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GENTRIFICACIÓN, PRODUCCIÓN CULTURAL Y ESPACIO PÚBLICO

4.1. La producción del espacio público como dispositivo gentrificador

Es sabido que la literatura científica sobre gentrificación se ha adentrado en contadas ocasiones en las políticas sobre los espacios públicos, sus transformaciones o sus opacas medidas de gestión. Así, después de haber analizado en el capítulo anterior cómo la entrada de clases medias en los barrios en proceso de gentrificación modifica las prácticas sociales mediante la lucha simbólica por el dominio de los campos y la más que probable hegemonía del habitus importado por los nuevos residentes –en lo que Zukin llamó irónicamente “domestication by cappuccino” (Zukin, 1995: xiv)–, en este capítulo abordaremos otro de los dispositivos fundamentales en las políticas de gentrificación, como es el control sobre la producción y gestión del espacio público por los poderes públicos. De este modo, continuando el hilo que nos dejó Atkinson (2003) acerca del concepto de “revanchismo”, con su texto “Domestication by Cappuccino or a Revenge on Urban Space?...”, recordamos también la teoría presentada por Neil Smith acerca del elemento revanchista de la gestión y control de los espacios públicos. En principio, lo que Atkinson plantea son las estrategias que los programas diseñados adoptan frente a problemas reales o percibidos en el espacio público, confirmando que el discurso político privilegia el desplazamiento de los problemas sociales en lugar de su resolución. Esta regulación de los espacios públicos amenaza la inclusión de sus usuarios que no sean considerados clientes legítimos, por lo que nos enfrenta de nuevo al problema del desplazamiento y la exclusión en el ámbito público. Como ya hemos explicado en el capítulo 1.3, la reinversión de capital no solo se ejerce sobre las viviendas, sino también sobre su entorno inmediato (calles, plazas, etc.), reduciendo la degradación del paisaje urbano y, de este modo, estimulado los procesos de gentrificación de un barrio determinado, entendiendo que los residentes no solo valoran la calidad de la vivienda, sino los espacios públicos. De hecho, estos deberían ser considerados como uno de los principales factores en la decisión de movilidad tanto de estas nuevas clases medias como del capital. El sentido de los espacios públicos puede ser modificado y reapropiado por los estilos de vida y consumo de los nuevos residentes (ver cap. 3). Esta es la propuesta que Bélanger (2007) nos sugiere al examinar en un estudio comparativo dos barrios como La Condesa (México DF) y Casc Antic (Barcelona).

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Seguramente, el ejemplo más famoso es el que Neil Smith (2012: 337-340) nos presentó a partir de la batalla campal que sucedió en los ochenta en el mítico Tompkins Square Park, en Lower East Side (NYC). Esta lucha de clases se manifestó tras una declaración de guerra contra la gente sin hogar por parte del gobierno de la Ciudad de Nueva York, tras la decisión de cerrar del parque. A finales de los ochenta, este gobierno local demócrata comenzó los desalojos de estas personas. En un proceso que duró cuatro años, el cierre supuso una lucha activa por los derechos de las personas sin hogar, que utilizaban Tompkins Square Park como su residencia. La campaña de los poderes públicos consistió en plantear efectivamente esa lucha de clases abierta entre la gente sin hogar, que, según el discurso institucional, había secuestrado el parque y el derecho a reclamarlo del resto de la población: lo que Smith llamó la “New Urban Frontier” (la nueva frontera urbana).

La realidad de este complejo proceso fue la expulsión de más de trescientas personas sin hogar, lo que replegó al activismo político hacia una reclamación más avivada de la falta de vivienda, “a medida que todo el barrio se transformaba en una zona de combate” (Ibíd.: 338). Tras la clausura definitiva y toma del parque por la policía en junio de 1991, vecinos,

punks y anarquistas –según relata Smith– se aliaron en defensa del parque y del derecho a la

vivienda y la ciudad. Por su parte, los residentes sin hogar fueron acampando en solares limítrofes al escenario original, de donde fueron expulsados de manera constante en los años sucesivos. Finalmente, los residentes no podían asegurar su calidad de vida debido a las condiciones de insalubridad a las que habían llegado estos campamentos improvisados; a lo que se sumó la campaña “Operación restauración”, que se fue repitiendo a lo largo de diferentes espacios públicos de Manhattan. Luego, con el gobierno del alcalde Rudolph Giuliani, se agravaron las medidas punitivas y violentas, lo que convirtió a esta ciudad revanchista en precursora de las políticas de zero tolerance, políticas securitarias extremas que cobraron un relieve internacional gracias al propio Giuliani y a las razzias perpetradas por su ejército policial. Ya en 2001, Smith denominó a este fenómeno “Global social cleansing: Postliberal revanchism and the export of Zero tolerance”, doctrina que se exportó a otras ciudades globales.

Siempre bajo el prisma de nuestro estudio, es decir la gentrificación, analizaremos a continuación las principales tendencias de control, “arquitecturización”, regulación y vigilancia que están sufriendo los espacios públicos de las ciudades contemporáneas. Por lo

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que en ningún momento dejaremos de lado en nuestra propuesta de análisis las características fundamentales con las que hemos definido a la gentrificación contemporánea en el capítulo 1: inversión de capital, entrada de población con mayores capitales (cultural y/o económico), cambios en el paisaje urbano y desplazamiento directo o indirecto de población vulnerable. Posteriormente repasaremos, junto a Foucault, los principales conceptos que nos ha legado este pensador francés, para luego analizar la reconstrucción de la ciudad neoliberal a partir de la producción de un espacio público determinado. Términos como “gubernamentalidad”, “biopolítica”, “tecnología de gobierno” o “dispositivo” serán pensados en el marco de la metrópolis, para comprender mejor el fenómeno de la gentrificación en los espacios públicos.