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La oposición a los performativos soberanos

Detrás de la idea de un acto de habla ilocucionario, como es el caso de una amenaza,

se encuentra lo que Butler llama “la noción de sujeto soberano”39

, a saber: “la fantasía de la

acción soberana que estructura la amenaza supone que un cierto tipo de enunciado es al mismo tiempo la realización de la acción a la que el acto de habla se refiere”40

. Butler afirma que los defensores de la regulación del lenguaje de odio adoptan esta lógica, cuando argumentan que quien pronuncia un lenguaje sexista o racista hace lo que ella/él dice cuando lo dice, de este modo él o ella subordina al destinatario al momento de la emisión. Por ejemplo, cuando MacKinnon identifica el poder del texto pornográfico como el que ocasiona la subordinación de las mujeres, a juicio de Butler esto “implica una figura de la

performatividad (una figura del poder soberano que gobierna la manera en que se dice que

actúa un determinado acto de habla) como eficaz, unilateral, transitivo y generativo”41

. Y, en efecto, esta afirmación parece estar fundamentada por la propia tesis de MacKinnon

según la cual el “poder de la pornografía se parece más al poder del Estado. Está respaldado

por un poder tan grande, menos controlado y por lo menos tan legitimado”42

.

Sin embargo, para Butler existe una diferencia entre la condición ilocucionaria de una expresión (que es una amenaza) y su eficacia (que hace lo que se propone). En este

punto es relevante lo que J. L. Austin llama “la doctrina de los Infortunios”, esto es, los

“desaciertos” y “abusos” de los que en ocasiones son responsables los performativos43

. Admitiendo la posibilidad de que los efectos desafortunados entorpecen las quejas de los opositores de Butler, ya que si el lenguaje de odio y la pornografía no son siempre tan eficaces como alegan estos críticos a favor de la regulación, entonces la censura no puede

39

BUTLER, JUDITH, Lenguaje, poder e identidad…, p. 37.

40

Ibídem, p. 31.

41

Ibídem, p. 129.

42

MacKINNON, CATHARINE A., Op. cit., pp. 39-40. “The power of pornography is more like the power of the state. It

is backed by power at least as great, at least as unchecked, and at least as legitimated”. La traducción es mía.

43

AUSTIN, J. L., Op. cit., p. 59. Un desacierto es una expresión que no produce el efecto deseado, mientras que un abuso

ser la respuesta. Una vez más, Butler vuelve a Derrida. Cuando Austin estudió los actos de habla desafortunados, lo hizo mediante la exploración de las condiciones o circunstancias en las cuales fracasan. Así, por ejemplo, en términos de las convenciones de matrimonio, el performativo “Yo los declaro marido y mujer” fracasa cuando la persona que realiza la

ceremonia de matrimonio no está autorizada para ello, o cuando una de las dos partes ya está casado, y así sucesivamente44

. Por el contrario, cuando Derrida habla de fracaso potencial, no supone que el fracaso es una posibilidad circunstancial sino que es un riesgo

“propio del acto de habla en sí mismo”45

. Esto es, para recordar un argumento del capítulo anterior, el resultado de la capacidad del habla de romper con sus contextos existentes y desplegarse en formas nuevas e imprevisibles. Es esta característica del lenguaje, la que sustenta la posibilidad para que la lucha contra el significado del lenguaje de odio, se lleve a cabo de tal manera que su poder de hacer daño se vea frustrado.

Por consiguiente, reclamar como Richard Delgado, que “palabras como „negrata‟ o „sudaca‟ son distintivos de degradación incluso cuando se utilizan entre amigos” y que “estas palabras no tienen ninguna otra connotación”46

, es a juicio de Butler, dejar de tener

en cuenta los tipos de “desdoblamiento del discurso ofensivo”47

que se producen debido a la estructura iterable del lenguaje. Desde la sátira política hasta la música rap, desde el tipo de crítica político-jurídica en la que Delgado está involucrado, hasta los muchos intentos de legislar ya sea en contra o para enjuiciar un lenguaje específico (incluida la enmienda

Helms y el “no preguntar, no hablar”), las palabras agresivas adquieren otro estadio y sus

usos proliferan. En efecto, al querer censurar la pornografía, activistas y políticos como Andrea Dworkin, MacKinnon y Helms están, en opinión de Butler, participando de manera activa y con cierta ironía en la recirculación y dando un nuevo impulso a los mismos discursos que buscan repudiar; están demostrando la citacionalidad del signo48

. Y es esta citacionalidad, como se indicó en la discusión sobre el género, la que se encuentra en el

44

Austin presenta varias formas de infortunios, entre las que se incluyen Malas Apelaciones, Malas Aplicaciones y Malas Ejecuciones. Ibídem, p. 62.

45

BUTLER, JUDITH, Lenguaje, poder e identidad…, p. 243.

46

MATSUDA, MARI J., et alter, Op. cit., p. 107; citado en BUTLER, JUDITH, Lenguaje, poder e identidad…, p. 166.

47

BUTLER, JUDITH, Lenguaje, poder e identidad…, p. 34.

48

Por ejemplo, en “Force of Fantasy” Butler sostiene que el trabajo de Helms es en sí mismo un ejercicio de la pornografía de la clase que él está tratando de prevenir. Cfr., BUTLER, JUDITH, “The Force of Fantasy…”, p. 196.

núcleo de la propuesta política de Butler sobre el lenguaje de odio. Antes de continuar con esta última afirmación, hay un aspecto final de su refutación a la noción de sujeto soberano que debe tenerse en cuenta, y esto es la relación de la soberanía con la subjetividad, ya que es decisivo para comprender su versión no voluntarista de la agencia. Sin embargo, para entender esto es preciso volver brevemente a la explicación de Butler acerca de la constitución discursiva de la subjetividad.