue Luis Ortega Ortiz de Zárate, que en los primeros sesenta comenzó a cobrar impor- tancia junto a su hermano Urbano, uno de los constructores destacados en la década siguiente. A su vez, la actividad de los contratistas Julio y Francisco Cortázar Gomendio vio continuada su actividad desde los años sesenta con la incorporación al negocio de la siguiente generación de la familia. De sus empresas, la más destacable fue la constituida por el segundo junto a sus hijos: “Construcciones Francisco Cortázar, SA”. La expansión de la misma se produjo bajo la presidencia de Juan Cortázar Larrea, quien siguiendo el ejemplo de su tío Julio fue concejal del Ayuntamiento entre 1958 y 1964.
El volumen de la necesidad de nuevas viviendas aseguraba la actividad edificatoria en la ciudad para los años venideros. Resultaba obvio que alguien tendría que levantar los nuevos edificios previstos, por lo que la inversión empresarial en aquel sector se presentaba muy apete- cible. Así lo vieron buena parte de los grupos de empresarios partícipes en la industrialización vitoriana, que se decidieron a invertir en negocios relacionados con la construcción. En 1964 los hermanos Cosme y José Béistegui se adentraron en el negocio junto a sus cuñados, los vizcaínos Francisco y José Luis Chirapozu Uribarrena, con los que fundaron “Construcciones Socoa, SA”115. A su vez, los hermanos Lascaray participaron en una de las constructoras-pro-
motoras más destacadas de la ciudad: “Inmobiliaria Vitoria, SA”, que crearon junto al que fue su presidente, el industrial José Mª Lasagabaster Aguirrezábal, y su hermano José Ramón116.
Menor relevancia tuvo la promotora que presidió Justo Ercilla, “Viviendas y Construcciones, 114 Empresas a las que generalmente daba nombre su propietario: “Agustín Churruca Osa”, “Ezcurra y Ozores, SA”, “Félix Beltrán de Lubiano”, “Jesús Lazcano Alegría”, “Martínez de Luco y Cía.”, “Manuel Muras Valiñas”, “José Mª Pérez Ugarte”, “Andrés Rodrí- guez”, “Hilario Ruiz de Apodaca”, “Segundo Seoane Calderón”, “Zabalza y Achaerandio”, “Aquilino Cortizo Núñez” y “Construc- ciones Tornavaca”, entre muchos otros.
115 También fueron sus socios el contratista guerniqués Benito Olázar Larrandicoechea, el ingeniero de Oñate Elías Galdós Zubía, el industrial bilbaíno Nemesio Larrea Secada y el arquitecto Guillermo Anasagasti Arambarri.
116 Además de Francisco Egaña Martín, José Manuel Gorospe Olaran, Florentino López de Armentia Burguera, Francisco Javier Vélez de Mendizábal Sáenz de Buruaga y Ramón Bajo como asesor.
Plano de Vitoria en 1975. Elaboración propia. El gris más claro representa el crecimiento urbano desde media- dos de los años sesenta.
SA”, en la que participó el aparejador Luis Mª Sánchez Íñigo, que más adelante creó su propia constructora. También los hermanos Arregui iniciaron su desembarco en la construcción a prin- cipios de los setenta. “Inmobiliaria Guipuzcoano-Alavesa, SA” fue el inicio de una actividad inmobiliaria que Juan Arregui prolongaría en décadas posteriores fuera de Vitoria. En aquella sociedad aunaron esfuerzos con expertos empresarios del sector, como Agustín Uriarte Aldama