de la industria harinera del litoral
andaluz
122 Industrialización y desarrollo económico en Andalucía
españolas. En Andalucía las harineras tradi- cionales seguían representando el 69 % de la capacidad instalada frente al 31 % de las fá- bricas con el sistema austrohúngaro, frente a un 47 % y 53 % de España, y un 24 % y 76 % respectivamente de Cataluña12.
Durante el primer tercio del siglo XX se acele- ró el proceso de modernización de la indus- tria harinera. Apoyada en el incremento del consumo per cápita y en el crecimiento de los precios propiciado por las perturbaciones de los mercados internacionales durante la Primera Guerra Mundial, la capacidad mol- turadora de la industria harinera creció de forma extraordinaria, incluso por encima de la demanda nacional13. Con la normalización
de los mercados internacionales, los precios de los trigos y las harinas tendieron a la baja, y los grupos de cultivadores exigieron un incremento de la protección arancelaria. Se implantó de nuevo un rígido prohibicionis- mo en 1922 que limitó extraordinariamente el funcionamiento de las harineras del litoral con trigos importados. En una coyuntura de
exceso de capacidad molturadora y de es- tancamiento del consumo per cápita, perdi- das las esperanzas de conquistar mercados exteriores, se abrieron camino las solucio- nes intervencionistas a través de precios de tasa, prohibiciones de nuevas instalaciones industriales y cuotas de producción. Antes del estallido de la guerra civil española, la industria harinera ya estaba sometida a rígi- dos controles estatales (que iban desde el co- mercio del trigo a la fabricación de harinas) que limitaban su capacidad de adaptación a las nuevas condiciones de los mercados. Como ya señaló Moreno Lázaro, las limitacio- nes de la moderna industria harinera también estuvieron ligadas a la debilidad de algunos componentes de la demanda, especialmente de la demanda de harinas de calidad relacio- nadas con la fabricación de pastas para sopa, con la de galletas o con la panificación fabril14.
Para Andalucía solo contamos con un estudio sobre la importante industria panadera, la de Alcalá de Guadaíra, que nos muestra el largo y complejo proceso hacia su modernización15.
3.2. La industria azucarera
La importancia de la industria azucarera anda- luza ha suscitado la realización de numerosos estudios que nos permiten un conocimiento más adecuado de su trayectoria histórica16. A
lo largo de un extenso periodo, la industria azucarera ha protagonizado una destacada expansión y modernización, facilitada no solo
por el conocido incremento de la población, sino también por un constante aumento del consumo per cápita de azúcar. En concreto, pasó de 2,4 kg hacia 1855-59, a 5,2 kg en torno a 1900-0417. Durante el primer tercio del siglo XX
el consumo siguió progresando hasta los 12 kg hacia 1931, cifra que se redujo tras la guerra ci-
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Panorama de la industria agroalimentaria
vil y que solo se recuperó en los años cincuen- ta18. Este permanente aumento de la demanda
fue un poderoso estímulo para el desarrollo de una moderna industria azucarera.
En una industria en la que los costes de la materia prima son muy sustanciales, su lo- calización estuvo determinada por la proxi- midad a las zonas de cultivo, primero de la caña de azúcar y, posteriormente, de la remolacha azucarera. Por consiguiente, los primeros ensayos para modernizar la in- dustria azucarera se dieron en la única zona productora de caña de azúcar: en la costa oriental de Andalucía, en las provincias de Granada y Málaga. Entre 1845 y 1881 se multiplicaron una serie de iniciativas para instalar fábricas con modernos sistemas de fabricación de azúcar, con la incorporación del vapor, a partir de la producción de caña de azúcar de la zona. Se llegaron a abrir más de 20 grandes fábricas, 8 en Málaga, 10 en Granada y 2 en Almería. Empresarios tan conocidos como los Heredia y los Larios19, o
políticos como el marqués del Duero realiza- ron importantes inversiones en estas inicia- tivas modernizadoras20. Como consecuencia
de todo ello, la expansión de la superficie cultivada y el crecimiento de la producción de azúcar fue muy notable. También au- mentaron los rendimientos, tanto los de la fase agrícola como los de la fase industrial. No obstante, las importaciones de azúcar cubano también siguieron creciendo por- que la producción nacional no era suficiente para abastecer el mercado interior, y porque,
a pesar del arancel protector que disfrutaba el azúcar español, el azúcar cubano era más barato gracias a unos mayores rendimientos agrícolas.
Entre los inicios de los ochenta y la emanci- pación de las colonias americanas tuvo lugar otra de las etapas decisivas en la moderni- zación de la industria azucarera: la expan- sión de las fábricas de azúcar de remolacha. Gracias al refuerzo de la protección arance- laria frente al azúcar colonial, se importó la
tecnología europea para producir azúcar de la remolacha y se instalaron nuevas fábricas en Granada, Málaga y Almería. En 1898 la capacidad molturadora fabril en España su- maba 3.935 Tm/día (más de la mitad de ella localizada en Granada)21. El crecimiento de
la producción fue considerable: entre 1895 y 1899, la producción de azúcar de remolacha alcanzó las 34.000 Tm (el 59 % de la produc- ción nacional) frente a las 23.700 de azúcar de caña, aunque esa producción conjunta no fue suficiente para atender toda la demanda nacional ya que se importaron 26.100 Tm (el 31 % del consumo español)22.
Tras la emancipación de las colonias ame- ricanas en 1898, la industria azucarera española disfrutó de un incremento de la