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Los repertorios muestran las distintas teorías que han explicado la disposición del mundo, siguiendo el formato de erudición que los caracteriza. La obra de Zamorano es la que abunda en la temática. El autor presenta un esquema de la tradición hermética que vincula los cielos con los elementos según el orden que va de la tierra al fuego, pasando por el agua y el aire, y que se repite para otorgar a la Luna la cualidad de la tierra, a Mercurio la del agua, a Venus la del aire y al Sol la del fuego. Otros, siguiendo la doctrina de Platón, “para hacer diferencia entre el lugar natural de las ánimas y de los cuerpos”, lo dividieron en dos partes, la agente y la paciente. La primera corresponde al Cielo porque es causa del

movimiento de la zona paciente donde yacen los elementos y se crea todo tipo de

mudanzas, generaciones y degeneraciones. Los astrónomos y los cosmógrafos, grupo al que pertenecen los autores, consideran que el mundo se divide en dos grandes regiones, la Celeste y la Elemental, y según el criterio de los “doctores sagrados”, que dividen el mundo en una parte invisible y otra visible, será el octavo orbe el que adquiere pertinencia para el trabajo de astrónomos y astrólogos.14

El criterio que divide el espacio entre lo que se registra perceptualmente y lo que se conoce por la intuición y la razón sigue en los repertorios de Zamorano y Martínez vías diferentes. Zamorano, al integrar la región del Empíreo, dice que de este cielo emana una luz que no es comprensible por los sentidos. A partir de este punto, el hombre puede conocer por el intelecto la función de las décima y novena esfera y, por los sentidos, registrar la zona visible que se divide en ocho secciones (el orbe del firmamento y el de cada planeta). De este modo, Zamorano ajusta la realidad observada al modelo

preestablecido.15

14

Zamorano, op. cit., Libro Primero, Capítulo 8, p. 13. 15

Zamorano presenta un ejemplo en el que, a partir de la explicación de la mecánica del funcionamiento de los cielos, los teólogos, dice, por no parecerles que en el lugar de la habitación de Dios, los ángeles y santos hubiera “tan arrebatado y perpetuo movimiento […] añadieron un cielo más que fue onceno, sobre todos los diez” en donde “todo es gloria, quietud y descanso” (Zamorano, ibid., Libro Primero, Capítulo, 4, p. 8).

Martínez, por el contrario, sigue la vía inductiva al mostrar la disposición del modelo homoesférico en un formato narrativo que lo acerca más a la perspectiva moderna de la construcción del conocimiento. El autor va narrando cómo desde la observación y el registro se fueron haciendo una serie de hipótesis que llevaron a completar el cuerpo teórico de lo que la historia de la ciencia nombra ahora el esquema aristotélico-tolemaico del mundo.

Si bien, como explica Zamorano, lo divino es la primera causa en donde encuentra su razón de ser el hombre y el mundo que lo rodea, el criterio para presentar el elenco de los repertorios es la causa natural que explica el funcionamiento del mundo; es decir, el terreno de acción de astrónomos, astrólogos y cosmógrafos que requieren saber cómo está constituida la llamada Máquina del Mundo.

Desde esta perspectiva, el escenario del mundo se compone de una serie de orbes que giran en torno a unos polos según el siguiente mecanismo. El primer móvil, o décima esfera, es el orbe que tiene a su cargo el movimiento rapidísimo que hace que el resto de las esferas tengan un giro diurno (24 horas) en dirección Levante a Poniente. El segundo orbe, en orden natural y noveno “en cuanto a nos”, llamado Cielo Aqueo,16 o Cristalino, tiene el movimiento del primer móvil y el suyo propio, lentísimo, por eso se le llama también tardío, que es el que hacen las estrellas sobre los polos del Zodiaco en dirección Poniente a Levante. Este movimiento también se llama de los Auges o de las estrellas y tarda 36,000 años, según Tolomeo; o 49,000, según el rey don Alfonso; o 25,800, según Zamorano, en cumplir un ciclo. Se trata del ciclo asociado al año platónico que se cumplirá cuando todos los astros vuelvan a su posición original. El tercer cielo, u octava esfera, también llamado Firmamento, “por estar en él firmes todas las estrellas a la manera que Dios las creó al principio del mundo”, es el primero de los mundos visibles y tiene tres tipos de

movimientos: dos le son dados por el primer y segundo orbes, y el tercero es un

movimiento propio llamado de trepidación, causa de la variación en las declinaciones más extremas del Sol, de Septentrión (trópico de Cáncer) a Austro (trópico de Capricornio), responsables de la desigualdad de los días y de las cuatro estaciones del año.

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Zamorano dice que el nombre de Aqueo hace referencia al cielo del que hablan las Escrituras, cuando Dios dividió a las aguas en dos partes y la parte superior se convirtió en el cielo.

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Cada esfera tendrá los movimientos anteriores y la ejecución de uno propio. A partir del séptimo cielo,17 en el que inicia la serie de orbes de los siete planetas, la combinación de movimientos comienza a complicarse de manera tal que las esferas parecen multiplicarse al tiempo que surgen otros movimientos de los que dan cuenta los llamados epiciclos. El siguiente ejemplo, que describe el movimiento del séptimo orbe y su planeta Saturno, es ilustrativo de lo anterior:

El cielo de este planeta consta de tres cascos o orbes como parece en su Teórica [se refiere a Tolomeo]. El de en medio es igualmente grueso por todas partes, y dícese deferente porque al movimiento suyo se mueve el Epiciclo y sus dos superficies alta y baja de este, tiene su centro fuera del centro del mundo por lo cual también le nombran Excéntrico. Los otros dos orbes alto y bajo no son iguales por todas sus partes que el más alto por la superficie baja y el más bajo por la superficie más alta son excéntricos; y el más alto por la más alta y el más bajo por la más baja tiene su centro en el centro del mundo.18

El siguiente esquema (fig. 2) ilustra el tipo de movimientos que se generaba desde el cálculo matemático a fin de explicar y predecir la irregularidad del movimiento planetario en la elaboración de tablas astronómicas.

Fig. 2 Diagrama de epiciclos tomado de The Copernican Revolution de Thomas S. Kuhn. “Un epiciclo en un epiciclo en un deferente (a) y el típico trayecto a través del espacio (b) generado por un sistema compuesto de ciclos. A fin de simplificar, el trayecto se integra aquí armoniosamente, situación que no ocurre en el

movimiento real de los planetas.”19

17

A partir de aquí utilizaremos el orden que predomina en los autores, es decir, el que inicia con la Tierra. 18

Zamorano, ibid., Libro Primero, Capítulo 23, p. 42. 19

En el capítulo anterior se ha planteado ya la discrepancia entre el modelo

homoesférico y el de los epiciclos; sin embargo, en la dimensión práctica del cosmógrafo y del astrólogo, que requieren saber la posición de los planetas en un momento determinado a fin de diseñar mapas estelares, efemérides o hacer pronósticos, basta como herramienta de trabajo un modelo simplificado del espacio que lo divide en dos planos cortados por dos círculos, la llamada línea equinoccial y la franja del Zodiaco.

La equinoccial o Ecuador es “aquel camino que el Sol señala a los 21 de Marzo y a los 23 de Septiembre moviéndose en horas de Levante a Poniente y volviendo otra vez al Levante”.20 Su nombre proviene del término usado para referirse a estos dos momentos, el equinoccio, que es cuando la noche y el día tienen “la misma medida en toda la Tierra”. El otro movimiento del Sol, “que es el suyo propio”, tiene una dirección de Poniente a

Levante, es ladeado y algo oblicuo y dura un año desde que el astro parte de un punto y regresa a él. A lo largo de este trayecto el Sol se acerca o aleja de la Tierra dando como resultado que a veces sea verano y otras invierno. En términos geométricos, este fenómeno ha de entenderse así: el círculo zodiacal corta oblicuamente a la equinoccial a 23º y medio en dos puntos opuestos, en un caso el corte ocurre en la zona septentrional y en el otro en la austral.

El Sol lleva a cabo este trayecto sobre una línea imaginaria llamada Eclíptica que recorre esta banda Zodiacal. La Eclíptica constituye otro referente espacial importante porque el Sol no se mueve de esta trayectoria y por lo tanto es uno de los parámetros para ubicar el desplazamiento de los planetas por esta franja que mide de ancho “quince partes o grados” y de largo 360º y se localiza en el Octavo Cielo en “el curso natural” que les imprime la Novena Esfera, de Poniente a Oriente.

El Octavo Cielo constituye el espacio estelar en el que tienen lugar estas

coordenadas rectoras que permiten identificar la serie de movimientos que alimentan las tablas o efemérides, herramientas imprescindibles para el astrólogo porque a partir de ellas establece la correlación entre el movimiento de los astros y los acontecimientos de la Región Elemental, principio que da sentido a su profesión que es el de pronosticar el tiempo.

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Este Cielo es visible por lo que toca a la mitad de la esfera que se aprecia en las noches. La bóveda estrellada, explica Zamorano, es seccionada en un mapa en el que se identifican 48 figuras o constelaciones que a su vez se dividen en tres partes: septentrional, media y meridional. La septentrional incluye 21 figuras, la meridional 15 y la media 12; éstas últimas son las que conforman las figuras del Zodiaco a las que se asocian los valores astrológicos de los doce signos, que radican, no en la octava esfera, aclara Zamorano, sino en la décima; un problema teórico de la arcana astrología que se tratará más adelante.22

Una vez que establecida la disposición del espacio estelar, los repertorios presentan las características astrológicas de cada signo zodiacal y de cada planeta, que a modo de valencia, adquieren significados concretos a partir de su posición relativa con los otros elementos del sistema y de manera especial con los movimientos del Sol y de la Luna. Esta información adquiere sentido a la luz del trabajo de pronosticación de la astrología en el ámbito del clima y en el de la medicina, como se verá en los siguientes capítulos.

Por otro lado, en el plano puramente astronómico, el movimiento específico de la Luna y el Sol está destinado a la construcción del calendario religioso, en que las

festividades movibles que norma la Pascua de Resurrección se establecen a partir de un calendario lunisolar que hace necesario su proyección cada año.

En estos dos ámbitos el astrológico y el religioso el espacio adquiere la

cabalidad de su sentido en la construcción del tiempo, en un caso para pronosticarlo y en el

21

Se tiene referencia del uso de esta esfera desde el siglo III a. C., asociado al Museo de Alejandría. Estos instrumentos consistían en una estructura constituida por varios círculos ajustados en torno a un mismo centro y graduados en grados y fracciones de grados; uno de los círculos podía estar en el plano del ecuador y otro perpendicular a él, que giraba alrededor del eje del mundo, con una regla o alidada ajustada en torno al mismo centro servía para determinar la dirección de una estrella, con esta combinación de armilares se podía medir su declinación y ascensión (George Straton, Hellenistic

Science and Culture in the last three centuries B.C., 1993, p. 53).

22

Zamorano, op. cit., Libro Primero, Capítulo 8, p. 14. Fig. 3 Esfera armilar. Ésta constituye

un mapa simplificado del universo tolemaico. Imagen tomada del la Summa Geographica de Jerónimo de Chaves.21

otro para proyectarlo, con la finalidad de planear la vida cotidiana. De este modo, el conocimiento del mundo se traduce en una serie de herramientas de medición del

movimiento de los astros que proporcionan los repertorios de Chaves y Zamorano y que se sintetizan en el cuadro 1. En la primer columna aparece la entidad o suceso astronómico que es representado por la herramienta, los usos que se le otorgan y los conceptos

astronómicos y astrológicos asociados. En los siguientes capítulos se explicará el sentido que adquieren estos instrumentos para el pronóstico de temporales, el diseño del calendario religioso y la práctica médica.

Cuadro 1. Herramientas astronómicas que definen el tiempo y el espacio en los repertorios de los tiempos

Entidad y suceso astronómico

Herramientas Usos Conceptos asociados23 Sol. Trayectoria por su

eclíptica

Posición relativa del Sol frente a los polos del Mundo

Tabla de la entrada de las cuatro estaciones Círculo solar/Letra dominical

Tabla de la duración de los días

Tabla de los días caniculares

Tabla del verdadero lugar del Sol al mediodía Tabla de los meridianos Calendario Pronóstico de temporales Calendario Pronósticos de temporales. Práctica médica Práctica astrológica Ubicación geográfica Año solar Estaciones Ciclo de 28 años

Signos del Zodiaco Aspectos de los planetas

Cálculos realizados conforme al meridiano de Sevilla o de la cd. de México.

Luna. Trayectoria por su eclíptica

Fases lunares.

Disposición espacial Sol, Luna y Tierra Lunarios Número áureo/Epacta Cánones de eclipses Pronósticos de temporales Práctica médica Calendario Práctica astrológica Mes draconiano Año solar Ciclo de 19 años Mes lunar o lunación Equinoccio de primavera. Signos del Zodiaco Aspectos de los planetas

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Este conjunto de herramientas aparecen en los apartados destinados a la presentación del tiempo y el diseño del calendario en los repertorios de Chaves y

Zamorano. El repertorio de Enrico Martínez, que no cuenta con tratados equivalentes, sigue el argumento del espacio para integrar la información implicada en el cuadro 1.

Por ejemplo, un tema central en los repertorios de Chaves y Zamorano es el gran suceso de la reforma calendárica de 1582 del papa Gregorio XIII que respondió a la necesidad de ajustar el desfase que se venía acumulando entre el calendario eclesiástico, que se regía por el calendario juliano, y la realidad astronómica. En los repertorios de los cosmógrafos españoles las causas y la nueva metodología de cómputo dispuesta por esta reforma se aborda en el tratado dedicado al calendario. Ante la ausencia de un apartado semejante en la obra de Martínez, este acontecimiento de relevancia astronómica y política, tiene un lugar coyuntural asociado al planeta Sol, argumento en el que, efectivamente, los motivos de esta reforma encuentran su explicación. Siguiendo la lógica de los repertorios de ir presentando capítulo por orbe celeste, al llegar al solar, Martínez hace un largo

paréntesis de tres capítulos en los que no sólo explica la causa y la naturaleza de la reforma invirtiendo, por cierto, los términos de la explicación24 sino que además se permite iniciar esta digresión del tema central de los orbes con el capítulo, “En que se prueba por razones demostrativas ser el Sol mayor que todo el globo del mar y tierra”, temática que, si bien muestra cómo se pudo conocer el tamaño relativo del Sol, la Luna y la Tierra, es ajena a la explicación de la causa de la reforma gregoriana.25

Algo similar ocurre con el sitio que Martínez otorga a dos instrumentos fundamentales en los repertorios, los lunarios y los cánones y los eclipses, fenómeno astronómicamente vinculado a las conjunciones del Sol y de la Luna. Mientras que estas

24

En relación con los capítulos “En que se declara la causa de la reformación del tiempo que se hizo por mandado de la santidad de Gregorio XIII el año de 1582 y cuanto parece haber sido siempre y sea ahora la verdadera cantidad del año” y “En que se declara y muestra cómo se pudo tener noticia de la anticipación de los equinoccios: para entenderlo bien era necesario tener algunos principios de Astronomía”, hay una

inversión del orden lógico, ya que para comprender los motivos de la reforma calendárica, es necesario, como indica el propio Martínez en el título del segundo capítulo, tener algunos principios de astronomía que explican el adelanto de diez días del calendario civil con relación al astronómico.

25

Este capítulo, dedicado al tema de la óptica que explica la proyección de sombras, aparece en los

repertorios de Chaves y Zamorano asociados al fenómeno de los eclipses. Cf. Anexo 1. Tabla comparativa de contenidos de los repertorios. “Herramientas de ubicación espacial y temporal”.

tablas aparecen al final del tratado del calendario en los repertorios de Chaves y Zamorano, Martínez los coloca después del capítulo destinado al orbe lunar.

Así, este contenido central, la nueva normatividad para proyectar el calendario religioso conforme a la reforma gregoriana, está ausente en la obra de Martínez. Si bien el autor anuncia que el tema será tratado en el segundo tomo de su repertorio, que nunca salió a la luz, el motivo de la ausencia radica en la decisión de priorizar el tratamiento de otras temáticas que lo llevaron a modificar la estructura del género.26 Por su parte, este

distanciamiento de la norma le permitió asociar los sucesos astronómicos que repercuten en la medición del tiempo al lugar que el argumento de la causa natural les otorga: el

calendario de las fiestas movibles, los lunarios y los cánones de eclipses encuentran su razón de ser en el espacio astronómico y no son producto de una serie de disposiciones institucionales como, por otro lado, lo presenta la historia del calendario que registran Chaves y Zamorano.