1.2. El olvido de la razón en la ilustración y en la modernidad
1.2.1. La razón ilustrada olvidada y replegada: razón instrumentalizadora
El desbordarse de una razón ilustrada a una razón instrumentalizadora y dominante no permite afirmar la absoluta superación del mito, que se haya logrado por el ejercicio pleno de la razón. Lo que se confirma, por el contario, es el devenir modernizante, el olvido del sentido pleno de la razón en tales procesos. Si de escudriñar en las raíces más hondas de este problema se trata, la dialéctica crítica de la ilustración testifica que:
En el camino desde la mitología a la logística ha perdido el pensamiento el momento de reflexión sobre sí mismo, y la maquinaria mutila hoy a los hombres, aun cuando los sustenta. Pero en la figura de la máquina la razón alienada se dirige hacia una sociedad que reconcilia el pensamiento, cosificado como aparato material e intelectual, con el ser viviente liberado y lo refiere a la propia sociedad como a un sujeto real. El origen particular del pensamiento y su perspectiva universal han sido desde siempre inseparables.
51 Hoy con la transformación del mundo en industria, la perspectiva de lo universal, la realización social del pensamiento, está de tal modo abierta, que por su causa el pensamiento es negado incluso por los que dominan como pura ideología.59
Así pues, con el proceder de esta racionalidad instrumental se pierde el sentido de la búsqueda del bien supremo, para dar paso a una razón que se orienta por la utilidad; una razón que considera que lo escondido en el mito tiene menor validez objetiva por proceder de la tradición y que el conjunto de las falsas objetividades de la tradición deben ser combatidas.
La teoría crítica, fundamentada por Horkheimer, Adorno y Marcuse, revela cómo al subjetivarse la razón y al formalizarse la elección o gustos, las decisiones prácticas morales o estéticas, dependerán de otros factores distintos del de la razón. La ética subjetivista, por ejemplo, se corresponde con categorías y teorías cientificistas que señalan valores morales supremos como valores subjetivos, lo que trae consigo una distinción entre morales objetivas y las maneras de percibirlas.60
La relevancia preponderante a la razón, que se proyectó a partir de la ilustración, ha puesto al hombre en espera de que la razón cumpla el papel rector y preeminente de la conducta humana. La sociedad moderna asume como obvio que los valores, en cuanto cuidado de sí y respeto a los demás, están incluidos en esta comprensión rectora de la razón, comprensión racional y de obediencia de la ley que tiene cada individuo en sí mismo. Kant, al exponer sus imperativos categóricos como claves del actuar humano, eleva este sentido de la razón hasta no escatimar que el hombre a la hora de preguntarse en qué consiste el bien y el mal, no mira hacia el cielo sino hacía sí mismo. De lo cual concluye que, el fundamento de la moral es el propio hombre.61
59 Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración, 90. 60 Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración, 50.
52 Sin embargo, tal sentido pierde su fuerza cuando este principio de autonomía se confunde con el ordenamiento de una sociedad de entes aislados, ególatras e individuos centrados según el placebo narcisista de las necesidades creadas por la industria comercial.
La lógica racionalista, de carácter esencialmente matemático y de procedimiento axiomático deductivo se convierte en el modelo de racionalidad a seguir a partir de la modernidad. Desde ella la razón se formula según el modelo de las ciencias de la naturaleza y la filosofía debe demostrar su estatuto de ciencia, debe situarse en el plano de la experiencia y análisis de los datos que obtiene de la realidad. Si desde la antigüedad el pensar se entendió como una tensión de fuerzas, con la modernidad, por una parte se ha venido enfatizando el rol fundamental de la experiencia y percepción sensible en la fecundación de los conceptos, pero que por otra, surge una oposición a tal postulación, al volver sobre el eidos por su superioridad a los fenómenos sensibles y por hallarse vinculada hondamente a los recónditos espacios de la conciencia. Los procesos de desmitificación, de modernización y de empoderamiento de la razón como racionalidad de dominio se incrementaron a través de la instrumentalización y el dominio de la civilización industrial. La dificultad mayor no ha estado, entonces, en la tensión dialéctica del pensar, sino en esta mutación ideológica absolutista a la que ha tendido la razón, ideologización que intenta asfixiar al pensar mismo.
Para la tradición filosófica de la antigüedad clásica, y para la tradición religiosa fundada en la revelación, la existencia de tales opuestos no significó problemas estructurales en el pensar de la tradición. La escisión y dualismo desarrollado con la modernidad, generaron por el contrario una oposición empirista – idealista. La primera define a la mente humana como tabula rasa en la que se escribe las impresiones sensoriales productos de la experiencia, pasando de las ideas más simples a las más complejas. La segunda, relaciona las intuiciones con el origen del pensar, y las ideas innatas como colocadas por Dios en la naturaleza humana.
53 La racionalidad científico-positiva, que debe diferenciarse de la racionalidad en cuanto tal, no pone en duda los logros alcanzados por los avances científicos, por los avances del conocimiento y el entendimiento de las leyes de la naturaleza que ha permitido la ciencia imponerse como el único modelo de comprensión de la realidad. Pero esto mismo le permite a la crítica de esta racionalidad develar el sueño dogmático y absolutista en el que ha caído la razón. Es por eso que, la superación de la irracionalidad de la razón moderna se constituye en la garantía de una recuperación del pensar.
El sistema filosófico que pretende una razón omniabarcante, al reducir el conocimiento y trabajo científico a mera organización, clasificación y cálculo de datos, traza un camino distinto y tendencioso a disolver su propio contenido objetivo, separando tradición de razón y debilitando el concepto de verdad al exponerlo a intereses dominantes. Una verdad que se constituye en parte del dominio científico: esto es verdad si lo dice la ciencia y quienes la poseen. Una verdad adaptable a toda realidad, que corre el peligro de capitular frente a lo irracional de lo racionalizado. Pensadores modernos como Spinoza hacen una comprensión empirista y positivista del hombre y de Dios. Para Spinoza es posible hacer una intelección universal caracterizada por una lógica de orden geométrico accesible a los hombres en general y productora de verdades de fuerzas vinculantes para todos sin tener en cuenta las diferencias contextuales, los condicionantes históricos que les afecta y las angustias existenciales que les ahoga. El objetivo fundamental de estos pensadores, al pretender armonizar la vida humana con la naturaleza, los lleva a definir a la razón como luz natural en cuanto dominadora absoluta:
Sus creadores creían que el lumen naturale, y el conocimiento natural a la luz de la razón bastaba también para penetran de un modo lo suficientemente profundo en la creación como para tener en ello una llave para armonizar la vida humana con la naturaleza, tanto en el mundo externo como el ser del
54 hombre mismo. Conservaron a Dios pero no la gracia; consideraban que el hombre podía arreglárselas perfectamente sin un lumen supranaturale de cualquier índole para todos los fines del conocimiento teórico y de la decisión práctica.62
La evidente separación, entre revelación y razón, tradición e ilustración, producida por esta racionalidad hace que se la entienda como racionalidad dominante e instrumentalizadora de la vida. De su disposición en el principio para pensar y servir al hombre, en su proceso de formalización de sí, pierde el objetivo con el que nace en cuanto razón ilustrada, convirtiéndose en racionalidad funesta para sí.