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LA VIDA COTIDIANA Y LOS CUIDADOS CORPORALES

ACTIVIDADES RECOMENDADAS

4. LA VIDA COTIDIANA Y LOS CUIDADOS CORPORALES

El juego es la actividad natural del niño y tiene una enorme impor- tancia en su desarrollo, lo que nos hace considerarlo como algo que debe ser garantizado y estimulado.

Los primeros juegos se producen en un contexto de relación del adul- to con el niño. Cuando el adulto juega con el bebé, el niño conoce por pri- mera vez el significado de situaciones de juego como la repetición de unas acciones que son gratuitas y que producen placer. En seguida el niño se interesa por la exploración de sus posibilidades de movimiento y de los objetos. Pero es necesario organizar un espacio apropiado y unos materiales idóneos para que pueda hacerlo. Teniendo en cuenta siempre que el niño juega en presencia del adulto como dentro de un «espacio de seguridad», que se constituye alrededor suyo.

Durante los dos primeros años el juego de los niños es sobre todo un  juego de exploración para pasar posteriormente a incorporar la repre- sentación. El papel del adulto adquiere una enorme importancia pues de él depende la calidad de estas actividades.

Hay que crear un escenario de juego que posibilite diversidad de experiencias:

— Experiencias motrices, como desplazarse, andar, subir y bajar, etc. — Experiencias manipulativas, de manejo de objetos con caracterís-

ticas y usos diferentes.

— Experiencias perceptivo-cognitivas, que implican poner atención, encontrar semejanzas, evocar, reconocer y después, imitar y repre- sentar.

— Experiencias lingüísticas, de intercambio verbal, sobre la propia acción, pero también del juego de la palabra misma, la magia de la  voz y del gesto.

— Experiencias de interacción con los adultos, y con los niños, que desde muy pronto se convierten en compañeros de juego que mul- tiplican la propia acción.

El juego que se produce en un contexto social constituye el escenario en el que las experiencias resultan más enriquecedoras. Con el adulto el niño puede llegar siempre un poco más lejos, se le plantean retos y se le proporciona una carga de seguridad y confianza que hacen posible des- pués, el juego en solitario. Se debe encontrar un equilibrio entre el tiem- po de juego con los adultos y el tiempo de juego en el que los niños explo- ran el mundo por sí solos.

Para que se mantenga un nivel de actividad suficiente es necesario encontrar también un equilibrio entre estabilidad y cambio. Para ani- marse a explorar, los niños necesitan encontrarse en un medio seguro y conocido. Pero también es necesario que aparezcan elementos de nove- dad que despierten el interés y la curiosidad de los niños. Si se está sufi- cientemente atento, se pueden aprovechar la sorpresas naturales de la  vida diaria, de la naturaleza o de las personas. Hay muchos modos de evi-

tar el aburrimiento de los niños, como el cambio del material, una peque- ña ayuda, o un cambio de lugar. Sin olvidar la necesidad de repetición que manifiestan los niños para consolidar sus adquisiciones.

Son idóneas las situaciones en las que se combinan experiencias de distinto tipo y en las que pueden tener cabida distintos intereses. Son buenos ejemplos, el juego al aire libre, los juegos y canciones tradiciona- les, y los juegos de imitación y representación.

El conocimiento del desarrollo del niño y de cada niño en particu- lar, debe guiar las intervenciones adultas dirigidas a impulsar al niño a intentar un nuevo logro. En cualquier caso, la intervención debe  variar en función de las respuestas y de las iniciativas tomadas por el niño, sin invadirle ni sobrepasarle, relegándole a un papel pasivo. El interés que los niños muestran en un juego responde, sin duda, a una utilidad subyacente. Encontrar el equilibrio justo entre enriquecer y no interferir es algo que exige una atenta observación del juego de los niños.

Aunque el papel del adulto en el juego del niño es fundamental, las relaciones que los niños establecen entre sí desde muy corta edad no carecen de importancia. Los otros niños pasan rápidamente de ser meros objetos de exploración a ser verdaderos compañeros de juego con los que compartir y multiplicar las experiencias. Aunque todavía se exceden fácilmente en la relación y necesitan vigilancia y protección para que ésta resulte positiva. Las preferencias de los más sociables y de los más pre- cavidos deben ser respetadas, pero si tienen ocasión, tenderán a que dis- fruten juntos, aprendiendo a resolver sus desacuerdos. Es importante prever la necesidad de los niños más tímidos o cansados, de separarse del grupo para jugar un rato solos.

Los niños de la misma edad no siempre son los compañeros de juego preferidos: el intercambio entre niños de edades diferentes resultan siem- pre estimulantes y ricas.

Elegir y disponer los juguetes adecuados es una de las tareas más importantes de quien trabaja con niños pequeños. Siempre será necesa- rio contar con un espacio mullido para sentarse y retozar, y unos estan- tes para ordenar los juguetes invitando a su uso. Se considerarán jugue- tes no sólo a los productos así comercializados, sino también a cualquier

objeto que sirva de soporte para la acción del niño. Muchos materiales de la vida diaria de los adultos ofrecen posibilidades sorprendentes para el  juego infantil: ruedas, tapones, carretes de hilo, cajas...

En cualquier caso, los juguetes no deben escasear y deben cumplir siempre algunas condiciones:

— Seguridad, para poder ser utilizados sin una vigilancia especial. — Variedad, para que cubran distintos campos de experiencia. — Versatilidad, para poder utilizarlos con distintos objetivos.

— Diversidad, para que sus elementos despierten un interés más complejo.

— Actividad, para que la acción del niño produzca un efecto claro y palpable.

Una buena lista de juguetes debe incluir juguetes para percibir y mo-  verse, juguetes figurativos, materiales no estructurados, diversos instru-

mentos y grandes juguetes.

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