CAPÍTULO III APROXIMACIONES TEÓRICAS PARA ACERCARNOS A LAS IDEAS DE
2. Infancia y Cultura
2.1 La infancia como categoría histórico-social
Para el desarrollo de esta parte de la estructuración teórica nos centraremos en la historia de la infancia ligados a la matriz de análisis histórico propuesto por Rincón (2013) que va desde la infancia en el renacimiento y hasta la contemporaneidad, estableciendo tres matrices de significaciones sociales sobre infancia, que se han instalado en el mundo de occidente: La matriz premoderna, la matriz moderna y la matriz contemporánea.
Así, la infancia como concepto es una categoría reciente en la historia del mundo occidental que ha sido producto de la evolución de las instituciones como la familia y la escuela. A continuación, se presenta un recorrido por diferentes periodos históricos de la sociedad occidental que desde la transformación de este concepto, desde el descubrimiento de la misma y hasta la contemporaneidad.
La infancia en el renacimiento, antes del siglo XVII, es decir, donde la edad media, la infancia como concepto era inexistente, los niños eran manifestaciones de lo oculto, de inexplicable naturaleza que, por efectos del azar al crecer se convierten en humanos. Durante
este periodo histórico el índice de mortalidad infantil era significativamente alto, debido a la creencia de que los niños venían del cielo y a ello obedece su sobrevivencia. Si un niño no venía al mundo a producir, no sobreviviría los primeros años, es por esto que, la madre nunca estaba presente en la vida del niño, este era separado y aislado de la sociedad, hasta que pudiese hablar.
Ariés (1987) menciona que, durante los siglos XI y XII los niños existieron de pero de forma distinta a la que conocemos ahora, es decir, sin pertenecer a una categoría específica de esto. En el arte, por ejemplo, el autor evidencia que las primeras apariciones de la infancia están relacionadas con seres angélicos, de corto tamaño, cuya naturaleza dual, es evidente en los rasgos faciales, que evidencian, facciones de maldad en cuerpos aparentemente puros. Esta forma de existencia de los niños los sitúa en dos posturas idealistas, la primera como seres completamente puros, o por el contrario, una segunda como seres demoníacos de los que proviene el mal, dichas posturas demarcan las acciones hacia la infancia, el infanticidio como forma de resolver la llegada de seres ilegítimos o impuros, como los niños que nacían con algún tipo de deformidad.
Con la aparición del cristianismo y la primera consideración de familia nuclear, los niños empiezan a situarse en la vida social de las comunidades, en las pinturas hacia el siglo XIV, se empiezan a evidenciar cuadros de padres tomados de la mano, y niños dentro de la pintura aunque no totalmente cercanos a sus padres. Lo sagrado de la vida marital genera un primer salto histórico entre la concepción del niño angélico y el niño humano que requiere del cuidado de sus padres, pues de ellos depende que el nacido pueda alcanzar su calidad de humano y ser productivo para la sociedad. Los niños empiezan a ser “levantados” por su padre cuando en este existe una elección de la paternidad, como una forma de ser traído por segunda vez a la vida. El concepto de adopción nace, y se convierte en la forma en la que los hombres reconocen su estado de vida en familia. Sin embargo, es hasta finales del siglo XVI, que, a pesar de la dignificación del matrimonio, se empieza a entender la relación entre la biología y lo sacro, resignificando la procreación y con ello la existencia de los niños y las niñas como producto de la voluntad Divina.
Es en el siglo XVII, que junto con las consideraciones sobre la educación empieza a pensarse la vida en términos de ciclos vitales, uno de ellos la infancia, para Ariés (p. 86-88) lo pictórico se transforma considerablemente con la llegada de este siglo, los niños que antes
eran distantes de los adultos, hoy se ven de forma distinta, empiezan a aparecer pinturas de niños en colectivo, las primeras evidencias de juegos escolares y rostros de felicidad. Esto indica no sólo la aparición de la infancia como categoría, sino, la conceptualización de niño en el marco de la concepción de la educación y la escuela. Este puede mencionarse como un siglo de transición entre la ausencia de los niños y el descubrimiento de la infancia como etapa de la vida; durante este periodo, los niños que son adultos en formación logran su mayoría de edad hacia los 7 años cuando, debido a las crisis económicas de Europa y otros continentes alcanzan las capacidades biológicas para poder trabajar y contribuir con los sustentos de sus casas.
Con las consideraciones de Rousseau (1821), acerca de la educación, empieza a gestarse una noción de niño, que, daría la posibilidad de pensar en adelante la etapa de la vida más allá de lo estrictamente biológico, para Rousseau, el niño que nace débil, requiere de cuidado y protección (el primer paso para contemplar la infancia como etapa de desarrollo y no como una forma de adultez) de la madre y de la inteligencia para convertirse en un adulto exitoso, es decir, que la infancia es un predictor de una vida adulta, pero no la vida adulta en sí misma.
Ya para el siglo XVIII, la infancia se ha convertido en un periodo de la vida cada vez más largo, en el que la reconfiguración de la familia empieza a tener un efecto importante, pues, se empieza a pensar en la cercanía y el afecto, como agentes fundamentales en el desarrollo de exitoso de los niños. La escuela, empieza a ser fundamental para el desarrollo de los niños que en calidad de infantes, no pueden hablar, es decir, son absolutamente responsables de quien los cuida, pero que con la posibilidad del habla encuentran un lugar en la sociedad que trasciende su debilidad. Para Rousseau (1821) “cuando el niño empieza a hablar llora menos” (p.36), en este sentido su reflexión gira en torno a la aparición del lenguaje como sustituto de la presencia imprescindible del otro; con este giro de la infancia y la importancia de la voz para los niños dentro del contexto social, se piensa la infancia en términos de reciprocidad, una madre que está al cuidado de su hijo y un hijo que ama y obedece a la madre.
Como se ha mencionado, el afecto empieza a ser un factor determinante en la infancia y la presencia de los adultos cercanos también. A partir del siglo XIX, con la declaración de los derechos de los niños, la infancia empieza a situarse en el centro de todas las miradas
sociales, generar una convención por los derechos de los niños, es la manifestación más importante de reconocimiento de la infancia en términos de humanidad, reconociendo las características propias del ciclo de vida y los distintos devenires, históricos y culturales de los que son producto. En la contemporaneidad, el reto que se ha instalado en relación a la consideración de la infancia, tiene que ver con el planteado por Rousseau en el siglo XVII, ¿de qué manera se le proporciona al niño la voz?, claramente desde la modernidad se ha encontrado que este es un hecho simbólico, que trasciende la adquisición del lenguaje hablado y que permite pensar la infancia en términos distintos cada día, a la luz de la aparición de las nuevas tecnologías, la globalización y la interculturalidad.