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LAICISMO Y DESARROLLO JUVENIL.

In document Temas Del Laicismo Chileno (página 97-107)

Contenidos expositivos desarrollados ante el Encuentro de Dirigentes Juveniles Laicos, realizado en el Colegio Concepción Pedro de Valdivia, 23 agosto de 2008.

Una de las noticias más atractivas que tuve, cuando se me invitó venir a trabajar con Uds. en torno al pensamiento laicista, fue la posibilidad de hacerlo con un grupo de líderes de colegios laicos del país. Primero, porque supongo que no por ser estudiantes de un colegio laico los hace laicistas, y segundo, porque muchas veces el ambiente de una educación laica, por ser una educación fundada en la libertad de conciencia, no pone algunos énfasis duros del laicismo que pueden violentar las conciencia en formación, por la agudeza de sus alcances, porque la educación laica no pretende inducir a posiciones que solo la libre conciencia debe asumir en su propio proceso de crecimiento y discernimiento.

La educación es un proceso de sacar afuera lo que la conciencia es capaz de asimilar en su desarrollo y maduración, y cada persona, cada ser humano tiene el derecho a crecer según sus posibilidades y sus ritmos. Entonces, una educación laica no puede ser una educación

de doctrinas cerradas, sino de aproximación al conocimiento de la diversidad de doctrinas y al desarrollo del espíritu crítico.

Esa es la educación que aspiramos que se reinstale en nuestra realidad nacional, que sea asumida por quien está llamado a determinar el carácter de la educación nacional, para todos los estudiantes, y que no sea solo una particularidad de unos pocos colegios que tratan de mantener viva la llama de la libertad de conciencia ante una concepción dogmática de educación que no satisface más que ciertos intereses claramente identificables.

Y al hablar ante un grupo de jóvenes estudiantes, que se relacionan con una educación laicista, que disciernen sobre las problemáticas que les afectan, que se reúnen para identificar los problemas, establecer su origen e importancia y proponer soluciones, yo quisiera aprovechar este encuentro para plantearles una concepción sobre el liderazgo laicista, como primera cuestión a reflexionar.

Ser dirigente en una sociedad donde la participación está fuertemente confinada a lo más elemental de lo reivindicativo es un desafío de envergadura. La realidad postmoderna, entendida como una posición anti-moderna, y no de superación histórica de la modernidad, lleva a las personas a una constante indiferencia sobre las ideas- fuerzas que promueven la concepción de la ciudad del hombre, predominando el individualismo más arraigado y la indiferencia frente a las posibilidades de lo colectivo.

La concepción neoliberal de la culturalidad individualista ha llevado a la desconfianza y el desprestigio sobre todo lo que imbrique un asociativismo de intereses más allá del lucro, y la exaltación de la imagen del superindividuo ha pasado a ser la imagen arquetípica promovida por las corporaciones del entretenimiento, por la literatura y por las manifestaciones estéticas, al punto de construir un entramado ético de perfiles claramente antiasociativos.

La imagen de un Jack Bauer, combatiendo más allá de toda ley, desconfiando y sospechando de todo lo que huela a institucionalidad, más allá de la trama de cada capítulo, señala esa visión postmoderna de que el hombre está solo contra el mundo, y que todo lo que implique una expresión de compromiso asociativo está en la vereda de enfrente. No es el único paradigma para entender cómo se nos ha introducido en nuestra cotidianidad la exaltación al individualismo. El cine y la televisión – expresiones comunicacionales predominantes, y uno de los mayores medios de entretención y de ocio del hombre postmoderno – no ha escatimado esfuerzos para presentarnos a estos prototipos del individualismo, desde los personajes de Humphrey Bogart de los años 1940, pasando los setenteros e intelectualmente primarios Rambo y Rocky, y el paradigma de los años 90, John McClane, que como los anteriores, se enfrenta solo contra todos.

Esa mirada estética – aunque raye en lo más elemental – es una concepción intelectual que ofrece una

mirada sobre el conflicto entre el bien y el mal, que tiene un efecto a nivel de las percepciones societarias, porque lo que nos proponen esas dimensiones del percibir la cotidianidad, es que lo correcto, el bien, la verdad, la razón, lo justo, está en el individuo, y en lo colectivo está lo incorrecto, el mal, el error y la mentira, lo irracional, lo injusto. El superhéroe, individualista e individualísimo, siempre enfrenta a un grupo, a un componente gregario, que reúne un conjunto de maldades que se expresan en una pluralidad perversa, que un Jack Bauer o un John McClane deben destruir. Esta lectura torcida de la realidad es la que está presente en la visión del arte masivo, en los video- entretenimientos, en el modelaje estético y ético que ha desarrollado la cultura de la postmodernidad y el neoliberalismo.

Esa visión está presente en las gentes, en la cotidianidad de cada día, donde se desconfía de todo aquello que tenga un alcance colectivo, y es lo que tiene a las instituciones y a la labor colectiva bajo la constante sospecha y en el escrutamiento perverso a quienes cumplen la labor de asumir un liderazgo. Eso es lo que trae descrédito sobre quienes asumen una mirada conjunta sobre las problemáticas de nuestra sociedad.

De allí que, la tarea que Uds. asumen frente a sus comunidades educacionales, tiene el alcance heroico, histórico, de quienes se enfrentan a una conducta societal marcada por el individualismo, que desconfía de las

instituciones, aún de las más básicas de organización social.

Ser dirigente hoy es un desafío enorme, ser líder asociativo tiene alcances épicos, porque quien sea dirigente hoy, quien promueva las capacidades colectivas, está construyendo la nueva mirada que la sociedad deberá tener de sí misma en la próxima generación. Y si hoy está presente embrionariamente en nuestra sociedad, el sentimiento, la sensación, la percepción, la comprensión de que los problemas sociales deben ser abordados colectivamente, ello está en los jóvenes que, desde la

revolución de los pingüinos, han comenzado a reescribir la

historia de la participación societal desde una perspectiva más arraigada en lo colectivo, en lo que juntos se puede hacer para re-encontrarnos en el creer y saber que el ser humano necesita de los seres humanos para crecer y encontrarse consigo mismo, que el bien esté en el diálogo, en la inter-relación, en lo que renunciamos en función del vivir en sociedad.

Hay un antiguo concepto concebido hace algunos siglos, que Savater ha retomado, y que nos habla de la ciudad del hombre, esa ciudad construida por los hombres para el hombre, donde todos tienen algo que decir, donde todos tienen algo que defender o proponer, pero donde cada cual debe dejar el espacio para que otro tenga posibilidades de ser según sus concepciones y creencias. Savater habla de una “Nueva Ciudad del hombre” que es obra del hombre mismo, hasta tal punto que “ya es una

impiedad, incluso para el creyente más celoso, mezclar la idea de Dios al orden que nos une y a los desórdenes que nos dividen”.

Bien sabemos que la carencia de utopías, que la carencia de los relatos colectivos que marcaron la modernidad, nos han dejado solo los relatos religiosos que no dudan en atribuir los fracasos y las frustraciones del hombre a su alejamiento de Dios, y que la modernidad fue una consecuencia de ese alejamiento. Y el esfuerzo de los credos hoy refleja precisamente que se busca devolver el fundamento teocrático a la práctica societal, desde la impronta grandilocuente y hegemónica del catolicismo o el islamismo, o desde la práctica fragmentaria del neo- protestantismo según el modelo cultural-religioso norteamericano.

Así, tenemos planteados dos problemas para enfrentar, como líderes de comunidades educacionales laicas, y que son preocupación del laicismo, porque entendemos que, en la medida que ellos sigan manteniendo su línea vectorial, terminaremos en una segunda Edad Media, una edad en que el oscurantismo estuvo de la mano de poderes que subordinaron al hombre de Occidente a su momento más dramático y por demasiado tiempo. Hoy, las constantes nos llevan al medioevo, no desde el punto de vista de las disponibilidades materiales, sino desde el punto de vista espiritual, y ya hay feudos inexpugnables en muchos ámbitos, y los señores feudales se desplazan en sus automóviles por nuestras ciudades, construyendo sus

atalayas e imponiendo su creencias y sus formas de relación con la prepotencia que otorga el poder omnímodo. Si algo tenemos que cambiar entonces, es el paradigma imperante del individualismo, y reconstruir el sentido de la diversidad activa, que nos propone una ciudad, una comunidad, centrada en el hombre, para el hombre y por el hombre. Y en ese contexto, de manera más precisa, quiero poner en vuestra agenda el tema de los géneros, como el gran desafío cultural, ético y social de esta etapa generacional, de ésta, no de las próximas.

Planteadas las cosas a las que me he referido, en términos de agenda estudiantil, nos cabe reflexionar necesariamente como entendemos el desarrollo juvenil, desde la perspectiva de cuáles son los factores que lo permiten desde la comprensión laicista, y que espera el joven del pensamiento laicista cuando ha percibido que allí se encuentra una respuesta que le sugiere una visión de la realidad, sugerente y racional, y racional en el sentido que encuentra en sus conceptos algo que está en su lógica de comprensión del mundo y de las cosas.

Y dentro de las acepciones del concepto entendemos el desarrollo juvenil como el crecimiento, el acrecentamiento de la condición del joven, el extender sobre la mesa el rollo que contiene la condición juvenil. Y para extender el “rollo”, se hace necesario el conocimiento y la búsqueda constante del saber, el abrirse a las fuentes del conocimiento humano y a su tránsito por la historia, y aprender de los acontecimientos que nos han precedido.

Cuando hablamos de desarrollo juvenil, cuando ya hemos entrado derechamente al siglo XXI, debemos reflexionar sobre qué bases será construido el nuevo hombre o la nueva mujer que está en ciernes. Y como laicistas tenemos una proposición concreta que hacerles.

Si el joven, el estudiante, es el proyecto del hombre que sostendrá sobre su integridad física y valórica la sociedad que sigue a la actual generación, hagamos el ejercicio de concebirlo arquetípicamente. Y mi invitación es a que ese ejercicio se haga también en vuestras comunidades educacionales, y que Uds., como líderes estudiantiles, lo hagan como un ejercicio de libertad, el más preciado don humano, recibido por creación o evolución, según sean las concepciones de cada cual.

¿Cómo extender el “rollo”? La respuesta es: a través del conocimiento, de la ilustración, de la búsqueda permanente, de la problematización de las respuestas definidas y asumidas como verdaderas. Y ante ese requerimiento, la educación formal no basta. No basta con los exiguos conocimientos que los actuales contenidos curriculares de la educación formal entregan. Los actuales contenidos oficiales son paupérrimos y las prácticas educacionales, por muy bien intencionadas que sean, no son suficientes para sortear la valla de la elementalidad cuantitativa que predomina desde hace cuarenta años en la educación chilena.

El desarrollo solo es posible cuando hay ansiedad y búsqueda cualitativa, y el desarrollo juvenil requiere

jóvenes ansiosos por conocerlo todo, por aprenderlo todo, y por aprehender lo que el bien común requiere para superar lo que coarta al hombre. Si quieren la receta, se las digo derechamente: leer y aprender, experimentar y reflexionar. Leer y aprender lo que entrega la escuela, pero, por sobre todo, leer y aprender por la propia iniciativa, por la propia búsqueda, leer en Internet y en los libros viejos, en las bibliotecas, buscando afanosamente las temáticas que ofrece el más amplio conocimiento humano. Buscar el desafío que propone el libro proscrito, y reflexionar.

Si no hay educación cívica, inventémosla en la red. Si no hay capacidad crítica, construyámosla en la asociatividad de intereses positivos. Si hay causas por las que vale la pena destinar el tiempo libre, volquemos los esfuerzos para hacerlas parte de nuestra existencia. Ser joven es el momento de lo posible, después en el resto de la vida tal vez predominen los imposibles. Pero lo que se hace de joven, dejará indeleblemente marcada el resto de la vida.

Desarrollo juvenil, entonces, es la posibilidad de crecer, es la posibilidad de aprehender de las experiencias, y aprender de las enseñanzas. Es abrirse a las infinitas posibilidades del conocimiento, es sentir hambre de saber, porque eso permite la libertad. El conocimiento fue lo que separó la Modernidad del Medioevo, el conocimiento separó la ignorancia de la ciencia. Si eso es posible en nuestros jóvenes, podremos modelar al ser humano del mañana.

Entonces, si ello se cumple, si esa visión del desarrollo juvenil es posible, al hacer el arquetipo del hombre o mujer de la próxima generación, debemos decir que tendrá los siguientes atributos: será libre en su condición espiritual, será tolerante frente a la diversidad, será respetuoso de las distintas creencias, será un ciudadano activo, esto es, que estará informado y participará en las soluciones de los problemas de su comunidad; respetará y trabajará en función del arreglo social, será una persona ilustrada por el conocimiento, basará sus principios en la idea central que corresponde a los humanos resolver los problemas de los humanos, y sostendrá sus actos en arreglo con la razón.

No es mucho ni es poco, pero con solo aproximarnos a esos atributos cambiará una vez más la historia del hombre. Uds. en tanto jóvenes y líderes de sus comunidades educacionales, son parte de esa posibilidad. Cada cual, según su conciencia, podrá asumirla o no, porque al fin y al cabo, laicismo es discernimiento libre y respeto por la autodeterminación de conciencia.

La potente señal que están dando, en ese sentido, cuando están debatiendo en torno a esta convocatoria del CEAL, sobre las cuestiones que dicen relación con las realidades del mundo de los estudiantes, sobre las problemáticas juveniles, están señalando que el futuro será mejor.

LA IGUALDAD DE GÉNERO

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