• No se han encontrado resultados

LA INTELIGENCIA ESPIRITUAL PROMUEVE LA PAZ CÍVICA

1. LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOLIDARIDAD

Desde la opción preferencial por los pobres es obligado considerar que, aunque se han producido algunos avances económicos, de alfabetización y de expectativas de vida en países anteriormente pobres, el número de personas que viven con menos de un dólar al día en esta era de la globalización de la economía aún supera los mil millones. Y veintiocho mil niños mueren cada día por causas relacionadas con la pobreza. Además, cualquier sistema de globalización que lleve a la exclusión lesiona el principio de unidad de la familia humana. En cuanto a principios cristianos, el modelo actual de globalización fracasa, pero se pueden rescatar determinados elementos que, adecuadamente potenciados, pueden conducir a otra globalización, la de la solidaridad. La aplicación del principio, el “destino universal de los bienes de la creación”, buscaría seriamente para gestionar el bien común de la comunidad global de forma que los derechos de todos se respeten, ya que el sistema de globalización en marcha ha llevado a una mayor concentración de la riqueza en unas pocas manos, con el 60% de la población del mundo subsistiendo con el 5,6% de su renta. También ha llevado a un menor acceso a la toma de decisiones, no sólo respecto a ciudadanos, sino a la participación de países pequeños o débiles en instituciones multilaterales. La alternativa de la “globalización de la solidaridad”, pretende contrarrestar los efectos perjudiciales del fenómeno globalizador, sustituyéndolos por una cultura de la solidaridad que dé prioridad a las necesidades de los más vulnerables. La doctrina de la opción preferencial por los pobres enseña que los efectos de la globalización deben medirse no por cómo los ricos se han convertido en tales, sino por cómo se ha fomentado la dignidad humana, y esto es “solidaridad sin exclusión”.

La traducción de esta propuesta a efectos prácticos significa: a) Una economía que tenga entre sus objetivos centrales la eliminación de la deshumanizadora pobreza; b) Significa una sociedad incluyente en lugar de aquella que rechaza al pobre, enfermo o anciano; significa el fortalecimiento de la comunidad y de la participación ciudadana, en lugar del individualismo desenfrenado; c) Significa creer en la paz, no en la guerra, como medio de resolución de las diferencias entre naciones. Llevar adelante un programa así requiere promover un discurso ético en la vida política internacional, a la vez que existe una obligación moral en todos nosotros de impulsar objetivos de desarrollo social.

2. LA CARIDAD A FAVOR DE LA VIDA HUMANA

Partiendo del amor profundo a cada persona, es posible poner en acto formas eficaces de servicio a la vida. Es el amor el que nos lleva a acoger especialmente a los más débiles y esta capacidad de amar es válida igualmente en cuanto al embrión humano, quien debería siempre nacer de un acto de amor, de forma que el amor está en el origen del ser humano y en la capacidad de acogerle. Hay familias que tienen miedo al hijo porque supone un espacio en la propia vida, y cuando se vive sólo para ganar vida, y no para darla, ni para dar espacio de la propia vida, se tiene miedo al hijo. Por eso muchos de los problemas complejos y difíciles en los cuales interviene la ciencia, el derecho, la teología, la filosofía, muchos se iluminarían si supiéramos de verdad poner en el centro la capacidad de amar, de amar al otro, a todos, de cualquier condición, en cualquier circunstancia, nacidos o no nacidos. Debemos hacer referencia a la ley natural como guía para iluminar con la razón muchos de los problemas que la Bioética debe afrontar, teniendo el valor de tratar de ir más allá del mero dato científico; de ir al descubrimiento del misterio del ser humano, porque la ciencia, por más que progrese, y progresa, nunca resolverá completamente el problema de fondo de qué es el hombre. Así la propuesta de crear embriones híbridos hombre-animal ofende a la dignidad humana y además pueden crearse monstruosidades. La creación de un híbrido hombre-animal es una frontera que hasta ahora ha sido prohibida en el campo de las biotecnologías por todo el mundo, no sólo por las asociaciones religiosas. Si se buscan células madre capaces de curar el Alzheimer y el Parkinson no hay necesidad alguna de crear un híbrido hombre-animal, pues hay células madre adultas, las del cordón umbilical, las del hombre adulto para afrontar, con confianza, estas fronteras. Se debe formar a las conciencias en nuestra sociedad actual, pues frente a una mentalidad eugenésica se seleccionan embriones para utilizarlos como investigación, por ejemplo. Asimismo sólo si se respeta la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, es posible y creíble también la ética de la paz. Por eso, no somos creíbles cuando hablamos de paz y permitimos que un ser inocente en el seno de su madre o en un laboratorio pueda ser destruido impunemente. Una sociedad no puede combatir eficazmente el crimen cuando ella misma legaliza el delito en el ámbito de la vida naciente.

3. EL PROBLEMA ECOLÓGICO ES UN PROBLEMA ÉTICO

Frente a los científicos que defienden que el cambio climático es un proceso cíclico y los que afirman que es un fenómeno nuevo especialmente grave, nosotros debemos afirmar que nuestra relación con la naturaleza debe estar guiada por la ética. La naturaleza no puede ser entendida en un sentido ético si se la idolatra o se la considera como un campo para el uso indiscriminado de la tecnología. No es de recibo, por ejemplo que exista un país donde vive el 5% de la población del planeta, consumiendo el 20% de energía, mientras otro en el que vive el 20% de la población mundial consume tan sólo el 5% de energía. Según Benedicto XVI, “no se trata solamente de elevar a

todos los pueblos al nivel del que gozan hoy los países más ricos, sino de fundar sobre el trabajo solidario una vida más digna, hacer crecer efectivamente la dignidad y la creatividad de toda persona, su capacidad de responder a la propia vocación y, por tanto, a la llamada de Dios”. Así, el desarrollo no debe ser entendido de manera

exclusivamente económica, sino bajo una dimensión humana integral. Por eso, continua el Papa, “la actual sociedad globalizada registra con frecuencia paradojas y

dramáticos desequilibrios. En efecto, cuando se considera el incremento sostenido de los índices de crecimiento económico, cuando se analizan los problemas ligados al progreso moderno, sin excluir la elevada contaminación y el irresponsable consumo de recursos naturales y ambientales, parece evidente que sólo un proceso de globalización atento a las exigencias de la solidaridad puede asegurar a la humanidad un futuro de auténtico bienestar y de estable paz para todos”1. Por eso, sólo armonizando las tres

dimensiones irrenunciables del desarrollo, la económica, la social y la humana, puede nacer una sociedad libre y solidaria.

4. PROMOVER LA PAZ ENTRE LAS NACIONES

El Concilio Vaticano II tuvo particular interés en señalar el fundamento de la paz: “La

paz no es una simple ausencia de guerra ni el resultado del solo equilibrio de las fuerzas o de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia” 2 . Y más adelante se afirma que “debemos procurar con

todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal, reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos”3.

El desarme y la no proliferación nuclear pueden convertirse en dos aliadas de la lucha por la promoción de la paz entre naciones. El Tratado de No Proliferación Nuclear se convirtió en ley internacional en 1970. Durante un largo período de tiempo, había cinco países con armas nucleares: Estados Unidos, Reino Unido, Unión Soviética, Francia y China. Más tarde, India, Israel y Pakistán desarrollaron. Entre el desarme nuclear y la no proliferación nuclear se dan íntimos lazos, que si bien son interdependientes, se refuerzan recíprocamente. Su aplicación representa uno de los instrumentos principales no sólo en la lucha contra el terrorismo nuclear, sino también en la realización concreta de una cultura de la vida y de la paz capaz de promover de manera eficaz el desarrollo integral de los pueblos, pues los fundamentos de la paz se construyen sobre el respeto por la vida humana y la primacía de la ley, por encima de la fuerza de las armas.

1. BENEDICTO XVI, Economía y ética, Roma 4/7/2007.

2. CONCILIO VATICANO II, Sobre la Iglesia en el mundo actual, Nº 78, BAC. Madrid 1965.

IV

LA INTELIGENCIA ESPIRITUAL ANTE EL ENCUENTRO CON EL