LIBRO PRIMERO LA DOCTRINA DEL SER
B. LA INDIFERENCIA COMO RAZÓN INVERSA DE SUS FACTORES
Hay que ver, ahora, cómo esta determinación de la indiferencia está puesta en sí misma y por lo tanto como existente-para-sí.
1. La reducción de las relaciones de medida, que valen ante todo como independientes, fundamenta un único substrato de ellas. Éste es la continuación de ellas una en la otra, y con esto lo inseparable independiente que está presente todo en sus diferencias. Para estas diferencias están presentes las determinaciones que ella contiene, la cualidad y la cantidad, y todo depende sólo de cómo éstas se hallan puestas en ella. Pero esto se ve determinado por el hecho de que el substrato está puesto ante todo como resultado y como la mediación en sí; pero ésta [mediación] no está así todavía puesta como tal, en él, por lo cual él es ante todo substrato, y con respecto a la determinación está como la indiferencia.
La diferencia, pues, es en él esencialmente ante todo la [diferencia] sólo cuantitativa, extrínseca; y hay dos cuantos diferentes de un substrato único y el mismo, que de este modo sería la suma de ellos, y por lo tanto determinado él mismo como cuanto. Pero la indiferencia no es esta medida fija, el límite absoluto existente en sí, sino en relación con aquellas diferencias; de modo que no sería ella en sí misma un cuanto, y de cierta manera, como suma o también como exponente, se pondría en contra de otras, ya sean sumas o indiferencias. Es sólo la determinación abstracta la que cae en la indiferencia; los dos cuantos, a fin de ser puestos en ella como momentos, son variables, indiferentes, mayores o -481- menores uno respecto al otro. Pero, limitados por el límite firme de su suma, se comportan a la vez no de manera extrínseca, sino negativa uno frente al otro —lo cual es ahora la determinación cualitativa en que están entre ellos; Se hallan, pues, en una relación [o razón] inversa entre ellos. Ésta se diferencia de la anterior relación inversa formal, porque aquí el todo es un substrato real, y cada uno de los dos lados está puesto como si debiera ser él mismo en sí este todo.
Según la determinación cualitativa indicada, está presente además la diferencia como de dos cualidades, de las cuales una queda eliminada por la otra, pero es inseparable de la otra, en tanto está contenida [con la otra] en una única unidad, y la constituye. El substrato mismo, como indiferencia, es igualmente en sí la unidad de las dos cualidades; cada uno de los lados de la relación, por lo tanto, contiene igualmente a ambos en sí, y se halla diferenciado sólo por el más de una cualidad y el menos de la otra, e inversamente; una cualidad es sólo la que predomina en un lado por su cuanto, y la otra en el otro [lado].
Cada lado, pues, es en sí mismo una relación o razón inversa; esta relación vuélvese formal en los distintos lados. Estos lados mismos se continúan a sí mismos uno en el otro también según sus determinaciones cualitativas; cada una de las cualidades se refiere a sí misma en la otra, y en cada uno de los dos lados se halla sólo en un cuanto diferente. Su diferencia cuantitativa es aquella indiferencia, según la cual ellos se continúan uno en otro, y esta *continuación está como mismidad de las cualidades en cada una de las dos unidades. Pero los lados, cada uno como conteniendo la totalidad de las determinaciones, y por lo tanto la indiferencia misma, están puestos así a la vez uno frente al otro como independientes.
2. El ser, ahora, considerado como esta indiferencia, es el ser determinado de la medida, no ya en su inmediación, sino él mismo [ser determinado] de la manera desarrollada recién indicada: la indiferencia, como el que en sí es el todo de las determinaciones del ser, que se han disuelto en esta -482- unidad. Igualmente es el ser determinado, como totalidad de la realización puesta, en que los momentos mismos son la_ totalidad existente en sí de la indiferencia, por la cual se hallan sostenidos como por su unidad. Pero puesto que la unidad se mantiene firme sólo como indiferencia, y por lo tanto sólo como en sí, y que los momentos no son determinados todavía como existentes por sí, vale decir no eliminándose todavía en sí mismos uno por medio del otro [para reducirse] a unidad, así con esto se presenta en general la indiferencia de ellos mismos frente a sí, como su determinación desarrollada.
Hay que considerar ahora más de cerca este independiente inseparable. Es inmanente en todas sus determinaciones y permanece en ellas en la unidad consigo mismo, no perturbada por aquéllas; pero a), como la totalidad en sí, tiene de modo permanente las determinaciones, que son eliminadas en ella, pero sólo asomándose en ella sin fundamento; Lo en-si de la indiferencia y este su ser determinado están sin vinculación; las determinaciones se muestran en ella de modo inmediato; ella está toda en cada una de aquellas, cuya diferencia se halla por lo tanto puesta ante todo como una [diferencia] eliminada, y por ende como cuantitativa; pero precisamente por esto, no como el rechazarse suyo de sí misma, ni ella como determinante de sí misma, sino sólo como la que está y deviene determinada extrínsecamente;
β) los dos momentos están en relación inversamente cuantitativa, un ir y venir en la magnitud, el que no se halla determinado por la indiferencia, que es precisamente la equivalencia de este ir y venir, sino, pues, sólo extrínsecamente. Hay una indicación hacia un otro, que está fuera de ellos, v donde está el determinar. Lo absoluto como indiferencia, tiene en este aspecto la segunda falta de la forma cuantitativa esto es, que la
determinación de la diferencia no está determinada por él mismo, tal como tiene la primera [falta] en esto, que en él las diferencias sólo se presentan en general, es decir, que el poner de él mismo es algo inmediato, no en su mediación consigo mismo.
y) La determinación cuantitativa de los momentos, que -483- ahora son lados de la relación, constituye esta manera de su subsistir; su existencia se halla, por esta indiferencia, sustraída al traspasar de lo cualitativo. Pero ellos tienen un subsistir diferente de esta existencia suya, un subsistir existente en sí, por cuanto son en sí la indiferencia misma, y cada uno es él mismo la unidad de las dos cualidades en que se divide el momento cualitativo. La diferencia de los dos lados se limita a esto, que una de las dos cualidades se halla puesta en un lado con un más y en el otro con un menos, y la otra por lo tanto inversamente. Así cada lado es en sí la totalidad de la indiferencia. —Cada una de las dos cualidades, tomada singularmente por sí, queda siendo igualmente la misma suma, que es la indiferencia: se continúa desde un lado en el otro, y no se halla limitada por el límite cuantitativo, que de este modo se ve puesto en ella. En esto las determinaciones llegan a una oposición inmediata, que se desarrolla en contradicción; lo cual tenemos que ver ahora.
3. Precisamente cada cualidad, dentro de cada lado, entra en relación con la otra, y sin duda de manera tal que, como se determinó, también esta relación debe ser sólo una diferencia cuantitativa. Si las dos cualidades son independientes, tomadas a la manera de materias sensibles, independientes una de otra, entonces se disuelve toda la determinación de la indiferencia; la unidad y totalidad de ésta serían nombres vacíos. Pero ellas son más bien determinadas, al mismo tiempo, de modo que son comprendidas en una única unidad, y son inseparables; cada una tiene sentido y realidad en esta única relación cualitativa hacia la otra. Pero ahora, debido a que su cuantitatividad es absolutamente de esta naturaleza cualitativa, cada una llega sólo tan lejos como la otra. Si fueran diferentes como cuantos, la una iría más allá que la otra, y tendría en su más una existencia indiferente que la otra no tendría. Pero en su relación cualitativa, cada una está sólo en tanto está la otra. De aquí se sigue que ellas están en equilibrio, y que cuanto más aumen- tara o disminuyera la una, la otra igualmente y en la misma razón se reduciría o acrecentaría.
-484- De acuerdo a su relación cualitativa, por lo tanto, no se puede llegar a ninguna diferencia cuantitativa, ni a ningún, más de una cualidad. El más por el cual uno de los momentos que están en relación se hallaría más allá del otro, sería sólo una determinación inestable, o sea este "más" sería sólo otra vez lo otro mismo; pero en esta igualdad de ambos, ninguno de ellos está presente, pues su existencia de- bería fundamentarse sólo en la desigualdad de sus cuantos. —Cada uno de éstos, que deben ser factores, desaparece, tanto porque debe estar más allá de lo otro, como por que debe serle igual. Aquel desaparecer se muestra en que, al partir de la representación cuantitativa, se perturba el equilibrio y se toma uno de los factores mayor que el otro; así se hallan puestos el eliminarse de la cualidad del otro y su falta de estabilidad; el primero [de los factores] se vuelve preponderante, y el otro se reduce con velocidad acelerada y se halla oprimido por el primero, y éste por ende se convierte en el único independiente. Pero con esto ya no existen dos específicos y dos factores, sino sólo el único todo.
Esta unidad, puesta así como la totalidad del determinar, tal como ella misma está determinada en esto como indiferente, es la contradicción por todos lados; tiene que ser puesta, por lo tanto, de manera que por ser esta contradicción que se elimina a sí misma, sea determinada para ser la independencia existente por sí, que tiene por resultado y verdad no ya sólo la unidad indiferente, sino la unidad que es, de modo inmanente en ella, negativa y absoluta, vale decir, que es la esencia.
NOTA 1
La relación de un todo que debe tener su determinación en la diferencia de magnitud de factores cualitativamente determinados uno frente al otro, se halla empleada en el movimiento elíptico de los cuerpos celestes. Este ejemplo
1 Título en el índice: Acerca de la fuerza centrípeta y centrífuga; -
485- muestra, ante todo, sólo dos cualidades en relación inversa entre ellas, y no dos lados, cada uno de los cuales sería él mismo la unidad de ambos y su relación inversa. En la firmeza del fundamento empírico, se pasa por alto la consecuencia a la cual lleva la teoría introducida en el mismo [fundamento], vale decir, la destrucción del hecho que está en el fondo, o bien si se mantiene firme, como corresponde, éste [hecho], la de manifestar la vacuidad de la teoría frente al mismo [hecho]. La ignorancia de tal consecuencia, deja subsistir pacíficamente, uno al lado de la otra, el hecho y la teoría que lo contradice. —El simple hecho consiste en que, en el movimiento elíptico de los cuerpos celestes, su velocidad se acelera cuando se acercan al perihelio y disminuye cuando se acercan al afelio. El aspecto cuantitativo de este hecho ha sido determinado exactamente, mediante la incansable diligencia de la observación, y se lo ha reducido luego a su simple ley y fórmula, de modo que se ha proporcionado todo lo que hay que exigir de verdad en la teoría. Pero esto no pareció suficiente al intelecto reflexivo. Para la llamada explicación del fenómeno y de su ley, se han supuesto una fuerza centrípeta y una fuerza centrífuga, como momentos cualitativos del movimiento en la línea curva. La diferencia cualitativa de ellas consiste en la oposición de la dirección; y en el sentido cuantitativo [la diferencia] consiste en que, dado que están determinadas y como desiguales, la una debe aumentar y la otra disminuir y viceversa; además luego la relación debe también invertirse a su vez; y después que la fuerza centrípeta por un cierto tiempo ha aumentado mientras la centrífuga ha
disminuido, debe presentarse un punto, donde al contrario la centrípeta disminuya y la centrífuga aumente 2.
Sin embargo, esta representación contradice a la relación de las determinaciones esencialmente cualitativas de ellas una frente a la otra. Por vía de ésta [relación] ellas no son absolutamente separables; cada una tiene un significado sólo con respecto a la otra;
2 En la primera edición sigue aquí la proposición: "He aclarado en la disertación anterior este objeto, y demostrado la nulidad de esta distinción y de las explicaciones construidas sobre esta base."
-486- por lo tanto, en la medida en que una tuviera un excedente por encima de la otra, en esta misma medida no tendría ninguna relación con ella y no existiría. —En el supuesto de que la una fuera una vez mayor que la otra, cuando ella estuviese como mayor en relación con la menor, se presentaría lo que se dijo arriba, es decir, que ella lograría de manera absoluta el predominio, y la otra desaparecería; Esta última se halla puesta como la que desaparece, carente de consistencia; y no cambia nada en esta determinación si se realizara el desaparecer sólo poco a poco, ni tampoco si cuanto disminuye ella en magnitud tanto debe aumentar la primera; esto desaparece con la otra, porque lo que ella es, existe sólo en cuanto existe la otra. Es una consideración muy simple, que si, por ejemplo, como se pretende, la fuerza centrípeta del cuerpo tuviese que aumentar cuando el cuerpo se acerca al perihelio, y la fuerza centrífuga al contrario tuviese que disminuir otro tanto, esta última ya no estaría en condición de arrancar [el cuerpo] a la prime- ra, y de alejarlo nuevamente de su cuerpo central; Al contrario, puesto que la primera ha de tener una vez la preponderancia, la otra queda así oprimida, y el cuerpo se halla llevado hacia su cuerpo central con velocidad acelerada. Como a la inversa, cuando la fuerza centrífuga, en la proximidad infinita del afelio, tiene el predominio, es igualmente contradictorio que tenga que verse vencida ahora, en el afelio mismo, por la [fuerza] más débil. —Claro está, luego, que sería una fuerza extraña, la que efectuaría este vuelco; y esto significa que la velocidad del movimiento, ora acelerada ora retardada, no puede ser reconocida o, como se dice, ser explicada conforme a la determinación tomada por aquellos factores, que se tomó precisamente a fin de explicar esta diferencia. La consecuencia, del desaparecer de la una o la otra dirección, y con esto del movimiento elíptico en general, queda ignorada u oculta, debido al hecho que se mantiene constante, es decir, que este movimiento continúa y traspasa de la velocidad acelerada a la retardada. El supuesto del trastrocamiento de la debilidad de la fuerza centrípeta, en el afelio, en una fuerza predominante contra -487- la fuerza centrífuga, y [de un trastrocamiento] inverso en el perihelio, contiene de un lado lo que se desarrolló arriba. Es decir que cada uno de los términos de la relación inversa es en sí mismo esta relación inversa entera; pues el lado del movimiento desde el afelio hacia el perihelio —el de la fuerza centrípeta que debería ser preponderante— debe contener todavía la fuerza centrífuga, pero en disminución en la medida que aquélla aumenta; y en la relación precisamente inversa respecto a la fuerza centrípeta debe encontrarse, en el lado del movimiento retardado, la fuerza centrífuga preponderante, y que se vuelve cada vez más preponderante; de modo que en ningún lado ha desaparecido una de éstas [fuerzas], sino que sólo se vuelve cada vez más pequeña hasta el momento de su trastrocarse en la preponde- rante sobre la otra. De este modo sólo vuelve a presentarse en cada lado lo que es el defecto [inherente] en esta relación inversa, esto es que, o bien cada fuerza se toma de modo independiente por sí misma —y con el encontrarse simplemente extrínseco de ellas en un movimiento, como en el paralelogramo de las fuerzas, se elimina la unidad del concepto y la naturaleza de la cosa—, o bien, en tanto ambas se refieren mutuamente de manera cualitativa mediante el concepto, ninguna puede alcanzar a una subsistencia indiferente e independiente frente a la otra, lo cual debería serle atribuido mediante un más; La forma de la intensidad, el llamado [elemento] dinámico, no cambia nada, porque tiene él mismo su determinación en el cuanto, y por ende sólo puede también exteriorizar tanta fuerza (vale decir, sólo puede existir), a condición de que se mantenga en oposición a sí mismo en la fuerza contrapuesta. Pero por otro lado, aquel trastrocamiento desde el predominio en la situación contraria, contiene la alternación de la determinación cualitativa de positivo y negativo; el aumento de la una representa otro tanto de pérdida para la otra. La conexión cualitativa, inseparable, de esta oposición cualitativa se halla separada, en la teoría, en un [presentarse] uno después del otro; pero de este modo ésta [teoría] queda ella misma deudora de la explicación de esta alternación, así -488- como especialmente de esa separación. La apariencia de unidad, que todavía se halla en el aumento de una [fuerza] con la disminución de la otra en igual medida, desaparece aquí por completo; se presenta una sucesión simplemente extrínseca, que sólo contradice a la consecuencia de aquella conexión, según la cual cuando una [de las fuerzas] se vuelve preponderante, la otra debe desaparecer.
La misma relación se aplicó a las fuerzas atractiva y repulsiva, a fin de comprender la diferente densidad de los cuerpos. También la relación inversa de la sensibilidad y la irritabilidad debió servir al fin de comprender, de acuerdo con la diferenciación de estos factores de la vida, las diferentes determinaciones del todo y de la salud, como también la diversidad de las especies de los vivientes. Sin embargo, la confusión y el galimatías, en que se enredó esta manera de explicar —que debía convertirse en una base de filosofía natural para la fisiología, la nosología y luego la zoología—en el empleo carente de crítica de estas determinaciones conceptuales, tuvo aquí la consecuencia, de que este formalismo pronto fué abandonado; pero ha continuado en toda su extensión especialmente en la ciencia de la astronomía física.
Dado que la indiferencia absoluta puede parecer la determinación fundamental de la sustancia de Spinoza, debe todavía observarse al respecto, que ella es tal sin duda, para el punto de vista según el cual en ambas se hallan puestas como desaparecidas [tanto] todas las determinaciones del ser, como en general toda ulterior
distinción concreta entre pensamiento y extensión, etc. Cuando se debe permanecer firme en la abstracción, es indiferente en general [determinar] cómo ha sido, en su presentarse, lo que ha perecido en este abismo. Pero la sustancia, como indiferencia, está vinculada por una parte con la necesidad de la deter- minación y con la consideración de tal necesidad; no debe permanecer la sustancia de Spinoza, cuya única determinación es el [elemento] negativo [consistente en] que todo sea absorbido en ella. En Spinoza se presentan de manera totalmente empírica la diferencia, los atributos, pensamiento y -489- extensión, como también los modos, los afectos y todas las demás determinaciones. Es el intelecto, él mismo un modo, aquél en el