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2. REFERENTES TEÓRICOS

2.1. LA NARRATIVA: DEFINICIÓN Y SURGIMIENTO

2.1.3. La narrativa en la enseñanza de las ciencias

Una de las preocupaciones de la didáctica de las Ciencias, es reconocer la manera como los educandos realizan construcciones del conocimiento, para ello se realizan diferentes procesos de metacognición, así, desde el psicoanálisis y la construcción social del conocimiento según Vigotsky, el niño puede generar estrategias de aprendizaje cuando realiza procesos mentales que le involucren con un grupo determinado de individuos. (Hernández, C. A. 2001). Pero, de acuerdo con Jiménez (2003) no hay forma de conocer exactamente lo que ocurre en el interior de la mente, sin embargo, una de las formas en que podemos aproximarnos es prestando atención a las discusiones entre estudiantes sobre cuestiones de ciencias, por esa razón, gran parte de los estudios sobre la argumentación del alumnado, se centran en el discurso natural que tiene lugar en las clases de ciencias, más que en respuestas obtenidas mediante cuestionarios o entrevistas. (Hernández, 2001).

Así, es necesario tener en cuenta que los conocimientos científicos se han descubierto, creado o inventado, dentro de un contexto humano, con aspectos históricos y sociales, y por tanto, se considera que no hay que ocultar al alumnado estos aspectos humanos que, habitualmente, se suprimen en las enseñanzas científicas (Egan,1994), pues estos son los que acercan a los estudiantes a la ciencia y la identifican como un proceso humano donde se pretende dar explicación a diferentes fenómenos que ocurren en el cotidiano. Por ende, es muy probable

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que la manera más natural y antigua en la que organizamos nuestra experiencia y nuestro conocimiento sea en términos de la forma narrativa (Bruner, 2003), pues las narrativas son más sencillamente comprendidas que otros formatos textuales tales como las explicaciones y las argumentaciones.

Uno de los rasgos centrales de las narrativas es el enorme poder de atracción que tienen sobre la imaginación humana, lo que ha sido denominado “efecto narrativo” (Bruner, 1991; Norris et al., 2005) y parece ser el responsable de su memorabilidad, lo que lo es una de las razones de peso para su inclusión en la enseñanza de las ciencias, ya que los contenidos científicos que forman parte integral de una narrativa pueden quedar “disponibles” como insumos para ser recuperados y puestos al servicio de resolver problemas o producir explicaciones. (Adúriz et., al 2016)

Las narrativas científicas constituyen un aporte entendiendo que en el contexto de ciencia escolar se aprende el lenguaje científico hablando, leyendo y pensando, pero principalmente escribiendo y evaluando estos escritos. En la narración de las ideas científicas, según lo señala Izquierdo (1995), citado por Quintanilla (2002), el estudiante deberá aprender a comprender el concepto para argumentar razonablemente como lo concibe, de tal forma que al plasmarlo sean coherentes las ideas y las palabras narradas con el modelo teórico. (Campos, 2012).

La narrativa no es sólo una metodología; como señaló Bruner (1988), es una forma de construir realidad, por lo que la metodología se asienta, diríamos, en una ontología, en primer lugar, la individualidad no puede explicarse únicamente por referentes extraterritoriales pues la subjetividad es, más bien, una condición necesaria del conocimiento social. La narrativa no sólo expresa importantes dimensiones de la experiencia vivida, sino que, más radicalmente, media la propia experiencia y configura la construcción social de la realidad. Bruner, J. (1988).

42 Por su parte, Bolívar (2002) afirma que:

“La investigación biográfica y narrativa en educación se asienta, dentro del "giro hermenéutico" producido en los años setenta en las ciencias sociales. De la instancia positivista se pasa a una perspectiva interpretativa, en la cual el significado de los actores se convierte en el foco central de la investigación. Se entenderán los fenómenos sociales (y, dentro de ellos, la educación) como "textos", cuyo valor y significado, primariamente, vienen dados por la auto interpretación que los sujetos relatan en primera persona, donde la dimensión temporal y biográfica ocupa una posición central.” (p.4 )

El interés actual por los relatos y narrativa puede ser visto como la expresión de una actitud crítica hacia el conocimiento como racionalidad técnica, como formalismo científico, y hacia el conocimiento como información. (Bolívar, 2002), el juego de subjetividades, en un proceso dialógico, se convierte en un modo privilegiado de construir conocimiento.

En este sentido, estos enfoques reclaman para la comprensión de las narraciones unas formas de razonamiento que puedan reconocer, en los procesos mismos de los eventos narrados, la multiplicidad de ejercicios de traducción que proceden por la metáfora y el símil, es decir, que puedan reconocer unas formas de pensamiento fundadas en aquello que Bateson (1994) citado por Campos, R. A. J. (2012) definió como la abducción. Campos Roxana considera cada vez más necesario desarrollar e implementar actividades que permitan desarrollar competencias de pensamiento científico y los textos narrativos permiten reconstruir el conocimiento de los estudiantes, y esta actividad, implicará un procedimiento de naturaleza cognitivo-lingüístico Sanmartí, (2003) citado por Campos, R. A. J. (2012).

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Bruner (2003) sugiere que el cuento o relato es un medio para comprender y hacer comprender, en el cual el usuario no es capaz de identificar fehacientemente, por qué entiende más y mejor a partir de este. En el ámbito de la educación científica, el interés y la significatividad que las narrativas generan en los estudiantes se suma a que ellas contribuyen a construir una “imagen de ciencia” fuertemente contextualizada: humana, cambiante, históricamente situada, atravesada por intereses y valores; tal imagen se adecúa a las perspectivas epistemológicas actuales (Adúriz et., al 2014). El uso del cuento, se entiende entonces, como una forma de facilitar el aprendizaje científico, en las primeras etapas de la educación, la cual es defendida por Espinet (1995), quien afirma que la fuerza y efectividad de los cuentos no se debe a los contenidos específicos de los que trata, sino a su estructura narrativa, pues el cuento es, en la actualidad, aceptado como un “universal cultural”, que refleja alguna característica propia del pensamiento humano y por ende permea más fácilmente en la construcción de ciencia que forman los estudiantes.

Según Norris et al., (2005) citado en (Adúriz et al. 2016, p.692) la facilidad para comprender los cuentos o relatos se basa en que la propia experiencia humana y se configura en términos de hechos vividos en lugares y tiempos determinados, allí radicaría la potencia de las narrativas producidas al relatar algo que sucede y que va seguido de otros eventos y sus consecuencias.

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