2.11.1. Como señala Nicole Moutard [1971: 243], la palataliza ción es un fenómeno expresivo y sobre todo afectivo e hipocorístico de gran impor- tancia en euskera. Ya Astarloa, en sus Discursos [FHV: 181], había hecho un estudio sistemático de este procedimiento, en es pecial de la ch y la ll de diminución: la xe de sutileza, y la ñ de pe queñez.
Los diminutivos, los términos empleados afectivamente, y en ge neral los hipocorísticos sólo se caracterizan por la palatalización, y los campos semánticos del parentesco, los nombres de animales, las par tes del cuerpo, los colores, etc., son particularmente susceptibles de palatalización: ttort-
tola «tortolita», gixon «hombrico», xilo «agujerito»...
En Rentería la / / sólo aparece en los diminutivos: xagu «ratoncito»,
xexen «torito», xoxo «estupidillo», xotx «palito»...
Además en la lengua infantil es muy corriente, así como en las onoma- topeyas e interjecciones. Los adultos dirigiéndose a los niños y a los ani- males emplean con frecuencia la forma palatalizada. En Aezcoa la forma zu «Vd.» se reemplaza por xu cuando se habla a los niños o cuando éstos se dirigen a sus mayores.
Tipo Euskera Español
CV Gi-ro «ambiente»... Ca-sa
CVV Gau-zei «a las cosas»... Fie-ra
CVC Bes-tek «otro»... Can-tar
CVVC Zait «me es» Pies
V E-a «a ver»... A
VV Ai-ze-an «en el viento» Au-to
VC Al-fer «vago»... Al-to
En inicial / / y / / se pueden emplear con valor afectivo: labur «corto» > llabur «cortito», lodi «gordo» > llodi «gordito», ler «pino» > llerko «pino pequeño». También tiene un valor despreciativo en el ca so de beti nigarrez > beti ñigarrez «siempre lloriqueando»...
La palatalización expresiva es con frecuencia espontánea, pero cuando la forma palatalizada se fija y llega a ser la forma base, es la forma no pala- talizada la que adquiere un valor semántico inverso, au mentativo o peyo- rativo. Así en Rentería: txakur «perro» > zakur «perrazo», txerri «cerdo»>
zerri «cerdo» fig. como «insulto»...
El euskera utiliza, pues, los fenómenos palatales con fines expresi vos y en campos semánticos específicos de los que uno lo constituyen los dimi- nutivos e hipocorísticos y otro los aumentativos y peyorativos. Así tenemos los sufijos diminutivos: -tto, -ño, -ñi, como en etxetto «casita», andereño «señorita» o amiñi «un poquito»...
Asimismo existe la posibilidad de geminar ciertas consonantes con fines propiamente expresivos: tipi «pequeño»> ttipi > txipi (ttiki > txiki «peque- ñito»), liluratu «fascinar»> llilluratu, guti «poco» > gutti > gutxi, Baptiste >
Battitte...
En comarcas de habla vizcaína (Eibar, Bermeo...) el grupo palatal <it> /c/ se ha confundido con /t /: aitxa,-e «padre» < aita; gaitxu «nos ha» < gaitu, ditxu «los ha» < ditu...
Y a veces la realización [t ] es el resultado de la palatalización ex presiva de varias consonantes como <t, d, m>: txilista «lenteja» < tilista (V), txasta- tu «gustado» < dastatu, txainkü (S) «cojo, manco» < maincu (AN, L) < man- cus (lat.).
El valor expresivo de tx- se utilizó —y aún hoy se utiliza— mu chísimo, sobre todo en nombres de personas, ya que encontramos, por ejemplo:
Cherran de Gamboa (s. XV) por Herrán, Chatalin por Ca talina, Chomin por Domingo...
2.11.2. El proceso contrario de despalatalización se da también sobre todo en bajo-navarro y labortano, pero se trata de un fenómeno reciente, ya que Etxeberri de Ziburu, Oihenart y Pierre D’Urte, auto res del XVII y XVIII, utilizan las grafías <ill, iñ, gn>, que correspon den claramente a las palata-
les / / y / / milla «mil», humillqui «humil demente», illhun «oscuro», gagna «lo de encima», gañean «encima», burdiñac «hierros», oiñetacoac «calza- do», lehoña «el león»...
Así pues, nos encontramos con que de las grafías <ll, ñ> se pasa a <il,
in> que se realizan últimamente como [il] y [in]: hila «muerto» [hí la], egina
«hecho» [e ina], boteila «botilla» [boteila]...
Este proceso de despalatalización se está extendiendo a causa de «leer a la española» las grafías <il, in>, es decir, como consecuencia de considera- ciones fonéticas erróneas, que van en contra de la ortoepia, pero defendi- das por algunos normativistas para huir del yeísmo generalizado.
2.12. LA ASPIRACIÓN
2.12.1. Según Larrasquet, en la aspiración la lengua toma la po sición de la vocal siguiente y una contracción brusca del diafragma produce un soplo intenso y rápido [FHV: 208]. Esta pronunciación del fonema /h/ se da en suletino, bajo-navarro y labortano, pudiendo apa recer en los siguientes contextos:
a) Inicial: harri «piedra», herri «pueblo», haur «niño»... b) Interior entre vocales: ahalke «vergüenza», lehoin «león»... c) Entre diptongo y vocal: auher «perezoso», oihan «bosque»...
d) Ante vocal tras <n, ñ, 1, ll, r, rr>: senhar (L) «marido», añhara (S) «golondrina», elhe «palabra», ülhün «oscuro», orhe «ma sa», urrhe «oro»...
e) Tras las oclusivas sordas: ph, th, kh: ephe «plazo», itho «aho gar», akher «macho cabrío»...
No se halla aspiración tras oclusiva sonora ni tras sibilante.
La frontera de la aspiración coincide casi con los Pirineos, aunque hay casos como el de Zugarramurdi, Quinto Real y Valcarlos que con servan dicha aspiración y otros como San Juan de Luz, Behobia y Hendaya que la han perdido.
La aspiración es un fenómeno muy antiguo, pues se atestigua ya en la Edad Media, en la que los gascones de Bayona representaban dicho fenó-
meno por <f>: Ferriaga (Harriaga), Fondarraga (Hondarraga)... Y en gran- des zonas de habla vasca del territorio español, sobre todo en Álava, La Rioja y Navarra dicho fenómeno se conoció hasta el siglo XIII por lo menos: Lehet, Uharte, Harrieta, Heguilaz...
Como muestra de su valor distintivo podemos presentar las parejas siguientes: har «gusano» / ar «macho», hari «hilo» / ari «estar en acti vidad»,
hezi «domado» / ezi «pues...», belhar «hierba» / belar «frente», eri «enfermo»
/ erhi «dedo»... Aunque Lafon consideraba que las oclu sivas aspiradas eran variantes fonéticas y no fonemas diferentes, Michelena considera que hay dudas razonables de que ello sea así, pues aunque sea de muy poco rendi- miento se pueden hallar casos co mo: bati «a uno» / bathi «resolución», oker «eructo» / okher «torcido»...
La <h> puede proceder o ser continuadora de:
a) Una antigua h protovasca: hartz «oso», bihotz «corazón»... b) Una f- latina: ahetz «liga de vinos» < faex...
c) Una antigua -n- intervocálica: ohore < honorem...
d) Una antigua oclusiva sorda inicial: phiper «pimiento» < piper, thi- piña «puchero» < topina, khako «gancho» < cacu...
e) Aparece a veces también sin justificación: arena > harea, scabies >
hezkabia «tiña», roca > harroka..., aunque estos dos últimos se pue-
den justificar por cruce con hatz «sorna» y con harri «piedra»...
2.12.2. Independientemente de su posición fonológica actual, no hay duda de que, según Michelena, las oclusivas sordas aspiradas en un tiempo no fueron sino variantes fonéticas, y que su realización as pirada o no depen- día de su posición en la palabra y en último término, al parecer, del acento.
2.12.3. Con respecto a <lh, rh, rrh> podemos señalar que se da con bastante frecuencia, sobre todo <lh>: alhargun «viuda», belhar «hierba», elhur «nieve», ilhun «oscuro»... Y las vibrantes aspiradas so bre todo apare- cen en palabras compuestas: bürhezur «cráneo», urthats «comienzo del año», errhauts «polvo»... También se puede observar un fenómeno parale- lo al del romance en la palabra er(h)o «loco» (occ.) y erho «matar», como it. matto (lat. mattus).
2.13. CONSONANTES OCLUSIVAS
2.13.1. En todos los dialectos vascos se dan las dos series de oclusivas: sordas (p, t, k) y sonoras (b, d, g). Estas últimas se realizan como oclusivas o fricativas en contextos análogos al castellano, y al gunas hablas de Lapurdi, Baja-Navarra y Zuberoa tienen además las oclusivas sordas aspi- radas (ph, th, kh).
No deja de resultar extraño respecto a los romances vecinos que el latín <g> se haya mantenido como oclusiva ante <e, i>, al igual que ante las otras vocales <a, o, u>: bago «haya», aingeru «ángel»...
Pero se da también con mucha frecuencia la fricativización y desa - parición consiguiente de la -g- intervocálica: dago «está» [da o] > [dao] > [do]; egin «hacer» [e in] > [ein] > [in]; egon «estar» [e on] > [eon]...
Ya en la misma Edad Media nos podemos hallar con formas como Andra(g)uren, Sora(g)uren...
Esta debilitación se puede comprobar claramente en los compues tos. Así: bekaraiak «cejas» < * bet (begi «ojo») + garaiak «altos»; betilun «triste» < * bet (begi) + ilun «oscuro», artile «lana» < *art (ardi «ove ja») + ile «pelo»...
Un fenómeno especial es el paso de -d- > -r- > ø: edan «beber»> eran > ean, ideki «abrir» > ireki, adiskide «amigo»> aixkire... Fenóme no que se trasluce en la pronunciación de los mayores de frases caste llanas como: no ha veniro...
Las geminadas latinas sonoras han evolucionado a oclusivas sor das: abbas «sacerdote» > apaiz, sabbatum «sábado» > zapatu (V)... Y en présta- mos se observa la alternancia sonora / sorda como en: bekatu / pekatu «pecado», bake / pake «paz», ditare / titare «dedal», típula / dipula «cebolla»,
barkatu / parkatu «perdonado», baradizu / paradisu «paraíso»...
Tras /l, n/ las sordas tienden a sonorizarse menos en Zuberoa: isil + -tu > isiltü (S) / isildu «callado», Oiartzun + -ko > Oiartzungo «de Oyarzun». Y tras sibilante /s, ts, , t / se da el proceso inverso, o sea, el ensordecimien- to: ez + bada > ezpada «si no es», hitz + -dun > hiztun «hablador», hotz + -
hats + beren > hasperen «suspiro»... Tampoco faltan casos de metátesis
como: bage / gabe «sin», gibel / bigel «hígado»... El esquema de la evolución sería, pues, el siguiente:
2.13.2. Y si nos fijamos en la frecuencia de dichos grafemas según un
estudio de Biritxinaga [Txillardegi: 1980] sobre más de 100.000 casos, el resultado en tantos por ciento es el siguiente:
<b>: 2,215% <d>: 1,440% <g>: 1,013% <k>: 0,318% <p>: 0,308% <t>: 0,114%.
Donde se ve claramente que la serie sonora se da mucho más fre- cuentemente que la sorda.