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CAPÍTULO II: BASES TEÓRICAS

2.5.3. La teoría de la relevancia

De acuerdo a Escandell (1993:129-152), los autores D. Sperber y D. Wilson crearon la teoría de la relevancia con el propósito de ofrecer un mecanismo a partir del cual se pueda identificar la relación entre las representaciones semánticas abstractas de las oraciones y las interpretaciones concretas de los enunciados. Adicionalmente, parten de la idea de que el proceso de la comunicación humana no incluye únicamente las acciones de codificar y

descodificar la información, sino también de “desempaquetar” aquellos pensamientos o

ideas que el emisor de un enunciado tiene en su mente. Es decir, que el destinatario tiene que realizar un proceso de interpretación para poder descifrar el contenido implícito que se encuentra detrás de una representación semántica abstracta. En base a esto, los autores proponen dos tipos de mecanismos diferentes para el funcionamiento de la comunicación humana: uno se basa en la codificación y descodificación, y el otro, se basa en la ostención

y la inferencia. Estos dos últimos mecanismos se refieren a la producción e interpretación

de evidencias o pruebas. Por ostención entendemos cualquier comportamiento a través del cual se manifiesta la intención de manifestar algo. En cambio, la inferencia es aquel proceso a través del cual se puede validar un supuesto basándose en la validez de otro supuesto.

Una vez que hemos identificado los mecanismos por medio de los cuales se puede

llevar a cabo la comunicación humana, a continuación vamos a describir la relevancia en

la información. Para poder determinar si la información proporcionada en un texto es irrelevante o relevante, es importante observar si ésta produce o no efectos contextuales.

Aquella información que no produce efectos contextuales de ningún tipo es considerada irrelevante. Existen tres casos en los cuales la información no genera cambios en el contexto:

1. La información es nueva y no tiene interacción alguna con la información previa,

por lo tanto, no es posible generar implicaciones que sean interesantes.

2. La información es conocida y el nuevo supuesto no altera la fuerza ilocucionaria de

los supuestos anteriores.

3. La información no es coherente en relación al contexto, y su fuerza ilocucionaria es

demasiado débil para poder modificarlo.

Por otro lado, aquella información que da lugar a efectos contextuales resulta ser relevante, pero esta caracterización no resulta ser suficiente para considerar que un enunciado sea relevante por dos razones: 1) la relevancia es una cuestión de grado y no una propiedad que se la puede concebir en los términos de sí o no, y 2) la relevancia es el resultado de la relación que existe entre un supuesto y un contexto. Para poder resolver el primer problema, Sperber y Wilson sugieren evaluar la relevancia de un supuesto a través de los términos que se utilizan en productividad, es decir los costes y los beneficios. En base a este antecedente, proponen clasificar a la relevancia como un concepto comparativo, es decir, juzgar a la relevancia en base a términos relativos y no absolutos. Por lo tanto, un

supuesto pasa a ser relevante en un contexto “en la medida en que sus efectos contextuales

son amplios, y en la medida en que el esfuerzo requerido para obtenerlos es pequeño”.

Para poder resolver el segundo problema, es importante definir el concepto de contexto. De acuerdo a Escandell, el contexto es aquel conjunto de supuestos utilizado para poder interpretar un enunciado, el cual se transforma y modifica constantemente ya que procesamos información de manera constante, y cada nueva información que recibimos puede producir efectos contextuales que cambien la fuerza de los supuestos previos. Pero

para Sperber y Wilson, el contexto no se establece de antemano, “sino que el destinatario de un enunciado lo elige en cada momento”. Es decir que el destinatario es aquel que determina si lo que se ha dicho es relevante o no.

En definitiva, el ser relevante es una propiedad que nace de la relación existente entre el enunciado y el contexto, es decir, que el enunciado tiene relación directa con el conjunto de supuestos que tiene una persona en una situación particular. Esto implica que lo que en algún momento pudo ser relevante para una persona en una situación específica, no necesariamente lo será para otra persona. Si un hecho resulta relevante es debido a que la persona en cuestión es capaz de atribuirle cierta relevancia, es decir, que puede extraer de él ciertos efectos contextuales.

Una vez que hemos estudiado algunas características de la relevancia, a continuación presentaremos dos conceptos adicionales que tienen relación directa con el proceso de

comunicación, estos son la explicatura y la implicatura. De acuerdo a Sperber y Wilson,

la explicatura es aquella información que “se comunica explícitamente por medio del enunciado (1993:144), mientras que la implicatura es la información que se “deduce y

construye basándose en supuestos anteriores” (1993:145). A continuación describiremos

las tareas que se deben realizar para poder determinar en un enunciado tanto las explicaturas como las implicaturas.

Para que el destinatario pueda determinar las explicaturas de un enunciado, el primer paso que debe dar es descodificarlo de manera correcta, pero también va necesitar de los mecanismos de inferencia apoyándose en la situación y el entorno que le rodean a dicho enunciado. Este proceso inferencial consta de tres subtareas:

1. La desambiguación, la cual utiliza la información que ofrece la situación.

2. La asignación de referente, es aquella decisión que el destinatario toma de a qué elemento le asigna una determina expresión lingüística. También necesita de la información situacional.

3. El enriquecimiento o especificación de referencia de las expresiones vagas, se refiere al proceso por medio del cual el destinatario puede completar la información que no es lo suficientemente detallada.

Estas tres subtareas son realizadas de manera casi automática por el destinario, salvo que la información más evidente no funcione por alguna razón para determinar que el destinatario tenga que llevar a cabo un proceso consciente de decisión. Adicionalmente, es importante recalcar que el principio que dirige a estas tres subtareas es el de la relevancia,

es decir que el destinatario elige aquella opción que implique realizar menos esfuerzo y que al mismo tiempo provoca más efectos contextuales.

Con respecto a las implicaturas, podemos decir que a pesar de que el término proviene originalmente de la teoría del Principio de Cooperación de Grice, Sperber y Wilson lo

utilizan asignándole un contenido levemente diferente. “Una implicatura es un supuesto –

es decir, una representación de algún hecho del mundo real – que el emisor trata de hacer

manifiesto a su interlocutor sin expresarlos explícitamente” (1993:148). Existen varias

fuentes de las cuales proceden las implicaturas, tales como tomarlas directamente del contexto, del conocimiento enciclopédico, o deducirlas por inferencia a partir de las explicaturas y el contexto.

Para concluir con el estudio de la teoría de la relevancia, podemos decir que la comunicación humana es un proceso complejo que se realiza a través del uso del lenguaje, y que para poder descifrar la información que transmitimos, necesitamos llevar a cabo dos procesos comunicativos, es decir la codificación/descodificación y la ostensión/inferencia. Estos dos procesos hacen que podemos interpretar aquella información que se encuentra explícita o implícita en un enunciado pero tomando en consideración la situación y el contexto en los cuales se desarrolla. Como seres humanos no solo queremos aportar con información nueva o relevante a las demás personas, pero también intentamos, a través del uso del lenguaje, construir, reforzar, mantener, o inclusive destruir nuestras relaciones sociales, y uno de los mecanismos que nos permite llegar a este punto es la cortesía.