6.1.1. De las primeras manifestaciones hasta el siglo VII a. de J.C.
6.1.1.1. El esplendor Micénico. La creación artística (y por tal entendemos en este momento la creación plástica) es muy precoz entre los griegos como lo fue la literaria, si bien ésta, falta de asidero gráfico, vivió como ya sabemos una larga etapa de tradición oral. Las artes plásticas no necesitan alfabeto; pero sí requieren otras técnicas, cuyo dominio temprano entre los griegos se evidencia en los restos que de época prehistórica -o, mejor, prealfabética- han llegado hasta nosotros.
Los aqueos y jonios que durante el II milenio se asentaron en tierras helénicas encontraron ya formas culturales que hubieron de asumir de algún modo. El paso de los aqueos a Creta y al Asia y sus contactos con Egipto les permitieron asomarse a un mundo brillante que causó en ellos fortísimo impacto y promovió la aparición del que llamamos arte «micénico», muy influido por las formas minoicas o cretenses pero en el que ya afloran rasgos que caracterizarán más tarde el arte propiamente griego: solidez, sentido del espacio, tendencia a la organización de las formas.
6.1.1.2. La edad oscura (1100-800) que sigue a la invasión de los dorios es -como ya hemos dicho en varias ocasiones- el gran crisol donde se funden numerosos elementos nuevos y antiguos, propios y extraños, que se mezclan e interpenetran hasta dar lugar a esa unidad que denominamos pueblo griego y que ha de manifestarse en realizaciones diversas: políticas, literarias y artísticas. Cuando, tras esta enigmática etapa, vuelve a amanecer de nuevo la luz de la historia sobre la Hélade, las comunidades griegas aparecen ya en .su mayoría organizadas bajo una fórmula política original (πόλις) que se revelará endeble; pregonan ya sus glorias heroicas y sus ansias cotidianas en cantos y poemas, y de talleres ignorados brotan sin cesar las muestras de un arte anónimo.
Esta cultura continúa, en circunstancias muy difíciles, los logros micénicos y aparece, por otra parte, sujeta desde el principio en mayor o menor medida a las influencias orientales. Pero los griegos revelan prontamente una capacidad muy notable de asimilación y de recreación sobre nuevas bases; por eso podemos afirmar que esta cultura naciente es ya cultura griega.
6.1.1.3. Primeros caracteres del arte griego. En las primeras realizaciones artísticas encontramos dos rasgos que han de caracterizar el arte griego a lo largo del tiempo:
- economía de medios y de procedimientos; - dominio de la forma y de la proporción.
Los artistas en rotundo viraje frente a las creaciones anteriores se disponen a afrontar reflexivamente los problemas artísticos, sometiendo la creación a normas claras y exigentes. La cerámica es el arte del momento, la que nos ofrece abundantes y magníficos testimonios de esta evolución o revolución: tiene especial interés la cerámica que se desarrolló en tierras del Ática donde, por haber quedado a salvo del desmantelamiento dorio, prosiguió sin demasiados altibajos la vida de la población. La decoración de las vasijas áticas ofrece formas elementales de estilización geométrica, alejadas de todo naturalismo¡ con el paso del tiempo se hace evidente el trabajo reflexivo de los artistas: incorporan a la decoración motivos geométricos dispuestos en bandas (meandros, grecas ... ), en armonía con la forma de la vasija, y destacan el pie y el cuello de ésta con reborde s oscuros; posteriormente
introducen elementos figurativos (animales, guerreros, cortejos fúnebres ... ), que responden a la misma hiriente estilización geométrica y a la misma disposición en bandas: es la cerámica de Dipilon, así denominada porque los restos más interesantes se han encontrado en el Dipilon o Doble Puerta de la Atenas prehistórica. Esta cerámica geométrica nos alecciona. sobre el esfuerzo consciente realizado por los griegos en su búsqueda de un sistema de formas, riguroso y racional, sujeto a ritmo y armonía, el cual será la base de los desarrollos posteriores del arte helénico.
Pocos restos, salvo los de cerámica, nos han llegado de esta etapa. Tal vez se iniciase en ella la construcción de templos muy elementales en madera y ladrillo. Tenemos noticia del desarrollo de una imaginería en madera, los xóana, que fueron conservados y venerados durante siglos: tal el xóanon de Atena que se guardaba en el Partenón y era objeto de culto en plena época clásica.
A finales de esta etapa oscura, los primeros contactos comerciales de los griegos asiáticos con Fenicia abren paso a la penetración de influencias orientales en las ciudades del Asia y en la Grecia propia; estas influencias se dejan sentir en las realizaciones de los ceramistas; se mantiene la estructura en bandas, pobladas ahora de figuras de animales feroces o fabulosos, o de motivos vegetales estilizados. Sin embargo, el esquematismo geométrico. continúa vigente; el genio griego se dispone a absorber los elementos extraños imprimiéndoles su sello propio.
6.1.2. El fecundo período preclásico (siglos VII-VI a. de J.C.).
6.1.2.1. Nace el arte monumental. Con el siglo VII se abre una etapa de transición en la que el proceso de formación del pueblo griego llegará a su término. Asia, la tierra nueva que acogió a los emigrantes, continúa impulsando el genio creador de esos griegos irredentos que acudieron a sus costas: veremos surgir las volutas «jonias», florecerán las rosetas y otros motivos florales en la cerámica ... Los navegantes griegos surcan el Egeo, hostil y entrañable, y el comercio se intensifica; merced a este tráfico comercial, afluyen a toda la Hélade las ideas, transmutadas en múltiples formas: nuevas técnicas, nuevos logros. Nace un arte monumental inspirado en las creaciones egipcias y basado, como éstas? en motivos religiosos; es ahora cuando se inicia la gran arquitectura y la gran estatuaria griegas. Hubo anteriormente manifestaciones de estas artes, pero han quedado escasos restos y nada representativos. Es, pues, el siglo VII el que inaugura un arte monumental que se cifra en templos e imágenes de los dioses.
6.1.2.2. El orden dórico.
a) Arquitectura dórica. Las primeras formas del gran templo heleno son las que surgen en el continente griego y en las colonias de la Magna Grecia, y con ellas asistimos a la eclosión del estilo dórico que se mantendrá inalterable en lo esencial hasta el fin de la antigüedad. Es posible que hayamos de aceptar la existencia previa de pequeños templos de madera y aun la utilización de este endeble material en algunas partes de las primeras grandes construcciones; sea como sea, el templo dórico en piedra o mármol puede considerarse una creación totalmente nueva y original:
- por sus proporciones colosales, sólo posibles en materiales pétreos;
- por la elaboración clara y precisa del conjunto, en la que se denuncia el sentido estructural de los griegos.
El templo dórico puede definirse como estructura hecha piedra. Particularmente la columna (στῦλος) da cuerpo a esa síntesis forma/función en que consiste toda estructura. N o entramos en el detalle de los elementos constitutivos del templo dórico ni en el estudio de
su delicada evolución por entender que todo ello os es ya bien conocido a través de la Historia del Arte. Recordaremos tan sólo la difusión que el arte dórico alcanzó durante los siglos VII y VI, de la que dan testimonio los templos de Sicilia y del sur de Italia y las noticias que tenemos sobre el Heraion de Olimpia, las desaparecidas construcciones de la primitiva acrópolis ateniense, el templo de Apolo en Termos (Etolía), etc. Obsérvese que, en general, esta difusión no alcanzó a las zonas orientales en las que con ligero retraso se desarrollan las formas propias del estilo jónico del que ya hablaremos.
b) Escultura dórica. La claridad y solidez del templo dórico parece irradiar sobre las demás artes. La estatuaria revela en sus figuras humanas (de dioses o de hombres) el mismo sentido organizador y la misma energía disciplinada que dan su forma a las construcciones religiosas. Las imágenes y las representaciones en bajorrelieves obedecen en un principio a los modelos egipcios en su rígido respeto a la ley de frontalidad, pero incluso en las primeras muestras escultóricas se declara ya el rigor griego, incapaz de puros mimetismos; el artista se esfuerza en el logro de una obra perfecta, clara y objetiva. El desnudo en las figuras masculinas y el tratamiento del vestido en las femeninas indican ese impulso objetivo, frenado tan sólo por la incapacidad de una técnica que todavía no ha logrado do- minar la perspectiva. Durante largo tiempo se reiteran las formas y los temas en todos los rincones de la Hélade; se manifiestan así otros rasgos típicos del arte griego -y, por tanto, del hombre griego-:
- el escaso o nulo valor atribuido a lo que nosotros entendemos por originalidad;
- la interpretación del tema o asunto artístico como mero pretexto para la búsqueda de la forma o como vehículo en la expresión de la idea;
- el espíritu generalizador que tiende a la formulación de lo abstracto sin prestar atención a las realidades concretas.
La penetración de las influencias orientales parece agitar nerviosamente las producciones formalistas de la primera estatuaria; se ha observado repetidamente hasta qué punto ilustra sobre la evolución de las maneras escultóricas la comparación entre los frontones oriental y occidental del templo de Afaya en Egina: refinado y preciosista el primero, rígido y formalista el segundo; pero en uno yen otro se mantienen los principios rigurosamente helénicos: regularidad y ritmo, vigencia de los módulos y cánones que con leves variaciones se estiman válidos.
No nos imaginemos a los artistas absortos tan sólo en los problemas formales. El arte requiere el aprendizaje y dominio de técnicas muy concretas, el trato con los materiales que han de ser manejados y modelados con las manos, También las técnicas sufrieron modificaciones y plantearon problemas; de la Grecia asiática -como siempre-- e insular llegaron durante el siglo VI las técnicas del mármol y del bronce llamadas a imponerse en la estatuaria posterior.
e) Cerámica y pintura. La cerámica sirve también a los mismos criterios de estabilidad y precisión. También en ella se plantean problemas técnicos: se multiplican las formas de las vasijas (crateras, hidrias, ánforas, platos, aríbalos, enócoes, lecitos ... de diversos tamaños y trazas), y sobre esas formas el decorador -artesano distinto del ceramista- articula los moti- vos más variados (bailes en rueda, escenas de simposio, motivos mitológicos, cortejos fúnebres o escenas cotidianas); se mantienen también los motivos geométrico s y orientales finamente estilizados y subordinados a la arquitectura del vaso. La cerámica es, casi desde el principio, un arte industrial, proyectado hacia la exportación en el mundo mediterráneo; esto da lugar a una fuerte competición comercial entre los centros. de producción (ciudades
jonias del Asia, Corinto, Atenas ... ). En el siglo VI, y no sin esfuerzos, logra el Ática la supremacía en el mercado, mediante su técnica de pintura de figuras negras a la que pronto siguió un nuevo y más prometedor procedimiento: la pintura de figuras rojas, que aparece a finales de este mismo siglo VI y llegará a desplazar por entero las técnicas anteriores.
Hemos de tener en cuenta que la cerámica nos ofrece el testimonio más abundante y más preciso sobre el desarrollo pictórico griego a lo largo de los siglos. Se cultivó la pintura en esta época de transición como medio de realzar los efectos de la construcción y de la estatuaria, aplicando en determinadas zonas una fuerte policromía, ausente de preocupaciones realistas (cabellos azules, ojos rojos, tonos invariablemente oscuros en las figuras masculinas en oposición a las niveas carnes femeninas, etc.); pero los restos que conservamos son muy escasos. Hay testimonios de un desarrollo independiente de la pintura en las ciudades e islas asiáticas, pero -como sucedió con la pintura de épocas posteriores- nada nos queda. Es frecuente la aparición, en las obras de esta época de transición, de inscripciones alfabéticas «aclaratorias» en las que se pone de relieve el casi obsesivo afán de precisión a que responden los artistas. Pero en el siglo VI se inicia en la Grecia continental una nueva costumbre: la de «firmar» los vasos; el arte ya no es anónimo: se acusa el ii .. dividualismo griego que de formas tan diversas buscó expresión en esta época. Execias, Duris, Fintias, Eufronio, Brigo ... han eternizado sus nombres sobre numerosos vasos.
6.1.2.3. El orden jónico. Los artistas de la Grecia asiática permanecen en el nonimato. Sus obras no tienen autor conocido: salen quizá de los «gremios» que tuvieron gran fuerza entre los jonios. Y, sin embargo, brotan de Asia a raudales las innovaciones artísticas. Los jonios constituyeron un grupo humano dotado de extraordinaria vivacidad, inteligente e inquieto; su asentamiento en las tierras asiáticas y sus ulteriores actividades marineras y comerciales en el Mediterráneo estimularon su natural gusto por lo nuevo. De ellos proceden numerosos ensayos fructíferos, y entre ellos nació en la época arcaica el estilo jónico, que se extendíó por todas las ciudades de la Grecia asiática y por las islas próximas. En sus elementos básicos el arte jónico no difiere grandemente del dórico. Nos encontramos ante el mismo juego equilibrado de líneas verticales y horizontales, ante la misma matemática claridad. Pero, sin turbar el equilibrio y la precisión que tan necesarios son para el artista griego, la gracia y la elegancia se suman ahora para dar el toque final. La arquitectura jónica se caracteriza por la esbeltez ponderada de sus formas; la columna se remata en orientales volutas, y el friso corre libremente ofreciéndose como marco a la decoración escultórica. En las' primeras muestras se patentiza una cierta tendencia al colosalismo arquitectónico que sorprendía a los demás griegos en el Heraion de Samos y en el Artemision de Éfeso. Pero también aparecen obras de menor envergadura como los tesoros délficos de las ciudades asiáticas en Delfos. (Digamos, entre paréntesis, que los siglos VII y VI consagran el esplendor de la religión délfica que compite triunfalmente con la religiosidad dionisíaca en expansión; en Delfos hicieron construir las distintas poleis unos pequeños edículos -los tesoros- para preservar en ellos las ofrendas que hacían al dios pítico.)
También en la estatuaria el aliento jónico imprime delicadeza a las representaciones, además dé introducir nuevas técnicas (mármol y bronce). La audacia jónica se manifiesta en el empleo de la figura humana, tanto masculina como femenina, en la arquitectura, como elemento de sustentación en lugar de columnas: son las cariátides que aparecen por primera vez en el siglo VI.
6.1.3. El apogeo clásico (siglos V-IV a. de J.C.).
6.1.3.1. Caracteres del período. De repente, sobreviene la gran convulsión: el choque de griegos y persas en los umbrales del siglo V a.C.
Si en las demás manifestaciones de la vida griega este hecho tuvo tan amplias repercusiones, no nos puede sorprender que también afectara profundamente a la evolución artística. No se rompe con el pasado, que tan difíciles logros había obtenido, pero surge un clima enteramente nuevo como corresponde a una situación también nueva:
– durante el período «clásico» no se producen influencias exteriores importantes, lo que comunica a esta etapa un carácter unitario a pesar de los notables cambios que la acelerada evolución artística trae consigo;
– la exaltación de la individualidad del artista que ya se había iniciado en las postrimerías del período arcaico se intensifica; surgen también lo que podríamos llamar escuelas en torno a un maestro;
– resistencia frontal a las convenciones arcaicas: en la primera fase, la reacción es sumamente dura; posteriormente el alejamiento y el dominio de nuevas formas y nuevas técnicas suavizan la repulsa. En todo caso el clasicismo opone sus rasgos de sencillez y naturalidad al preciosismo y al esquematismo arcaicos;
– anhelo de veracidad que altera la problemática planteada a los artistas: se hace preciso un estudio detenido de la anatomía del cuerpo humano; la rebeldía frente a la ley de frontalidad y la rigidez anteriores obligan a los artistas a múltiples tentativas para resolver los problemas del movimiento; la representación en profundidad, es decir, la perspectiva, no halla soluciones definitivas a lo largo del período clásico, pero se realizan intentos muy notables; se pretende llegar a un arte racional y humano en que la forma se corresponda con el sentido: un arte del hombre y para el hombre .
– la temática se amplía extraordinariamente y en ella se incluyen los hechos contemporáneos o bien se interpretan los pretéritos como prefiguración del presente (como sucede también en el drama). Es el momento de la toma de conciencia de los griegos como pueblo: ahora ya saben que son griegos, y el arte expresa ese primer momento de exaltación nacional.
6.1.3.2. La arquitectura. Podríamos seguir registrando notas características del nuevo tono artístico y no acabaríamos. Las décadas que transcurren desde la terminación de las guerras médicas hasta las primeras intervenciones macedónicas en la Hélade están pobladas de nombres de artistas que hacen brotar en torrentes las obras más variadas, mostrando además un decidido gusto por la creación de grandes conjuntos arquitectónicos, entre los que es inevitable recordar la Acrópolis ateniense.
Hemos de pensar en la Acrópolis de la época clásica e imaginarla como era: un conjunto abigarrado y al mismo tiempo grandioso en el que convivían las estatuas de dioses y héroes de diversas épocas con los edificios de resplandeciente mármol erigidos por el fervor y voluntad del pueblo ateniense en la época de Pericles; los magnificos propileo s que daban y dan todavía acceso al sagrado recinto ofrecen la conjunción del arte dórico y del arte jónico ennoblecidos por la técnica sabia de los arquitectos, entre los que destaca Fidias.
Fidias y su escuela de escultores, pues también fue maestro en la nueva escultura que alcanza en la representación de los dioses el definitivo equilibrio de majestad y gracia. El Partenón es, como bien sabemos, la realización suma de la época: todos los logros arcaicos quedan potenciados por el arte de Fidias e Ictinos, que sin embargo infringen audazmente
todas las normas; en el Partenón las líneas rectas no son rectas, los elementos verticales han abandonado la verticalidad, se diluyen los contornos de las rotundas figuras escultóricas. Todo es igual que antes, sólo que todo es distinto.
Y así en este arte sereno del Partenón está ya implícita la evolución posterior dentro del mismo período clásico. En el siglo IV triunfa plenamente la libertad de las formas y del movimiento y regresa el afán ornamental en la cerámíca y en los relieves; el arte se humaniza y aspira a dar expresión a las emociones del espíritu y de las relaciones interpersonales. Además del Partenón y los Propileos, se inició el gran templo de Zeus que sería terminado en el s. II y se construyó la fuente de Enneakrûnos.
Otras construcciones famosas son el Thesión, de Atenas; el templo de Apolo en Figalia; el templo de la Victoria Aptera, en la misma acrópolis; el Erection, con sus cariátides, y un largo etcétera.
6.1.3.3. La escultura. La escultura del período clásico se ha convertido en el modelo de todos los clasicismos posteriores y, particularmente, del Renacimiento y del Neoclasicismo. Los escultores griegos que mejor representan estos ideales son Mirón y Policleto, con el «Discóbolo» y el «Doríforo», respectivamente. En Fidias culmina el esfuerzo griego por expresar en el cuerpo humano el ideal de belleza: su escultura de Palas