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La interpretación como crítica de lo habitual

A modo de cierre resumo brevemente la secuencia que podemos obtener de lo hasta aquí propuesto siguiendo a Ricoeur: se parte de una concepción de sujeto que requiere la puesta fuera de sí hacia el sentido; sentido, sin embargo, que no remite nunca a un trasfondo de certeza última sino al desfondamiento progresivo a que nos invita como tarea la constitución en el mundo de la vida. El lenguaje, por su parte, como modalidad privilegiada de lo expresable, es revelador de este as- pecto en tanto puede dar cuenta, con su doble condi- ción de acontecimiento y estructura, de esa apertura crítica en el trabajo retrospectivo que pretende anclar ilusoriamente en un significado ya concluido. Si el len- guaje es expresión de lo real no lo es por reduplicación de lo dado, al modo de copia, sino por su capacidad de trasladar, transferir, transportar, la experiencia mis- ma de inagotabilidad del sentido que se realiza en el mundo de la vida.

Es cierto que esta caracterización del lenguaje se vuelve más aceptable si nos restringimos al decir poé- tico o a la elaboración metafórica, en tanto son modali- dades que radicalizan aquello que no obstante muestra

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ser un rasgo a recuperar de todo lenguaje: la disponi- bilidad de lo expresable para ser tratado de un modo no sujeto a la aparente estabilidad de lo mundano, que se lo considera así solo porque olvidamos su carácter derivado. De allí que no por afirmar la condición irreba- sable de la interpretación constituida lingüísticamente pretendemos la negación de los hechos o su disolu- ción fantasiosa en la inmanencia de la lengua, sino más bien queremos sugerir su dependencia de nuestro modo de interactuar con ellos, lo cual exige atender al diseño de los modos de acceder a la configuración para volverlos reconocibles.

Por otra parte, un resultado que cabe destacar, dado el carácter inferencial de estos procesos cogni- tivos, es que la imposibilidad de postular un sostén inmediato para la conciencia la obliga a realizar lo que Ricoeur denomina el largo rodeo por las expresiones de la cultura, a partir de lo cual el intérprete pretende reencontrarse, aunque ya transformado; en tanto el

trabajo de captación mediado por los resultados en obras, objetos y actos lo muestra ante sí mismo como otro de sí y como posibilidad, como proyecto.

También cabe señalar que forma parte del proce- so interpretativo así descripto la sospecha sobre sus resultados; es decir, no se ignoran los efectos distor- sivos de la mala comprensión respecto al trato con los mismos objetos, obras y actos, por lo cual el carácter provisorio y conflictivo no es eliminable por completo. De este modo, el postulado de un plus de significado está siempre en tensión con la posibilidad del engaño, y entonces la interpretación debe asumir la tarea crí- tica de desenmascaramiento. No obstante, insisto, no porque se presuponga una relación de falsa conciencia que disfraza otra genuina, sino, al contrario, porque la tarea de remoción procura entender produciendo la desedimentación de lo estabilizado, la revisión del con- junto de habitualidades, en procura de pensar nuevos modos de habitar el mundo.

1 En Gende, C. (2005), cap. IV: “el texto como obra de la interpreta-

ción”, desarrollo los rasgos de esta tensión.

2 En Gende, C. (2007) intento justificar la transformación producida

en la obra de Ricoeur respecto a este asunto.

3 Para el caso cita a Bachelard en su La poética del espacio. 4 Cfr. Ricoeur (1976, pp. 59-66).

5 Cabe atender a la siguiente descripción de nuestro autor: “la inter-

pretación es, por necesidad, una racionalización que, en el límite, evacua la experiencia que, a través del proceso metafórico, llega al lenguaje. Sin duda es solo en las interpretaciones reductoras [tam- bién en las restauradoras, agregamos] que la racionalización llega a una tal evacuación del soporte simbólico. Estas interpretaciones se enuncian fácilmente así: tal o cual símbolo parece querer decir algo inédito sobre un campo referencial simplemente presentido o antici- pado. Finalmente, y bien considerado, el símbolo no significa más que […] tal posición de deseo, tal pertenencia de clase, tal grado de fuerza o de debilidad del querer fundamental [con lo que alude a los “maestros de la sospecha”]”. Con relación a este discurso verdadero,

el discurso simbólico se vuelve sinónimo de discurso ilusorio” (Ri- coeur, 2001, pp. 450-451).

6 A juicio de Ricoeur, este es el serio equívoco de una hermenéutica

romántica que ha pretendido tomar «la situación de diálogo como me- dida de la operación hermenéutica llevada al texto. Y, al contrario, es esta la que revela el sentido de lo que es ya hermenéutico en la com- prensión dialogal» (Ricoeur, 1986, p. 159).

7 «La autonomía semántica del texto es igual de uno y otro lado. Com-

prenderse para el lector, es comprenderse ante el texto y recibir de él las condiciones de emergencia de un sí distinto del yo que suscita la lectura» (Ricoeur, 1995, pp. 61-62).

8 Podemos sostener que los intérpretes somos cada uno de nosotros

realizando las lecturas, pero no en cuanto sujetos epistémicos por- tadores de las claves para decodificar los textos, sino como subjeti- vidades irrealizadas, potencializadas, puestas en suspenso, dispo- nibles a la transformación que en ellas opere la refiguración; por lo cual, del mismo modo que el mundo propuesto por la obra exige la remoción del trato habitual con el mundo cotidiano, la condición

Notas

Carlos Emilio Gende | La interpretación lingüísticamente mediada. Su contribución para caracterizar el conocimiento, desde Paul Ricoeur | PGD eBooks # 1 | 81 para la apropiación es la desapropiación de mis ilusiones como por-

tador del sentido.

9 En este punto aludo a la descripción que Ricoeur realiza de los tres

tipos de presuposición que propone lo que ha denominado “Filosofía de la sospecha”; cfr., por ejemplo, Ricoeur (2001, p. 399).

10 Esta descripción la desarrollo con más detalle en Gende (2005); es-

pecialmente los caps. 5 y 6.

11 Para una presentación de enormes consecuencias heurísticas de esta

puja entre univocistas y equivocistas, y de cómo superarla, remito a la

vasta obra de Mauricio Beuchot: la hermenéutica analógica. Ver, por ejemplo, Beuchot (2005).

12 La intelección narrativa es nuestra capacidad, aprendida con la cul-

tura, de “prender conjuntamente las peripecias, el nudo, el desenlace, de modo que se integren finalidad, causalidad y contingencia en tota- lidades significativas” (Ricoeur, 1997, p. 99).

13 Al respecto, Ricoeur abreva en la “Estética de la recepción” de Jauss,

quien rehabilita el papel que cumple el goce y su relación primitiva con el conocimiento (1985, p. 320).

Referencias Bibliográficas

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La cuestión del conocimiento y de la posibilidad de la crítica constituye un problema fundamental en la filosofía de Jürgen Habermas y especialmente en el tránsito desde

Conocimiento e interés, publicado en 1968,1 hasta su tra-

tado de 1981 sobre la Teoría de la acción comunicativa.2

Aunque la amplitud y la complejidad de la obra del filóso- fo alemán resultan manifiestas, procuramos delimitar y analizar su posicionamiento en ambos textos en función de dilucidar las continuidades, los desplazamientos y las perspectivas abiertas por su planteamiento. Es necesario advertir que el viraje entre estos libros no reside en la te- mática abordada, como podría esgrimirse desde los títu- los con un énfasis en la teoría del conocimiento, en un caso, y en la teoría de la acción, en otro. Tampoco se trata de un desplazamiento desde una preocupación gno-

seológica hacia la problemática política, puesto que des- de el comienzo Habermas concibe la elucidación del co- nocimiento como condición de posibilidad de una teoría crítica de la sociedad. Veamos al respecto las palabras del filósofo en el prefacio de su libro de 1968:

El análisis de la interrelación entre conocimiento e interés debería apoyar la afirmación de que una crítica radical del conocimiento solo es posible en cuanto teoría de la socie- dad […] Esto tiene como consecuencia que solamente a nivel diletante podría anticiparse una teoría de la socie- dad, a la que tan solo quiero llegar a través de la autorre- flexión de la ciencia. Ahora damos el primer paso en esta dirección. En consecuencia, esta investigación no tiene otra pretensión que servir de prolegómeno (1989, p. 9).

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Conocimiento y crítica en la filosofía

de Jürgen Habermas: desde los intereses

rectores del conocimiento hacia

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