2.1. Una memoria presa de la filosofía de la conciencia
2.1.7. La reconstrucción colectiva de los recuerdos, de la memoria.
Ante la pregunta de una sociedad caracterizada por la acentuación de los individuos, en solitario, ¿de qué depende que la rememoración de los recuerdos permanezca o no?, se responderá de Halbwachs que: de la cantidad de informaciones consumibles diariamente. Así, el sometimiento a olvido de los recuerdos que impone la mecanización de la vida y el incremento informativo hace que nuestras sociedades experimenten cambios continuos de percepción de la realidad. Una realidad que se diluye en el aumento excedido de niveles publicitarios, noticiosos y producciones fílmicas que muestran y registran la inmediatez de hechos de cualquier lugar del planeta, evidencia de la filmación de una realidad en vivo. En medio de ello los recuerdos que unen al hombre actual con la tradición, con las generaciones pasadas y también presentes, se desintegran con facilidad.
Una reconstrucción de los recuerdos no centrada en individuos aislados, sino a partir de los marcos sociales de la memoria, ratifica un marco de interpretación distinto al de la filosofía de la conciencia y a la psicología asociacionista que se propone la reconstrucción de los recuerdos a partir de la indagación mental del individuo concebido éste como ente sin lazos o marcos externos. Individuos que no se
156 entienden como parte de un colectivo, llámese familia, sociedad, religión, y/o cultura. El marco social atraviesa la vida de los individuos, de ahí que la memoria se entienda como base de un grupo social, no única y exclusivamente marco individual. Los recuerdos más que parcelas aisladas y lejanas están ligados a marcos colectivos donde, “cada cual se acuerda a su manera del pasado familiar común”.240
Para Halbwachs los marcos sociales de la memoria no son solo marcos colectivos que se configuran como soporte de los recuerdos y sentimientos propios, de cada persona en particular, sino también, los marcos sociales de la memoria nos permiten comprendernos como partícipes de una tradición, grupo humano que asume un conjunto de reglas y costumbres familiares, marco de interpretación de individuos y colectivos que conforman una religión y cultura. En la cultura greca y romana de la antigüedad, por ejemplo, no solo se contaba con una memoria familiar que incluía tradición y costumbres como parte de su religión doméstica, lo que le permitía a cada familia sentirse independiente de otras familias o grupos sociales, sino que además su religión doméstica les permitía gozar de cierta libertad frente a la autoridad externa que intentaba regular la vida y creencias familiares. La tradición religiosa familiar o religión doméstica greco romana, permitía además, conmemorar, celebrar y educar.
“Cada familia tenía sus ceremonias propias, sus fiestas particulares, sus fórmulas de oración y sus himnos. El padre, único intérprete y solo pontífice de su religión, tenía en exclusividad el poder de enseñarla, y no podía enseñarla sino a su hijo. Los ritos, los términos de la oración, los cánticos, que formaban parte esencial de esa religión doméstica, eran un patrimonio,
240 Aguilar, M. Ángel. Fragmentos de la memoria colectiva, 2. Afirma que: “Toda memoria, incluso la individual, se gesta y se apoya en el pensamiento y comunicación del grupo: cada uno está seguro de sus recuerdos porque los demás también los conocen, aunque en el evento recordado no haya existido realmente, como en el caso de las anécdotas de la infancia, que uno tiene que llegar a creerlas, e incluso recordarlas, o hasta ir a contárselas al
157 una propiedad sagrada, que la familia no compartía con nadie, y que incluso estaba prohibido revelar a los forasteros”.241
El espíritu de la familia está contenido en estas ideas religiosas, sus celebraciones religiosas y sus costumbres familiares hacen parte del marco desde el que se reconstruyen las nociones sobre las personas, los acontecimientos, las cosas, etc. Este marco es marco de interpretación familiar, en la que la familia no solo guarda recuerdos de las generaciones que les antecedieron, ella también conserva e interpreta a partir de su propia visión de familia los hechos pasados, no reduciendo éstos al plano de la historiografía sino desde un marco interpretativo mucho más rico y vasto. El individuo recuerda desde este marco y como parte de él descubre y construye su identidad familiar.
El mundo griego y romano, a partir de su memoria colectiva logra mantener esta identidad familiar. Cuando este marco es fragmentado por el mundo industrializado, como sucedió en occidente con el cambio de nuestras sociedades campesinas y rurales y su paso al mundo moderno, se afectan los vínculos que sostenían la tradición y costumbres familiares perdiendo el sentido de lo grupal. Lo que hace la sociedad moderna, por el contario, es reforzar el individuo como absoluto, un individuo dispuesto más a una sociedad urbana, en la que la identidad grupal desaparece.
A partir de estos planteamientos se define a las sociedades rurales como sociedades que dependen del suelo, a partir de él se liga la familia y se funda la comunidad, de no solo de vivos, sino también de muertos, en él yacen los antepasados y habitan los presentes. De ahí que el abandono de la tierra, a causa, por ejemplo, del desplazamiento forzado no solo es renuncia a la posesión del suelo, sino que además, sino que también es fragmentación y destrucción de la memoria familiar. En estos términos, la vida sedentaria no solo implanta la identidad familiar, sino además,
158 introduce la memoria familiar que se constituye en sostén del derecho adquirido por la labor y dedicación a la tierra.
En la familia campesina la evocación de los recuerdos contempla también la evocación del mundo habitado. El marco de la memoria familiar más que reproducción pura y simple de las impresiones individuales, de la repetición de palabras, de la simple asociación de datos, del esbozar gestos, también es recuerdo conmemorativo, en ocasiones ritualizado, simbolizado y celebrado por una comunidad familiar que no olvida fácilmente a las personas y que al habitar en su tierra habita en lo que han construido esos mismos recuerdos.
Las personas procedentes de ambientes rurales están menos expuestas a la pérdida de la memoria colectiva, pues, se encuentran en contacto continuo con los nombres, los rostros, los acontecimientos y las personas con las que se relaciona su pasado. Muy contrario a esto, los procesos de modernización traen consigo también la constitución de sociedades en un mundo urbanizado, industrializado y tecnologizado, a veces expuestas a ahogarse en un devenir histórico continuo que desecha las historias y relatos particulares para dar paso a los megarelatos históricos nacionales, imperiales o de una cultura totalizante que se convierte en cultura oficial, al ser relatada por los medios masivos de comunicación.
Aunque no busca Halbwachs una sobrevaloración de los marcos sociales de la vida rural sobre los marcos que se fortalecieron con el proceso de modernización de la vida, lo que si pretende clarificar es el cómo la memoria está fuertemente vinculada a los procesos sociales muy distintos al concepto de individuo moderno. Desde este enfoque el psicólogo no solo ha de tener presente el mundo interior del individuo, como quien mantiene sus recuerdos e ideas en el asilamiento y alejamiento de los demás, por el contrario, la psicología está obligada a revisar el sistema de lenguaje, las preguntas y respuestas, la ubicación y articulación de las palabras, revisar en
159 últimas una interioridad que está referida al mundo externo, a los marcos colectivos de una memoria que en cierta medida es pública.
De esta manera, los marcos sociales de una sociedad ayudan en la comprensión, evocación, rememoración y reconstrucción de los recuerdos. Desde ellos el individuo se explica, pero además, en este marco fundamenta y descubre las claves interpretativas de los recuerdos propios. La desaparición de tales marcos traerá consigo un posterior olvido de su identidad.
“Por supuesto, se hace necesario renunciar a la idea que el pasado se conserva intacto en las memorias individuales, como si no hubiese transitado por tantas experiencias diferentes como individuos existen. Los hombres que viven en sociedad utilizan palabras de las que solamente ellos comprenden el sentido: allí reside la condición de todo pensamiento colectivo”.242
La comprensión de la memoria a partir de los marcos colectivos no admite, entonces, la posibilidad de que el individuo se entienda por si mismo aislado, en abstracto, un ego en solitario. Contrario al yo aislado y a la idea solipsista del individuo moderno, las imágenes e ideas, las nociones y conceptos individuales hacen parte de una conexión profunda con lo social. De esto depende la ubicación y localización de sus recuerdos, sus ideas e imágenes, sus representaciones del mundo y nociones, hacen parte del marco de la memoria colectiva.
No es posible, por tanto, una comprensión de la vida social como proceso de aislamiento y separación. Las nociones productos de grupos sociales permiten relacionar un período de la historia con las formas políticas en las que se crearon las constituciones, pero aun más, la ciencia misma no escapa de ser el resultado de una
160 obra extensamente colectiva en la que la actividad investigativa y prolongación teórica de los procesos científicos, establece lazos con el pasado.243
Los marcos sociales de la memoria impiden, en cambio, el rompimiento total de los lazos que unen las disciplinas científicas o saberes. Dado que la memoria no solo es depósito de recuerdos, tradiciones y costumbres, ella misma es episteme si la entendemos como condición de posibilidad, ciencia primera no reducida a una racionalidad. Entendida la ciencia como parte de la memoria colectiva, no solo manifiesta su rasgo de temporalidad en los que se lograron los descubrimientos científicos, sino que también manifiesta la espacialidad de los logros de una sociedad que da respuestas a los retos impuestos por los sucesos de la época y el lugar.
Los peligros de la fractura de la memoria colectiva, en los que ha caído la ciencia a causa de una racionalidad moderna, hace que tal racionalidad desconozca y pierda la memoria, el sentido de la tradición como parte de la ciencia misma, y confirma las advertencias que hacía Heidegger al referirse al problema de la metafísica moderna, al afirmar que:
“δos dominios de la ciencias están muy distantes entre sí. El modo de tratar sus objetivos es radicalmente diverso. Esta dispersa multiplicidad de disciplinas se mantiene todavía, unida gracias tan sólo a la organización técnica de las universidades y facultades, y conserva una significación por la finalidad práctica de las especialidades. En cambio el enraizamiento de las ciencias en su fundamento se ha perdido por completo”.244
243 Sin ir más lejos esta investigación ha requerido la lectura y análisis de la memoria
colectiva de autores que no son la fuente misma del pensamiento, sino parte de él. El nosotros que continuamente aparece en el tratamiento de temas es quizás el más acertado, pues, la ciencia es memoria colectiva como lo son otros saberes, afirmación ésta que no pretende restarle validez a los nuevos horizontes interpretativos de la ciencia y/o saber que emprenden hombres y mujeres en su momento histórico.
244 Heidegger, ¿Qué es metafísica? 16. Agrega Heidegger que: “en todas las ciencias siguiendo su propósito más auténtico, nos las habemos con el ente mismo. Mirado desde la
161 Al igual que la ciencia, la vida humana puede ser interpretada desde una memoria colectiva llámese familiar, institución religiosa y clase social, con fisonomía propia y única. Pensada desde esta perspectiva la religión para Halbwachs, no es meramente moral práctica como la entendía Kant refiriéndose a los límites de la razón; la religión, más allá de ser explicable por motivos puramente racionales es explicación de sí a partir del pasado, desde su memoria: “toda religión es una supervivencia”245
Pero además, el recuerdo religioso es memoria de una experiencia particular, no abstracta sino concreta.