En los repertorios aparecen los términos de astronomía y astrología, astrónomos y
astrólogos como sinónimos. Sin embargo, en el siguiente pasaje, Enrico Martínez establece una diferencia:
Astrología es lo mismo que ciencia de los Cielos y las estrella, divídese principalmente en dos partes, la primera trata de los movimientos de los Cielos y Planetas, de sus varias conjunciones, oposiciones y concursos, y ésta se dice comúnmente Astronomía; la otra de que este capítulo trata se dice
Astrología judiciaria, que enseña a saber los efectos que los movimientos, conjunciones y aspectos de los cuerpos Celestes causan en estas cosas inferiores; es ciencia natural porque tiene su fundamento en causas y razones naturales, y ha venido a saberse por medio de la experiencia […]27
Son tres los puntos relevantes de esta definición: primero, la delimitación entre los campos de la astronomía y el de la astrología, que circunscribe la primera a la
configuración del espacio y la segunda al problema de la interpretación de esta configuración; segundo, la definición de ciencia natural, que opone lo natural a la
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Anexo 1. Tabla comparativa de contenidos de los repertorios. “Reforma calendárica y Calendario de fiestas movibles”.
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contraparte ausente, la inescrutable causa Providencial; y tercero, el carácter racional y empírico que se le atribuye a este saber.
Los tres autores conciben la astrología como un saber empírico porque su acervo de conocimientos es producto de la observación y el registro de datos, lo que le otorga la facultad predictiva que la caracteriza. La lógica de su funcionamiento se enmarca en el paradigma aristotélico del efecto y la causa, en el mecanismo que se deriva del modelo cosmológico tolemaico y en la tradición de las profecías y de los saberes ocultos, esto último está implícito en la práctica astrológica que enseñan los repertorios y sólo Zamorano hace mención de su origen milenario que remonta al primer padre, Adán.28
La astrología se constituye como un sistema que tiene el espacio astronómico como primer nivel de articulación, cuya dimensión formal adquiere sentido en un segundo nivel el elenco de signos zodiacales y planetas, con su significado intrínseco, y que en un tercer nivel, la articulación sintáctica, adquiere sentido en función de la posición relativa y la combinación entre los otros elementos del sistema.
De este modo, la astrología divide el mapa astral en tres partes de las cuales la sección media es la que cobra relevancia porque en ella se encuentran las doce
constelaciones asociadas a los doce signos zodiacales, en donde, dados los fundamentos arcanos de la astrología, residen una serie de atributos que determinarán los rasgos que adquieran, por su combinación, la serie de acontecimientos que ocurran en la Región Elemental. Otro tanto se puede decir de los siete planetas que, según su propia
caracterización astrológica y ubicación relativa en el concierto de estrellas, constituyen la otra variable de los efectos sobres esta región.
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El siguiente pasaje de Martínez muestra un ejemplo de la vaga alusión que se hace al origen antiguo de la tradición astrológica: “Por donde los antiguos vinieron en noticia de las calidades que los cuerpos celestes influyen en la región elemental, y así dijeron ser algunos de los Signos y Planetas masculinos y otros
femeninos, unos estériles y otros fecundos” (Martínez, ibid., Tratado Primero, Capítulo IIII, p. 8). Este mismo autor atribuye el nacimiento de la ciencia astrológica a Platón, Aristóteles y en general a los filósofos gentiles, con lo que reconoce en ella un perspectiva racional e “iluminada” en oposición a la otra que se tiene de ella como un saber arcano y de tradición milenaria que va más de acuerdo con el origen que le atribuye. Esta referencia del pasado milenario de la astrología se encuentra también en Vicente de Tornamira: “Es opinión de los Doctores e Historiadores que infundió Dios en Adán el conocimiento de todas las ciencias del mundo con que puso después nombre a todas las criaturas […] Noe y sus tres hijos fueron peritísimos en la
Astrología y otras ciencias, las cuales comenzaron a enseñar a sus descendientes” (Vicente de Tornamira, op cit., Primera parte, Capítulo Primero, p. 2).
La Décima Esfera es la ubicación natural de los signos del Zodiaco y debe entenderse que su asociación con las doce constelaciones del firmamento es un vínculo arbitrario que han hecho los astrólogos para otorgarles un sitio visible y, según Zamorano, para ocultar su verdadero sentido y origen al común de la gente:
… afirmaron estar estas 12 partes en el décimo Cielo y no en el noveno ni en el octavo; y llamáronlas Signos no porque ellas tengan señales, pues el décimo Cielo no tiene estrellas, sino porque
experimentaron que convenían en su influencia aquellas partes iguales del décimo Cielo con las imágenes de estrellas que están en el octavo y así los refirieron a ellas, poniendo sus nombres a las partes de arriba, según que los Poetas y primeros filósofos fabularon para ocultar al vulgo tan altos secretos de naturaleza.29
Efectivamente, el sentido con el que se introduce cada capítulo de un signo o de un planeta inicia con la alegoría o el mito. En los casos que los signos están simbolizados por figuras animales se establece el símil entre los atributos de la bestia y los rasgos climáticos del periodo que comprende cada signo. Así, por ejemplo, Leo, que tiene la cualidad del planeta Sol, por su “ferventísima naturaleza” se compara con el clima que prevalece en los meses de julio y agosto; y, así como las partes delanteras del león son más fuertes que las postreras, el calor es más intenso al inicio del signo y va decayendo hacia su final.
Fig. 4 Imágenes del signo de Leo y Géminis de los repertorios de Zamorano (izq.) y Chaves (der.)
En los tres repertorios se dedica un capítulo a cada signo, en el caso de Zamorano y Chaves estos capítulos inician con una imagen de la constelación en donde se señalan los puntos de las estrellas que la conforman. Los contenidos son escuetos en Martínez, más extensos en Chaves y abundantes en Zamorano.
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Cuando se trata de personas, como el caso de Géminis, se remite a la mitología latina, por ejemplo, este signo es representado por dos niños abrazados que “los poetas figuraban [… ] ser Cástor y Pólux”, el amor que se profesaban significa que cuando el Sol pasa por este signo, el tiempo es “deleitoso y las gentes se dan placeres, regocijos y amores”. 30
En estos ejemplos se puede ver cómo se empieza a crear la red sistémica que
correlaciona la disposición astral del espacio con cualidades animales o humanas y esto a su vez se asocia con el rasgo climático característico de la época del año en la que aparece la constelación que dio pie al sistema, lo que permite establecer la calidad preponderante (cálida, seca, fría y húmeda) y de ahí los vínculos con el resto del sistema como se verá en seguida.
Una vez que se ha descrito la característica general del signo a partir de este tipo de comparaciones, el siguiente dato relevante es el momento en el que entra el Sol en el signo y su asociación con el clima característico en función del temperamento que domina según sus posibles combinaciones y atributos. En este recorrido del Sol por el círculo Zodiacal, se hace una distinción entre dos fechas, la propia del signo, que corresponde a la trayectoria del Sol por la Eclíptica, de orden astronómico; y un segundo periodo asociado a la posición del Sol en relación a su paso por la figura estelar a la que se asocia el signo, que sirve para ubicar la influencia de los Planetas y estrellas, por ejemplo:“En general todo este signo [Aries] es por su parte septentrional, caluroso y nocivo por tener allí muchas estrellas saturninas, marciales y de Mercurio”.31
A partir de la segmentación de la Eclíptica cada treinta grados se delimita el espacio de cada signo y con ello el rango de los efectos de sus atributos esenciales: el elemento que domina al signo (fuego, aire, agua o tierra); la calidad que lo caracteriza (calor/sequedad, frío/humedad), el género (masculino o femenino), la inclinación del Sol, la forma de su ascensión, su posición relativa frente a otros astros, el planeta que alberga y el clima que rige.
La red de sentido que se va construyendo tiene una facultad cohesionadora que organiza una diversidad de temáticas. Por ejemplo, a cada signo se le otorga un dominio
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Chaves, op. cit., Tratado Segundo, Título Veinte y siete, p. 116. 31
Zamorano, op. cit., Libro Primero, Capítulo 10, p. 18. En el caso de Aries, el Sol entra en el signo el 21 de marzo y sale el 21 de abril, pero “entra en la imagen” el 18 de abril y sale el 10 de mayo (Zamorano, idem).
específico sobre los humores (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático), los sabores, los colores, los metales, los objetos inanimados, las plantas, los animales, las partes y órganos del cuerpo humano; así como dominio sobre los lugares, por ejemplo para Leo: “Todos aquellos a donde se llega con dificultad y trabajo, toda tierra movediza, casas de reyes, alcázares, castillos y fortalezas; todos los montes, collados y lugares al aire descubierto”, 32 o para provincias, reinos y ciudades.
A los capítulos de los signos del Zodiaco siguen los de los orbes de los siete planetas en donde el contenido es en esencia astrológico, similar al de los signos del Zodiaco.
Zamorano y Chaves vuelven a introducir cada capítulo con la figura alegórica de cada planeta. En los tres repertorios se asocia la simbología del dios pagano a los atributos del planeta. Por ejemplo, Saturno representa el tiempo (“los griegos lo llaman Chronos que es tiempo”, aclaran Chaves y Zamorano) con la figura de un hombre viejo; esta
característica se vincula al extenso periodo que le toma a este planeta completar una ciclo. La figura mítica del dios que devora a sus hijos lo asocia a la muerte, se compara el tiempo a un creador que devora su creación; la guadaña, simboliza la memoria “de todas cosas de esta vida”.33 Estos atributos, la lentitud, el tiempo asociado a la decrepitud y volcado hacia el pasado se asocian a las cualidades naturales del planeta, frío y seco, y al temperamento melancólico; por lo tanto, Saturno, en términos generales será una presencia nociva en los pronósticos de temporales y de salud.
En contraste, el capítulo sobre Júpiter, presenta a un planeta asociado a la vida. En este caso no se establece el contraste alegórico sino el significado de los nombres que se le han otorgado, por ejemplo, “llamáronle también Pheaton que quiere decir espléndido, claro y rutilante”; se hace referencia a su hermoso aspecto “porque así lo parece su estrella, la cual grandemente es agradable a la vista”. Este planeta es tan bondadoso, dice Zamorano, que hay quienes consideran que por su influencia los hombres serían inmortales si no fuera por la malignidad de Marte y Saturno.34
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Zamorano, ibid., Libro Primero, Capítulo 14, p. 27. 33
Martínez, op. cit., Tratado Primero, Capítulo XXIX, p. 39. 34
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De este modo, se empieza a establecer el primer nivel de oposiciones a partir de las características inherentes de cada entidad, que irán adquiriendo valores específicos en las subsecuentes combinaciones sistémicas.
Fig. 5 Imágenes del planeta Saturno (izq.) y Júpiter (der.) del Repertorio de Zamorano. Las alegorías representan los valores que oponen a estos dos planetas: Saturno, asociado a la muerte y Júpiter a la vida.
Cada planeta controla un día de la semana y ciertas horas del día. Está asociado también a un tipo de clima, a algún temperamento y se clasifica como bueno, malo o indiferente. Los planetas tienen dominio sobre todo lo que existe en la Región Elemental y sobre las actividades humanas. Por ejemplo, Mercurio domina sobre el habla, el
razonamiento, la lengua, las artes y todas aquellas actividades que requieren de astucia, maña y simulación; Venus tiene dominio sobre las mujeres, los muchachos, los músicos, los juegos, los placeres, los regocijos, los bailes, las danzas, el ocio y los pasatiempos, la lujuria, la fornicaciones, las composturas, los ornatos, las vestiduras lascivas, los ungüentos y las especies aromáticas, las bebidas embriagantes, la música y también varios
instrumentos;35 el Sol tiene un lugar especial porque de él depende la vida y, al ser el
cuarto, ocupa el centro entre los planetas “como rey sabio que con su sentido mantiene su reino y consideradamente en medio de él hace su asiento para bien gobernar y que llegue su virtud a todas partes”.36 La Luna, en menor tenor, pero con la injerencia que le otorga su
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Chaves, op. cit., Tratado Segundo, Título Diez y seis, p. 102. 36
importante influencia sobre la Región Elemental, tiene la distinción, junto con el Sol, de tener mención especial en las Escrituras.
Los planetas, al igual que los signos zodiacales determinan el perfil fisonómico y psicológico de las personas, tema predilecto de Martínez.37 En contraste, Zamorano
presenta una caracterización más cercana al perfil médico.38 Los planetas están asociados a algún color, olor, sabor, metal, piedra, líquido y tienen especial dominio sobre algunos animales y plantas. Poseen influencia sobre ciertas partes del cuerpo y enfermedades.
Esta caracterización constituye el primer elenco del sistema a partir del cual se lleva a cabo la consulta e interpretación del mapa estelar; el segundo lo constituyen los llamados
aspectos de los planetas. Se trata del valor relativo que adquiere cada uno dada la posición
que establece con los otros. En el cuadro 2 se presentan los nombres de los aspectos y la modalidad de su posición, así como la valoración general de cada aspecto.
Desde una perspectiva antropocéntrica, los autores hablan de los buenos y malos aspectos de los planetas. Este juicio es de una gran relatividad pues, a la naturaleza inherente del cada planeta se suma el valor intrínseco de la posición o aspecto, así como condiciones propias de la realidad de la Región Elemental como la estación y el mes del año, si se trata de pronosticar el clima; o la configuración astrológica y el temperamento de una persona, si se trata de curar una enfermedad.
Estas variables implican a su vez otros factores como el tipo de viento, tratándose del pronóstico de temporales, o el humor que prevalece en la enfermedad.
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“Los que son saturninos comúnmente tienen el rostro grande y feo, los ojos medianos e inclinados a la tierra, las narices gruesas y grandes, las cejas juntas, los dientes mal proporcionados y pocas barbas; suelen ser nerviosos, enjutos de carnes y no muy limpios y son naturalmente inclinados a la Agricultura y cosas del campo, y también a edificios y cosas semejantes, y también suelen ser inclinados a aquellas cosas que
significa el Planeta que tuviere con Saturno participación en el dominio del tiempo de la natividad” (Martínez, op. cit.,Tratado Primero, Capítulo XXIX, p. 39).
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“Tienen los Marciales los pulsos grandes y acelerados, la orina encendida y mordaz, el sudor acre, salado o amargo, la lengua seca, pocas superfluidades en las narices y éstas de mal color, mucha cera en los oídos y muy colérica; sueñan de ordinario cosas de fuego, homicidios, pendencias, armas y cosas tales” (Zamorano, op. cit., Libro Primero, Capítulo 25, p. 50).
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Cuadro 2. Aspectos de los planetas39
Aspecto Posición Influencia
Conjunción Los dos planetas tienen la
misma posición
Mediana: la conjunción de buenos planetas es buena, la de malos es mala, la de los medianos, mediana.
Sextil Separación de 60º Bueno
Cuadrado Separación de 90º Malo
Trino Separación de 120º Bueno
Oposición Separación de 180º Malo
En el capítulo cinco de este trabajo se plantea la implicación práctica de este conocimiento que tiene su cabal aplicación en la práctica médica. Por este motivo, la explicación en torno a los aspectos de los planetas aparece en el tratado de medicina en los repertorios de Chaves y Zamorano. Por su parte, Enrico Martínez, en el breve capítulo “En que se declara por qué algunos planetas son llamados buenos y otros malos y otros
indiferentes”, omite la presentación de los aspectos y en su lugar subraya la relatividad de estas influencias dada la variedad de condiciones que intervienen en cada suceso y en cada individuo de modo que lo que es bueno para uno puede ser malo para otro.40 Esta omisión y reflexión quizás obedezcan a que el autor percibe una complejidad que resulta imposible sintetizar en reglas simples, dada la cantidad de variables que entran en juego.
De esta manera se introduce una de las diferencias patentes entre los repertorios de los españoles y el del novohispano, a saber, la manera en cómo abordan y presentan el saber astrológico. Mientras los primeros introducen el elenco de este sistema en función sus implicaciones para las actividades de la vida cotidiana y la práctica de una astrología rústica, Martínez se vale de esta temática central en los repertorios para llevar a cabo una búsqueda en torno a la causa de las “causas naturales”.
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Zamorano, ibid., Libro Cuarto, Capítulo 6, p. 292. 40
El capítulo aparece como un corolario después de haber presentado la totalidad de los orbes que terminan con la luna y antes de introducir los lunarios (Martínez, op. cit., Tratado Primero, Capítulo XXXIX, p. 55).