• No se han encontrado resultados

La señal de libertad

In document La Institucion de la Ley Biblica, Tomo 1 (página 139-148)

EL CUARTO MANDAMIENTO

1. La señal de libertad

El cuarto mandamiento, la ley del sabbat, es importante en términos de su signi- ficación profética, tanto como de su estatus legal. Kline, al hablar sobre la formu- lación deuteronómica de la ley, dice:

La más significativa de las variaciones de la forma del Decálogo según se pre- senta en Éxodo 20:2-17 es la nueva formulación de la cuarta palabra. El ciclo sabático de la vida del pacto simboliza el principio de consumación caracte- rístico de la acción divina. Dios obra, realiza su propósito y, regocijándose, reposa. Éxodo 20:11 se refiere a la exhibición del patrón de consumación en la creación como el modelo original del sabbat; Deuteronomio 5:15 se refiere a su manifestación en la redención, en donde el triunfo divino es tal como para llevar también a su reposo a los elegidos de Dios. De lo más apropiado, por consiguiente, se designó al sabbat como una señal del pacto de Dios con el pueblo que redimió de la esclavitud de Egipto para que here- daran el descanso de Canaán (cf. Éx 31:13-17). Siguiendo la interpretación deuteronómica del sabbat en términos del progreso del propósito redentor de Dios se halla la orientación del Nuevo Testamento del sabbat al triunfo de la resurrección del Salvador por el cual sus redimidos obtienen con él descanso eterno1.

El patrón del sabbat es el descanso de la creación de Dios; el objetivo del sabbat es el descanso de redención del hombre.

No hay historial o evidencia del sabbat antes de Éxodo. La palabra «acuérda- te» en el mandamiento se remonta hasta la creación y no rememora una observa- ción pasada sino que ordena al pueblo que recuerden el sabbat de ahí en adelante. Un día semanal de descanso es algo desconocido en otras culturas. Solo donde la fe y cultura bíblica lo han llevado, existe hasta hoy. En algunas culturas del mundo antiguo, un día ocasional de descanso marcaba la celebración del nacimiento del rey divino-humano. Pero el concepto bíblico de un descanso de redención como objetivo de la historia, o sea, un orden perfecto en el cual el trabajo es totalmente

bendecido, y el orden es por entero hechura de Dios, es desconocido fuera de la fe bíblica. Dios, hablando por Isaías, declaró: «Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos» (Is 57:20, 21). El mundo de los no rege- nerados está en búsqueda perpetua del sabbat, del glorioso descanso de creación, pero su contraproducente búsqueda lleva solo a mayores problemas: arroja «cieno y lodo».

El sabbat no es una limitación de la libertad del hombre, sino más bien la liberación del hombre2.

El sabbat afirma el principio de libertad bajo Dios, de libertad bajo la ley, la ley de Dios. Llama al hombre a obedecer la ordenanza del reposo a fin de libertarlo de sí mismo y de este trabajo. La esencia de la ideología humanística es la creencia de la capacidad plenaria del hombre. El hombre es capaz, se aduce, de salvarse a sí mismo, de guiar su propia evolución y la de la sociedad, de controlarse a sí mismo, su mundo, el clima y todo lo demás. Cuando el hombre controla y reordena todas las cosas, entonces el hombre habrá recreado al mundo en un paraíso. Sea marxis- ta, fabiana o democrática, este es el sueño de la filosofía humanística.

Es también la seguridad de la proletarización del hombre. Como Pieper notó, «el proletario es el hombre que está encadenado al proceso del trabajo»3. Los líde-

res de la rebelión proletaria sueñan con libertar del trabajo al hombre. Para ellos, esto significa también libertar de Dios al hombre. Según Stalin,

Si Dios existe, debe haber ordenado la esclavitud, el feudalismo y el capita- lismo. Debe querer que la humanidad sufra, como los monjes siempre me lo decían. Entonces las masas trabajadoras no tendrían esperanza de librarse de sus opresores. Pero cuando aprendí que no hay Dios, supe que la humanidad puede abrirse camino a la libertad4.

Si no hay Dios, opinaba Stalin, no hay providencia divina, y el hombre debe es- forzarse por llegar a ser su propia providencia. El gobierno total de Dios tendría que ser reemplazado por el gobierno total del hombre. Esto quiere decir tremendo esfuerzo y sacrificio. El resultado final sería el hombre liberado e ideal.

Cada hombre, predijo Stalin, se desarrollaría bajo el socialismo al punto en que él y todos sus semejantes superarían a los gigantes del pasado presocialista,

2 Para un estudio de «The Sabbath, Satanism, and the Proletarian Revolution» [«El sabat, sa- tanismo y la revolución proletaria»], ver R. J. Rushdoony, The Politics of Guilt and Pity, Studies in

Political Justification (The Craig Press, Nutley, N. J., 1970), sec. I, cap. 7.

3 Josef Pieper, Leisure, The Basis of Culture (Mentor-Omega, Nueva York, [1952] 1963), p. 50.

4 Stalin, en Finskii Vestnik (17 diciembre 1928), p. 11; citado por by Francis B. Randall, Stalin’s

tales como Miguel ángel o Goethe. Sin embargo nada suena menos a Miguel ángel o Goethe que estos indicios de Stalin acerca de la condición ideal fu- tura del hombre. Los hombres del futuro fueron en verdad lo que Stalin se propuso asemejar al Nuevo Hombre Soviético de su día: obreros y otros hé- roes estajanovistas que trabajaban duro, totalmente consagrados, totalmente desprendidos, totalmente modestos y totalmente sumisos. El mundo iba a ser transformado en lo que la ideología comunista del día de Stalin decía que debería ser. Y eso era esencialmente la Rusia de Stalin, más evidente, espar- cida por todo el mundo, próspera al fin y libre de todos excepto de los que obedecían voluntaria y perfectamente las leyes perfectas del comunismo5.

Stalin, en el curso de su búsqueda del verdadero sabbat, del verdadero reposo del hombre, hizo dos cosas: primero, esclavizó a más hombres que cualquier otro ti- rano en toda la historia; y, segundo, hizo matar a más hombres que cualquier otro hombre en toda la historia. Los esfuerzos del hombre por entrar al cielo en sus propios términos lo colocan más bien en el infierno.

Ahora, para examinar de manera más específica las leyes del sabbat, es de inmediato evidente que, en tanto que el principio del sabbat sigue siendo básico a la ley bíblica, la forma específica de la observancia del sabbat cambió radicalmente en términos del nuevo pacto en Cristo.

Primero, el sabbat en la ley del Antiguo Testamento no era primordialmente

un día de adoración sino un día de descanso. El patrón de la adoración semanal no existía en la ley del Antiguo Testamento. La sinagoga lo introdujo en el periodo intertestamentario, y el Nuevo Testamento claramente lo practicó y lo promovió (He 10:25). En el Antiguo Testamento la adoración se centraba en la familia, y estaba entretejida en la trama de la vida diaria. Todavía debería ser integral así en la vida común del hombre, pero ahora hay también el deber de la adoración co- lectiva. Esta adoración colectiva no puede, sin embargo, confundirse ni igualarse con reposo, aunque las dos cosas están estrechamente asociadas. El descanso tiene referencia aquí a la realidad soteriológica, al hecho de la redención, liberación y totalidad de la vida. Reposo aquí significa confianza en la obra de Dios, cesar de nuestras labores en expresión simbólica de nuestra confianza total en los logros de Dios. El maná en el desierto establecía el descanso de Dios, y la orden de obser- var el sabbat con confianza en la suficiencia del maná reforzaba este hecho de la provisión de Dios. Cuando un Dios así obra, el hombre puede y debe descansar (Éx 16:14-36).

Segundo, varias leyes obligaban al reposo en el sabbat. No era adoración lo que

las leyes exigían, sino reposo. La ley general era que no se debía hacer ningún trabajo en el sabbat (Éx 34:21; Dt 5:12-15; Éx 20:8-11; Lv 23:3; Jer 17:22). Se debían

5 Randall, p. 94. Para Stalin sobre el hombre futuro, Finskii Vestnik (17 diciembre 1928), p. 41. Marx y Trotsky también sostenían la misma opinión.

cerrar las puertas (Neh 13:19). «Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día» (Éx 16:29). No había que cargar a los asnos (Neh 13:15), ni llevar cargas (Jer 17:21, 22), ni encender fuego (Éx 35:3), ni recoger gavillas (Neh 13:15), ni recoger leña (Nm 15:32-35), ni llevar mercancía o comestibles (Neh 10:31) ni vender (Neh 13:15), ni pisar uvas en el lagar (Neh 13:15). Sin em- bargo, se podía salvar una vida en el sabbat (Mr 3:4; Lc 6:9), puesto que la reden- ción es la esencia del sabbat. Esto puede significar sanar al enfermo (Mt 12:10-13; Mr 3:1-5; Lc 14:3,4; 6:8-10; 13:14-16; Jn 7:23), ni rescatar a un animal que ha caído en una zanja (Mt 12:11; Lc 14:5). Puesto que aliviar el hambre es parte de la redención, es propio que el que tiene hambre «arranque espigas y coma» en el sabbat (Mt 12:1-8; Mr 2:23-28; Lc 6:1-5), y lo mismo es verdad en cuanto a la sed, de manera que al animal sediento se le puede llevar al agua en cumplimiento del sa- bbat (Lc 13:15). Puesto que la redención significa derrotar a los enemigos de Dios, los macabeos llegaron a la conclusión lógica de que estaba en conformidad con el sabbat oponerse a los ataques del enemigo (1 Mac 2:41)6. Estas leyes dejan en claro

que la esencia del sabbat es el reposo por la victoria de la redención. El Magnificat de María, debido a que celebra la redención por medio del Mesías, es en esencia un canto del sabbat, y con propiedad forma parte de la adoración en el sabbat:

Engrandece mi alma al Señor;

Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva;

Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso;

Santo es su nombre,

Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen.

Hizo proezas con su brazo;

Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos,

Y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos.

Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia De la cual habló a nuestros padres,

Para con Abraham y su descendencia para siempre (Lc 1:46-55).

Tercero, no hay ni rastro de mantenimiento de las penas del sabbat en la iglesia

después de la Resurrección. Debido a que los primeros discípulos y miembros eran

judíos, continuaron por un tiempo observando el sabbat del Antiguo Testamento (Hch 13:14-26; 16:11-13; 17:2, 3; 18:1, 11). Pero el día cristiano de adoración fue el primer día de la semana, el día de la resurrección tanto como de Pentecostés (Mt 28:1; Mr 16:1, 2, 9; Lc 24:1; Jn 20:1-19; Hch 20:6-8; 1 Co 16:1, 2). Muchos clérigos reformados parecen dar por sentado que la única ley de las Escrituras es la observancia del sabbat. Claro, esto no se deriva de Calvino, quien sostenía, en su «Catecismo de las Iglesias de Ginebra», que

M. ¿Nos ordena él trabajar seis días, para que podamos descansar en el séptimo? S. Absolutamente no; pero al permitir al hombre seis días para trabajar,

exceptúa el séptimo, para que se pueda dedicar al reposo. M. ¿Nos prohíbe todo tipo de trabajo?

S. Este mandamiento tiene una razón separada y peculiar. Como la obser- vancia del reposo es parte de las antiguas ceremonias, quedó abolido con el advenimiento de Cristo.

M. ¿Quieres decir que este mandamiento propiamente se refiere a los judíos, y que fue, por consiguiente, temporal?

S. Así es, porque es ceremonial.

M. ¿Qué, entonces? ¿Hay algo más aparte de la ceremonia? S. Fue dado por otras razones.

M. Dímelas.

S. Como figura del reposo espiritual, para la preservación de los procedi- mientos eclesiásticos y para alivio de los esclavos.

M. ¿Qué quieres decir con reposo espiritual?

S. Cuando observamos un día feriado, sin trabajar, para que Dios pueda realizar su obra en nosotros.

M. ¿Cuál, además, es el método de guardar el día feriado?

S. Crucificar nuestra carne; es decir, renunciar a nuestras inclinaciones para que nos pueda gobernar el Espíritu de Dios.

M. ¿Es suficiente hacerlo en el séptimo día?

S. No, continuamente. Después de haberlo empezado una vez, debemos continuar durante toda la vida.

M. ¿Por qué, entonces, se designa cierto día como figura?

S. No hay necesidad de que la realidad concuerde con la figura en todo respeto, siempre y cuando sea apropiado según lo exige el propósito de la figura.

M. Pero, ¿por qué se prescribe el séptimo día en vez de cualquier otro día? S. En las Escrituras el número siete implica perfección. Es, por consiguien-

te, apto para denotar perpetuidad. Indica, al mismo tiempo, que este reposo espiritual apenas empieza en esta vida, y no estará perfecto sino cuando salgamos de este mundo.

M. Pero, ¿qué quiere decir cuando el Señor nos exhorta a reposar según su ejemplo?

S. Habiendo terminado la creación del mundo en seis días, el Señor dedicó el séptimo a la contemplación de sus obras. Para estimularnos más a esto, puso ante nosotros su propio ejemplo. Porque nada es más deseable que ser formados a su imagen.

M. Pero, ¿debe la meditación en las obras de Dios ser continúa, o es suficien- te que se dedique a eso un día de cada siete?

S. Nos conviene ejercitarnos diariamente en esto, pero debido a nuestra de- bilidad, se designa de manera especial un día. Y este es el procedimiento que mencioné.

M. ¿Qué orden, entonces, se debe observar en ese día?

S. Que las personas se reúnan para oír la doctrina de Cristo, para dedicarse a la oración pública, y para hacer profesión de su fe.

M. Ahora, explícame lo que quieres decir al decir que el Señor propuso que su mandamiento provea también el alivio de los esclavos.

S. Que también se dé algo de relajación a los que están bajo el poder de otros. No, esto, también, tiende a mantener un procedimiento común. Porque cuando se dedica un día al reposo, todos se acostumbran a traba- jar durante los demás días.

M. Veamos ahora hasta qué punto este mandamiento se refiere a nosotros. S. Respecto a la ceremonia, sostengo que fue abolida, porque la realidad

existió en Cristo (Col 2:17). M. ¿Cómo?

S. Porque, en virtud de su muerte, nuestro viejo hombre es crucificado, y somos resucitados a una vida nueva (Ro 6:6).

M. ¿Qué del mandamiento, entonces, queda para nosotros?

S. No descuidar las santas ordenanzas que contribuyen al régimen espiritual de la iglesia; sobre todo al frecuentar las asambleas sagradas, oír la palabra de Dios, celebrar los sacramentos y participar en las oraciones regulares, como se ordena.

M. Pero, ¿no nos dan nada más la figura?

S. Claro que sí. Debemos prestar atención a lo que eso significa; es decir, que al ser injertados en el cuerpo de Cristo, y hechos sus miembros, ce- samos de nuestras propias obras, y así nos entregamos al gobierno de Dios7.

San Pablo fue enfático al decir que las regulaciones del sabbat ya no tenían su antigua fuerza obligatoria: «Nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha

de venir; pero el cuerpo es de Cristo» (Col 2:16, 17). Nadie va a decir que la an- tigua pena de muerte por las violaciones del sabbat sea todavía obligatoria, o que lo haya sido desde Cristo. Todo el Nuevo Testamento prohíbe tal interpretación. Pero, con igual claridad, toda ley que en un tiempo resultaba en pena de muerte por violación debe incluir un principio tan básico para el hombre y la naturaleza que sea obvio que tenga un núcleo central firme que permanece en algún sentido obligatorio en toda edad. (En otro capítulo, se considerará esto).

Cuarto, no solo que se alteró el estatus legal del sabbat, sino que el día de

reposo ha sido cambiado del sabbat hebreo al día cristiano de resurrección. La ley deuteronómica (Dt 5:12-15) dejaba en claro que el sabbat hebreo celebraba la li- beración de Egipto: «Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo» (Dt 5:15). La redención hebrea se celebraba en el sabbat; el sabbat cristiano conmemora el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte, y de aquí que se celebra en el día de resurrección, el primer día de la semana. Rechazar este día es rechazar la redención de Cristo y buscar salvación por otra manera inadmisible.

Quinto, el sabbat hebreo y el sábado moderno no es lo mismo. Como Curtis

Clair Ewing ha mostrado claramente, el calendario de Israel no permite tal iden- tificación. El calendario de Israel en Sinaí era un calendario solar, y no se debe confundir con el calendario moderno judío solar-lunar del año 359 d. C. Ewing ha llamado la atención a una desdichada traducción a veces de «luna» por «meses», produciendo así algo de confusión. En las Escrituras se hablan de tres sabbats: el sabbat de la creación; el sabbat hebreo, que conmemoraba la liberación de Egip- to; y el sabbat cristiano, que «se observa en conmemoración de la resurrección concluida de Cristo y es el único sabbat que permanece»8. Como Ewing destaca,

el cuarto mandamiento ordena la recordación, porque rememora el sabbat de la creación, el reposo de Dios, como patrón del reposo del pacto:

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó (Éx 20:8-11).

En Deuteronomio no se les ordena acordarse, puesto que no tiene en la vista el patrón del sabbat de la creación, sino que se les ordena guardar el sabbat, en con- memoración de la liberación de Israel de Egipto:

8 Curtis Clair Ewing, Israel’s Calendar and the True Sabbath (The National Message Ministry, Los Angeles, n.f.), p. 9.

Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha man- dado. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo (Dt 5:12-15).

Debido a la liberación de Egipto, Israel debe «por consiguiente» guardar el sabbat. El alcance del reposo requerido se define más específicamente en Deuteronomio.

El calendario hebreo empezó su fechado desde la liberación de Egipto. Como Ewing destaca, los hebreos retuvieron el calendario egipcio de doce meses de 30 días, pero, en lugar de añadir cinco días suplementarios al final del año, añadían tres al final del sexto mes, y dos al final del decimosegundo mes. El día 15 de abib, el primer mes, tenía que ser un sabbat todos los años, lo que quería decir que el primero y 8 de abib eran sabbat fijos, así como también los siete sabbats que siguen al 15 de abib (Lv 23:6, 7, 11, 15-16). El día quincuagésimo entonces

In document La Institucion de la Ley Biblica, Tomo 1 (página 139-148)