AYUDA? UNA TRAMA EN TRES ACTOS
3. Tercer acto: Las ONG en tiempos de cólera
Esta sección aborda el tercer acto de la trama general de la cooperación tóxica en la región latinoamericana, esbozando la compleja relación entre las organizaciones de la sociedad civil (ONG) en América Latina y su simbiosis con el desarrollo y la cooperación. Hacer un recuento exhaustivo de la presencia de las ONG en América latina es tarea compleja que merece un capítulo aparte. Para fines de este documento, el análisis se concentrará en las últimas tres décadas, de manera sucinta. Desde la década de los años ochenta, las ONG se han proliferado abriendo un importante espacio político, cultural y socio económico, prácticamente en cada rincón del planeta, sumando actualmente más de 10 millones de ONG en el mundo (Peláez, 2015). En el caso latinoamericano el número de ONG todavía no es claro, debido al gran número de organizaciones de origen político, económico, religioso y ambiental, entre otros. En algunos países de la región, como por ejemplo Perú, se calcula que hay una ONG por cada 300 personas (Hamilton, 2014).
Según Peláez (2015), hay aproximadamente unas 40.000 ONG en la región latinoamericana subvencionadas por los gobiernos norteamericanos y europeos y que fueron creadas con el fin específico de ser instrumentos de los funcionarios globalizadores de Washington y Bruselas. La idea de crear ONG que podrían ser utilizadas por los servicios de inteligencia para la creación de las redes sociales en varios continentes con el propósito de promover los intereses norteamericanos y europeos, surgió inicialmente al final de los años cuarenta. Estas organizaciones de base tomaron en la década de los años 80 la forma de las que conocemos ahora como ONG, que fueron incorporadas como instrumentos vitales de iniciativas como el -Proyecto Democracia-, para fortalecer la globalización neoliberal del mundo entero bajo la tutela de Washington y Bruselas, principalmente (ver tabla 4).
Como se ha mencionado, en todos los países de la región, los impactos de las políticas neoliberales del Consenso de Washington y sus recetas, tuvieron altos costos sociales, a esto se sumaron los impactos de desastres, epidemias y el cambio climático, que sacaban a luz las enormes fragilidades de la sociedad. En esta época, las agendas de las ONG de promoción y desarrollo tuvieron que incluir una amplia variedad de temas en sus agendas: las que trabajan en el ámbito rural que no solo transfieren tecnología o semillas, también reparten alimentos; ONG urbanas encontraron nuevos espacios de organización entre los informales urbanos y los comedores populares, buscando nuevos espacios y razones para reinventarse (Cáseres, 2014).
Para cumplir con su tarea las ONG bajo el control del departamento de Estado tenían que desestabilizar los gobiernos no afines a la política norteamericana a través de un trabajo sutil, encubriendo sus propósitos subversivos con unos programas reales como la lucha contra la pobreza extrema.
Actualmente Free Trade Union Institute, Centre for International Private Enterprise, the National Republican Institute for International Affairs, the National Democratic Institute for International Affairs y su subordinada ONG Freedom House en coordinación con la USAID se dedican oficialmente a financiar y canalizar las fuerzas de las principales organizaciones de la sociedad civil en casi 100 países del mundo. Para esto tienen un fuerte presupuesto: para el año fiscal 2016 la USAID dispone de 22,3 mil millones de dólares y la NED tiene a su disposición 170 millones.
Esto explica por qué los indígenas misquitos de Nicaragua se convirtieron en los colaboradores de los contrarrevolucionarios y de la CIA durante la revolución sandinista. También aclara la reciente marcha indígena contra el gobierno de Rafael Correa después que el presidente de Ecuador cuestionó la labor de 31 ONG en Amazonía con el presupuesto de 56,2 millones de dólares provenientes de la NED, USAID y varias otras ONG extranjeras, esencialmente norteamericanas. Los indígenas de la región amazónica marcharon 700 kilómetros para protestar violentamente contra una posible futura reelección de Rafael Correa.
Recordemos a manera de anécdota que USAID, la agencia de cooperación de los EEUU, envió al famoso especialista norteamericano en tortura Dan Mitrione a Brasil 1960-1967, República Dominicana 1965 y a Uruguay entre 1969-1970 disfrazado de enviado de una ONG especializada cuando en realidad trabajaba para la CIA.
Tabla 4. ONG norteamericanas en América Latina
Es tarea imposible aquí sintetizar la variedad y riqueza de las iniciativas actuales desplegadas desde las ONG de promoción y desarrollo, sin embargo, sí es posible reconocer un matiz común alrededor del tema de un mayor protagonismo político de las ONG, inflado por el incremento de la Cooperación Internacional en un momento de debilitamiento de los Estados. Aunado a las crisis internas y por los impactos de las recetas neoliberales, las ONG de la región pudieron contar con mayores recursos para sus programas e intervenciones, haciéndolas más visibles y poderosas. Como señala Cáseres (2014), “el debilitamiento de las organizaciones sociales históricas y la crisis de los referentes políticos populares dejó espacios abiertos para un protagonismo político mayor en el ejercicio de la crítica y el planteamiento de propuestas” (p. 15).
Un tema que provocó nuevos desarrollos en el ámbito de las ONG (Cáseres, 2014) fue la lucha contra el narcotráfico que conllevó programas de erradicación de sembradíos de coca y promoción de cultivos alternativos en todos los países de la región Andina, así como otros orientados a combatir el consumo interno de drogas. Para ambos aspectos, USAID y otras agencias abrieron líneas de financiamiento a ONG, lo que alimentó el crecimiento de organizaciones ad-hoc para dichos programas. En las zonas donde estos se desarrollaron, el término ONG comenzó a estar cargado de connotaciones negativas. Procesos similares de cooptación se dieron en torno a otros aspectos de la agenda de la gobernabilidad post-ajuste, la agenda de las reformas de segunda generación. En la primera década del nuevo siglo, como la agenda de las ONG comenzó a experimentar cambios tanto en los países andinos como en América Central, un volumen más alto de intervenciones se concentró en temas ligados al sector rural, el medio ambiente y la industria extractiva, de la mano con la interculturalidad (Cáseres, 2014).
Otro sector que vio crecer el trabajo de las ONG ha sido el de la salud, debido al aumento de enfermedades y epidemias en la región por razones principalmente climáticas, pero también por falta de agua y servicios de saneamiento básicos en muchas comunidades y ciudades. Muchas ONG reciben fondos para la lucha contra el SIDA, la TBC y la malaria por parte de diferentes organismos internacionales. Paralelamente, el crecimiento de la Agenda de Desarrollo, primero bajo los ODM y posteriormente con los ODS, permitió un mayor involucramiento y visibilidad de las ONG del
norte en las campañas en torno a temas tales como deuda, Comercio Justo, Tratados de Libre Comercio y la Ronda de Doha, entre otros. Esto conllevó un mayor flujo de fondos para las campañas y las actividades, pero sobre todo se cambió el formato de apoyo de las ONG basándose más en el paradigma de los proyectos, indicadores, programas, con sus diferentes aplicaciones y modalidades de planificación basadas en el marco lógico. La proliferación de esta tendencia se fortaleció con la entrada en vigor de la -Agenda de la eficacia de la Ayuda- después de la Declaración de Paris en 2005. Estos cambios han producido incertidumbre y confusión en el mundo de las ONG de la región. Varias han entrado en crisis estructurales y han entrado en competencias más agresivas por los pocos recursos disponibles y poco a poco, se ha ido reduciendo el potencial de alcance de las mismas y sus objetivos.
La actual agenda de debate en la región, entre estados pos-neoliberales y un retorno al estatalismo (y, por lo tanto, a poner frente a la sociedad el papel central del Estado), va configurando una nueva institucionalidad que trastoca el rol de las ONG, hasta ahora acostumbradas a recibir recursos para suplir proyectos y programas que el Estado no había podido y querido llevar a cabo en épocas anteriores. Es decir, estamos frente a un replanteamiento acerca de las relaciones entre Estado y sociedad, así como en torno a las características y roles de las organizaciones sociales en los “nuevos Estados” (ALOP, 2015).
En síntesis, la región latinoamericana ha sido testigo del aumento explosivo y de la influencia de las ONG, que han añadido un componente de variabilidad social de gran relevancia en el análisis del contexto político. La presencia y las acciones de las ONG han sido particularmente afectadas por los cambios y las transformaciones de los últimos dos o tres decenios. Las transiciones políticas, las bases religiosas, la Cooperación Internacional, la aplicación de políticas neoliberales, la descentralización y el retorno del Estado, han definido el ámbito de acción de estas organizaciones y su constante reconfiguración frente a los escenarios internacionales y regionales. Sin embargo, hay por delante un reto profundo para las ONG en cuanto a legitimidad, transparencia y rendición de cuentas con los donantes internacionales, los actores del Estado y la misma sociedad.