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C. La innovación en el complejo agroalimentario

2. La institucionalidad en torno a las innovaciones

complejo agroalimentario

La década de 1990 puso a la casi totalidad de las instituciones de ciencia y tecnología de la región a la tarea de ir configurando un sistema

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de innovación. La biotecnología aparece en las agendas tecnológicas públicas de todos los países de América Latina y el Caribe, pero esto ocurre en el contexto que impone la institucionalidad preexistente. Según la información disponible, a fines de los años noventa existían unas 85 unidades diseminadas en América Latina, 22 de las cuales correspondían a entidades públicas, 37 a laboratorios e institutos relacionados con universidades, lo que dejaba el resto en manos privadas y de los organismos de cooperación. Se empleaba, en conjunto, a alrededor de 1.400 científicos, y el presupuesto total era del orden de los 16 millones de dólares anuales. La mayor densidad de conocimientos se daba en la Argentina y el Brasil, en tanto que, como era de esperar, se producían mayores avances en los procesos más sencillos e iniciales (micropropagación, reacción en cadena de la polimerasa – PCR, entre otros), y la densidad disminuía a medida que se ingresaba a la ingeniería genética (CEPAL, 2008a). A continuación se pasa revista a los progresos de algunos de los países de la región en la creación de instituciones y programas relacionados con la innovación en el sector agrícola.

En la Argentina, desde hace varias décadas, diversas instituciones y programas públicos tuvieron por objetivo la realización de un conjunto de investigaciones en diversos campos de la biología, que años más tarde se tradujeron en avances en la producción de medicamentos, vacunas y otros productos relacionados con la salud. Dan cuenta de esto las actividades llevadas a cabo en institutos como el Malbrán, la Fundación CAMPOMAR, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y otros organismos dependientes de universidades nacionales. Paralelamente, se registraron progresos significativos en las investigaciones sobre química y biología molecular aplicada a los cultivos vegetales, especialmente en el INTA y en algunas universidades del país (Gutman, Lavarello y Roisinblit, 2006). A partir de los años noventa se establece la cooperación con actores significativamente distintos de los presentes en la década de 1980, con una participación creciente y, en muchos casos, predominante del sector privado (Gutiérrez y Penna, 2004). En el período más reciente, el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), creado por resolución del Directorio del CONICET, reforzó la investigación y la enseñanza de las ciencias biológicas. Sus orígenes se remontan a la época en que las diferentes divisiones que hoy lo constituyen —Biología molecular, Microbiología y Biología del desarrollo— comenzaron a trabajar en forma conjunta.

En el caso del Brasil, las capacidades de innovación en el sector agrario se concentran en alto grado en dos empresas públicas, financiadas principalmente con fondos gubernamentales. La Empresa Brasileña de Investigaciones Agropecuarias (EMBRAPA), que coordina el Sistema Nacional de Investigación Agropecuario (SNPA), en colaboración con otras universidades e institutos, es el principal centro de tecnología agropecuaria tropical a nivel mundial. La otra es la Fundación Oswaldo Cruz (FIOCRUZ), de la cual se originan los principales descubrimientos secundarios (spin offs) locales en el área de los medicamentos y la salud humana (Derengowski y otros, 2002). EMBRAPA es la principal unidad ejecutora de la I+D biotecnológica en los sistemas agroalimentarios (SAA). Reconocida internacionalmente, cuenta con un presupuesto propio de 300 millones de dólares anuales, excluidos salarios e infraestructura, que permanece estable desde 1994. Recientemente, el organismo ha reforzado sus capacidades de apropiación de la tecnología generada y de la propiedad intelectual sobre los cultivares. EMBRAPA ha establecido nuevas reglas internas, que limitan la concesión de participaciones a los socios privados en la titularidad de los materiales desarrollados en conjunto e incluso contemplan la revisión de los acuerdos anteriores de colaboración (Fucks, 2007). El proyecto genoma de la bacteria xilella fastidiosa es destacable como una experiencia exitosa en la que un consorcio de investigadores brasileños se organizó con el objeto de lograr el secuenciamiento del genoma de un fitopatógeno. Los resultados fueron muy positivos, tanto en términos económicos (se asocia a una enfermedad que afecta a la producción de naranjas), como en cuanto a la creación de capacidades en biología molecular y bioinformática. Se trata de un caso completo de desarrollo basado en un modelo interactivo entre ciencia, tecnología y producción a partir de la iniciativa pública.

En Chile, InnovaChile, institución creada en 2005 (a partir de la fusión del Fondo de Desarrollo Institucional (FDI) y el Fondo Nacional de Desarrollo Tecnológico y Productivo (FONTEC), apoya la innovación que demanda el sector privado y, en forma proactiva, la innovación en sectores clave de la actividad económica (agroindustria, acuicultura, forestación y minería). Su programa de biotecnología busca brindar apoyo a nuevas empresas innovadoras y a proyectos de innovación tecnológica en empresas existentes, priorizando los sectores basados en recursos naturales. InnovaChile impulsa dos iniciativas de carácter asociativo: los programas de genoma en recursos naturales renovables y los consorcios

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tecnológicos empresariales. Entre los proyectos biotecnológicos se destacan los siguientes: i) el Programa Tecnológico del Salmón; ii) el Programa Genoma en Recursos Naturales, en conjunto con la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), entre cuyos proyectos se encuentra el secuenciamiento de genes de nectarinas para aumentar la resistencia al frío en el transporte, y iii) la convocatoria de consorcios tecnológicos empresariales, en conjunto con la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Aparte de esa institución hay otras que apoyan la innovación agrícola. La FIA presta ayuda a proyectos biotecnológicos en agricultura y ganadería, forestación y acuicultura; el Fondo de Financiamiento de Centros de Excelencia en Investigación (FONDAP), del CONICYT, respalda las inversiones en infraestructura y en recursos humanos para la I+D en centros dedicados a áreas estratégicas; Innova Bío Bío promueve los desarrollos innovadores en la Región del Bío Bío en las áreas prioritarias de forestación, actividad agropecuaria y acuicultura; y el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDEF) y el Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC) apoyan la innovación en pymes.

En el caso de Colombia, el Programa Nacional de Biotecnología ha impulsado en particular el financiamiento de proyectos de investigación para el sector agrícola. De los 174 proyectos que el programa ha financiado en su historia por intermedio del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (COLCIENCIAS), 99 (un 57%) correspondieron al área agrícola. En 1993 el país contaba con 30 unidades de investigación. En 1999 se informó que ya existían 42 grupos (Orozco y Olaya, 2004), y en 2003 se identificaron 45 grupos de investigación en el sector agrícola (OEA, 2004). Entre los organismos de investigación cabe señalar la Corporación Nacional de Investigaciones Agrícolas (CORPOICA). Las capacidades biotecnológicas locales se centran en las técnicas de cultivo de tejidos y células, la micropropagación vegetal y el uso de marcadores moleculares. Sin embargo, en el paso a la biotecnología moderna se han presentado dificultades y no se ha sacado provecho de las importantes ventajas del país en materia de biodiversidad (Orozco, 2006). Si bien varios laboratorios están aplicando biotecnologías a nivel molecular que han permitido determinar secuencias genéticas asociadas a características de interés agronómico, no existen capacidades científicas

ni tecnológicas locales para evaluar la funcionalidad de los genes identificados y descubrir aplicaciones para el manejo y control de factores limitantes en la agricultura.