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Capítulo 2. Sobre el género

2.1. La perspectiva de género

Hay palabras que de tanto usarlas y de formas tan diversas pierden casi por completo su eficacia comunicativa. Hay palabras que, en el intercambio entre su uso académico y su uso común, se cargan tanto de valor, que con solo pronunciarlas puedes conseguir poner en pie a un auditorio o volverlo en tu contra. Hay palabras difíciles, ambiguas, contradictorias, políticas, fuertes, sensibles, cambiantes, diversas. Hay palabras cuyo uso, por tanto, ha de concretarse en el contexto de cada investigación. Género es, sin duda, una de esas palabras.

Esta investigación puede ser enmarcada dentro de lo que se ha llamado estudios de género, lo que implica no solo el uso del género como categoría de análisis sino también la adopción de una perspectiva crítica que pretende contribuir desde la investigación a la desaparición de importantes desigualdades que persisten en la vida social.

Incluimos por ello una reflexión sobre lo que significa tanto la perspectiva de género como el género como categoría de análisis; especialmente respecto a las implicaciones que tiene de cara al desarrollo de este trabajo. No se trata tanto de hacer un relato histórico, detallado y amplio del surgimiento y desarrollo de estos estudios y su implantación en las diferentes ciencias -cuestiones ampliamente tratadas, debatidas y desarrolladas en numerosos trabajos-, como de señalar sus principales hitos en relación con su influencia en mi mirada y mi forma de aproximación al mundo social y a su investigación. De forma que, a lo largo de este capítulo se harán una serie de reflexiones en torno al género. Los tres primeros epígrafes son más generales. En el primero se trata de subrayar la relación entre los estudios de género y el feminismo; en el segundo se concretan las principales características de los estudios de género y en el tercero se abordan los diferentes significados y usos del género como categoría analítica así como las principales controversias en torno al mismo. Los tres siguientes apartados se refieren a aspectos más particulares en torno al género, de manera que, en cada uno de ellos se trata una problemática relacionada con el tema de esta tesis y su forma de abordarlo. Así, en el cuarto epígrafe se abordan cuestiones relacionadas con la libertad y las posibilidades de elección ligadas al género en las que se relacionan factores externos e internos y se reflexiona especialmente sobre la identidad y los estereotipos de género como condicionantes de las elecciones; el quinto se ocupa de la relación del género con la ciencia centrándonos fundamentalmente en las aportaciones que, desde las diferentes epistemologías feministas, se han hecho sobre la reflexión y la práctica científica; en el sexto se trata de perfilar, a través de diversas investigaciones, la situación actual de las relaciones de género en los países occidental y, especialmente en España, como marco general para la comprensión de la situación de la elección de estudios en general y del trabajo social en particular. Termina el capítulo con unas conclusiones en las que se trata de presentar las principales ideas que la reflexión sobre el género aporta al desarrollo de la investigación.

2.1.1. Estudios de género y feminismo

No es posible entender los estudios de género sin relacionarlos con el feminismo: los estudios de género surgen ligados e impulsados por el movimiento feminista, en concreto por la llamada “segunda ola” en los años

setenta del siglo XX. Como señala Alberdi “El feminismo ha sido a la vez un proyecto intelectual y un proyecto político” pues ”ha vinculado siempre sus análisis teóricos y sus propósitos prácticos de cambio social.” (1999: 9-10). Esta estrecha relación del feminismo con los estudios de género aparece reflejada en gran parte de la literatura relativa a los estudios de género:

El feminismo (…) ha conseguido ir formando un corpus teórico de indudable novedad que está transformando todos los campos del conocimiento y, por ende, las prácticas sociales y políticas.

Se ha abierto así una nueva perspectiva de análisis (..) Esta nueva óptica, (…) está generando sus propias investigaciones desde los presupuestos del feminismo. (Martínez López, 1995: 7)

Pilar Ballarín (2000) sugiere, incluso, ir más allá y propone el nombre de feminismo académico, frente a estudios de las mujeres o de género, para no olvidar que esta actividad forma parte del movimiento feminista.

Pues bien, de acuerdo con el feminismo y los estudios de género, el fin último de esta investigación no es otro que el de contribuir, en la medida de lo posible, al cambio en las estructuras, sentidos y prácticas sociales que hoy, de una manera más sutil, menos visible -al menos en los llamados países desarrollados- pero no menos efectiva, siguen perpetuando desigualdades entre hombres y mujeres.

Cierto es que hoy, hablar de feminismo es tan complicado como hablar de género, pues son tantas las formas, tan diferentes y tan opuestas las que coexisten que en lugar de feminismo se suele hablar de feminismos. Sin embargo, y en una primera aproximación, no entraremos en los diferentes feminismos y sus implicaciones. Por ahora se trata simplemente de poner de relieve el carácter crítico de de esta investigación. Para ello, entendemos por feminismo, tal como lo expresa Amelia Valcárcel, todo un conjunto de acciones diversas cuyo fin es acabar con las desigualdades entre hombres y mujeres.

El feminismo no es solo una teoría ni tampoco un movimiento, ni siquiera una política experta. Siendo todo eso, ha sido y es también, (…) una masa de acciones, a veces en apariencia pequeñas o poco significativas. Cada vez que una mujer individualmente se ha opuesto a una pauta jerárquica heredada o ha aumentado sus expectativas de libertad en contra de la costumbre común, se ha producido y se produce lo que podríamos llamar un “infinitésimo moral “ de novedad. El feminismo ha sido y es esa suma de acciones contra corriente, rebeldías y afirmaciones, que tantas mujeres han hecho y hacen sin tener para nada la conciencia de ser feministas. Esto es, tales acciones se realizan sin tener la conciencia de una voluntad común. (Valcárcel, 2000: 51)

Pues bien, si esta investigación contribuye a producir un “infinitésimo moral” de novedad y, con ello, a aumentar la conciencia de la persistencia de importantes desigualdades y, por tanto, a aumentar la libertad y disminuir las desigualdades, habremos logrado uno de nuestros objetivos; pues si hay un rasgo que caracteriza los estudios de género más allá de las distintas disciplinas, orientaciones ideológicas, teóricas, metodológicas y epistemológicas es su vocación crítica y, por tanto, transformadora. Como señala Durán (1996) no debe confundirse el objeto con la perspectiva: no es el hecho de que el sujeto investigador o los investigados sean mujeres o, en un sentido más amplio, las relaciones de género, lo que convierte una investigación en un estudio de género: lo que permite situar una investigación dentro de los estudios de género es la perspectiva crítica y emancipadora.

En este sentido, cuando hablamos de una disminución de las desigualdades de género, por lo que se aboga no es por la igualdad, en el sentido de similitud o semejanza, sino por la equidad, tal como la define Fernández Villanueva (2010). Equidad que no tiene que ver con la semejanza sino con la equivalencia en la capacidad de actuar en lo social, concepto más relacionado con la justicia distributiva y retributiva. Equidad que, es “una igualdad “situada”, contextualizada, porque considera las condiciones previas desde las que se parte así como las consecuencias de las acciones derivadas de su aplicación”(94). Equidad como concepto relacional en el que

el grupo de comparación de las mujeres han de ser los hombres y no, como se hace tantas veces, las mujeres de épocas anteriores.30

2.1.2. Principales características de los estudios de género

El antecedente de los actuales Estudios de Género fueron los Estudios de la Mujer cuyo principal objetivo fue 31

el de recuperar a la mujer como sujeto y objeto del conocimiento, poniendo de manifiesto su invisibilidad, sin perder de vista el principal propósito del feminismo: la transformación de las estructuras y prácticas sociales con el fin de terminar con las desigualdades respecto a las mujeres.

Estos primeros Estudios de la mujer pasaron después a llamarse Estudios de las mujeres y a continuación Estudios de género. Estos cambios en la denominación vinieron acompañados de importantes cambios en la perspectiva desde la que se abordaban tanto los estudios como las acciones sociales.

En el terreno analítico el desarrollo de los estudios sobre las mujeres ha venido acompañado de cambios conceptuales y lingüísticos importantes que han permitido avances epistemológicos relevantes. Se pasa de hablar de La Mujer, a incorporar el saber de las mujeres en todas las perspectivas del saber social y, posteriormente, a hablar de género y a señalar las relaciones de género como un aspecto fundamental de todas las sociedades. (Alberdi, 1999:15)

El paso de los estudios de las mujeres a los estudios de género supone, por tanto, no solo un cambio de denominación, sino un cambio en la forma de entender y practicar tanto la investigación como las políticas sociales. Así , por ejemplo, Martínez López en el año 1995 destacaba las enormes implicaciones que para la ciencia y la política tenía la introducción del concepto género:

(…) las recientes aportaciones teóricas- sobre todo la introducción del concepto de género en casi todos ámbitos científicos-, están transformando todo el campo de las ciencias, y empiezan a introducir cambios en las concepciones y comportamientos políticos y sociales.(Martínez López, 1995: 8)

Hasta ahora “las políticas de la mujer” han estado orientadas a la redistribución de bienes, servicios y transferencias, mientras que la “política de igualdad de género” tiene que ver con la redistribución de la condición y poder sociales. (Martínez López, 1995: 9)

En general, el uso del término género se generalizó durante los ochenta en las diferentes ciencias, siendo el proceso muy similar en todas ellas . Se pasa de hablar de la Mujer, a hablar de las mujeres por las críticas al 32

esencialismo que supone hablar de la mujer en singular y, posteriormente, por la confluencia de diversas Eso no significa que a la hora de analizar el cambio no se ponga en relación la situación actual con situaciones anteriores, lo que 30 significa es que, en el momento de evaluar la equidad, la comparación ha de hacerse entre hombres y mujeres en un determinado momento. Según Alberdi (1999) el objetivo de estos estudios “fue el desarrollo de un corpus teórico que tuviera en cuenta la existencia de las 31 mujeres y que, a la vez, planteara una nueva metodología contemplando las relaciones entre hombres y mujeres y cuya difusión posterior tuviera un impacto en la mejora de las condiciones de vida de todas las mujeres.”(Alberdi, 1999: 10) Este proceso está muy bien explicado por Aurelia Martín Casares para la Antropología; incluimos su descripción porque, en lineas 32 generales, refleja lo que ha sucedido en las diferentes ciencias sociales: “La Antropología de la Mujer de los años 70 nació para denunciar el androcentrismo y explicar cómo se representaba a la mujer en la literatura antropológica. Durante esta primera etapa se utilizaba el concepto “mujer”, en singular denotando un claro esencialismo: todas las mujeres estaban representadas bajo un denominador común, el hecho de “ser mujer”. Esta primacía de la esencia sobre la existencia ocultaba implícitamente la heterogeneidad del colectivo femenino, cuyas integrantes aparecían desprovistas de individualidad. (…) Muy pronto se objetó el reduccionismo y la perspectiva de la Antropología de la Mujer y se introdujo el término “mujeres”, en plural, reconociendo de este modo la diversidad de las existencias femeninas(…) la incorporación del concepto “género” como categoría de análisis antropológico se inaugura en la década de los 80. De este modo, se pasa de un campo de investigación relativamente limitado - las mujeres- a un enfoque global de la sociedad.(…) Aunque el uso del concepto , a veces ha sido problemático “De hecho, el concepto género comenzó utilizándose en numerosas publicaciones como sinónimo de mujeres, simplemente porque sonaba más neutral y académico.” (2006: 32-34)

razones, el plural se sustituye por género.Y, aunque desde un primer momento tuvo muy buena acogida, también desde sus inicios surgieron las polémicas en cuanto a su uso y su significado.

En España, y en particular dentro de la sociología, el proceso ha sido más lento tanto en su evolución cuantitativa como cualitativa. La primera vez que se presento la sociología de la mujer como un área académica dentro de los estudios sociológicos fue con motivo del Congreso Mundial de Sociología que se celebró en España en 1990 (Alberdi, 1999). En él se preparó un libro sobre la sociología en España y uno de los capítulos se ocupaba de la sociología de la mujer. Para Alberdi:

La perspectiva de género supone un enriquecimiento del análisis sociológico en cuanto pone un interés primordial en una cuestión que ha estado siempre presente en la Sociología, aunque no se cuestionara como motivo de reflexión, dándose por hecho que las diferencias entre hombres y mujeres eran un rasgo más de la sociedad sobre el que apenas se hacían análisis ni consideraciones.”(1999: 14)

En una de las obras más conocidas sobre teoría sociológica (Ritzer, 2002), en el capítulo dedicado a la teoría sociológica feminista, se señalan dos características distintivas:

La teoría feminista difiere de la mayoría de las teorías sociológicas en dos aspectos clave. Primero, se trata de la obra de una comunidad interdisciplinar(..) Segundo, la sociólogas feministas, al igual que otras académicas feministas, trabajan con un objetivo doble: ampliar y profundizar su disciplina de origen-en este caso la sociología- reconstruyendo el conocimiento de la disciplina para explicar los descubrimientos que han hecho las estudiosas feministas; y desarrollar una comprensión crítica de la sociedad con el fin de cambiar el mundo en la dirección que consideran más justa y humana. Tener un objetivo doble de este tipo es el sello distintivo de toda teoría crítica. (Madoo Lengerman y Niebrugle-Brantley, 2002: 380)

Pues bien, estas dos características que las autoras señalan como propias de los estudios de género en sociología se pueden extender, a nuestro juicio, a los estudios de género en general. De tal forma que la interdisciplinariedad y la vocación crítica, constituyen dos características diferenciales de los estudios de 33

género a las que se puede añadir una tercera: el carácter relacional del género -que ha sido subrayado por múltiples autoras- . Carácter relacional que se pone de manifiesto, como se irá viendo, en múltiples 34

dimensiones: hombre en relación con mujer; masculino en relación con femenino; mujer en relación con femenino; hombre en relación con masculino; sexo en relación con género; naturaleza en relación con cultura; representaciones, instituciones, identidades, etc. Estas son, por tanto, a nuestro juicio , las tres características fundamentales de cualquier estudio de género: interdisciplinariedad, carácter crítico y enfoque relacional.

Precisamente para subrayar esa interdisciplinariedad es por lo que a lo largo de esta reflexión sobre el género y la perspectiva de 33 género se han utilizado referencias de muy diversas disciplinas: sociología, antropología, psicología, psicología social, filosofía, historia, lingüística y geografía, entre otras. Son muchísimas las autoras que subrayan el carácter relacional del género, por citar algunas: Braidotti (1991: 15) se refiere al 34 énfasis relacional del género en varios sentidos y destaca “el vínculo relacional como base de la epistemología feminista”; Casado (2002: 181): ”Se trata, desde esta perspectiva, de considerar el género en términos posicionales, (…) esto es, un género que no tiene carácter sustantivo sino relacional y que,(…) es capaz de producir diferencia, de producir significados. Y esa producción de significado solo puede hacerse en relación”; Martín Casares (2006: 18) define el género como “multidimensional y relacional;”(18) ; Moncó (2011) también subraya que la utilización de la categoría género implica un enfoque relacional así como la importancia de poner de manifiesto que en esas relaciones siempre están presentes el poder y la dominación; es muy interesante la explicación de García Selgas (2006) sobre el carácter relacional y fluido del género: “El género nos confronta con nuestra realidad relacional: mi género, el varón que soy, es efecto y parte de las relaciones en las que me he visto inmerso desde la infancia y en las que me he encontrado investido de unas obligaciones y unas querencias que han ido variando con mis propias prácticas y relaciones. Esta procesualidad y fluidez del género no lo convierte en algo adjetivo o superficial. Todo lo contrario. Más bien hablaríamos de que es estructural, tanto en el sentido de que desborda las relaciones inmediatas o presentes y se extiende en el espacio-tiempo abarcando a muchas y distintas personas, cuanto en el sentido de que resulta configurado y condicionado por los modelos hegemónicos de género (cómo se debe ser varón-novio, varón-esposo, varón-padre, etc) y por sus actualizaciones concretas.” (22)