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LAS BÁSARAS o LAS BASÁRIDES

Tanto el Catálogo301 como las fuentes de los cuatro fragmentos transmitidos confirman que Esquilo escribió una tragedia con este título, aunque difieren en el nombre exacto (Básaras / Basárides). En cualquier caso, este apelativo del coro alude a una temática dionisíaca, puesto que se trata de las bacantes tracias, que reciben esta denominación del vestido (bassára) con que se cubrían302. Otro testimonio303 certifica su pertenencia a la tetralogía de la Licurgía como segunda obra del conjunto.

Desde mediados del siglo XVIII304 se ha puesto en relación con esta tragedia esquílea una noticia recogida en el capítulo 24 de los Catasterismos de Eratóstenes, donde se describe en clave mítica el origen de la constelación Lira305, lo que supone dar entrada a un episodio del re lato mítico de Orfeo: su despedazamiento ritual (como Penteo y demás oponentes al culto de Dioniso) por las bacantes del dios, dado que este héroe rechazaba a Dioniso y honraba a Helios como el más grande de los dioses.

El pasaje de Eratóstenes certifica sin duda alguna que la figura de Orfeo y su oposición al dios aparecía en alguna obra de Esquilo, y la mención expresa de las basárides lleva a la lógica conclusión de que tenía lugar en esta tragedia de Las básaras, de incuestionable temática dionisíaca. Además, la narración eratosténica da la impresión de estar resumiendo una acción teatral, en cierta medida al estilo de las «hipótesis» trágicas de época alejandrina306. Ahora bien, la presencia de este tema en una tetralogía centrada en la figura de Licurgo plantea el problema de su adaptación concreta dentro de la trama general, puesto que no es menos cierto que este episodio de Orfeo rompe la unidad temática característica del estilo de composición esquílea en conjuntos estrechamente ligados, como parece ser éste de la Licurgía.

La crítica ha dado diversas soluciones, que van desde la sugerencia de una simple alusión al caso de Orfeo a título de exemplum en el actual destino esperable a Licurgo, protagonista de la acción dramática, hasta la propuesta de que esta segunda tragedia estaba centrada exclusivamente en el personaje de Orfeo, pasando por posturas intermedias. Así, algunos suponen que la pieza desarrollaba la locura de Licurgo, que en ese estado de enajenación mataba a su hijo y su mujer y, sólo dentro de este contexto, la historia de Orfeo sería simplemente recordada (p. ej., dentro de un estásimo) como advertencia para Licurgo307, puesto que de otra forma se rompería gravemente la unidad argumental de la tetralogía. Otros piensan que el testimonio de Eratóstenes tenía

una presencia mayor en la acción dramática, aunque había lugar también para retomar el tema central de Licurgo, que en esta pieza se concretaría tal vez en la muerte de Driante308. Finalmente, hay quienes adoptan una postura más radical: la tragedia desarrollaría exclusivamente el episodio del enfrentamiento Dioniso/Orfeo, con el funesto desenlace bien conocido de la muerte del héroe tracio. Esta sugerencia última la desarrolló ya con cierto pormenor Hermann309, apoyándose en que la sencillez de las obras de Esquilo no permitía más que un tema argumental: la rebeldía de Orfeo era al final castigada por las Basárides, y la acción dramática se cerraba con la llegada de las Musas que lloraban al héroe y le rendían las honras debidas. En esta línea West310 llega a una hipótesis extrema, basándose en una versión más amplia del pasaje eratosténico, desconocida en el siglo XIX pero que ahora puede ser completada con el testimonio de dos nuevos manuscritos conteniendo algunos extractos de los Catasterismos311: «… con su canto embelesaba a los árboles, a las piedras y las fieras. Pero [, tras bajar al Hades por causa de su mujer y una vez vio cómo era lo de allí, ya] no honraba a Dioniso, [por el que había alcanzado gran fama,] sino que pensaba que Helios era el más grande de los dioses, al que llamaba también Apolo…». Y les atribuye una gran antigüedad basándose en que están312 recogidos en otras fuentes, de forma que en su opinión reproducirían la versión esquílea. De esta forma, West llega a una serie de conclusiones: en un primer momento Orfeo habría pertenecido al círculo dionisíaco, razón por la cual el filólogo británico lo hace estar presente también en la primera tragedia (Los edonos)313; pero luego, tras la bajada a los Infiernos en busca de su mujer, regresaba al mundo exterior convertido en apóstata del culto a Dioniso y, en cambio, nuevo devoto de Helios-Apolo, de forma que el Orfeo esquíleo no era la figura intelectual que propaga la luminosa doctrina apolínea, sino un testimonio más de esa dualidad órfico-báquica de la que tenemos diversos testimonios314. El problema de la hipótesis de West es que tal vez echa por tierra la unidad temática de la tetralogía esquílea, que teóricamente estaba centrada estrechamente en la figura de Licurgo, que de esta forma intervendría sólo en la primera pieza315 y en el drama satírico, por lo que el argumento general versaría no tanto sobre el relato de Licurgo sino sobre el tema general de la oposición a la entrada de los ritos dionisíacos316. Finalmente, frente a esta hipótesis, Di Marco317 busca una solución más matizada: de alguna manera Licurgo y Orfeo compartirían el protagonismo de la acción dramática, puesto que no hay que olvidar que ambos estarían del mismo lado frente a Dioniso; pero, además, Di Marco sugiere un planteamiento de fondo bastante distinto del de West: piensa

que los extractos del pasaje eratosténico. aunque antiguos, no se remontan a la versión esquílea. que debería seguir siendo la que nos transmite la versión breve318: la bajada a los Infiernos del héroe implicaría una separación cronológica excesiva entre la primera obra y la segunda de la tetralogía; además, Orfeo desde el primer momento no es un apóstata de la religión dionisíaca, sino un devoto de Helios-Apolo, lo que equivale a decir que el auténtico conflicto de la tragedia era de índole religiosa, entre la nueva religión traída por Dioniso y la antigua religión tracia (Helios) que profesaba Licurgo, y de la que Orfeo era el sacerdote319; más aún: la reconciliación entre las dos religiones al final de la trilogía —y a pesar de la muerte de Orfeo— supone, a juicio de Di Marco, que en esta tetralogía de la Licurgía Esquilo presentaba un gran aítion religioso sobre el nacimiento de los ritos órficos y del orfismo. Volvemos, pues, a estar ante una situación de difícil solución, pero al menos parece seguro que el episodio de Orfeo tenía una presencia importante en la obra.

A la luz de este planteamiento general se pueden pergeñar ciertos pormenores sobre el desarrollo de la acción dramática. La escena sería el monte Pangeo, lugar preferente en la historia mítica de Orfeo. El coro estaría compuesto por las seguidoras tracias de Dioniso (las Basárides). En su línea interpretativa West sugiere un Prólogo a cargo de Orfeo, en el que el héroe se presentaba como servidor de Helios-Apolo. El coro llegaría en la Párodos y, de alguna manera, se referiría al héroe. Luego, en la primera escena, y dado el estilo compositivo de Esquilo, es verosímil que entrase en escena Dioniso como personaje en relación directa con el coro y, tras él, un personaje en función de mensajero, si todavía no habían llegado a escena las noticias de la situación de Orfeo; también podría ser un antagonista para enfrentarse a Dioniso, si éste estaba ya al tanto de todo320. A continuación la acción iría evolucionando hacia la muerte del héroe, que sería llevada a cabo por las Basárides321, lo que podría suponer su ausencia de la orchestra322 y notificada en una escena narrativa323, tras la que probablemente harían su entrada las Musas, en calidad de coro secundario, para recoger los restos del héroe y exaltar su existencia. Por su parte, los que sostienen la presencia de Licurgo también en esta segunda pieza, suelen proponer que aquí se desarrollaba el motivo de la locura del rey tracio y la muerte de su hijo y tal vez también la de su mujer, lo que supondría un paralelismo estrecho con Las Bacantes de Eurípides.

El Fr. 341, transmitido sin título, ofrece un texto sorprendente pero en muy verosímil relación con esta obra: «… Apolo el coronado de yedra, el adivino báquico,…». Podría ser la verbalización perfecta de esa concordia final entre

Dioniso y Apolo324, aunque podría tener lugar en la tragedia siguiente (Los muchachos), en cuyo caso este fragmento debería posponerse a esa otra obra.

23 HEFESTIÓN, Manual de Métrica 13.8:

El (pie) baqueo325 se usa rara vez, de forma que, aunque aparezca tal vez en algún momento, se le encontrará en pequeña extensión. Por ejemplo326:

y el toro parece que va a embestir. ¿A qué comienzo327 …

* * * …

y, aunque se haya adelantado en sus actos, saltará por delante de él 328 …

23a Escolio a EURÍPIDES, Reso 922 Rabe: (EURÍPIDES, Reso 921-922:

MUSA. —…, cuando las Musas dirigíamos nuestros pasos hacia la pelada roca del Pangeo de terruños de oro…). Llamó al Pangeo «de terruños de oro» porque allí hay minas de oro. Esquilo en Las Básaras dice que allí hay minas de plata. De igual manera también el propio Eurípides un poco después329 dice: «Oculto en estos antros de una tierra argéntea». Y Esquilo así:

…, pues un brillo como de antorchas † - ˘ de resplandor†330 a la cima argentífera del Pangeo331.

24 Escolio a NICANDRO, Sobre animales venenosos 288c:

(NICANDRO, Sobre animales venenosos 288:… en algunas ocasiones tiene [la serpiente haimórroos332] un tono de piel negruzco (psolóeis), mientras que en otras, por el contrario, encendido). Psolóeis: este término tiene tres significados, pues psolóen es lo negro, lo ceniciento y lo brillante. Euforión:…333; y: …334. Y Esquilo en Las Basárides:

… con leña seca y ceniza del altar…

25 HESIQUIO, ε 907:

GLAUCOS

3 3 5

25a Escolio a PÍNDARO, Pítica I 153:

El río Hímeras está en Sicilia, y de él habla también Esquilo en Glauco: … en placenteros baños †he bañado†336 mi cuerpo…337 Había yo llegado hasta el Hímeras de altos barrancos…

25b Escolio a TEÓCRITO, IV 62-63 d-e:

(TEÓCRITO, IV 62-63: … En casta no se queda atrás ni de los Satirillos ni de los Panes patifeos). Dice que los Panes son muchos338, como también los Silenos y los Sátiros, al igual que Esquilo en Glauco y Sófocles en Andrómeda339.