LAS POLÍTICAS NEOLIBERALES DE LA GENTRIFICACIÓN EN LAVAPIÉS (MADRID)
FECHA DE TERMINACIÓN
6.1. Revitalización, rehabilitación o gentrificación
Políticas públicas directas han reconfigurado el barrio popular de Lavapiés mediante la concesión de subvenciones a propietarios para la renovación del parque de viviendas, el establecimiento de instituciones de alta cultura como factor atrayente de nuevos estilos de vida, trabajo y consumo, y la instalación de cámaras de videovigilancia. Se trata de una estrategia de gestión urbana, liderada por la Administración Pública (state-led
gentrification), que profundiza el proceso de mercantilización y segregación urbana,
basándose, como veremos, en la atracción de nuevos estilos de vida asentados en consumos distintivos (habitus) y nuevos modelos de civismo, que territorializan el espacio urbano con comportamientos y prácticas exclusivas y excluyentes. Como advertíamos en el capítulo anterior, pese a ser uno de los barrios con mayores carencias dotacionales del centro de la ciudad y con una alta tasa de población obrera e inmigrante, la coyuntura de la rehabilitación no se ha aprovechado para incrementar el equipamiento colectivo base (escuelas, centros de salud, culturales, asistenciales, etc.) o erradicar la infravivienda. Por otro lado, la aparición, construcción y/o mejora de grandes equipamientos ha sido rápida y efectiva: catorce edificaciones de alta cultura que han hecho del barrio de Lavapiés un enclave estratégico, no solo en Madrid sino también en España, para el desarrollo de una economía cultural y del conocimiento. Para definir este fenómeno, el Proyecto Madrid Centro utiliza una forma eufemística: “renovación por sustitución”.
En este capítulo examinaremos cómo han afectado estas políticas institucionales al proceso de gentrificación del barrio de Lavapiés a través de un programa de rehabilitación selectiva o revitalización pública. Uno de los pilares de la reorganización social y espacial de la ciudad neoliberal es justamente la sustitución de lo que es considerado obsoleto por lo nuevo, lo moderno. Los siguientes fragmentos, extraídos del Plan de Revitalización, nos ayudan a atisbar las intenciones gubernamentales:
Renovación estructurante, así como de posibilitar la realización de operaciones urbanísticas complejas, con integración de usos lucrativos y dotacionales, generación de espacio urbano, incorporación de nuevas tipologías arquitectónicas y posibilidades de colaboración público / privado en la gestión de su ejecución.
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La recuperación de las áreas históricas de la ciudad como soporte para el asentamiento de nuevas capas de población exige, además de una mejora de las condiciones de las viviendas, una oferta satisfactoria de servicios y equipamientos públicos. (Plan Revitalización del Centro, Ayto. Madrid - 2004)
Si siguiéramos aquella definición reconocible de Bourdieu acerca del habitus, podríamos traducir esta “renovación estructurante” como aquella renovación que estructura, pero que
al mismo tiempo es estructurada. En definitiva, se trataría de modificar un espacio físico a
través de la introducción de determinados habitus de clase que se yuxtaponen al espacio social de Lavapiés. En el segundo párrafo de la cita, volviendo a la terminología más radical de Neil Smith (2002), se constata que estamos ante una estrategia urbana revanchista, que privilegia a las clases medias y altas, puesto que deben ser ellas las que habiten nuevamente el Centro. Desde los estudios sobre gentrificación, este fenómeno en el que la Administración Pública se convierte en agente del mercado es denominado state-led
gentrification (Davidson, 2008; Rousseau, 2009). En el caso de Lavapiés, planteamos que
esta recuperación ocurre a partir de mecanismos de acumulación por desposesión (Harvey, 2010) a través del consumo, los estilos de vida o el tipo de trabajo.
Corrientes teóricas como la inaugurada por Butler (1997) o Ley (1996) nos ayudan a entender la importancia que le asignan los planes urbanísticos a determinados grupos sociales para que opten por vivir en barrios como Lavapiés. Como ya hemos adelantado en el bloque teórico, la transformación del trabajo en la sociedad postindustrial parece ser uno de los argumentos que se usan para “modernizar” determinados barrios. Autores como Ley apostaron por esta explicación, que solo considera reconfiguradoras del lugar a las pautas culturales de estas nuevas clases medias. Lo que analizaremos más adelante será no solo la preponderancia de estas clases medias como sujetos revalorizadores del espacio social del centro de las ciudades, sino su cooptación como recurso con que higienizar el lugar, civilizarlo, resignificarlo, convertirlo en nueva fuente de trabajo, de campañas de marketing urbano, para el
city branding, etcétera.
Y por otra parte cuando se apostó por la UNED, por la Universidad a Distancia ahí en las Escuelas Pías o lo que es el [teatro] Olimpia; o lo que es, aunque fuera de Lavapiés como fue la Casa Encendida y de Caja Madrid. Eran apuestas para que de alguna forma… se abriera el barrio a otras posibilidades, a otros vecinos y a otras personas que vinieran al barrio a pasear, a consumir, a estar, al ocio al tiempo libre. Y sobre todo, bueno, pues a permitir que la gente no fuera la misma persona siempre dando vueltas en su mismo entorno, sino que fuera un barrio muy abierto para todo tipo de población. (Técnica EMV)
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Parece por tanto que no se trata solo de una rehabilitación, es decir, de la renovación de viviendas e infraestructuras para la mejora de la calidad de vida de sus pobladores, sino que en todo momento se plantean la entrada de nuevos y “más formados” vecinos. Siguiendo por un momento el modelo de gentrificación en etapas sugerido por Clay en 1979, podríamos comprobar hasta qué punto se parece a un proceso de gentrificación y por qué razón decidimos partir de esa base teórica para comprender los cambios sociales que ha sufrido Lavapiés desde finales del siglo XX. Debemos tener en cuenta que esta explicación, que concierne a la primera ola de gentrificación (Lees et al, 2008), solo la utilizaremos para comenzar a adentrarnos en el estudio empírico de un proceso mucho más complicado, cuyo estudio pormenorizado será uno de nuestros objetivos. Según señala Clay (1979), primero entra al barrio un pequeño grupo y renueva las viviendas para su uso:
Entonces tenía todas las características de un barrio de mierda. Un barrio degradado en un centro urbano de cualquier ciudad europea. (…) [E]ra un sitio muy fácil para vivir. En esos barrios no quiere venir nadie que pueda ir a otros, entonces era como una especie de recinto acogedor, veníamos a hacer nuestro ocio nocturno de pobres, con cierta precariedad. Entonces eso ha cambiado radicalmente. ¿Ha cambiado el ocio nocturno que ahora sí se puede decir que lo hay, no? Sí, hay gente que viene a Lavapiés a tomarla a Lavapiés y a verlo. Es increíble. (Vecino militante)
En una segunda etapa, comienza a entrar gente del mismo perfil, seguida de pequeños especuladores que compran vivienda para renovarla o alquilarla:
Entonces descubren cosas, “he estado en un local que es la hostia y demás”. Entonces parte de eso también es culpa nuestra (…) Hemos generado el crear espacios alternativos donde la gente podía venir. No estaba mal, no sé, no podemos arrepentirnos de ello. Mucha gente ha conocido estos barrios por eso. Estaba el [CSO] “Labo 3”, porque venía un montón de gente a esas cosas, por el *CSO+ “Labo 1”. (Vecino militante)
Los nuevos propietarios no son personajes que entren a la negociación y al consenso, sino que entran ellos, han comprado vivienda para especular y para negociar, no para hacer obras de caridad. Por lo tanto tú encima le realojas al inquilino, le das un derecho de vivienda pública al inquilino y le das una indemnización mínima, o sea, el valor catastral o el valor que nos marque nuestra dirección de económico, y no entran, porque sacan muchísimo más dinero arrendando viviendas a precios desorbitados a pesar de que son unas viviendas totalmente de vergüenza. (Técnica EMV)
Como tercer paso, aparece un claro interés oficial por la zona en cuestión y se invierte en su rehabilitación:
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Tiene que haber una colaboración absoluta desde el ámbito privado y el público y trabajar juntos para sacar las cosas adelante. O sea que el tema este de imponer planes con dinero público absolutamente e intentar llevarlos adelante… yo creo que eso cada vez va a menos, en general en la Administración. Porque es que se ve que primero la posibilidad de éxito disminuye muchísimo si no implicas, ya no solo como participación ciudadana sino como los intereses privados que pueda haber en esa zona que están involucrados desde el principio en todos los procesos. (Técnica Urbanismo Ayto. Madrid)
Tras esto, los precios suben rápidamente y las nuevas clases medias se organizan para demandar recursos públicos, seguridad, etcétera:
Tengo amigos que están en casas rehabilitadas y son casas que han sido caras, de las que han echado a la gente mayor descaradamente, gente que vive en una casa rehabilitada en una corrala. (GD_2)
Hará un seguimiento continuo y permanente de la seguridad en el barrio, recogiendo denuncias y quejas de los vecinos (robos, venta de droga, reyertas, malas actuaciones policiales, etc.) para notificarlos a la policía en las periódicas reuniones que se mantienen con los responsables de la seguridad, en el marco de la Comisión Ciudadana por la Seguridad y la Convivencia de Lavapiés, creada con otras asociaciones del barrio.
(Campaña “Lavapiés no Pasa” - Comisión de Seguridad)13
Al mismo tiempo, se cataloga al barrio de histórico y emergen las actividades comerciales especializadas:
Este barrio es una golosina, debería de ser una golosina comercial. Si tú tienes un casco histórico con historia, con miles de placas, que puedes hacer tours turísticos como se están haciendo ahora en Santa Ana y fomentar toda una serie de cosas para que el turismo venga a Lavapiés y no se hace. (Vecino 1)