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La persistencia de la desigualdad en el sur

CO-CRÍTICO DESDE EL SUR

2. La persistencia de la desigualdad en el sur

Las teorías detrás de la larga y debatida necesidad de desarrollo parecen tener sentido para la evolución de AL. Si la historia de África está marcada por conflictos violentos que han impedido su normal desarrollo, la historia de ALC está marcada por la desigualdad. Esta región representan una realidad agrícola donde históricamente un porcentaje muy bajo de la población, constituido por oligarquías terratenientes y más recientemente por los empresarios exitosos, poseen la gran mayoría de la riqueza de su país. Solo en América Central, hasta la década de los ochenta, la oligarquía de los terratenientes que representaba el 2% de la población ha disfrutado de un 25% de la renta nacional y un 70% de la propiedad de la tierra, mientras que el 50% de la población recibió en promedio entre 10% y 15% de los ingresos (Berryman, 1985). Así, en la última década en los países de ingreso mediano del continente americano, que en la

actualidad son mayoría, la proporción de ingresos del 1% más rico de la población ha aumentado más del 50% (Huffington Post, 2014).

No es un misterio que ALC tenga el récord de mayor concentración de desigualdad social en todo el mundo (cuatro países africanos lideran el ranking mundial, pero en general muestran un poder adquisitivo mucho más débil que sus contrapartes en ALC). Tampoco lo es que países considerados ejemplos de desarrollo económico exitoso en el continente, como México, Chile, Brasil y Colombia, figuren entre los 15 mayores ingresos más desiguales del mundo según el coeficiente de Gini (Banco Mundial, 2016). Por desgracia, ha sido así durante siglos.

En esos países la desigualdad es aún más prominente entre las zonas rurales (ricas en recursos naturales) y las urbanas (bien industrializadas y tecnológicas). Piense en ciudades como Sao Paulo, Santiago de Chile, Medellín y compárelas con sus respectivas áreas rurales. Regiones como el noreste en Brasil y La Guajira en Colombia, son los suelos más ricos de los países, dotados de importantes recursos minerales como el carbón y el petróleo, pero también representan las áreas con más necesidades básicas insatisfechas. A nivel histórico este problema endémico de desigualdad y, en consecuencia, de subdesarrollo, ha sido interesantemente explicado por las teorías escolares de dependencia de la CEPAL, tanto a nivel internacional como interno, y posteriormente ha sido reprochado por el concepto de crecimiento predatorio sugerido por Bahduri. Un aspecto clave para explicar estas teorías es el papel que los procesos sociales desempeñaron para ofrecer nuevas soluciones de desarrollo en AL y, como sugirió Solow (1955), la cuestión de la distribución de la tierra es de importancia primordial para la generación del desarrollo. En este sentido, la situación de AL en el período comprendido entre 1943 y 1953, implicaba que se estaba dispuesto a sufrir cambios dramáticos, gracias a un nuevo ciclo económico y político que acompañó el fin de la depresión económica y la expansión de las revoluciones democráticas populares tras la derrota de los gobiernos autoritarios (Findling, 1987).

Con respecto a la desigualdad permanente de ALC, donde la mayoría de la población, incluidos nativos y afrodescendientes en todo el continente, experimentó la explotación económica y social de parte de las oligarquías durante la primera mitad del siglo XX (Ferguson, 1963), puede afirmarse

que estas minorías oligárquicas en AL pudieron mantener el poder debido al incondicional apoyo externo de los EEUU desde los promeros años del siglo XX, y al proceso de continuismo surgido en los años treinta que significaba la práctica de los jefes de Estado de extender indefinidamente los períodos de gobierno violando la Constitución.

Lo anterior implicaba la necesidad de un cambio, y los principales acontecimientos que lo desencadenaron podrían identificarse con las reformas sociales de Cárdenas en 1938 en México, y con el concepto de dependencia económica desarrollado por el economista argentino Prebisch, aplicado en Argentina por el gobierno de la Concordancia, y más tarde por la sustitución de importaciones de Perón, durante las décadas de los años treinta y cuarenta (Keen & Haynes, 2004). La introducción de la reforma agraria y la nacionalización de las compañías petroleras en México en 1938 disminuyeron el poder de la oligarquía y aumentaron el poder de las masas por primera vez en la historia latinoamericana, proporcionando un ejemplo a seguir por los otros países latinoamericanos. Sin embargo, el comportamiento actual de la mayoría de los países latinoamericanos sugiere que no se ha aprendido la lección (Burns & Charlip, 2007).

La situación de África, es más complicada en términos de desigualdad que la de ALC, como resultado de la prolongada dominación europea. La condición permanente de la esclavitud en África (tanto a nivel económico como político, a escala nacional e internacional) ha afectado la generación equitativa de ingresos. La desigualdad de la tierra, el control sobre los recursos naturales, la discriminación racial, el acceso limitado a la nutrición segura y las brechas educativas generadas especialmente por los ricos descendientes europeos en el sur de África durante el Apartheid (donde la etnia blanca todavía ocupa un importante sector de la población), por los árabes en todo el Norte y por las confrontaciones étnicas en el centro, han llevado a conflictos civiles, religiosos y económicos que significaron que la mayoría de la población no podía disfrutar de las condiciones básicas de vida durante mucho tiempo.

Es interesante considerar a Sudáfrica como un ejemplo negativo de crecimiento económico, ya que a pesar de ser considerada hoy día como el país africano más desarrollado y rico, es, junto con sus países vecinos, el país más desigual del mundo en cuanto a ingresos. Probablemente, la

desigualdad social ahí sea una herencia dejada por el Apartheid que dividió el país por medio siglo. Incluso con el fin de la segregación racial en los años noventa, pues factores como la esperanza de vida y la matriculación en la educación primaria han disminuido abruptamente, al tiempo que la mortalidad infantil ha aumentado sustancialmente como consecuencia de pandemias como el VIH / SIDA. Según el Banco Mundial, en 2002 el 23% de la población vivía con menos de 2 dólares al día (Gelb, 2004). Oxfam ha advertido que, en Sudáfrica, incluso con un crecimiento económico sostenido, 1 millón de personas más serán empujadas a la pobreza para 2020 a menos que se tomen medidas (Moneyweb, 2013). Todas estas consideraciones (aunadas a los muy pobres resultados obtenidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en sus respectivas dimensiones), llaman apuntar a priorizar una cooperación efectiva hacia Sudáfrica, que probablemente no ha sido evaluada correctamente por su solidez económica.

Otro ejemplo de un país africano que ha logrado un crecimiento económico sin desarrollo es Nigeria. Teniendo en cuenta solo sus ingresos per cápita, no ha habido ningún cambio real en el nivel de vida de los nigerianos desde 1970. Sin embargo, se ha convertido en 2014 la economía más rica de África gracias a la explotación de sus recursos petroleros, asi mismo apareció según el Índice de Desarrollo Humano, en la posición 152 de los 187 países (PNUD, 2014). Como se destaca en la explicación del crecimiento depredador, la pobreza en Nigeria es principalmente un problema rural: la mayoría de los trabajadores de Nigeria, el país más poblado de África, se concentran en la agricultura. Sin embargo, debido a su desigual estructura social, solo los agricultores locales propietarios de extensas tierras han podido obtener microcréditos y mejorar relativamente sus condiciones de vida.

La economía orientada al petróleo, basada en la voluntad de los gobiernos nigerianos de satisfacer las demandas de las corporaciones extranjeras, por encima de la implementación de programas sociales equitativos a favor de sus ciudadanos es lo que está causando crecimiento económico sin desarrollo (Poverties, 2014). La situación de África, si insiste en una economía orientada al mercado y con relaciones asimétricas con los socios del Norte en el ámbito de la Cooperación Internacional, no es muy prometedora: las estadísticas sobre las tasas de pobreza extrema en la región subsahariana son desalentadoras. Y pese a que en

2015 se esperaba reducir el 50% de la pobreza extrema en el mundo en comparación con 1990, en países como Nigeria y Chad la pobreza extrema puede incluso aumentar en comparación con 1990 (PNUD, 2013).

Se ha argumentado que en la última década los ciudadanos africanos y latinoamericanos han experimentado una regresión en sus condiciones de vida. Desde un punto de vista práctico, expresado por el análisis de Bhaduri del crecimiento depredador en el sistema neoliberal contemporáneo, todavía hay que encontrar un camino concreto hacia el desarrollo sostenible para contrastar otras realidades, y la cooperación Sur-Sur puede ser una opción válida.

Al respecto, Tassara (2016: 104) sostiene que la cooperación Sur-Sur […] representa un aporte innovador con respecto a la Cooperación Internacional para el desarrollo tradicional y tiene un especial valor agregado en la colaboración entre países emergentes y en la provisión de bienes públicos globales.

Lamentablemente, las estadísticas sobre los indicadores de desarrollo en ALC y África ratifican el argumento de Bhaduri. A pesar de que entre 2000 y 2012 la pobreza extrema en AL se ha reducido a la mitad (de un 25% a un 12,3% en 2015) uno de cada cinco latinoamericanos sigue viviendo en pobreza crónica. En Brasil, México, Colombia y República Dominicana el número de pobres crónicos urbanos supera incluso el número de pobres crónicos rurales (Vakis, Rigolini & Lucchetti, 2015).

Figura 1. Evolución de las tasas de pobreza extrema por región 1981-2010

En África, la situación es aún más dramática. Es la única región del mundo en la que el número de personas pobres ha aumentado de manera constante y significativa entre 1981 y 2015, duplicándose de 205 a 414 millones, con el ingreso per cápita promedio de los pobres extremos que se ha mantenido estable en 0,71$ centavos por día (Banco Mundial - PREM, 2015).

3. Internacionalización neoliberal de la riqueza y la visión alter-

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