Capítulo 3: Principales conceptos y propuesta teórica
3.2 El desafío: utilizar los conceptos de Pierre Bourdieu complementados con los de
3.2.2 La interacción entre el habitus y el código/discurso
P. Bourdieu plantea que los individuos interactúan en un espacio social, y que lo hacen
distinguiéndose en función de las dotaciones de capital que cada uno posee. La respectiva posición en el espacio a lo largo de la vida es desde donde se consolida el habitus (Bourdieu,
74 1980/2002). El habitus es el vínculo entre la realidad y la práctica en el mundo social, pudiéndose explicar desde la comprensión de este las disposiciones individuales y grupales. Según la sociología de P. Bourdieu (Bourdieu, 1979/1988), la posición que cada agente ocupa en el espacio social se define objetivamente en su existencia y en las determinaciones que impone a cada agente. Estas posiciones están determinadas por las dotaciones de capital (específicamente la estructura y el volumen) que cada individuo posee (Bourdieu, 1986/1997).
La posición en el espacio social y las condiciones que supone funcionan como el lugar de la producción de las disposiciones y, por ende, de las prácticas del ser humano. El habitus se produce en esta posición particular en el espacio social. Pero al mismo tiempo, el habitus es la relación entre la situación objetiva de los sujetos y sus prácticas y, finalmente, se convierte en generador de estas prácticas (Bourdieu, 1979/1998, 1977/2006; Vryonides, 2009). Asimismo, el habitus es generador de prácticas, pues tamiza de manera inconsciente el mundo que rodea, al punto de afirmar: “Las disposiciones (...) propensiones, no son exógenas, esto es, dependientes de una naturaleza humana universal, sino endógenas y dependientes de una historia, que es la misma del cosmos económico en que se exigen y recompensan (...). Los estímulos no existen para la práctica en su verdad objetiva de disparadores condicionales y convencionales, no actúan, sino a condición de encontrar agentes condicionados a reconocerlos” (Bourdieu, 1980/2002).
El habitus es el elemento por medio del cual la historia comunitaria se encarna en la persona y se convierte en formas de pensar, actuar y comprender el mundo por medio de esquemas de percepción, y se logra que la práctica de los individuos coincida con aquello que el entorno exige. El habitus responde a las condiciones únicas de su producción, es decir, los agentes hacen valoraciones al actuar (o, al menos, actúan como si las hicieran en muchas circunstancias), los estímulos pueden influir sus prácticas; pero todo esto condicionado a la realidad particular de los agentes, a su posición en el espacio social (determinada por las dotaciones de capital), al campo en que interactúan y a la historia con la que se identifican.
75 En resumen, escribirá P. Bourdieu: “Si hay una propiedad universal, es la de que los agentes no son universales porque sus propiedades, y en particular sus preferencias y sus gustos, son el producto de su emplazamiento y sus desplazamientos en el espacio social, y por lo tanto, de la historia colectiva e individual” (Bourdieu, 2000). Si partimos de que el habitus, según Bourdieu, es praxis, es decir, afecta lo que hago y cómo lo hago, pero también es hexis, expresión corporal, una forma de verse y de hacerse ver, entonces se confirma: “Es lo que se ha adquirido, pero que se ha encarnado de manera durable en el cuerpo bajo la forma de disposiciones permanentes” (Bourdieu, 1980/2002).
La tríada conceptual que se crea entre capitales, campo y habitus permite al autor proponer un cuarto concepto: la doxa. Este concepto alude a la actitud de naturalidad o familiaridad frente a la cotidianidad que permite “tomar el mundo como dado” (Bourdieu, 1980/2002). Esta experiencia es producto de la coincidencia entre lo que reconoce el habitus desde su perspectiva subjetiva como válido, con lo que objetivamente rodea el espacio en que interactúa el individuo. Esta experiencia de la concordancia a nivel subjetivo y objetivo es la
doxa, que puede amplificarse y convertirse en opiniones comunes entre personas o creencias incuestionadas (Bourdieu, 1980/2002).
La doxa es parte del sentido práctico o del conocimiento del sentido del juego en el campo (el enjeu), y resulta de lo que P. Bourdieu llama el cruce cuasi milagroso entre el habitus y
un campo. Para P. Bourdieu el habitus es generador de prácticas, pues tamiza de manera
inconsciente el mundo que rodea a los individuos, a tal punto que estos no serán sensibles a los mismos incentivos si no comparten el mismo habitus (Bourdieu, 1980/2002). Los estímulos pueden influir sus prácticas, pero a condición de que los agentes los reconozcan. En este punto, una vez más, B. Bernstein se vuelve un complemento para la teoría de la práctica de P. Bourdieu. Se propone que el habitus es también lenguaje, lenguaje más allá del habla. El habitus está encarnado, entre otras cosas, en el código sociolingüístico
(Bernstein, 1971) que además, se sabe, está relacionado con la posición de clase de los individuos (Bernstein, 1990). Es decir, la comprensión (en el sentido amplio) de un mensaje
76 o de un incentivo, pasa por el código que se porta, y este no puede desvincularse del origen social o del espacio histórico del sujeto.
De hecho, B. Bernstein (1990) propone que el grupo que domina el principio de la división social del trabajo es el que determina la medida en que la posición en la división social del trabajo da acceso a orientaciones específicas de codificación. Usando los conceptos de ambos autores de manera simultánea, el habitus de los dominantes y la distribución de poder que los lleva a dominar en un campo particular, se objetiva, entre otras cosas, en un discurso elaborado, que además será opuesto al discurso restringido que manejan los dominados de ese campo.
Efectivamente, B. Bernstein distingue dos tipos de códigos: restringidos y elaborados. Los
códigos restringidos son aquellos a los que todos tenemos acceso, pertenecen a la cotidianidad, al quehacer diario. Los códigos elaborados, al contrario, no son asequibles a todos y en ellos está codificado el conocimiento formal, el que es legitimado por la distribución del poder y reproducido en las diferentes agencias, como la escuela. Es importante comprender que la noción de código no supone solo un manejo lingüístico, sino que supone prácticas y conductas y, finalmente, un criterio que facilitará o dificultará el desempeño del individuo en la sociedad.
Los significados de mundo de un niño provienen del (de los) código(s) sociolingüístico(s) que maneja, pues este es su filtro de la realidad. El manejo de un código elaborado permite significar, a partir de los distintos contextos, los diferentes principios de clasificación y reglas de realización que operan en el mundo, facilitando la comprensión del mundo social en términos de sus jerarquías y la forma en que operan las relaciones de poder. De lo contrario, la persona transitaría sin aprehender de forma completa la realidad que lo rodea, sin ser capaz de significarla, limitada en sus posibilidades por esta incomprensión. La doxa, el conocimiento perfecto del juego de un campo, no sería posible sin el manejo del código legítimo en este. Así, el sentido práctico de P. Bourdieu termina expresándose, entre otras cosas, en discursos,y se logracon el reconocimiento inconsciente de códigos que son parte intrínseca de unos habitus.
77 Existe, según el autor, un dispositivo pedagógico, es decir, un conjunto de reglas o procesos
por medio de los cuales el conocimiento se transforma en discurso pedagógico una vez es
recontextualizado. Hay dos principales campos de recontextualización del conocimiento educativo: el Estado (campo de recontextualización oficial), por medio del currículum y la escuela, por medio de los maestros. Se puede hablar de un tercer proceso de recontextualización que se da entre el alumno y sus padres, que resignifican a su vez el conocimiento (Bernstein, 1990).
Por lo tanto, el discurso pedagógico se construye, al menos, en dos momentos: en la interacción maestro-alumno y en la interacción familia-escuela (Singh, 2002). Ambos momentos no pueden estar aislados del habitus de los que participan en estas interacciones. El discurso y sus reglas no operan en el vacío, sino que interactúan con un habitus particular. Interesa, en este caso, el discurso pedagógico en la relación profesor-alumno y profesor- padre de familia, y cómo este discurso es significado de forma diferente dependiendo del
habitus del alumno, habitus que se desprende de su posición en el espacio social.