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2. REFERENTES TEÓRICOS

2.1. LA NARRATIVA: DEFINICIÓN Y SURGIMIENTO

2.1.1. Surgimiento de la narrativa

El interés por la narrativa como vía de conocimiento, es una característica distintiva de la investigación en numerosas disciplinas como en la crítica literaria, la semiótica, la filosofía, la antropología, la lingüística, la psicología cognitiva y la historia; aunque parcial, esta lista da una idea del amplio interés que existe por la narrativa, especialmente en ciertas disciplinas que la comunidad educativa tradicionalmente frecuenta para informar su propia investigación (McEwan

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y Egan, 2012), así en el esquema 3 se muestra desde cuales campos se trabajó la narrativa en esta investigación:

Esquema 3.Campos desde los que se trabaja el concepto de narrativa para esta investigación. (Elaboración propia)

La narrativa según Gutiérrez, O. G., & Dimas, A. S. (2005) ha tenido varios momentos: 1) parte de las tradiciones filosóficas y literarias que hasta el siglo XIX dominaron el abordaje de las cuestiones humanas y sociales, 2) se convirtió en objeto de disputas entre estas tradiciones vigentes y las nacientes ciencias modernas que cuestionaron su estatuto; y 3) el más reciente, donde la narrativa ha sido restituida en sus posibilidades epistemológicas y metodológicas desde los enfoques específicos de algunas disciplinas.

Desde el campo lingüístico, se plantea que la narrativa surge desde la antigua Grecia, y que es desde esta que se lograban expresar las historias creadas por Homero: La Ilíada y La Odisea, que se convirtieron en las obras que sirvieron de material base para que los que se

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dedicaban a escribir en la época obtuvieran el contenido necesario con el fin de entretener a la audiencia, estas narraciones eran desarrolladas a través de novelas (Gilardi, 2011).

Por su parte, Freites (1996) afirma que en la lingüística moderna se ha dado un creciente interés por caracterizar las estructuras globales de los órdenes discursivos, y que el más estudiado es la narración, logrando establecer desde este campo que esta, se refiere, a un evocar de acontecimientos vividos por personajes y que incluyen un tiempo en el que suceden eventos (Castagnino, l976), de esta forma, se observa que el elemento fundamental en las narrativas es el contar acontecimientos.

El holandés Van Dijk (1983) ha presentado un patrón para abordar estos discursos narrativos, y afirma que: “muchas características de los textos literarios coinciden con características generales del texto, o al menos con determinados tipos de texto” (Ibíd., p.16) estableciendo que en la escuela es necesario dar herramientas para que los estudiantes tengan “un amplio espectro de habilidades y conocimientos para poder comunicarse, en los que la producción y la interpretación de diferentes tipos de textos es de máxima importancia” (Van Dijk, 1983. p. 16)

Para Herrenstein-Smith (1981) la narrativa está intrínsecamente incorporada al accionar humano, por tanto, considera que la definición estructural de la narrativa es demasiado limitante, planteando que se utilice fructíferamente, en pro del análisis del lenguaje, el comportamiento y la cultura.

Chomsky en el año 2007 estableció que cualquier individuo con la facultad de hablar es capaz de expresarse, interpretar y entender lo que otro individuo de su comunidad le comunique, es decir, que el ser humano posee una competencia lingüística que puede expresar a través de su actuación lingüística, es decir usar los mecanismos físicos para hablar, sin requerir conocimiento

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profundo de cómo se da este proceso, estableciendo así, desde su teoría de gramática generativa, la base del análisis de los textos narrativos.

Jorba et. al., (2000) planteó que “el texto narrativo es la estructura más habitual de los textos a los que se tiene acceso, y suele incluir todos los demás, porque en ellos se pueden encontrar diálogos, descripciones, explicaciones, etc., pero con unas características que le confieren cohesión y lo caracterizan: la visión subjetiva y la ordenación cronológica de los hechos”(p.69). Así, los diferentes tipos de texto reclaman diferentes habilidades cognitivo- lingüísticas que a su vez reclaman habilidades cognitivas (ver esquema 4), en ese sentido los contenidos de las áreas curriculares desarrollan las diferentes formas de aprender y por ende posibilitan el desarrollo de las habilidades cognitivas, teniendo en cuenta que siempre se verá influenciado desde la cultura y la mente humana.

En el esquema 4 se resalta el texto narrativo, pues es el de mayor interés en esta investigación, haciendo principal énfasis en las actividades cognitivo-lingüísticas de describir, explicar y argumentar, así, en el trabajo propuesto en este informe, se hace evidente como los estudiantes a través de este tipo de texto logran fortalecer principalmente dichas habilidades, y que, entre otras cosas, pueden aportar al mejoramiento de sus procesos cognitivos y el aprender a aprender.

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Esquema4. Habilidades cognitivo-lingüísticas Fuente: Jorba, J. et al., (2000, p.32).

Otro campo en el que ha surgido la narrativa es la psicología, desde este Polkinghorne (1988) plantea que la narrativa es una forma primaria con la que se le da sentido a la experiencia humana y haciendo énfasis en esta se puede relacionar con lo que Bruner (1988) quien considera que la narrativa, es una forma de construir realidad y que dicha construcción no se expresa únicamente en la experiencia vivida, sino que, es hacer una mediación entre la propia experiencia y la construcción social de la realidad.

En este contexto, adquieren una gran relevancia las historias de vida, tanto como objeto de investigación como metodología (Goodson y Sikes, 2001), poniendo así en consideración la narrativa como fenómeno que permite la construcción del conocimiento y la socialización del conocimiento de los demás, desde el punto de vista sociológico.

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Según Burgos (1989), el concepto de Narrativa surge en el continente europeo, durante la edad media, y para ese tiempo el “narrar” era contar historias sobre las tradiciones de los héroes legendarios y sus obras. Así entonces se ve como desde campo filosófico, se puede afirmar que la definición de narrativa no ha tenido grandes modificaciones, así, la palabra “narrativa” ha conservado sus raíces latinas, refiriéndose entonces a “la estructura, el conocimiento y las habilidades necesarias para construir una historia” (McEwan y Egan, 2012). Mostrando que su función es la socialización del conocimiento y la experiencia humana.

Desde el campo educativo, Tyler (1950) plantea que la experiencia es la base de la narrativa, estableciendo que se trata de investigarla como conductora vivencial de las experiencias vividas, por tanto, no se trata solo de recuperar lo vivido de otros, sino que plantea la necesidad de establecer como una forma de conocimiento desde un lenguaje social y producido desde la cultura en que se encuentra inmerso el individuo. Para una época más adelante en el campo de la enseñanza de la biología, Maturana y Varela (1987) plantean que la narrativa es una dimensión mediante la cual se actualizan los sentidos que organizan tanto la estructuración contingente como la contingencia estructurada de los sistemas.

Así, desde lo educativo se pueden dar ideas desde las diferentes disciplinas, pero por lo general, se plantea que el lenguaje científico, es como el literario, pues se considera como un instrumento para crear y comprender el mundo (Izquierdo & Sanmartí, 2000). Desde este punto, se ha evidenciado que las narrativas representan un medio para facilitar los procesos de modelización (Millar y Osborne, 1998. Citado Ramos y Espinet, (2007) y pueden ser un instrumento que permite reflejar la estructura fundamental de nuestra mente: hacer público lo privado, y no solo la parte académica que frecuentemente se trabaja en el aula, sino también la emotiva y valórica (Eisner 1994).

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En este sentido, se hace evidente que en todo el proceso de la narrativa se requiere de procesos de revisión del aprendizaje, en busca del nivel en qué se encuentra y que se tiene que hacer para mejorarlo, estando constantemente en el proceso de identificar, controlar y transformar las experiencias de aprendizaje para que el estudiante pueda obtener su propio conocimiento desde la revisión de sus procesos cognitivos, motivacionales y ambientales (Cano, 2009).