3. Feuerbach y Nietzsche
2.2. Las Antropologías científicas
2.2.1. EL SURGIMIENTO Y SU CLASIFICACIÓN77
Con el Renacimiento, como ha quedado dicho más arriba, aparecen los primeros intentos serios de constituir una reflexión científica sobre el hombre, siendo pionero el enfoque médico78, de la mano de L. Vives,
Vesalio, y otros.
Pero si hay que ir al Renacimiento para desenterrar las raíces del enfoque científico de la Antropología, tendremos que esperar hasta el
76 M. Buber, op. cit., p. 69.
77 Para una aproximación a la historia de las Antropologías científicas y un primer or- denamiento clasificatorio, cfr. M. Harris, El desarrollo de la teoría antropológica, Madrid, Siglo XXI, 1979; E.E. Evans-Pritchard, Historia del pensamiento antropológico, Madrid, Cátedra, 1987; P. Mercier, Historia de la Antropología, Barcelona, Península, 1969; P. Bo- hannan/M. Glazer, Antropología. Lecturas, Madrid, McGraw-Hill, 19922; J. Choza, Antro-
pologías positivas y Antropología filosófica, Tafalla, Cénlit, 1985.
s. XIX para asistir a su asentamiento definitivo. Ello se debe a que es
entonces cuando se produce la madurez de las llamadas ciencias hu- manas, cuyo despertar se había producido un siglo antes.
Como ya hemos apuntado en páginas anteriores79, las ciencias hu-
manas, y entre ellas las diferentes antropologías científicas, surgen, por un lado, en un momento en que se da un gran auge y prestigio de la aplicación de los métodos de medición y experimentación empírica a diversas parcelas de la realidad humana. El progresivo éxito de las
ciencias naturales, producido desde los siglos XV y XVI, hace que se
intente aplicar los mismos principios metodológicos a las ciencias hu- manas. El éxito de tal aplicación propiciará el progresivo asentamiento de éstas.
Por otro lado, en paralelo a ello, y como una lógica consecuencia, se va produciendo una crisis de confianza en la filosofía como método adecuado para dar cuenta de la realidad humana. El enfoque metodoló- gico positivista y empirista, presente en las ciencias naturales, irá ca- lando en este campo de las ciencias humanas, hasta desbancar y dejar de lado el punto de vista de la antropología trascendental, presente en la reflexión antropológica desde Kant80.
Y un tercer factor hay que situarlo en el ámbito de la sociología del conocimiento, escarbando en el nivel de los aspectos sociopolíticos. Las ciencias antropológicas surgen dentro del ámbito de expansión de los imperios coloniales español y portugués del siglo XVIy tendrán un
segundo rebrotar precisamente en el s. XIX, de la mano de la segunda
expansión colonial, en este caso inglesa, francesa, alemana y, luego, es-
tadounidense81. Igualmente, como indica M. Harris, hay que tener en
cuenta la fuerte tendencia etnocéntrica y racista del inicio de las antro- pologías científicas82.
Aunque la prehistoria de las antropologías científicas hay que si- tuarla en épocas tempranas (como dice P. Mercier, «la prehistoria de la antropología es muy prolongada, tanto como la historia de la humani- dad»83), sus diferentes balbuceos se consolidan en el s. XIX, cuando se
produce, como atinadamente señala este mismo autor, el paso de visio- nes parciales de lo humano a intentos sintetizadores y omniabarcantes. El cambio es suficientemente significativo como para que pueda tachar
79 Cfr. lo referente al despertar de las ciencias humanas al hablar de la polémica entre ciencias. humanas y ciencias naturales, en el capítulo 2.º.
80 Cfr. D. Gracia, op. cit., pp. 136 y ss.
81 Cfr. J. Llobera, La identidad de la Antropología, Barcelona, Anagrama, 1990. 82 Cfr. M. Harris, El desarrollo de la teoría antropológica, o. cit.; J. Llobera, o. cit. 83 P. Mercier, La historia de la Antropología, o. cit., p. 21.
Mercier de «preantropología» a todo lo realizado hasta entonces. «En- tre la reflexión preantropológica [dice P. Mercier] y la reflexión antro- pológica propiamente dicha hay una diferencia real. Ciertamente, en el periodo en que la primera se desarrolla se plantean cuestiones pertinen- tes y ensayan explicaciones propicias. Pero, o eran demasiado amplias para conducir a algo concreto, o, por el contrario, quedaban constreñi- das a saberes especializados. Los esfuerzos tendentes a proponer una interpretación de conjunto de los hechos humanos fueron siempre de menguados alcances, faltos de apoyo, al menos a título de hipótesis, en un principio general que permitiera reagruparlos y dotarlos de sentido. La historia de la antropología científica comienza cuando se descubrió y utilizó tal principio. Es hacia la mitad del s. XIX, en el momento en que un clima general de investigación y pensamiento posibilita la revo- lución darwiniana, cuando la reflexión sobre el hombre se convierte germinalmente en antropología moderna. Reflexión que puede parecer- nos, en muchos aspectos, anticuada, pero de la que la disciplina que nosotros hoy cultivamos es pura continuación»84.
Por tanto, cuando aparece dentro de cada antropología científica un paradigma antropológico que unifica los diferentes saberes dispersos dentro de cada área, es cuando asistimos al nacimiento de unos saberes que con razón se denominan Antropología (en cuanto intento de pre- guntarse y responder por el ser del hombre en su totalidad).
El abanico de las antropologías científicas resulta casi interminable: antropología física, social, cultural, biológica, genética, económica, psi- cológica, cibernética, etc. Pero las que han alcanzado cuerpo suficiente como para poseer autonomía dentro de la historia antropológica suelen ser tradicionalmente dos, a las que vamos a dedicar especial atención: la antropología físico-biológica y la socio-cultural85.
Pero también queremos hacer referencia, aunque en menor medida, a otras antropologías científicas que cada vez más van conquistando su autonomía y su campo específico de reflexión, como son la antropolo- gía psicolingüística, la antropología etológica, etc. De cada una de ellas estudiaremos sólo los aspectos más importantes para el intento que
84 P. Mercier, Histoire de l’Anthropologie, París, 1966, p. 17 (Trad. castellana, Historia
de la Antropología, o. cit., p. 23).
85 La mayoría de los manuales de cualquiera de las antropologías científicas comienzan por una clasificación panorámica de las diferentes ramas antropológicas, aunque no hay entre ellos una coincidencia total. Cfr. A.J. Kelso, Antropología física, Barcelona, Bellaterra, 1978; R.L. Beals/H. Hoijer, Introducción a la Antropología, Madrid, Aguilar, 1978; M. Harris, In-
troducción a la Antropología general, Madrid, Alianza, 1981; C.Ph. Kottak, Antropología,
aquí perseguimos. Describir ampliamente la historia de su origen y de- sarrollo, y la multitud de escuelas que se han dado en cada una de tales antropologías, constituiría un trabajo demasiado complicado e innece- sario para el contexto de este escrito.
Todas las antropologías científicas pueden agruparse y conformar una estructura unitaria, complementándose y recubriendo las diversas parcelas de reflexión antropológica a las que cada una se dedica. Ten- dremos ocasión de ver la tendencia a la unificación cuando hablemos de la Antropología general o integral.
2.2.2. LA ANTROPOLOGÍA FÍSICO-BIOLÓGICA
Comenzó llamándose simplemente antropología física por el enfo- que que en sus inicios tuvo de estudiar al hombre desde un punto de vista morfológico y anatómico86. Posteriormente, el desarrollo tan es-
pectacular de la biología (y luego, de la genética) y su aplicación al hombre, hicieron que se llamara casi exclusivamente antropología bio-
lógica. Pero es más acertado unir los dos adjetivos en uno y hablar glo-
balmente de antropología físico-biológica.
Según A.J. Kelso, la antropología físico-biológica se ocupa del es- tudio de la variabilidad biológica del hombre87. J. Z. Young considera
que la antropología física tiene la pretensión de responder a la pregunta «¿de qué están hechos los hombres?»88. Para John Buettner-Jaunsch, la
antropología física «estudia los orígenes y la evolución del hombre»89.
Y podríamos ir trayendo otros intentos de definición de esta materia, que corroborarían la discrepancia de puntos de vista ya señalada. Opi- nión que se aumenta si echamos un vistazo a los índices de los manua- les anteriormente citados, y de otros similares90.
Por su especial acierto en definir la materia, clasificar y organizar sus contenidos, y presentar una bien cuidada historia por etapas de la materia, seguiré fundamentalmente los planteamientos de A.J. Kelso. Según él, la antropología física abarca tres áreas de estudio: la genética; la paleontolo-
86 Recordemos la definición de Diderot definiendo la antropología como anatomía: cfr. J. Lorite Mena, «Kant, la pregunta por el ser del hombre y el nacimiento de la Antro- pología como problema filosófico», o. cit.
87 Cfr. A.J. Kelso, Antropología física, o. cit., pp. 1 y 3.
88 Cfr. J.Z. Young, Antropología física. Introducción al estudio del hombre, Barcelona, Vicens Vives, 1976, p. XI.
89 Cfr. J. Buettner-Jaunsch, Antropología física, México, Edit Limusa, 1979, p. 17. 90 Otros textos de interés son: H.-G. Gadamer/P. Vogler, Nueva Antropología, vol. I y II, «Antropología biológica», Barcelona, Omega, 1975-76; Juan Comas, Manual de An-
gía humana, que estudia la variabilidad de los antecesores del hombre; y
la heterografía humana, o biografía humana, cuyo objetivo se centra en estudiar las variaciones del hombre, dentro de su misma especie91.
La antropología física pretendía, en los primeros momentos de su constitución como disciplina sistemática, estudiar y determinar los as- pectos somáticos de los seres humanos, sometibles a mediciones cuan- titativas. De ahí que empezó siendo craneometría, como medio de dife- renciación de las diversas razas humanas, a partir de su braquicefalia o dolicocefalia y otros rasgos discriminatorios. Más adelante, como con- secuencia de progresivos descubrimientos arqueológicos y paleontoló- gicos, el interés de la disciplina amplió enormemente sus parcelas de estudio y dedicación, como es el caso de la historia natural de la huma- nidad y la evolución y antropogénesis de la especie humana a partir de los antropoides.
El tema de la antropogénesis planteaba dos cuestiones fundamentales: ¿qué ocurrió en ese periodo de tiempo que va entre el último homínido y el primer hombre? y ¿cómo ocurrió, cómo se dio el salto? Es una doble perspectiva desde fuera y desde dentro, por llamarlo así. A la primera pre- gunta trata de responder la paleoantropología, a través de los descubri- mientos de restos fósiles que permiten comparar los rasgos anatómicos de
antropoides, homínidos y de la especie homo92. Y a la pregunta «cómo
ocurrió», trata de responder con una mirada desde dentro la genética hu-
mana93y el estudio de la adaptación biológica al medio ambiente.
91 Cfr. A.J. Kelso, o. cit., p. 3 Quizás sea más adecuado hablar de paleoantropología (es- tudio de los primeros hombres o de los hombres antiguos), que de paleontología, referida al estudio de los primeros seres vivos, en general, complementada con la neontología, que es- tudia los animales más recientes. Cfr. J. Buettner-Jaunsch, o. cit., p. 19.
92 Cfr. Roger Lewin, La interpretación de los fósiles, Barcelona, Planeta, 1989; Donald Johanson y Maitland Edey, El primer antepasado del hombre, Barcelona, Planeta, 1982; Id. La cuestión esencial. Preguntas y respuestas sobre la evolución, Barcelona, Planeta, 1990; J.L. Arsuaga/I. Martínez, La especie elegida, Madrid, Temas de Hoy, 1998.
93 Los genetistas tratan de hallar el reloj molecular que nos muestre los pasos de la evolución escritos en el genoma humano. Cfr. Allan Wilson y Rebecca L. Cann, «Origen africano reciente de los humanos», Invest. y Ciencia, 1992, junio, pp. 8-13; A.G. Thorne y M.H. Wolpoff, «Evolución multirregional de los humanos», Inv. y Ciencia, 1992, junio, pp. 14-20; R. Lewin, La interpretación de los fósiles, o. cit., caps. 5.º y 6.º; Ginés Serrán, «La búsqueda del origen del hombre: la última hipótesis», Mundo Científico, 1984, n.º 35, pp. 432-435; J.L. Arsuaga/I. Martínez, La especie elegida, o. cit., cap. 15.º; B. Dutrillaux y Fl. Richard, «Nuestro nuevo árbol de familia», Mundo Científico, 1997, n.º 181, pp. 646-655; D.C. Wallace, «Función normal y patológica del ADN mitocondrial», Invest. y Ciencia, 1997, n.º 253, pp. 12-20; Fco. J. Ayala, «El mito de Eva y la evolución humana», en Fo-
rum Deusto, «Innovación y cambio. Hacia una nueva sociedad», vol. II, Bilbao, Univ. de
El inicio de la antropología físico-biológica como disciplina siste- mática suele situarse en la segunda mitad del s. XVIII, en el ámbito cul-
tural centro-europeo94, de la mano de estudiosos e investigadores como
Daubenton, Blumenbach, Sömmering y otros. Pero la disciplina tiene también su pre-historia y sus orígenes más antiguos, de los que vamos a hacer referencia, al igual que del resto de las demás etapas de su his- toria, de la mano de A.J. Kelso95.
Siguiendo sus planteamientos, podemos distinguir cuatro etapas en esa historia, que vamos a describir someramente.