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La unificación de Tat, Asclepios y Hermes

En el capítulo anterior ha conocido, en alguna medida y de forma puramente filosófica, las tres naturalezas.

Conoce, por experiencia, la naturaleza de la muerte. A partir de nuestra literatura, por la Escuela Espiritual y, según esperamos, por la luz de la Gnosis que le ha tocado, tan sólo conoce escasamente la naturaleza de la vida. En medio está la tercera naturaleza, completamente separada de las otras dos, a saber, la naturaleza que el candidato, recorriendo el camino, se construye a sí mismo a través del nuevo comportamiento de vida. Esta es la naturaleza que, cual barca celeste, cual arca, también es realizada por el grupo al servicio de todos: y la gran meta de esto es la unificación perfecta, de Tat, Asclepios y Hermes.

Puede saber, por su experiencia y observación, que todo lo manifestado hasta en los más pequeños detalles, que todo lo creado, ha nacido, se ha hecho y ha llegado a ser a partir de un Creador y por un Creador:

«Por consiguiente, sin el Creador nada llega a ser y nada existe. Si Creador y criatura son separados, cada uno de ellos pierde su propio ser, porque, en tal caso, han sido privados de su complemento».

Hermes intenta dejar bien claro que de ningún modo se trata de una ejecución automática del destino. A partir del momento en que la criatura ha nacido del Creador, es libre, tiene la libertad de alcanzar la meta; por consiguiente, una libertad de actuación que ha brotado de la fuerza más grande de la manifestación universal, el propio Dios. Libertad también para apartarse de su Creador, para escindirse.

Por eso dice la Rosacruz clásica: «Ex Deo nascimur -Nacemos de Dios». Su microcosmos ha nacido de Dios como mónada. El principio nuclear del microcosmos ha nacido de Dios como alma. También su personalidad, aunque engendrada terrenal y cargada con mucho mal, por las posibilidades recibidas de Dios, ha venido no obstante a la existencia como cuerpo del orden de emergencia. Así pues, hasta en lo más profundo de la caída se mantiene esa única ley, la ley del devenir. Ha nacido de Dios y permanece en esa condición, conforme a la razón primordial de su existencia. Sean cuales fueren las degeneraciones que, cual muro de prisión, pudiesen rodear su existencia, el «nacido de Dios» sigue siendo un hecho.

Vea la intensa gloria de esto, ya que todo alumno que comienza su camino, tiene la absoluta certeza: «A todos los que Le aceptan, Él les da el poder de ser, de nuevo, hijos de Dios». Este «de nuevo» del prólogo del Evangelio de Juan se refiere a la liberación de los muros de la prisión que, de hecho, mantienen al hombre separado de Dios. Si, con un comportamiento de vida absolutamente nuevo, se orienta hacia su origen puro, la unión con Dios se llevará a cabo en una fracción de segundo: Dios a causa de su poder,

Creador por su actividad, Padre por su bondad.

Una fuerza viene a usted, colmándolo todo; esa fuerza tiene un efecto, origina un proceso y alumbra el único bien. La fuerza del adversario, la influencia de la naturaleza de la muerte y el mal que ésta ha creado en su sistema nacido de Dios, no guardan proporción con el triple Poder divino. No obstante, es lógico y necesario que se despida totalmente del triple mal en usted a través del in Jesu morimur, el «morimos en Jesús el Señor», la endura, para, a través de ello, liberarse de la sangre, del karma y de la naturaleza de la muerte. Casi sin esfuerzo, puede convertirse en vencedor de sí mismo y en sí mismo, ya que es inconmensurablemente fuerte. No pienses que el Creador haya

dispuesto algo malo o vergonzoso.

« ¿Pero cómo ha surgido el mal que tantas malas pasadas nos juega y nos ha llevado totalmente al extravío?», preguntan muchos. Hermes responde:

Estos aspectos —lo malo y lo vergonzoso— están inseparablemente unidos a la

generación, lo mismo que la pátina al bronce, y la suciedad al cuerpo. (...)Es el consumo, la consumición de las cosas creadas, lo que provoca este efecto secundario del mal. Precisamente, por eso, Dios ha establecido la mutabilidad para la purificación de lo creado.

¿Qué debemos pensar de esta respuesta? Como resulta evidente, la impureza o las pasiones son alteraciones del ánimo que están directamente relacionadas con el corazón y, especialmente, con el timo. Sabe que el timo, el corazón y el esternón forman una trinidad.

El timo es un órgano de secreción interna de una importancia capital. Produce hormonas, en particular una hormona sexual. El hombre posee dos órganos sexuales, uno en la cabeza y otro en el santuario de la pelvis. En la cabeza, principalmente, la glándula tiroides, la hipófisis y la laringe; en el vientre, las glándulas sexuales y los conocidos órganos sexuales. Ambos sistemas, en la cabeza y el vientre, actúan juntos y, en consecuencia, cada uno de ellos posee órganos de secreción interna. La actividad de la secreción interna en la cabeza y en el vientre está regida y es controlada, dirigida, por la hormona del timo.

El poderoso sistema anímico del corazón es el gran centro de las emociones. Por medio del esternón, un excelente órgano de detección, capta impresiones, y todas esas impresiones de pensamientos que le alcanzan, o de actos y sentimientos de terceros, todo lo que sale de las personas y las cosas, son acogidas en el corazón y procesadas en él. El resultado induce al timo a la producción hormonal y los dos órganos creadores de la cabeza y la pelvis reaccionan a esa hormona, según su calidad y su tipo. Entonces, de estos dos órganos parte un impulso, un ímpetu creador, un afán de manifestarse que incita a uno u otro acto: ya surja de la cabeza, del órgano creador inferior, o de ambos. De ello siempre resulta una tensión en el éter nervioso, un despilfarro de fuerza vital, ya que es comprensible que el residuo de toda esta actividad hormonal y sus efectos pongan a la sangre y al éter nervioso al mismo nivel que la naturaleza de la actividad. Cuando su sangre y su éter nervioso han llegado a ese estado, los demás órganos son ajustados a ello, por consiguiente, también el triple sistema del corazón. Así se cierra la cadena.

Por lo tanto, cuando su esternón es sintonizado con una determinada impresión, con una determinada influencia, con una determinada emoción, acto seguido vienen la acogida, la asimilación, el ajuste hormonal, la vivificación de la cabeza y el corazón y las reacciones necesarias por naturaleza. Así, como hombre nacido de la naturaleza, está encerrado en un sinfín de tales ciclos. Está sintonizado con series enteras de influencias y cuando alguien dice algo, hace algo, no dice o hace algo, se halla en un determinado estado, o cuando los ángulos de incidencia de los rayos de luz toman determinadas posiciones o los estados atmosféricos dan ocasión para ello, de inmediato, reacciona hormonalmente con uno u otro impulso, mental y astralmente, con una hiriente palabra corrosiva o con un acto de carácter lamentable, o con una tensión que, de una u otra manera, se venga. De este modo arremete igualmente contra terceros, con lo que se irá envenenando cada vez más a sí mismo, así como a todo su campo de vida.

Toda la naturaleza de la malignidad y de la muerte fue creada así. El impulso creador y los actos creadores, las reacciones creadoras del santuario de la cabeza, en tanto que reacciones hormonales de sus pasiones en la cabeza, son innumerables veces más inmorales, funestas, mortales y diabólicas que la más grave depravación de la pasión

hormonal que se desfoga a través del santuario de la pelvis. Así que, de momento, no se atreva a designar al órgano creador de la cabeza como el órgano creador superior. ¡Es lo más bajo, lo más pérfido que pueda imaginarse!

Una vez pedimos, suplicamos, a todos los alumnos que entraran durante un mes, con nosotros, en la carencia de lucha, para de esta forma poner fin, con el grupo y sus integrantes, a la más repugnante e impía depravación que la naturaleza de la muerte ha creado y mantiene: la impudicia del santuario de la cabeza, originada y mantenida por las pasiones. Si vive como un animal, no paraliza el curso del mundo; en tal caso, tan sólo es un animal, una bestia. Pero si rebaja el templo real, la estancia más elevada de la torre de Olimpo donde deben celebrarse las bodas alquímicas de Cristian Rosacruz, el santuario de la cabeza, al estado de un antro diabólico desde el que saltan como rayos, en todas direcciones, sus blasfemias, sus pensamientos y actos críticos, su hostilidad, sus antipatías y tensiones y de esta manera está asesinando a su prójimo, con consecuen- cias más graves que un asesinato por impulso sexual, entonces está cargando sobre usted una culpa inconmensurable.

Por eso, no atribuya ninguna pasión al Señor de toda Vida. Libérese de la camisa de fuerza de las pasiones y sus consecuencias, y ataque a su auto-creado adversario con el arma de la carencia de lucha, de forma tan absoluta y perfecta que, como por vez primera, todo su triple sistema del corazón sintonice con la cualidad de Dios.

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